Crítica de “Vengadores: Endgame” (Avengers: Endgame, Joe y Anthony Russo 2019)

 

 

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Título original: Avengers: Endgame / Año: 2019 / País: Estados Unidos / Duración: 181 minutos / Director: Joe Russo, Anthony Russo / Producción: Kevin Feige / Productora: Marvel Studios / Distribución: Walt Disney Studios Motion Pictures / Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely / Música: Alan Silvestri / Fotografía: Trent Opaloch / Montaje: Jeffrey Ford, Matthew Schmidt / Reparto: Robert Downey Jr, Chris Evans, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Don Cheadle, Paul Rudd, Brie Larson, Tom Holland, Gwyneth Paltrow, Karen Gillan / Presupuesto: 350.000.000$


Después de los eventos devastadores de “Vengadores: Infinity War”, el universo está en ruinas debido a las acciones de Thanos, el Titán Loco. Con la ayuda de los aliados que quedaron, los Vengadores deben reunirse una vez más para deshacer sus acciones y restaurar el orden en el universo de una vez por todas, si importar cuáles son las consecuencias.


ATENCIÓN A USUARIOS:

Esta crítica contiene “spoilers”. Si no has visto la película, te recomiendo que no la leas hasta haberlo hecho. El texto escrito a continuación responde a una opinión personal del autor sin ánimo de sentar cátedra.


Ha pasado ya más de una década desde el estreno en cines de “Iron Man” (Íd, Jon Favreau , 2008), título fundacional del conocido como Universo Cinematográfico Marvel, y ya nos hemos acostumbrado, incorporado a nuestro quehacer cotidiano, a nuestras vidas, como si de miembros de nuestras familias se tratasen, a una serie de personajes que nos han hecho vibrar, que nos han emocionado y hecho disfrutar de sus aventuras e interacciones en un rico universo de ficción que ha trascendido al status de auténtico fenómeno de masas. Sin embargo, no siempre fue así. Aquellos que, desde nuestra tierna niñez, entre los que yo me incluyo, hemos seguido sus andanzas en ese medio erróneamente considerado antaño como “menor”, me refiero al de los cómics por supuesto, ni en nuestros sueños más húmedos podíamos imaginar el grado de aceptación por parte del público más generalista de todo aquello que era capaz de alejarnos de las típicas aficiones de cualquiera de nuestros compañeros de clase. Los súper héroes Marvel ya eran mainstream, alguno incluso un icono, en el propio mundillo editorial. El siguiente paso era serlo en el mundo, a secas. Es por ello que, desde lo más recóndito de mi corazoncito de fan, siendo avalado por la primera mítica escena post-créditos que caracterizó esta nueva andadura cinematográfica de La Casa de las Ideas (antes llegaron las ya casi -injustamente- olvidadas películas de Sam Raimi, Ang Lee o Bryan Singer entre otras que conformaron esa primera oleada de lo que muchos denominaron como moda por las pelis de súper héroes), no pude ocultar ni la emoción ni la expectación ante las informaciones acerca de un nuevo camino, lo que luego denominarían como “Fase uso”, que culminaría en la primera película de los Héroes más poderosos de la Tierra (con el permiso de la Liga de la Justicia de la Distinguida Competencia) como principales protagonistas. El mero hecho de tener reunidos en pantalla, en una misma película, a varios de los campeones a los que idolatraba desde que comenzó mi afición por los tebeos era poco menos que excitante. “Los Vengadores” (Avengers, Joss Whedon, 2012) supuso un espectáculo tan apabullante como satisfactorio (de hecho, sigue siendo una de mis películas favoritas), anulando cualquier sombra de escepticismo, aflorando sensaciones y sentimientos comparables a los vividos la primera vez que, siendo un niño, viera surcar los cielos a un majestuoso Christopher Reeve en “Superman” (Íd, Richard Donner), 1978), al escuchar el “Soy Batman” en boca de Michel Keaton en el primer “Batman” (Íd, 1989) de Tim Burton o el primer balanceo en telaraña de nuestro amigo y vecino trepamuros, entre los rascacielos de la ciudad de Nueva York, en “Spider-man” (Íd, Sam Raimi, 2002).

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El éxito de esta orquestada incursión cinematográfica de los héroes creados por Stan Lee, Jack Kirby y compañía trajo consigo más títulos y más aventuras. Como ocurriera en las viñetas, hubo más momentos memorables, pero también otros olvidables. Desde ese primer proyecto de Marvel Studios, primero como filial de la editorial para después ser absorbida por ese gigante mass media creado por Walt Disney, se han producido más de una veintena de películas, entre dos y tres al año, entre las cuales ha habido lugar para productos fallidos, totalmente desechables, pero también otros que, con gran acierto, han sabido engrandecer más si cabe un universo de ficción que no ha parado de generar expectación e incorporar legiones de fans a sus filas desde entonces. Cintas como “Capitán América: Soldado de Invierno” (Captain America: The Winter Soldier, Joe Russo, Anthony Russo, 2014), “Guardianes de la Galaxia” (Guardians of the Galaxy, James Gunn, 2014), “Ant-Man” (Íd, Peyton Reed, 2015) o “Thor: Ragnarok” (Íd, Taika Waititi, 2017) son, a juicio de aquel que suscribe estas palabras, ejemplos de los mejores momentos de un estudio que tuvo ciertos visos de agotamiento, pero que supo confeccionar un esquema, una fórmula al gusto del gran público -e imitada incluso por sus competidores-, del que sus más acérrimos fans quisieron negar su estancamiento aunque sí es cierto, a mi parecer, que ha dado la sensación en muchas ocasiones de ver la misma película con diferentes títulos o personajes. Cuando no parecía que hubiera espacio para más sorpresas, apareció “Vengadores: Infinity War” (Avengers: Infinity War, Joe Russo, Anthony Russo, 2018) combinando acertadamente una dilatada maniobra comercial con una nueva visión del cine espectáculo como nunca antes habíamos presenciado. El principio del final había comenzado. La historia definitiva de los Vengadores, la conclusión de un ciclo, daba comienzo con el enfrentamiento directo entre los Héroes más poderosos de la Tierra y Thanos, uno de los villanos marvelitas más poderosos de todos los tiempos, en su pugna por encontrar y controlar las poderosas (además de peligrosas) Gemas del Infinito. La Guerra del Infinito cinematográfica devolvió la grandeza, si es que la hubiera perdido en algún momento, tanto al Universo Cinematográfico Marvel como a los Vengadores suponiendo la traslación a la gran pantalla de un gran evento comiquero. Los aficionados a los cómics estamos más que acostumbrados a estos ejercicios de mercadotecnia en los cuales todos (o casi todos) los personajes de una editorial aúnan sus fuerzas anualmente contra una hiperbólica amenaza. Desde los tiempos de las inolvidables “Secret Wars” de Jim Shooter hasta la primera Guerra Civil superheróica de Mark Millar o el “Imperio Secreto” de Nick Spencer estos grandes eventos suponen el equivalente a una gran superproducción en la que suele esconder (cada vez menos) la intención de que el lector se haga con cuantos más ejemplares de todos los títulos implicados. De esta forma, Infinity War se conformaba como el cruce entre todas las películas Marvel estrenadas hasta el momento. Un verdadero regalo para el fandom y un espectáculo con el que maravillarse, con el que sentir una fascinación semejante a la sentida con el primer filme de los Vengadores.

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El primer round contra Thanos dejaba un cierto sabor agridulce. El titán loco acababa saliéndose con la suya diezmando al Universo entero con un simple chasquido de sus dedos. Nuestros héroes se esforzaron al máximo, lo dieron todo. Pero aun así no fue suficiente. El villano ganaba, al más puro estilo “El Imperio Contraataca” (Star Wars: Episode V – The Empire Strikes back, Irvin Kershner, 1980), mas lejos de ser el final, los espectadores ya sabíamos de antemano que habría momento y lugar para el resarcimiento. ¿Cuándo? ¿Dónde? Pues este mismo fin de semana con el estreno de “Vengadores: Endgame” (Avengers: Endgame, Joe Russo, Anthony Russo, 2019). La cinta que supone el final de la historia de las Gemas del Infinito es una de las que más “hype” (con permiso de la última temporada de la televisiva “Juego de Tronos” [Game of Thrones, 2011-2019] y el Episodio IX de “Star Wars” [Star Wars: Episode IX – The Rise of Skywalker, J. J. Abrams, 2019]) ha suscitado entre el “fandom” en un año, 2019, plagado de importantes citas para los amantes del fantástico. Una producción donde ha predominado el secretismo y donde los hermanos Russo ponen el broche de oro a todas las tramas que comenzaron (gracias al margen de maniobra que permite la perspectiva del tiempo) allá por 2008 con la primera ventura del “Hombre de hierro”. Tras los trágicos acontecimientos relatados en la entrega anterior, nuestros héroes están desolados, abatidos, y, presas de la ira, los Vengadores logran acabar con el responsable de sus penurias -haciendo honor a su nombre, pero no a su herencia ni a su esencia- en el amargo prólogo que sus responsables nos ofrecen. Cinco años pasan y el mundo entero intenta pasar página. Paradójicamente, Tony Stark sí que ha logrado rehacer su vida en contraposición a la Viuda Negra o al Capitán América que no sólo se ven incapaces, sino que, en su tozudez (algo que ya pudimos constatar en la precedente “Capitán América: Civil War” [Captain America: Civil War, Joe Russo, Anthony Russo, 2016]), se agarran a un clavo ardiendo representado esta vez por aquello que ya nos adelantaban escena post-créditos de otros filmes y los mismos avances de la película, es decir, el mundo cuántico y los viajes temporales. Rogers y Romanov no cejarán en su empeño de vencer a Thanos como a ellos les hubiera gustado y, de paso, traer de vuelta a los caídos. De esta forma, irán reclutando a sus viejos compañeros que, a su modo, intentan (sobre)vivir la nueva realidad que les ha tocado vivir. Clint Burton se ha convertido en un sanguinario justiciero dejando de lado su identidad como Ojo de Halcón para convertirse en el Ronin de la etapa de Brian Michael Bendis en la serie de cómics de “Los Nuevos Vengadores”, Bruce Banner ha alcanzado el equilibrio con su faceta como Hulk encarnando al Profesor que presentara el guionista Peter David en los noventa, Thor vive recluido en un pequeño pueblo costero en Noruega al que ha bautizado como “Nuevo Asgard” en el que, presa de los estragos de la autocompasión y el alcohol, sufre un deterioro tanto físico como mental (además de haber ganado unos cuantos kilos de más) y, como ya he comentado, Tony Stark se ha convertido en un responsable padre de familia -junto a Pepper Potts – que intenta dejar atrás la culpa producida por su pasado como Iron Man.

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Personalmente, mi principal problema tanto con ese interesante distópico mundo resultante del chasquido de dedos de Thanos del primer acto, como toda la trama de viajes en el tiempo del segundo, como con la épica batalla final del tercero o el larguísimo (y lacrimógeno epílogo), es el mismo que he tenido con prácticamente todas las películas del Universo Cinematográfico Marvel, es decir, la idea de que todo, absolutamente todo, gira en torno a la figura de Tony Stark. Sabemos que es el personaje fundacional de este universo de ficción y que el actor que lo interpreta es el que mayor caché posee, pero comienza (o comenzaba) a ser algo cansino. Porque da igual que la idea del viaje temporal provenga de Scott Lang -atrapado durante todo este tiempo en el reino cuántico y liberado del mismo de la forma más ridícula-, es Stark el que lo acaba resolviendo. También es Stark quien acapara la responsabilidad del mismo e incluso es Iron Man quien acaba definitivamente con Thanos con negativos resultados para su integridad. Da la sensación de que “Endgame” no es la coletilla más adecuada. Más adecuado sería “The end of Tony Stark”, ya que definitivamente (aunque no hay nada definitivo, salvo la muerte -la real, no la ficticia) se despide de todos nosotros. El personaje de Robert Downey Jr acapara, como es costumbre, cuota de pantalla e importancia dentro de la trama. A la zaga le sigue Chris Evans, pero no cabe la menor duda que Stark es uno de los principales ejes de esta entrega -incluso acaba haciendo las paces, a su manera tragicómica, con su padre, Howard Stark, otro de los temas recurrentes de estas tres fases del UCM-. Tony Stark es definitivamente el alma de los Vengadores y se hace complicado saber si las películas que nos depara el futuro funcionarán sin él. En los cómics, Stark ha desaparecido del mapa en multitud de ocasiones permaneciendo Iron Man. Pero también es cierto que siempre ha acabado volviendo ya que nada es permanente en el Universo Marvel de papel. ¿Ocurrirá lo mismo en su homólogo de acción real? Sólo el tiempo lo dirá, aunque claro está que el personaje de las viñetas sólo se presta a ser escrito y dibujado sin cobrar un millonario salario. Algo parecido ocurre con el Capitán América o mejor dicho con aquel que le ha dado cara hasta el momento. Steve Rogers protagoniza muchos de los mejores momentos de la cinta como ese “Hail Hydra” que pronuncia en un ascensor, su pelea con su “yo” del pasado, su condición a ser digno portador de Mjolnir (referencia directa a “Imperio Secreto”, uno de los mejores eventos comiqueros Marvel) o el glorioso “Avengers assemble” que, personalmente, llevo años esperando escuchar en cualquiera de las aventuras cinematográficas de los Vengadores. Steve Rogers cede el testigo, así como ocurría en la etapa de Rick Remender en los cómics, siendo Sam Wilson quien tome el legado del Centinela de la Libertad. En el mundo de las viñetas, Rogers salió de escena muchas veces volviendo otras tantas. ¿Ocurrirá aquí lo mismo? Con quien tengo más dudas es con Chris Hemsworth, ya que Thor acaba tomando un camino muy diferente al de sus compañeros junto a Los Guardianes de la Galaxia. El caso es que para que los Vengadores funcionen, tiene que haber siempre uno de sus miembros fundadores. O al menos en los tebeos ha sido así. Démosle tiempo al tiempo.

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Retomando el tema de los viajes en el tiempo. En toda la historia del grupo, los Vengadores han viajado en el tiempo e incluso se han enfrentado a villanos que hacían del viaje espacio temporal su particular leitmotiv, como por ejemplo lo es el mítico Kang. Sin embargo, desde un principio, aquí se trata desde un punto de vista que no sólo roza lo ridículo, sino que trasciende la guasa. Si como espectadores puede que nos cueste tomárnoslo en serio, más difícil, más cuesta arriba se nos hace cuando los propios personajes se lo toman a broma. En un primer momento las referencias a películas de “viajes en el tiempo” son constantes siendo “Regreso al Futuro” (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985) la principal de las mismas. Es más, el regreso de nuestros héroes a momentos trascendentales de su historia con las gemas acaba tornándose en una suerte de versión vengadora de la inmediata secuela de las aventuras de Marty McFly con chascarrillos y exceso de bromas mediante. Ver a Tilda Swinton explicando al Profesor Hulk como una sola de las gemas puede ser la causante de la creación de dimensiones alternativas remite perfectamente a cuando el Doctor Emmett Brown explica a Michael J. Fox, en su destartalado laboratorio, como el viejo Biff Tannen creó una tangente en la línea temporal provocando una realidad paralela al 1985 que conocían. Eso nos lleva al exceso de humor en algunas de las partes de la película que desentona con el épico enfoque de su entrega anterior -que también hacía uso del humor para aliviar tensiones- y con el tono sobrio que los Russo han hecho gala en sus películas anteriores centradas en el Capitán América. Para el gusto de un servidor, hay demasiadas bromas y muy reiterativas todas. Desde las que hacen referencia a películas de viajes en el tiempo, la cara de bobo de Paul Rudd, su furgoneta máquina del tiempo, las repetitivas alusiones a Rocket como roedor que se alimenta de basura, la barriga de Thor o el nuevo status de Bruce Banner. Todo ello hace que el ambiente sea demasiado distendido en directa confrontación con el tono más heroico del final. Ya sé que este es uno de los elementos más intrínsecos del estilo de las nuevas películas Marvel (al menos desde la primera entrega de las aventuras de Starlord y el resto de Guardianes de la Galaxia), pero me quedo con la sensación de que se abusa del mismo al tiempo que ese segundo acto de viajes temporales se alarga demasiado regocijándose en el fan service, siempre buscando -y consiguiéndolo- la sonrisa cómplice de espectador. Dentro de este acto tenemos también otra despedida, la de la Viuda Negra. Sin embargo, pese a que el guion lo exige, me resulta tan gratuita como poco emotiva.

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Como diría el mencionado Doctor Brown, jugar con el tiempo puede acarrear graves consecuencias y aquí no hay excepción al respecto. La reaparición de Thanos no estaba en los planes de los Héroes más poderosos de la Tierra, sin embargo, les dará la oportunidad de poder combatir de nuevo con él e intentar vencerlo como sólo los héroes pueden hacerlo. La batalla final contra el titán loco es verdaderamente grandiosa y ella aparecen, como si del sueño del más ferviente aficionado se tratase, todos y cada uno de los súper héroes con los que hemos disfrutado estos más de diez años. En definitiva, a imagen y semejanza de lo que suele ocurrir en los grandes eventos comiqueros, aquí tenemos una épica lucha entre héroes y villanos donde se dan las estampas más icónicas que “Endgame” nos pueda dar. Es prácticamente imposible que el respetable público, sentado en sus respectivas butacas del cine, no se emocione, no se exalte, no vibre ante un espectáculo de proporciones cósmicas como éste en el que se hace gala de un impresionante despliegue técnico como pocas veces hayamos podido presenciar. En definitiva, no es más que un ejercicio de mercadotecnia con el claro objetivo de ensalzar al Olimpo del imaginario colectivo un producto tan mainstream como es “Vengadores: Endgame” (Avengers: Endgame, Joe Russo, Anthony Russo, 2019). Cierto es que hay otras cintas con tramas más elaboradas y personajes mejor construidos, pero aquí poco importa eso ya que todo está supeditado al mero hecho de ofrecer espectáculo. Esto es la traca final y no hay nada que importe más. Todas las capas y aristas que conformaban el personaje de Thanos aquí desaparecen. El villano acaba siendo una especie de coco, de malo de opereta cruel y plano. El resto tampoco mejora lo presente. Lo importante son los reencuentros y las hostias, las poses cool y las explosiones. El momento girl power metido con calzador en mitad del fragor de la batalla me hace pensar en cómo nos engañaron con el personaje de Carol Danvers, totalmente desaprovechado. Nos hicieron creer que era la última esperanza de nuestro mundo y casi que la relegan a mera taxista espacial que logra rescatar a Tony Stark para que toda la película gire en torno a su persona. Una lástima. Pero no todo es negativo, ese tramo final es capaz de emocionar, de hacernos saltar alguna lágrima y de que se nos pongan los pelos de punta al escuchar ese “Vengadores Reuníos”.

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En definitiva, he de reconocer que “Vengadores: Infinity War” (Avengers: Infinity War, Joe Russo, Anthony Russo, 2018) me gustó mucho, demasiado, y que mis expectativas con “Endgame” eran estratosféricas. No la considero fallida, pero sí que creo que no hace honor a su entrega predecesora. Como he podido leer en críticas de otras páginas web, se hace una acertada analogía entre estas dos entregas de los Vengadores y los Episodios V y VI de “La Guerra de las Galaxias”. “Infinity War” sería la equivalente a “El Imperio Contraataca” y “Endgame” a “El Retorno del Jedi” (Star Wars: Episode VI – Return of the Jedi, Richard Marquand, 1983). Y no podría estar más de acuerdo, ya no sólo por las diferencias tanto argumentales como de enfoque de las mismas, sino porque estoy completamente seguro de que las nuevas generaciones, en realidad el auténtico “target” de este tipo de productos -ya sabemos de sobras que a los lectores de cómics veteranos ya nos tienen pillados- las recordarán con el mismo (o parecido) mimo y cariño con el que muchos de nosotros recordamos esas magníficas entregas de esa “Sagrada Trilogía” capaz de protagonizar debates entre el “fandom” y seguir maravillando con cada uno de sus revisionados. Las comparaciones son odiosas, pero en ese sentido he de manifestar que quedé gratamente más satisfecho con “Infinity War” y menos con “Endgame”. Sin ánimo de menospreciar sus bondades (que las tiene), pero me siento un tanto defraudado ante esa insistente búsqueda tanto de la risa como de la lágrima fácil, de sus incoherencias o agujeros en el guion (dejando totalmente de lado incongruencias de las paradojas temporales, pero tampoco las echaremos en cara porque a Bob Gale y a Robert Zemeckis les funcionaron), un metraje excesivamente extenso e innecesario o del desaprovechamiento de algunos personajes, incluyendo el paso atrás que supone hacer que el villano sea una especie de coco y nada más. Pero independientemente de todo ello, no podemos negar que la cinta tiene una capacidad evocadora sin igual que es capaz de, al acabar los títulos de crédito (que, por cierto, no hay ninguna escena después), dejarte con una triste sensación de abandono, pero también con la certeza de que el viaje ha merecido la pena y que intentaremos estar por aquí la próxima vez que los Vengadores planten cara al peligro. Sin embargo, nada será igual a partir de ahora. ¿O no?

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Los Vengadores: Asalto a la Mansión (Roger Stern, John Buscema)

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Titulo original: Avengers 273-280 USAGuión: Roger Stern, Bob HarrasDibujo: John Buscema, Bob HallPortada: John Buscema, Joe JuskoFormato: Rústica / Páginas: 192 págs / Editorial: Panini Cómics / Precio: 19,95€ / ISBN: 978-84-90241-80-6


Liderando a los Señores del Mal, el pérfido Barón Zemo ultima su plan maestro: atacar la Mansión de los Poderosos Vengadores aprovechando las ausencias y debilidades de sus miembros más poderosos. Los Héroes más poderosos de la Tierra, por contra, se encuentran en uno de sus momentos de mayor debilidad debido a diferencias internas por el liderazgo del grupo.  Enfrentados entre ellos mismos no darán crédito ante la supremacía de un enemigo que acabará por diezmarlos. 


Los Vengadores, los Héroes más poderosos de nuestro planeta, están más de moda que nunca con todo el universo transmedia que “Disney/Marvel” han montado con su universo cinematográfico. Quién se lo iba a decir a todos aquellos aficionados que seguían con fruición las aventuras de sus héroes favoritos, pero desde las viñetas, su medio natural por antonomasia, allá por las lejanas décadas de los ochenta y noventas (donde un servidor de ubica). A menos de una semana del estreno de “Vengadores: Endgame” (Avengers: Endgame, Anthony Russo, Joe Russo, 2019), y con el equipo de superhéroes en su momento más mainstream de todos los tiempos, se hace interesante recordar algunos de los momentos cumbres de dicha formación superheroica en las tebeos. De entre todas las etapas del popular grupo de superhéroes, una de mis favoritas siempre ha sido aquella en la que Roger Stern fue el responsable de las aventuras y desventuras del equipo. Cabe señalar que la figura de Stern, toda una institución dentro de la industria, está ligada a varios de los mejores momentos de títulos de La Casa de las Ideas tales como Doctor Extraño, el asombroso Spiderman o los mismísimos Vengadores.  En realidad, esta es una época donde la calidad de las series Marvel alcanza un punto álgido. Stern supo plasmar a la perfección el espíritu de este variopinto grupo de héroes siendo totalmente respetuoso con su historia precedente. En su dilatada etapa al frente de la colección pudimos asistir al juicio de Hank Pym, conocimos al Consejo de Kangs, incorporó a las filas de tan poderosa formación a personajes tan dispares como Starfox (o Eros), el Doctor Druida o su propia encarnación de la Capitana Marvel [1], así como narró uno de los episodios más traumáticos en toda la historia de los Vengadores, es decir, el asalto a su mansión urdido por el Barón Zemo. Stern y el mítico John Buscema fueron los responsables de sorprendernos con dicho ataque a la residencia de los Vengadores por parte de los Señores del Mal. El arco argumental en el que los héroes más poderosos de la Tierra, contenido entre los números 273 al 280 de la serie original de “The Avengers” (USA), dejaron de ser invencibles y donde Stern mostró que hasta los grandes héroes tienen sus debilidades. Una de las aventuras más recordadas por el fandom más veterano.

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El poco original, pero bien ejecutado plan de Zemo, archienemigo declarado del Capitán América, brindará a los fans la oportunidad de ser testigos tanto de uno de sus momentos más infames como de uno de los relatos más emocionantes y dramáticos de nuestros héroes favoritos. La historia comienza cuando el malvado Barón y la cuarta encarnación de los Señores del Mal -compuesta por pesos pesados tales como la Brigada de Demolición, el Hombre Absorbente, Titania, Mister Hyde, Goliat, Tiburón Tigre, Apagón, Mimi Aulladora, Gárgola Gris, Torbellino, Chaqueta Amarilla, Arreglador y Piedra Lunar– aprovechan la ausencia del recientemente incorporado a las filas de los Vengadores Príncipe Namor, las juergas de Hércules o la vulnerabilidad de la nueva Capitana Marvel entre otras cosas para invadir la casa de los héroes más poderosos de la Tierra haciendo prisioneros a todos sus miembros. ¿A todos? Por supuesto que no. Gracias a la diosa fortuna, Janet Van Dyne, la Avispa, una mujer fuerte en plena consonancia con los tiempos que ahora vivimos (y, por ende, adelantándose a su época) escapará de las garras de tan viles supervillanos y organizará un equipo de rescate con algunos de los miembros de la reserva dando lugar a una de las más épicas batallas jamás libradas y con consecuencias nada positivas para ambos bandos. En esta historia de los Vengadores podremos ver escenas memorables. Sin duda alguna, una de ellas es la brutal paliza que recibe un ebrio Hércules a manos de la Brigada de Demolición, Mister Hyde y Tiburón Tigre. Castigo que deja al poderoso hijo de Zeus al borde de la muerte. Otra imagen para el recuerdo es la salvaje tortura sufrida por el indefenso Jarvis, fiel amigo y mayordomo (y que Brian Michael Bendis rescató para sus “Vengadores Desunidos” -aunque poniendo en boca del personaje palabras sin pies ni cabeza), por parte de Mister Hyde y que tanto el Capitán América y el Caballero Negro serán obligados a presenciar por voluntad de un sádico Heinrich Zemo que sabe que tan vil acto hará más mella en sus enemigos que cualquiera de sus golpes. Algo inusual, no sólo para la época sino para la gran parte de los productos de la editorial que vio nace a dichos personajes. Poco a poco Stern irá perfilando a los protagonistas dejando a la vista las debilidades que aprovecharán después sus enemigos. La trama nos dejará a unos Vengadores en su momento más bajo, vapuleados y humillados, pero con los recursos suficientes para salir victoriosos en la gesta y fortalecidos interiormente.

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En lo referente al apartado gráfico, sólo puedo decir que es soberbio. El arte del mítico, del inconmensurable, John Buscema, ayudado por Tom Palmer, nos deleita con ilustraciones donde su movimiento, su sencillez y su increíble estética harán las delicias de todo aquel amante del dibujo clásico y del Noveno Arte en general. Viñetas en las que se huye de las poses típicas y que encuentran la espectacularidad en ellas mismas. Clasicismo y buen oficio para una de las mejores historias de los Vengadores de todos los tiempos. Si no la habéis leído, Panini Cómics la publicó dentro de su línea Marvel Gold dedicada a los Héroes más poderosos de la Tierra. En su interior se contienen imágenes tan épicas como emotivas. En conclusión, no dejes escapar esta importante crónica de uno de los más importantes grupos superheroicos de todos los tiempos. Si te gustan los Vengadores, si te gustan los grandes relatos, te gustará este momento crucial en su dilatada trayectoria. Drama, acción y emoción a raudales con un equipo creativo de auténtico lujo. Y cuando hablamos de lujo, estamos hablando de que nunca más en toda su historia, los héroes más importantes de nuestro planeta han estado en mejores manos. La esencia en bruto de la magia de La Casa de las Ideas, uno de los mejores momentos de Marvel Comics, contenidos en un tomo de poco más de ciento noventa páginas. Un tebeo realmente imprescindible para todo aquel que se declare fan de los Vengadores. Esto es historia del cómic y lo demás son tonterías.

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Un momento:  El Capitán América se encuentra inmovilizado. Zemo, con una foto que el Capitán se hizo junto a Bucky antes de morir éste, la rompe en pedazos ante él. El Centinela de la Libertad aguanta el tipo. “Recordaré esto, Zemo”, espeta. Al final, tras la batalla y la consiguiente victoria, Steve Rogers encuentra los pedazos de la única foto de su madre que conservaba. Y allí, de rodillas en soledad, se quebranta. Una muestra de que los héroes, aun siendo de papel, son humanos.

[1] Siempre corrió el rumor de que Roger Stern abandonó la serie de los Vengadores por una disputa con Mark Gruenwald, editor de la colección, sobre el liderazgo de la Capitana Marvel en el grupo. Gruenwald tenía ideas diferentes a las de Stern acerca del destino del personaje. El prolífico editor y guionista quería que el Capitán América acabara liderando a los Vengadores, no sin antes dejar en evidencia como líder incapaz a Monica Rambeau. Lo cual acabaría en su destitución y relevo de Steve Rogers al mando de la formación. Stern fue despedido al oponerse a ello y sustituido por Ralph Macchio y Walter Simonson, más afines a la corriente de pensamiento de Gruenwald.

Silver Surfer, un personaje de culto

Sin duda, uno de los personajes cósmicos más atractivos del “Universo Marvel“, y del cómic en general, es Silver Surfer, más conocido por los aficionados en nuestro país como Estela Plateada. Creado por Jack Kirby (¿y Stan Lee?) hizo su debut en el número 48 USA de la colección “The Fantastic Four” en 1966. En origen, Estela Plateada era un joven astrónomo del pacífico y próspero planeta Zenn-La llamado Norrin Radd. Zenn-La era un mundo extremadamente avanzado, social y tecnológicamente, que había logrado crear una auténtica utopía carente de crimen, enfermedad, hambre y pobreza. La vida de Norrin dio un giro cuando el devorador de mundos conocido como Galactus amenazó con alimentarse de su mundo. Embarcado en una nave Norrin se enfrentó al temible consumidor de planetas llegando a un acuerdo con el siempre hambriento e hiperbólico ser cósmico. Sacrificándose y convirtiéndose en su heraldo, con objeto de encontrar otros planetas que sirvieran de sustento a su nuevo amo, la amenaza de ser consumida abandonaría Zenn-la. Galactus transformó a Norrin en una entidad cósmica de piel plateada siguiendo un patrón de la mente de nuestro protagonista, inspirado en una de sus fantasías adolescentes, adoptando el nombre de Silver Surfer (Estela Plateada) y abandonando su mundo natal en compañía de su amo, a quien sirvió durante siglos. Pasado un tiempo, Galactus decidió reprimir su conciencia y recuerdos como Norrin. De ese modo llegó a la Tierra propiciando una de las mejores sagas de la Primera Familia Marvel. Entre sus poderes y habilidades, Silver Surfer tiene acceso al denominado Poder Cósmico, que le permite manipular las energías que se encuentran en el universo. Esto permite aumentar su fuerza a niveles incalculables y lo convierte en un ser prácticamente indestructible. Puede navegar por el espacio y por las barreras dimensionales a velocidades inmensurables gracias a su tabla cósmica. También ha podido viajar en el tiempo. Su organismo casi perfecto no requiere de alimento, aire o reposo ya que depende solamente de su energía cósmica. Se conoce que cuando Galactus hace algo, lo hace bien y Silver Surfer es prueba de ello.

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Se cuenta que la creación del personaje parte de la propuesta por parte de Stan Lee a Jack Kirby de que los Cuatro Fantásticos se enfrentaran a Dios. Aquello fue el germen de lo que a posteriori se conocería como “La Trilogía de Galactus“, tres números en los cuales Kirby idearía/crearía a Galactus (el ser/Dios de inimaginable poder que recorría el universo devorando mundos para poder sobrevivir) y, con objeto de maximizar el dramatismo, a Silver Surfer como señal que precede a la inminente catástrofe. A pesar de que el surfista no aparecía en el plot inicial y que Stan no estuvo muy conforme con dicha idea, al público le encantó este ser de semblante melancólico provocando que repitiera protagonismo en sucesivas entregas de los Cuatro Fantásticos. En aquel entonces en “Marvel Comics” se utilizaba el famoso Marvel Method, un modelo de trabajo guionista-dibujante que fue empleado por Lee y Kirby (entre otros) ante la pasmosa cantidad de títulos que The Man escribía al mes. ¿Y en qué consistía? El popular editor daba una idea general al dibujante de lo que ocurrirá en la historia y, a partir de ahí, el dibujante tiene vía libre para narrar su historia, viñeta por viñeta. Se dice que Kirby se encerraba en su estudio y llegaba a dibujar centenares de páginas al mes sin contar los procesos de creación de personajes. Ello llevó a Stan Lee a otorgarse el mérito de (co)creador de la mayoría de las creaciones de Jack. Lo cual propició la marcha del dibujante a la rival “DC Comics” debido al estado de frustración provocado por el poco crédito recibido por su trabajo y que (“el bueno de”) Stan acaparaba debido a su personalidad más mediática. En el caso de Estela Plateada, se dice que Stan quedó tan fascinado con el personaje que, a pesar de la reticencias de Jack Kirby, decidió que quedaban muchas cosas que contar sobre el pasado y el presente de Norrid Radd. Por ello, en 1968, salió al mercado una serie protagonizada por el personaje con guiones del propio Lee. Para esta ocasión, el apartado gráfico se le vetó a Kirby y recayó en el (impresionante) dibujante John Buscema. Buscema realizó todos los números de la colección, excepto el último que pudo dibujar Kirby. No sería hasta finales de los años setenta que Stan y Jack se juntaran y crearan esa delicia que es “The Silver Surfer“, la primera novela gráfica del personaje.

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La vida editorial del personaje ha sido dilatada y en ella encontramos horas más bajas que altas. Sin embargo, hay ciertos trabajos que sobresalen sobre el resto como las citadas primera serie regular y primera novela gráfica, además de una curiosa colaboración entre Stan Lee y uno de los grandes de la “bande dessinée“: el inigualable Jean Giraud Moebius. Este experimento se llevó a cabo en 1988 y llevó el título de Parábola. En ella encontramos a un espectacular Moebius ilustrando, con su peculiar estilo que le sienta como un guante al surfista plateado, un guión más que correcto de The Man. A pesar de ser un personaje solitario, Estela Plateada formó parte de el más famoso no-equipo de súper-héroes conocido como Los Defensores. En dicho título compartía espacio con otros anti-héroes del “Universo Marvel” como Namor, el Dr. Extraño o el Increíble Hulk. Un grupo de lo más bizarro en el cual ninguno de sus integrantes deseaba formar parte del equipo y cuya mejor etapa es aquella que firmara Steve Gerber (imprescindible, añadiría). En nuestro país podemos encontrar con suma facilidad muchas de las historias aquí citadas. Por ejemplo, “La trilogía de Galactus” (números 48 al 50 USA de The Fantastic Four) la podemos encontrar en Los 4 Fantásticos: La edad Dorada publicado por “Panini Cómics“. Un precioso tomo omnigold con material de indiscutible calidad. La primera serie regular está recopilada también por “Panini Cómics” en el imprescindible tomo omnigold de Estela Plateada de Stan Lee y John Buscema. La primera novela gráfica de Silver Surfer la publicó el antaño sello “Cómics Fórum” de “Planeta Cómic” en mayo de 1998. “Parábola” de Stan Lee y Moebius ha sido recientemente publicada por “Panini Cómics” en su línea Marvel Graphic Novels. Y no podemos dejar de recomendar la impresionante etapa de nuestro plateado surfista cósmico realizada por Dan Slott y el matrimonio Allred. Totalmente deliciosa.

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Ya como curiosidad, en 1987, unos de los grandes y mejores guitarristas de “nuestro Planeta Tierra“, el virtuoso Joe Satriani, incorporó a la portada de su segundo disco titulado “Surfing with the Alien” la ilustración de la génesis de Estela (aparecida en la historia del Silver Surfer vol. 2 nº 1 USA de Stan Lee y John Byrne que, a su vez, estaba basada en el guión de una hipotética película del personaje). Éste es un álbum que, además de conceder a Satriani una (más que merecida) reputación de diestro de la guitarra, al escucharlo te sientes como si fueras en la tabla de surf cósmica de Estela. Os animo a que escuchéis este gran disco acompañando la lectura de cualquiera de las grandes historias que “Marvel Comics” nos ha brindado del surfista plateado. Y esperemos también que con la reciente adquisición de “Fox” por parte de “Disney” se haga alguna adaptación a la gran pantalla digna de un personaje de culto como este. Pero eso ya es otra historia.

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