Los Malditos (Jason Aaron, R.M.Guéra)

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Titulo original: The Goddamned / Guión: Jason Aaron / Dibujo: R. M. Guéra / Portada: R. M. Guéra. / Formato: Rústica / Páginas: 160 Págs. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 16,95 € / ISBN: 978-84-9146-784-7


1655 años después de la expulsión de los primeros hombres del paraíso, la humanidad está al borde de sufrir su primer Apocalipsis en forma de Diluvio Universal. El ser humano ha sucumbido a sus instintos más primarios y la tierra es un yermo baldío donde la crueldad y la depravación campa a sus anchas. En un mundo tan desprovisto de futuro, una figura solitaria y maldita, heredero de los primeros seres bendecidos por la mano de Dios, recorre sus parajes sin la mínima intención de que nadie se cruce en su camino. Y si alguien lo hace y es hostil a su persona, no será piedad lo que encuentre.


He de confesar que, pese a no profesar la fe, siempre me ha parecido muy interesante y edificante, la lectura del Antiguo Testamento. La considerada primera parte de la Biblia por el canon cristiano se compone de historias y relatos de tal intensidad capaces de hacer volar la imaginación de todo aquel que se preste. Desde la creación de todo y los albores de los tiempos, esta colección de pretéritos escritos nos relata, entre otras cosas, la osadía del hombre frente a la veneración de un Dios vengativo e inmisericorde al cual no le temblaba el pulso a la hora de imponer su palabra y su ley.

Pasajes como el de la construcción de la Torre de Babel, el largo vagar del éxodo judío, la devastadora y cruel destrucción de Sodoma o el destierro del Paraíso de la más personal obra de Dios -y por la cuenta que nos trae-, el hombre (una creación que incluso inspiraría una suerte de Guerra Civil entre sus huestes celestiales), poseen un atractivo nada fácil de esquivar para cualquier creador de ficciones que pueda sentir interés por ellos. De entre todas estas narraciones, siempre ha habido una que ha atraído a quien suscribe estas palabras -por un lado, al ya peinar ciertas canas y recibir una educación lejana a los laicos estándares actuales, la lectura de los Textos Sagrados formaba parte del día a día de mi centro escolar y, por el otro, con dicha historia solía ejemplificar Sor Clara, la vetusta monjita -con una mano muy larga y excesivamente veloz, me atrevo a añadir- que nos impartía la asignatura de religión, uno de los Pecados Capitales más extendidos en nuestra sociedad, es decir, La Envidia.

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Dice el libro del Génesis que Caín fue el primogénito de Adán y Eva fuera del Paraíso -del que fueron desterrados tras la consabida historia de la manzana y la serpiente con la que la monjita de mi colegio trataba que nosotros, unos imberbes chavalines, tratáramos de sentirnos mal-. Contándolo -como se suele decir- “Deprisa y mal”, Caín tuvo un hermano, Abel, y un día el Dios del Antiguo Testamento les pidió una ofrenda. Abel, al ser pastor, ofreció en su altar “Las primeras y mejores crías de sus ovejas”. Caín, por su parte, el fruto de la cosecha de los campos que él mismo – ¿decía? – labraba. La preferencia por la ofrenda de Abel por parte de Dios provocó el origen del capital pecado mencionado, el primer asesinato de la historia del hombre y la cólera de nuestro Creador -según La Biblia- hacia Caín. Éste fue maldecido y se vio obligado a vagar por la Tierra. No sólo eso, sino que con la intención de que nada pudiera interponerse ante su castigo, se le colocó una marca que lo hacía inmortal y cuya maldición caería sobre todo aquel que intentara atentar contra su vida. No me dirán ustedes que esta fábula no es un caldo de cultivo ideal con el que crear un interesante relato del tipo Espada y Brujería como los escritos por el magnífico Robert. E. Howard, por ejemplo. Tenemos un Anti-Héroe maldito y todo un mundo inhóspito y salvaje que explorar lleno de primigenios seres humanos adictos a pecar y bestias salvajes campando a sus anchas. ¿No es genial? Y es que siempre imaginé a Caín como si de una especie de “Conan, el Bárbaro” se tratase. Tal y como el Cimmerio en sus aventuras, Caín vagabundearía por un mundo parecido al de la Era Hiboria y se enfrentaría a mil y un peligros con los que poner a prueba de su condición de maldito. La vertiente más Pulp de la Biblia y al alcance de cualquiera. Hay veces que maldigo no tener ni un ápice del talento que tiene el guionista nacido en Jasper (Alabama), Jason Aaron.

Y es que el creador de Scalped nos ofrece eso mismo en su último trabajo, The Goddamned (traducido aquí como Los Malditos), que Planeta Cómic comienzó a publicar en nuestro país con su primer Trade paperback que alberga los primeros cinco números de la serie. Aaron sitúa la acción 1655 años tras la expulsión del Edén de los primeros seres humanos ofreciéndonos la visión de un mundo que se ha convertido en un infierno total. Los seres humanos son un experimento fallido y han sucumbido a sus instintos más primarios. Como decía el creador de Conan, Robert E. Howard, la humanidad dejará de lado la artificial civilización para virar a su estado natural, la barbarie. Y es ahí donde Jason Aaron nos abre la puerta para que nos sumerjamos en un paisaje totalmente Post-Apocalíptico y relatarnos su peculiar historia de Caín en clave de Western Crepuscular. En los momentos inmediatamente previos a la inminente purga, por parte de Dios, en forma de Diluvio Universal, el primero de los hijos de Adán y Eva caminará por su desolada realidad sin intención alguna de interactuar con sus semejantes, aquellos cuyos instintos de supervivencia los ha convertido en depredadores frente a los más débiles. Presentándonoslo como un personaje de misterioso pasado, parco en palabras y frío carácter (como si del Hombre sin nombre de los Spaghetti-Westerns de Sergio Leone o del Max Rockatansky de la tetralogía Mad Max: El guerrero de la carretera de George Miller se tratase), Caín acabará interponiéndose en el camino del malo de la función interpretado por Noé. Y no nos encontramos ante esa imagen bucólica de un señor que se dedicaba a construir un gigantesco navío -su famoso Arca- con el que poder salvaguardar una pareja de animales de cada especie de la Tierra sino ante una figura mucho más siniestra, mucho más oscura, depravada y cruel. Si Caín es el Max Rockatansky antes mencionado, Noé es sin duda el icónico Humungus de la segunda entrega de la saga de George Miller (Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera [Mad Max: the road warrior, George Miller, 1981]) por el carácter nómada de su violento y peligroso clan.

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Jason Aaron no escatima en violencia, en salvajismo, a la hora de retratarnos a una humanidad en sus horas más bajas y a un “Anti-héroe” de vuelta de todo al que un pequeño “Incidente” hará cambiar -pero siempre con cautela- su parecer respecto a sus prójimos. A semejanza de sus homónimos cinematográficos antes citados, a Caín le moverá en primera instancia su propio interés personal para luego prender la pequeña chispa de esperanza hacia sus congéneres. ¿Serán estos dignos y merecedores del beneficio de la duda? Sólo la lectura de “Los Malditos” podrá satisfacer la curiosidad del lector. Si la trama del cómic me ha resultado apasionante y de grata lectura, lo mismo puedo decir de su apartado gráfico. El ilustrador de origen serbio Rajko Milošević, conocido popularmente como R. M. Guéra, que ya colaboró con anterioridad con Jason Aaron en la mencionada Scalped -otro Western de tono Noir de recomendada lectura-, ofrece aquí un soberbio trabajo a la hora de presentarnos el Post-Apocalíptico paisaje salido de la mente del guionista de Alabama. Sin duda su estilo feísta casa perfectamente con el tipo de relato que ambos nos ofrecen, a lo que hay que añadir la increíble labor a la paleta de colores de Giulia Brusco que, con el uso de áridas tonalidades, hacen más creíbles -si caben- estériles e infecundas tierras por las que campan sus personajes.

Ambos artistas cumplen con total solvencia mostrarnos la cruda crueldad de un mundo sin piedad que su guionista ha creado para la ocasión plasmando a la perfección la violencia y con una narrativa visual totalmente cinematográfica que convierte a este Los Malditos en uno de esos cómics que hay que tener en las estanterías de toda comicteca que se precie. En conclusión, increíble arranque de esta serie. Si se necesitaban razones para rendir culto a Jason Aaron y R. M. Guéra, puedo darles una en forma de tomo en rústica que recopila los primeros números de la colección. Seguro que, tras su lectura, más de uno mirará La Biblia con otros ojos.

Los Malditos Jason Aaron R. M. Guéra

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We Stand on Guard (Brian K. Vaughan, Steve Skroce)

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Titulo original: We Stand on Guard / Guión: Brian K. Vaughan / Dibujo: Steve Skroce / Portada: Steve Skroce / Formato: Cartoné / Páginas: 200 pags / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 17’95€ / ISBN: 978-84-16767-48-9


En un futuro no muy lejano, los Estados Unidos de América han invadido a su país vecino, Canadá, con la intención de hacerse con el control de sus recursos acuíferos debido al estado de sequía en el que se encuentra su país. En los territorios más al norte de Canadá un pequeño grupo de insurgentes pondrá las cosas difíciles al ejército americano enzarzándose en una batalla que tal vez no acabe con la ocupación, pero sí prenda la chispa necesaria para ganar la guerra.


Tras firmar varias obras, algunas de ellas nominadas y ganadoras de Premios Harvey y Eisner, tan conocidas y recomendables como “Y, el Último Hombre” para el sello Vertigo de DC Comics, “ExMachina” para Wildstorm o “Runaways” para Marvel Comics, el guionista nacido en la ciudad de Cleveland Brian K. Vaughan dejó en stand by su labor en el mundo de las viñetas para dedicarse en cuerpo y alma al medio televisivo formando parte del equipo de guionistas de la mítica “Lost” o siendo el ShowRunner de la serie de la CBS “Under the Dome” basada en el relato del “Maestro del Terror” Stephen King y bajo las órdenes del mismísimo Steven Spielberg.
Pese a que su trabajo para la pantalla pequeña no le dejaba tiempo físico para adquirir compromisos en el medio que le dio fama, sí que coqueteó con la autoedición digital con cómics como “The Private Eye” y “Frontier” junto con el dibujante español Marcos Martín. Todo ello justo antes de anunciar su vuelta al mundo del cómic desembarcando a lo grande con varios trabajos en Image Comics, baluarte del actual cómic independiente mainstream de calidad y donde los autores gozan de los derechos de sus obras. Será en la editorial dirigida por Eric Stephenson donde Vaughan de rienda suelta a su imaginación y a series que, según él mismo, llevaba desde su infancia imaginando y deseando ver materializadas. Entre ellas encontramos su épica epopeya espacial “Saga”, su obra más importante y personal del momento inspirada en su paternidad, y su “Paper Girls”, una fantasía con tintes ochenteros, viajes en el tiempo y mucho misterio. Junto a ellas la historia hoy a tratar: “We Stand on Guard”.
We Stand On Guard” es una miniserie de seis números que en nuestro país ha publicado la editorial Planeta Cómic, primero en formato popular, es decir, “grapa” y algo después recopilada en “cartoné”. Su trama nos lleva a un futuro distópico no muy lejano en el que los Estados Unidos de América deciden atacar y conquistar a su país vecino, Canadá. Tras un ataque sin previo aviso a la Casa Blanca por parte de la nación de la bandera de “la hoja de arce”, el ejército americano toma represalias rápidamente bombardeando sin piedad las principales ciudades canadienses, entre ellas Ottawa. Ahí mismo es donde Vaughan comienza su violento y explícito relato en el que dos niños, Amber y su hermano Tom, quedan huérfanos tras la muerte de sus padres a causa de las explosiones. Doce años después, Amber, cruza su camino con un pequeño grupo de insurgentes autodenominado “Pack 24” (como los de latas de cerveza), un mote que hace referencia a su estatus de civiles “metidos en el negocio de la guerra” y no soldados. Y es aquí donde encontramos dos de las características típicas de las historias de Brian K. Vaughan. Por un lado, tenemos el hecho de que nos plantee una historia sencilla, casi irreal (y desde el punto de vista de quien la lea, puede que incluso boba), que el guionista desarrolla con total naturalidad. Por el otro, sus protagonistas responden al mismo perfil, es decir, al de gente normal y corriente que se tropieza con una situación extraordinaria a la que tendrán que enfrentarse, muy a su pesar. Lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano y ordinario. Es algo que han sufrido las protagonistas de “Paper girls” (unas chicas de suburbios que se ven en medio de lo que parece una invasión extra-terrestre), el alcalde Mitchel Hundred en “Exmachina” (un ingeniero que adquiere la capacidad de comunicarse con las máquinas tras la explosión de un extraño artefacto) o Yorick Brown, el último superviviente de una plaga que acaba con todo varón sobre la faz de la Tierra en “Y, el último hombre”. Una constante en la obra del guionista de Cleveland que aquí, en “We Stand on Guard”, será representada por un grupo de civiles, entre los cuales podemos encontrar a una ingeniera o a un cómico de color, que será la última línea de defensa de los territorios más al Norte de Canadá.

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El planteamiento bélico del relato, junto al grupo de guerrilla “amateur” que nos presenta Vaughan en “We Stand on Guard”, puede recordar al lector al film de principios de los ochenta “Amanecer Rojo” (Red Dawn, John Millius, 1984) donde los EEUU eran invadidos por un bloque soviético formado por Cuba y la URSS. La trama nos contaba como un pequeño grupo de adolescentes (con caras conocidas de la época como las de Patrick Swayze, Charlie Sheen, Lea Thompson, C. Thomas Howell y Jennifer Grey), se ven forzados a convertirse en la resistencia, aprendiendo prácticas de guerrilla atendiendo al nombre de los Wolverines. Una película que, por cierto, tuvo su remake en 2012 protagonizado por el “Hijo de Odín” Chris Hemsworth y cambiando la nacionalidad de los invasores de soviéticos a norcoreanos.
Como es habitual en el autor, encontramos aquí también cierto poso de crítica, en este caso a la política exterior de los USA. Aquí el país de las barras y las estrellas es descrito como el “malo” de la historia. Tras convertir su territorio en un árido yermo, los recursos acuíferos de la nación vecina serán codiciados y motivo de la invasión. Si cambiamos el “agua” por “petróleo” tenemos una más que creíble alegoría de la Guerra de Irak. Incluso la representante americana recuerda a la asesora de Seguridad Nacional y Secretaria de Estado de la “Administración Bush” Condoleezza Rice. Una mujer que hace uso de los más sofisticados métodos de tortura que protegen la integridad física del recluso, pero no la mental.
Aunque es cierto que Vaughan juega también con la ambigüedad y la “conspiranoia” intentando despistar al lector con teorías e hipótesis que apuntan a la posible autoría del conflicto por parte de Canadá o a un atentado perpetrado por los propios Estados Unidos con la clara intención de que éstos pudieran tener la excusa para responder violentamente y ocupar el país vecino. Ambigüedad que también encontramos en el tratamiento del “Pack 24”: ¿Defensores de la Libertad? ¿Terroristas? En cualquiera de los casos, gente capaz de traspasar dilemas morales como el hecho de ejecutar a un indefenso prisionero de guerra obviando las convenciones internacionales para ese tipo de situaciones. Aunque en realidad, el pequeño grupo es más un grupo de supervivientes que de soldados, a pesar de que intenten actuar como tales.

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We Stand on Guard” es una historia cerrada y relatada a un ritmo de infarto. La extensión de la misma no propicia el desarrollo de todos los personajes y quizá su pesimista final (aunque con un breve destello para la esperanza) pueda parecernos un tanto “atropellado”. El tono de Vaughan es de violenta crudeza y tiene algunos momentos y diálogos que puedan recordarnos a otros autores como Garth Ennis. Es muy chocante, en lo que a los personajes se refiere, la rápida “evolución” de algunos, como Amber, una chica que se nos presenta como tímida y asustadiza y que de repente se convierte en una intrépida líder experta en el uso de las armas. El hecho de que McFadden, la jefa del “Pack 24”, se desmorone tras la visión de un holograma de su fallecido padre tras sufrir torturas capaces de hacerla perder la cordura tampoco queda del todo creíble. En realidad, son pequeños “borrones” en una entretenida historia que, a ojos del que suscribe estas palabras, puede que necesitara de más páginas.
El apartado gráfico es sencillamente sensacional. El arte corre a cargo del dibujante Steve Skroce, quien, así como Vaughan, se distanció del medio del cómic para cobijarse bajo las órdenes de las Wachowski para elaborar storyboards y diseños para su “Matrix” (Íd, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 1999) y posteriores trabajos. Fue en 2015 cuando Skroce y Vaughan se conocieron en un pase de “El Destino de Júpiter” (Jupiter Ascending, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 2015) y se propusieron el trabajar juntos en su “vuelta al mundo de las viñetas”. Skroce hace gala aquí de un estilo visual que nada recuerda a sus tiempos en Marvel Comics dibujando colecciones como Amazing Spiderman o Lobezno. Realista e increíblemente detallista, más emparentado al tipo de ilustraciones de su colega Geoff Darrow con la creación de impresionantes fantasías mecánicas y armamentos tecnológicos imposibles además de hacer uso de una narrativa visual muy fluida. Si a ello le sumamos el color aplicado de forma excepcional por Matt Hollingsworth, tenemos un aspecto visual que es prácticamente el fuerte de este “We Stand on Guard”.
En conclusión, nos encontramos ante un cómic que va de más a menos, pero sin dejar de ser una buena historia. Quizá no sea el mejor trabajo de Brian K. Vaughan aunque no por ello dejamos de recomendar su lectura. Una historia que parte de una premisa sencilla que destila crudeza por los cuatro costados. Todo ello acompañado de un arte de increíble factura. Esta recopilación en “cartoné” por parte de Planeta Cómic es la oportunidad ideal para hacerse con ella.

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Hit-Girl en Colombia (Mark Millar, Ricardo López Ortiz)

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Titulo original: Hit-Girl #1-4 USA/ Guión: Mark Millar / Dibujo: Ricardo López Ortiz / Portada: Amy Reeder / Formato: Cartoné / Páginas: 140 pags. / Editorial: Panini Cómics / Precio: 15€. / ISBN: 978-84-9167-842-7


Hace tiempo que Dave Lizewski colgó el traje de Kick-Ass y que Hit-Girl tomara bajo su tutela a un joven aspirante a seguir con el legado. Sin embargo, una discusión con su aprendiz a superhéroe lleva a la joven Mindy a la determinación de seguir en solitario sus andanzas como justiciera. La petición de auxilio en una carta de una madre que perdió a su hijo a manos de los cárteles de la droga, llevará a Hit-Girl a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir su particular justicia y venganza. 


Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Miro la fecha de publicación del primer número de la miniserie “Kick-Ass” para Icon, el sello adulto de Marvel Comics, y resulta que hace ya algo más de diez años que el popular Mark Millar junto al no menos famoso John Romita Jr crearan el divertido universo del joven Dave Lizewski y todo su plantel de secundarios. Siendo ya todo un referente en ese tipo de historias de superhéroes de corte realista, en “Kick-Ass” Mark Millar dio rienda suelta a su vertiente más canalla en una suerte de “deconstrucción” del género superheroico donde profundizaba en una particular visión del “Viaje del héroe”. Todo ello aderezado con violencia explícita, palabras mal sonantes y situaciones políticamente incorrectísimas. La historia nos contaba como un pobre “Geek” adolescente -con todo lo que ello conlleva-, un auténtico paria social, decidía convertirse en alguien parecido a aquello que idolatraba, es decir, quería convertirse en un superhéroe. Tan descabellada idea no sólo lo llevó a confeccionarse su propio uniforme de la manera más banal, sino a ofrecer sus servicios a la comunidad realizando tanto tareas sencillas como enfrentándose a pandilleros, rateros y gánsteres de toda ralea. En su peculiar periplo, una de esas historias de origen de manual, no sólo creaba tendencia en la ciudad de Nueva York al inspirar a otros como él, sino que cruzaría su camino con dos figuras importantísimas para la trama: el vigilante Big Daddy y su sidekick Hit-Girl. Ambos, padre e hija, eran una versión ultraviolenta “made in Mark Millar” de los famosos Batman y Robin. A partir de su primer encuentro, esta fábula comienza a tornarse más oscura debido a que tanto Big Daddy como Hit-Girl no se anda con tonterías a la hora de combatir el crimen. Armados hasta los dientes, todas sus intervenciones acababan en una brutal carnicería. Como con ocurre con el compinche del Caballero Oscuro, Hit-Girl es prácticamente una niña. Pero para nada es una niñita indefensa. Entrenada por su progenitor, es tan letal como deslenguada. Un personaje que rebosaba carisma por los cuatro costados y que se hizo, por méritos propios, con el cariño de los lectores. En definitiva, el cómic caló hondo en el “Fandom” llegando a tener varias secuelas más en las viñetas y dos filmes (“Kick-Ass: Listo para machacar” [Kick-Ass, Matthew Vaughn, 2010] y “Kick-Ass 2: Con un par” [Kick-Ass 2, Jeff Wadlow, 2013]) que adaptaban, de forma bastante libre (1), las dos primeras miniseries del personaje. Si en los cómics el personaje de Hit-Girl se ganó nuestros corazones, su versión fílmica interpretada por una estupendísima Chloë Grace Moretz acabó por rematar la faena.

La popularidad de la joven Mindy, el alter ego de Hit-Girl, llevaría a sus creadores a publicar una serie con su nombre en la cabecera. Un relato que conectaba las dos primeras aventuras de Dave Lizewski que funcionaba como una suerte de precuela tanto para la versión “comiquera” como fílmica de la segunda parte de Kick-Ass. Estamos hablando de hace algo más de un lustro. Sin embargo, para alegría de muchos, acaba de desembarcar en nuestras librerías especializadas en cómics un nuevo título con nuestra pequeña psicópata enmascarada como protagonista con el sugerente título de “Hit-Girl en Colombia”. Un bonito tomo publicado por Panini Cómics y que recopila en su interior los primeros cuatro números de su nueva andadura editorial. Su título es un perfecto presagio de lo que podemos encontrar en su interior, ¿no? Sin ojearlo siquiera, podemos imaginar que estará plagado de escenas de acción ultraviolentas de nuestra Mindy enfrentada a cárteles colombianos de la droga salteadas con una buena guarnición de palabrotas con la que ampliar nuestro vocabulario. Y en realidad, por ahí mismo van los tiros (nunca mejor dicho) porque el cómic es un auténtico festival de sangre, violencia y miembros cercenados. Publicadas sus aventuras ahora por Image Comics, Mark Millar volvió a los personajes de Kick-Ass y Hit-Girl el pasado 2018 tras cinco años alejado de ellos. Mientras que, por un lado, el escocés comenzaba una nueva andadura para un nuevo Kick-Ass, con el personaje de Mindy se ocupaba de los primeros cuatro números de su nueva colección. Una serie que iría alternando equipos creativos y que llevaría las andanzas de la joven psicópata a lo largo y ancho del mundo. Al final de “Kick-Ass 3”, Dave Lizewski colgaba el traje de neopreno con el que combatía a los malhechores y la joven Mindy tomaba bajo su tutela a Paul McQue, un chaval que podía recordarnos al Dave de los inicios y más que probable candidato a seguir su legado. Y así es como prácticamente comienza esta nueva historia. Sin embargo, las discrepancias entre alumno y mentora acabarán con una Hit-Girl decidida a seguir su carrera en solitario y a extender internacionalmente su cruzada. Será de esta forma que, tras recibir una petición por parte de una madre que perdió a su hijo tras un fortuito y desafortunado encuentro con unos sicarios de un cartel, Mindy viaja a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir justicia (o más bien venganza).

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Una vez establecida en tierras colombianas, Mindy decidirá aprovecharse del sicario Fabio Mendoza, más conocido como “Mano”, para llevar a cabo un enrevesado plan que la llevará a enfrentarse con todos los cárteles de la droga desatando, a su vez, toda una ola de violencia tan desenfrenada y sangrienta como divertida. Porque si algo diferencia esta nueva etapa de Hit-Girl de su miniserie del 2012 es el humor negro. Tenemos aquí al Mark Millar que seguramente más se echaba de menos en este tipo de (sub)productos donde su habitual Leitmotiv del espectáculo por el espectáculo, de su apuesta por la hipérbole visual, del entretenimiento palomitero y de esa ácida actitud de “cómo me mola molar” con el que ha sabido ganarse a sus legiones de fans. Tal vez el arco argumental podría haberse contado en menos entregas, pero el marketing manda y siempre hay que pensar en las recopilaciones en TPB. El arte esta vez no corre a cargo de John Romita Jr, sino del dibujante de origen portorriqueño Ricardo López Ortiz (al que hemos podido ver en la serie Zero de Alex Kot para el sello Vertigo de DC Comics o dibujando algunos números en series para Marvel Comics como Arma X o El Increíble Hulk). En esta ocasión se deja de lado el tono más oscuro de antaño y se apuesta por un look más parecido al de un videojuego con onomatopeyas haciendo las veces de divertidos efectos de sonido de 8 bits. Parece que estemos viendo un anime de Hit-Girl que hace que toda la violencia y el gore de la historia podamos tomarlo en un sentido más cómico, más como una comedia negra (al más puro estilo del enfrentamiento entre Beatrix Kiddo y los 88 Maníacos en “Kill Bill: Volumen 1” [Kill Bill: Volume 1, Quentin Tarantino, 2003]) que no se toma en serio a sí misma en ningún momento. El dibujo de López Ortiz tiene además un estilo salvajemente cinético con mucha fuerza y dinamismo. Personalmente me recuerda al estilo de Florent Maudoux y toda la troupe del colectivo “Doggy Bags” (publicada en nuestro país por la editorial Dib-buks y que recomiendo encarecidamente a todo aquel amante del terror y de las historias Pulp) y realmente le queda como anillo al dedo a un personaje como Hit-Girl.

Millar combina acción a raudales y humor negro en una historia que no trata de otra cosa que de entretener a la gradería sin dejar de lado los, un tanto desvirtuados, valores del personaje. Pese a que Mindy está ciertamente trastornada y es una psicópata en potencia, el heroísmo es una de sus metas. Seguramente ella no es consciente de que realmente está mal de la cabeza, de que es básicamente una niña en puertas de la pubertad que se dedica a matar y a mutilar a criminales y que eso, en el mundo real, no está bien. Ha sido entrenada para ello. Esa es su realidad y punto. Si a ello le añadimos el hecho de que no tiene problemas de solvencia económica para combatir el mal a escala mundial, tenemos la excusa ideal para una serie que la lleve a distintos lugares donde impartir justicia. En definitiva, un arranque prometedor para un ejercicio de evasión. A modo de Blockbuster, tenemos una historia entretenida ideal para aquellos amantes del Millar más salvaje y para los aficionados a este tipo de cómics de acción, de violencia explícita y palabras malsonantes. Debemos suponer que Panini Comics dará continuidad a las andanzas de nuestra joven justiciera y que podremos ver en un futuro los arcos argumentales con nombres tan sugerentes como Jeff Lemire, Rafael Albuquerque o Kevin Smith. Agárrense porque la vuelta al mundo de Hit-Girl no ha hecho más que comenzar.

 

(1) Tanto el guion de la primera película como el de la primera miniserie en cómic se desarrollaron el paralelo en primeras instancias y es por ello que ambos tratamientos son prácticamente iguales tanto en la pantalla como en las viñetas.  Sin embargo, al final ambas versiones tomarán caminos dispares en su desenlace.