“La zíngara y los Monstruos” (House of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1944)

house of frankenstein 1

Titulo original: House of Frankenstein / Año: 1944 / País: Estados Unidos / Duración: 74 min / Director: Erle C. Kenton / Guión: Edward T. Lowe Jr (idea de Curt Siodmak) / Producción: Paul Malvern / Productora: Universal Pictures / Distribución: Universal Pictures / Fotografía: George Robinson / Música: Hans J. Salter, Paul Dessau (no acreditado) / Diseño de Producción: John B. Goodman, Martin Obzina / Montaje: Philip Cahn / Reparto: Boris Karloff, Lon Chaney Jr. J. Carrol Naish, John Carradine, Anne Gwynne, Peter Coe, Lionel Atwill, George Zucco, Elena Verdugo, Sig Ruman, Glenn Strange / Presupuesto: 354.000$


El Dr. Gustav Niemann ha estado encarcelado durante 15 años por realizar extraños experimentos con cadáveres intentando seguir los pasos de aquel a quien idolatra, el Dr. Henry Frankenstein. Junto con su compañero de celda, el jorobado Daniel, Niemann sueña con el día en que pueda escapar y encontrar el diario del Dr. Frankenstein a fin de poder finalizar con éxito sus experimentos. Cuando una oportuna tormenta destruye los muros de la prisión que los retiene, el Dr. Niemann y Daniel escapan. En su camino se cruzan con un espectáculo ambulante que exhibe al supuesto esqueleto del Conde Drácula. Después de matar al dueño, el Dr. Niemann comienza su venganza contra aquellos que lo encarcelaron, lo cual lo lleva a usar a Drácula, al Monstruo de Frankenstein y al Hombre Lobo para llevar a cabo sus planes.


A mediados de la década de los cuarenta, aquellos monstruos clásicos, convertidos en (lucrativos) iconos populares solamente una década antes gracias al cine, acabarían protagonizando una serie de cintas que sumirían al género de terror gótico precedente en las pantanosas y cenagosas aguas de la serie b. La Universal Pictures decidió sacar todo el rédito posible de sus propiedades intelectuales más terroríficas exprimiendo al máximo el éxito cosechado durante los años 30. De esta manera, y sin intención ni miramiento alguno en lo que respecta a la continuidad fílmica de los personajes o a la calidad de las historias, decidió cruzar los caminos de dos de sus más emblemáticas criaturas en el film seminal (en lo que a crossovers de licencias se refiere) “Frankenstein y el Hombre Lobo” (Frankenstein Meets the Wolf Man, Roy William Neill, 1943). Sin duda, una maniobra sin precedentes que seguramente llamaría la atención, la curiosidad y el morbo de los aficionados al género del horror. Cierto es que enfrentar a nuestros personajes favoritos, ya sea entre ellos o contra una amenaza común, posee un poderoso atractivo. El cual es muy difícil de esquivar o que nos mantengamos al margen con indiferencia. Prácticamente es el sueño de todo niño (grande o pequeño) que se precie.

house of frankenstein 6
Ese experimento que supuso el encuentro entre dos de las más famosas criaturas del horror clásico, el Monstruo de Frankenstein por un lado y el licántropo interpretado por Lon Chaney Jr por el otro, obtuvo unos resultados lo suficientemente positivos como para que la Universal Pictures (un estudio que cimentó gran parte de su éxito en las historias de estas monstruosidades legendarias) decidiera darle una vuelta de tuerca más a la fórmula. En esta ocasión serían hasta cinco los monstruos que podría encontrar el espectador en la siguiente entrega de horror de la compañía (aunque convendría aclarar que dos de ellos no formaban parte del panteón fantástico que protagonizaba las pesadillas de los espectadores). De esta forma, la apertura de las puertas de la “Casa de Frankenstein” (que sería la traducción literal del título de la cinta, House of Frankenstein, y que en nuestro país se tradujo curiosa y libremente como “La zíngara y los Monstruos” [House of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1944], aunque en posteriores ediciones en DVD se ha traducido como “La Mansión de Frankenstein”) vendría a explotar la trama básica conocida hasta el momento, estandarizada ya en las anteriores entregas de Frankenstein, en la que se involucra a un individuo de escasa o nula talla moral que trata de reanimar o utilizar a la criatura para sus propios (y oscuros) fines. Con el añadido extra de presentar en pantalla a más personajes terroríficos con los que llenar minutos y avivar el temor y la imaginación del patio de butacas.

house of frankenstein 3
Sin embargo, a pesar de que el tráiler de la cinta presentaba con cierta picardía un enfrentamiento sin parangón entre los “primeros espadas” del horror de la época (refiriéndome siempre al horror en la ficción, ya que en la vida real la cruenta II Guerra Mundial tenía a otros monstruos de verdad que daban mucho más miedo), pronto daríamos cuenta, durante el visionado de la misma, que el resultado final no era exactamente el que se vendía al incauto público. Matizando un poco, los únicos monstruos “franquicia” de la casa eran únicamente Drácula, el Hombre Lobo y Frankenstein (y tampoco cruzaban exactamente sus caminos). Los dos restantes se materializaron en dos de los personajes recurrentes, estereotipados y tipificados, en las anteriores entregas, es decir, el asiduo científico loco y su sempiterno ayudante jorobado. Aunque se dice que los primeros borradores del guion incluían a más monstruos como la Momia, el Hombre Invisible o la, algo menos popular, “mujer simio”, Paula Dupree. Por cierto, un libreto firmado por Edward T. Lowe Jr, quién escribió la adaptación de “El jorobado de Notre Dame” de 1923 (The Hunchback of Notre Dame, Wallace Worsley, 1923), basado en la historia creada por un reputado guionista dentro del género como Curt Siodmak, firmante de los guiones de “El Hombre lobo” (The Wolfman, George Waggner, 1941) o “Yo anduve con un zombie” (I walked with a zombie, Jacques Tourneur, 1943) entre otros.

house of frankenstein 4
El principal reclamo de la producción es sin duda el nombre de Boris Karloff. En 1944 era ya lo suficientemente popular como para preceder como cabeza de cartel al resto de sus compañeros del elenco e incluso al mismísimo título de la película. Cinco años después de su última aportación a la saga del “collage de cadáveres viviente” (revivido gracias a la electricidad) en el filme “La sombra de Frankenstein” (Son of Frankenstein, Rowland V. Lee, 1939), la Universal consigue que Karloff vuelva triunfante a una nueva entrega de la serie que le dio fama. Sin embargo, esta vez no se calzaría los grandes zapatos de la criatura del Moderno Prometeo (ni sufriría las largas y tediosas sesiones de maquillaje), sino que interpretaría al “Mad Doctor” de la función, al Dr. Niemann. Éste, un auténtico devoto del trabajo del fallecido Henry Frankenstein, que, tras huir de prisión junto a su fiel ayudante jorobado Daniel, jura venganza contra aquellos que posibilitaron su encarcelamiento impidiendo seguir los pasos de su ídolo científico. Un rol en el que se nota que Karloff se siente muy a gusto y que representa con un muy destacado “buen hacer”. Para ello intentará contar con los servicios de los monstruos mencionados favoreciendo la resurrección del Conde Drácula en primeras instancias para después intentar manipular al hombre lobo y a la monstruosa criatura compuesta de retales de cadáveres. La encarnación de esta última correría a cargo de Glenn Strange, que debutaría como el monstruo y repetiría en las posteriores “La mansión de Drácula” (House of Dracula, Erle C. Kenton, 1945) y “Abbott y Costello contra los fantasmas” (Abbott and Costello Meet Frankenstein, Charles Barton, 1948). Strange provenía del cine de serie b y se había curtido como actor y especialista de acción, sin demasiada fortuna, durante más de 15 años. Con su actuación consolidó la imagen popular torpe e inarticulada del monstruo. Se dice que Karloff, quien ya tenía una sobrada experiencia, ayudó a Strange en la preparación del personaje.

house of frankenstein 7
Retomando el afán del estudio por recuperar a los nombres que dieran gloria a sus monstruos, cabría señalar que la Universal estuvo también interesada en contar de nuevo con aquel que diera vida al vampiro transilvano en 1931 en el “Drácula” de Tod Browning (Dracula, Tod Browning, 1931), Bela Lugosi. Sin embargo, el actor de origen austrohúngaro, pese a estar interesado, tuvo ciertos problemas de agenda que imposibilitaron su participación en la producción. Una producción que era básicamente la continuación del choque de titanes entre el Hombre lobo y el Monstruo de Frankenstein que, curiosamente, a este último interpretara él mismo un año atrás en “Frankenstein y el Hombre Lobo” (Frankenstein Meets the Wolf Man, Roy William Neill, 1943). Y digo curiosamente porque fue un papel que rechazó cuando se le ofreció en el momento de realizar el primer filme de James Whale por considerarlo (según Lugosi) indigno de sus dotes interpretativas. Pero que posteriormente, y con los humos algo más a ras de suelo debido a los avatares y golpes que da la vida, no tuvo remilgos para aceptar encarnarlo. Vistos los resultados, y siempre bajo la opinión de aquel que suscribe estas palabras, demos gracias al “Hacedor” por darnos el placer de disfrutar de la encarnación de Boris Karloff de la criatura salida de la imaginativa mente de Mary Shelley. Para esta ocasión, la Universal contó con el actor John Carradine (padre los posteriormente famosos Keith, David y Robert Carradine) para meterse en la piel del vampiro más popular de todos los tiempos creado por Bram Stoker. Destacar que su actuación es fundamentalmente elegante. Carradine deja de lado el oscurantismo de Lugosi sustituyéndolo con cierto porte aristocrático. Sin embargo, tanto su mostacho (que ya portara su antecesor Lon Chaney Jr en “El Hijo de Drácula” [Son of Dracula, Robert Siodmak, 1943]) como su predilección de cubrir su testa con un sombrero de copa, puede que, a ojos del actual espectador y quizá con la imagen de Lugosi o el posterior Christopher Lee en mente como los más icónicos intérpretes, pueda parecer poco más que ridícula y alejada de los estándares visuales del “no-muerto” de los Cárpatos.

house of frankenstein 8
Lon Chaney Jr sufriría de nuevo la “Maldición de la Bestia” en la piel del joven Larry Talbot, el alter ego diurno del licántropo de la obra. El primer filme del Hombre Lobo no había tenido continuación alguna en filmes individuales y había encontrado en esta suerte de “mash ups” de la Universal la oportunidad de seguir desarrollando su trágica historia. Lo cierto es que Chaney acapara el centro dramático de la película ya que Talbot anhela ser liberado de la maldición que lo hace desgraciado y el actor es capaz de transmitir el necesario patetismo a la altura de las circunstancias. Representa a la perfección ese aura de trágica desgracia que caracteriza a su personaje. Sin embargo, otro actor de la función rivaliza en patetismo con Chaney. J. Carrol Naish interpreta a Daniel, el ayudante jorobado del Dr. Niemann. Éste se nos presenta en un primer momento como a aquel que se ensucia las manos por el buen doctor. Representa la Fuerza Bruta de la cual carece el científico y que, a base de artimañas, se hace con sus servicios a cambio de cumplir en un futuro su promesa de darle a Daniel lo que más desea: un nuevo cuerpo con el que no asustar/asquear a sus semejantes. La imposibilidad de encontrar el amor junto a la gitana Ilonka (interpretada por Elena Verdugo y, de suponer, aquella que justifica la curiosa traducción del título en nuestro país) lo convierte en un ser triste a la par que patético, pero también peligroso. A diferencia del resto de actores que con anterioridad habían desempeñado este rol de ayudante de forma exagerada, pérfida y maléfica, Naish logra hacer su papel con clase y sutileza ganándose merecidamente su parcela de protagonismo en el film. Sin duda, y antes de que se le “cruce los cables”, el espectador pueda incluso sentir pena por él.

house of frankenstein 9
Al contrario de lo que nos prometían los avances, lo primero que pueda venirnos a la cabeza tras el visionado de “La zíngara y los Monstruos” (House of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1944) es que los Monstruos Clásicos prometidos con anterioridad están presentes y sí es cierto que “están juntos, pero en absoluto revueltos”. El film de Erle C. Kenton (director del clásico “La Isla de las Almas Perdidas” [Island of Lost Souls, Erle C. Kenton, 1932] y de la anterior entrega en solitario del monstruo creado por el Moderno Prometeo “El Fantasma de Frankenstein” [The Ghost of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1942], cuyos positivos resultados posibilitaron que la Universal le encargara el filme que nos ocupa) opta por un desarrollo episódico de la trama. Más que un enfrentamiento entre nuestros monstruos favoritos, la cinta es una suerte de “antología” de los mejores momentos y situaciones de los protagonistas de la trama en otros filmes como si de pequeños cortos o mediometrajes se tratara. Cabe señalar que la historia principal gira entorno a la figura de Niemann y su afán de venganza, siendo el resto de “jugadores” totalmente prescindibles (aparecen por su tirón comercial, podría añadir). A lo largo del metraje vemos cómo se van encajando (con calzador, añadiría) las diferentes subtramas que componen este “greatest hits” monstruoso. Señalar además que los monstruos no se cruzan entre ellos. Por un lado, la parte de historia con el Conde Drácula en la primera parte del film podría ser perfectamente una película en solitario del personaje propiamente dicha ya que tras su “muerte” no volveremos a toparnos con ninguno de los personajes que aparecen en ella. Una (sub)trama que no escatima en tópicos y clichés ya vistos con anterioridad en lo que respecta al “no-muerto”. Una vez superado el segmento de la primera criatura fantástica, el viaje de nuestro vengativo doctor le llevará a la pequeña población de Frankenstein, donde no será precisamente bienvenido por las autoridades locales y donde acabará encontrando los cuerpos, en animación suspendida debido a la congelación (todo ocurrido tras los acontecimientos del film anterior), del hombre lobo y de la monstruosa criatura de su mentor. Aquí es cuando la película se divide en dos subtramas en paralelo con el quizá único nexo personificado en la figura del Jorobado. Mientras que por un lado se fragua un desdichado triángulo amoroso entre la gitana Ilonka, el desgraciado Larry Talbot y el desafortunado Daniel, por el otro, Niemann dedica toda su atención en su afán por revivir al Monstruo de Frankenstein. Todo ello con la presencia de los clichés poco originales y antes mencionados que ya pudimos ver en otras entregas. No faltarán en escena fieles esposas seducidas por las vampíricas artes del Conde, el campamento gitano propio del Universo del licántropo, el conocimiento de la maldición por parte de los zíngaros, el laboratorio con mil y un artilugios y extravagantes máquinas eléctricas con sus característicos arcos voltaicos o la habitual agitada turba empuñando antorchas intentando dar caza a la criatura. Sin duda, todo un deleite para el aficionado, pero que no es exento de cierto sabor agridulce al no satisfacer aquello que parecía que nos prometían: el choque entre los monstruos.

house of frankenstein 10.jpg
A pesar de ello, “La zíngara y los Monstruos” (House of Frankenstein, Erle C. Kenton, 1944) no es un producto para desmerecer ni mucho menos. Cierto que no es del todo original, su argumento (o el puzzle que conforman) es simple y lineal y que tampoco aparece la esperada lucha de titanes entre las criaturas monstruosas más populares del folklore y la cultura popular, pero posee un ritmo más que aceptable en su atropellada narración e imágenes de poderoso empaque como a la criatura portando a Karloff perseguido por una violenta turba o la muerte del Conde Drácula cuando el “Astro Rey” lo baña con sus rayos al amanecer. Pese a que el estudio había tomado la determinación de ganar el máximo invirtiendo el mínimo, los maquillajes para la ocasión estuvieron a cargo del grandísimo Jack Pierce (no acreditado) y los efectos prácticos, risibles a día de hoy, no están nada mal para la época. No con ello quiero decir que la película sea brillante, ni la más destacable de las producciones de la Universal Pictures ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente entretenida y poseedora de notables actuaciones, así como atmósferas como para recomendar su visionado. Lástima que veamos poco a cada uno de los clásicos monstruos ya que su tiempo en escena está muy dosificado, pero por el contrario también resulta equilibrado. El veredicto del público sería positivo y el estudio decidiría volver a confiar en la fórmula con las posteriores, y antes mencionadas, “La mansión de Drácula” (House of Dracula, Erle C. Kenton, 1945) y “Abbott y Costello contra los fantasmas” (Abbott and Costello Meet Frankenstein, Charles Barton, 1948). Siendo esta última la que marcase un punto y aparte dentro del género, más próximo ya al territorio de la comedia, y el perfecto ejemplo de que los explotadísimos monstruos clásicos ya no asustaban a un mundo que había sufrido una cruenta guerra a escala mundial. No será hasta una década después que otra productora, la famosa Hammer Films, retorne la grandeza a estos grandes mitos con su revival por el fantástico, a todo color y haciendo gala de una violencia más explícita jamás vista con anterioridad. Pero, eso es otra historia…

house of frankenstein 2

Anuncios

Drácula de Bram Stoker (Roy Thomas, Mike Mignola)

Dracula 6

Titulo original: Bram Stoker’s Dracula / Guión: Roy Thomas / Dibujo: Mike Mignola / Portada: Mike Mignola / Formato: Cartoné / Páginas: 136 pags. / Editorial: Norma Editorial / Precio: 24,95€. / ISBN: 978-84-679-3456-4


Jonathan Harker es un joven abogado que viaja a un castillo perdido en el este de Europa, invitado por el misterioso Conde Drácula. Una vez en su castillo descubrirá que la más pura maldad se esconde tras el conde. Inspirado por una fotografía de la prometida de Harker, Mina, Drácula viaja a Londres en busca de la mujer a la que siempre amó. El profesor Van Helsing y un grupo de valientes tratará de detener al maligno vampiro, antes de que su sed de sangre devaste la metrópoli inglesa.


Drácula de Bram Stoker es el libro que cambió mi vida. Tenía trece años cuando lo descubrí. Es este título el que me hizo descubrir este mundo sobrenatural y fantástico del que estoy apasionadamente enamorado. Este es el trabajo que más influencia ha tenido en el artista que soy hoy” (Mike Mignola) [1].

El vampiro es una figura habitual dentro del folclore y la superstición, sobre todo europea, que se ha transmitido durante generaciones a través de creencias populares e incluso podemos encontrarlo dentro del panteón mitológico de ciertas civilizaciones. Independientemente de los diferentes orígenes y atributos que se le confieran, prácticamente todas las culturas coinciden en el hecho de que se trata de una criatura que se sustenta de la esencia vital de otros seres vivos. Entendiendo esa esencia vital como la sangre de sus víctimas en la mayoría de las versiones más extendidas. El más famoso de los vampiros de nuestra historia moderna es, sin lugar a dudas, el que popularizó, a finales del siglo XIX, la novela “Drácula” (1897) del escritor Bram Stoker. El autor irlandés tomó prestado el mito vampírico para cambiar radicalmente la manera de crear historias de monstruos y de seres terroríficos con un relato epistolar en el que el terror era el principal Leitmotiv, pero en el que se trataban también otros temas tabúes en su época como la sexualidad, el papel de la mujer en la sociedad, la inmigración o el colonialismo. Integrado todo ello dentro de una trama donde folclore y modernidad iban cogidas de la mano. Inspirándose en antiguas leyendas, Stoker nos presentó una nueva forma de ver la perenne lucha entre el bien y el mal y, a su vez, introdujo a uno de los símbolos del mal puro, a un ser con plena voluntad maligna de destruir el plano existencial colectivo, que no carece de atractivo alguno y que, por supuesto, trascendió al propio medio literario. El Conde Drácula no es solamente uno de los personajes más famosos de la cultura popular, sino que su capacidad de atracción y captación de adeptos no tiene parangón. La novela de Stoker, además de ser un libro que no ha dejado de publicarse nunca desde su aparición, convertido ya en todo un clásico por méritos propios, ha sido la materia prima de muchísimas adaptaciones del personaje en los medios más diversos. Siendo el denominado como Séptimo Arte el más prolífico de ellos. El Conde ha protagonizado multitud de filmes y difícil es, por no decir imposible, desligar los rostros de grandes del celuloide a su figura. Ocurre tanto con el del mítico Bela Lugosi o el del inconmensurable Christopher Lee. Pese a que muchos otros han dado cara a Drácula, complicado se presta no identificar a los mencionados dentro del imaginario colectivo creado alrededor de la figura del no-muerto transilvano más celebérrimo de todos los tiempos.

Dracula 5

Dejando a un lado su participación dentro del ciclo de los Monstruos Clásicos de la Universal o su saga en el seno de la Hammer Films, exponentes más conocidos de la figura cinematográfica de nuestro protagonista, el Conde Drácula ha sido una de las figuras fundamentales del género de terror. Sin embargo, tal vez debido a la idiosincrasia propia de un relato narrado con estructura epistolar, muchas de estas cintas se han centrado en narrar nuevas andanzas del vampiro, adaptaciones más libres, en lugar de ceñirse encorsetadamente al material original. Al Conde lo hemos podido ver en las más diversas épocas y situaciones, pero adaptando de forma fiel (o más o menos de manera fidedigna) la novela que lo vio nacer podemos nombrar tal vez un puñado de ellas. Una de las más importantes dentro de la historia del llamado Séptimo Arte ni siquiera es una versión oficial. Me refiero, por supuesto, al expresionista film de F. W. Murnau “Nosferatu” (Nosferatu, Eine Symphonie des Grauens, 1921). Aquí, el actor Max Schreck (que, así como Lugosi también es recordado solamente por este papel) encarnaba al vampírico Conde Orlock [2]. Algo más reciente sería el caso de la adaptación de la popular novela por parte del oscarizado Francis Ford Coppola. El realizador norteamericano nacido en Detroit, responsable de clásicos del cine como “El Padrino” (The Godfather, 1972), fue el encargado de dirigir la que se suele considerar como una de las adaptaciones más fieles al relato de Stoker. Aunque también es cierto que su cinta responde a una visión personal por parte del cineasta predominando más sus aspectos románticos que los terroríficos. La versión de Coppola, a su vez, ofreció también la cara de otro actor, la del británico Gary Oldman, que se suele identificar intensamente con el personaje. En el año 1992 llegaba a los cines “Drácula de Bram Stoker” (Bram Stoker’s Dracula, Francis Ford Coppola, 1992) cosechando grandes éxitos de crítica y público. Una versión con ciertas pretensiones arty a la hora de tratar a un icono al que se había relegado al territorio de la Serie B y al cine menos respetado por parte del sector más gafapasta. La cinta de Coppola se alejaba, así pues, de la estética y del tono de acercamientos precedentes a la figura del aristocrático vampiro convirtiéndola en una pudiente producción en la que, como decía el entrañable Richard Attenborough en “Parque Jurásico” (Jurassic Park, Steven Spielberg, 1993), no se reparó en gastos. Aparte de un atractivo reparto, de una gran labor en su fotografía, de una increíble banda sonora, de su espectacular puesta en escena y de su impresionante diseño de producción, el director de “Apocalipsis Now” (Apocalypse Now, 1979) realizó una notable labor de pre-producción y planificación previa apoyándose en la elaboración de detalladísimos story boards. Acreditado para tal labor encontramos a uno de esos sospechosos habituales y figura reconocidísima en el sector del cómic, en su primera incursión en el mundillo del cine. Estoy hablando de Mike Mignola.

Dracula 4

Hablar de Mike Mignola es hablar de uno de los grandes pilares del cómic estadounidense actual con casi cuarenta años de carrera en el sector a cuestas. Tras trabajar en el mainstream de los súper héroes para las grandes editoriales del sector, “Marvel Comics” y “DC Comics“, el californiano se consolidó como un auténtico maestro del terror gótico gracias a su creación más famosa: Hellboy. Desde que lo presentara en sociedad durante la primera mitad de la década de los noventa con la publicación de su miniserie de debut para el subsello “Legends“, “Semilla de Destrucción”, el diablo rojo ha afianzado la figura de un prolífico creador de todo un cosmos de fantasía con claras reminiscencias lovecranianas y al que más de veinticinco años lo avalan como auténtica punta de lanza de la editorial norteamericana “Dark Horse Comics”. La casa del “Caballo Oscuro” alberga además todo el universo salido de la imaginación del autor, cimentado alrededor de la figura del ser también conocido como Anung-Un-Rama, en el que su historia no sólo se ha desarrollado en una sucesión de miniseries y relatos, sino que se ha expandido en otras muchas publicaciones, spin offs de la serie madre. Títulos tan recomendables como “A.I.D.P.” (centrada en la ficticia Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal en la cual Hellboy militaba), “Abe Sapien” (donde se narran las aventuras en solitario de Abraham Sapien, un ser acuático y compañero de fatigas de Rojo) o “Bogavante Johnson” (un enigmático detective aventurero en tiempos de la II Guerra Mundial) entre otros productos de un particular mundo de ficción donde se combina de una forma muy atractiva elementos como el terror cósmico de H. P. Lovecraft, el folclore, el horror sobrenatural, las Monster movies de serie B y el Pulp más desenfadado de escritores como Edgar Rice Burroughs. Mignola ha sabido levantar su propio imperio dentro del sector, pero en lo que respecta al tema que hoy tratamos, tenemos que remontarnos dos años antes de la primera aparición de su “chico del infierno” cuando Mignola tuvo la oportunidad de poner su granito de arena en la producción del Drácula de Francis Ford Coppola y consiguientemente encargarse de la adaptación a las viñetas del film del director de “Cotton Club” (Íd, 1984). Para realizar tal labor, unió esfuerzos con otra figura importantísima del Noveno Arte americano, Roy Thomas.

Dracula 2

Thomas es una auténtica leyenda viva dentro de la Industria del cómic. Resumir su trayectoria editorial es una tarea harto complicada ya que, desde que se hiciera cargo como guionista de la mítica serie “Sgt. Fury and his Howling Commandos“, hablamos no solamente del primer aficionado al medio que logró (y abrió camino a muchos como él) consolidarse como verdadero autor, sino también de aquel que tomara el relevo al recientemente fallecido Stan (The Man) Lee al frente de “Marvel Comics“. Siendo responsable de grandes historias que han maravillado al “fandom” protagonizadas, por ejemplo, por los ahora más de moda que nunca “Héroes más poderosos de la Tierra“, los Vengadores (como la popular “Guerra Kree Skrull“), o por Los Cuatro Fantásticos o nuestro amigo y vecino Spiderman, Thomas es responsable de la creación de títulos míticos de la editorial como “Los Defensores” entre muchos otros logros para el recuerdo y regocijo de muchos de nosotros. Sin olvidarnos que fue también el responsable tanto del desembarco en el mundillo de las viñetas del cimmerio creado por Robert E. Howard, Conan el Bárbaro, como de los guiones de las primeras andanzas, a pesar de las trabas argumentales impuestas por George Lucas, del universo expandido de los cómics de “La Guerra de las Galaxias” tras el éxito del filme. Creador de personajes como Red Sonja, Puño de Hierro o el primer Motorista Fantasma, Thomas también firmó grandes historias para la “Distinguida Competencia” en su estancia en las colecciones de Wonder Woman, donde colaboró con el grandísimo Gene Colan, All Star Squadron con Jerry Ordway o Infinity Inc. Los noventa lo alejaron un poco de las grandes editoriales en pro de otras más pequeñas, independientes, donde se dedicó a adaptar al cómic, con mucho oficio, reconocidas series televisivas de acción real como “Hércules” o “Xena, la Princesa Guerrera” para Topp Comics (popular por sus colecciones de cromos de béisbol o los geniales de Mars Attacks). Editorial que acabaría  encargándole y publicando la adaptación del filme “Drácula de Bram Stoker” (Bram Stoker’s Dracula, 1992) de Coppola. Un cómic que entra de lleno en ese top ten, ese ranking de las mejores adaptaciones jamás realizadas junto a grandes obras como la de “Alien, el octavo pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979) de Walter Simonson y Archie Goodwin o la increíble visión de Jim Steranko de “Atmósfera cero” (Outland, Peter Hyams, 1981), que bien merecería un reedición en nuestro país.

Dracula 3

Seguramente, por motivos ajenos a sus creadores [3], sino más bien cercanos a esa naturaleza alejada de toda lógica que suponen los derechos legales de las propiedades intelectuales, la miniserie publicada por Topp Comics en el 93 (que ya contó con una tirada limitada, todo hay que decir) se encontraba en una especie de limbo que hacía de todo aquel que se hiciera con los pertinentes ejemplares en poseedores de lo más parecido a un tesoro. Así fue hasta que el pasado 2018 la estadounidense IDW Publishing anunciase su reimpresión veinticinco años después de su aparición en formato de lujo, aunque en blanco y negro prescindiendo así del color de Marc Chiarello y dándole protagonismo absoluto al arte de Mignola. En nuestro país ocurrió algo similar. Originalmente la obra fue editada por “Ediciones B”, a través de su colección Los libros de Co&Co, en un bonito tomo en tapa dura con solapas que ha sido objeto de especulación por parte de muchos coleccionistas. Afortunadamente, la catalana “Norma Editorial” ha decidido recuperarla también, para total satisfacción de un servidor y espero que por extensión una gran parte del público español, con objeto de que esta obra de culto no caga en el olvido. Y no podríamos sentirnos más dichosos porque la edición del “Drácula de Bram Stocker” dibujado, o mejor dicho ilustrado, por Mike Mignola es sencillamente espectacular. En lo que respecta al guión de Thomas, hemos de decir en su defensa que resulta más que correcto. El legendario guionista, salvo por un par (no más) de escenas inéditas en la versión cinematográfica (suponemos que eliminadas del libreto original con el que debió trabajar Thomas), sigue fielmente el guión de la película. Con permiso de Drácula, el absoluto protagonista de la obra es sin duda el arte de Mignola. Y aquí nos encontraremos con un Mignola despuntando con su peculiar estilo de dibujo, acercándose más al look de sus trabajos posteriores en Hellboy. Con sus lápices entintados por John Nyberg, vemos al californiano alejado de sus formas predecesoras vistas en cómics superheróicos como “Odisea Cósmica” para “DC Comics”, “Lobezno. Aventura en la jungla” para “La Casa de las Ideas” o su adaptación de los personajes salidos de la imaginación de Fritz Leiber, “Fafhrd y el Ratonero Gris”. Seremos testigos de un Mignola experimentando con lo que luego sería habitual en su peculiar manera de contar historias, es decir, haciendo alarde de un domino de las manchas de negro, de las sombras y de la iluminación, así como haciendo uso de una composición de página muy sencilla pero realmente eficaz que recrea a la perfección el ambiente gótico y tétrico de la película de Coppola. Sin duda, un gran acierto por parte de “Norma Editorial” y un cómic totalmente recomendado para aquellos fans del arte del creador de Hellboy. Que no se dude ni un ápice en la adquisición de un ejemplar. Una edición tan espectacular para una obra que sin lugar a dudas lo merece.

Dracula 1

[1] Declaraciones del autor en una entrevista al diario galo Le Figaro.

[2] Se variaron nombres de personajes y situaciones a causa de los problemas con la adquisición de los derechos del libro. Florence Stoker, viuda de Bram Stoker, demandó a los productores del filme ganando el caso. La sentencia provocó la bancarrota de Prana Film y se ordenó requisar todos los negativos existentes de la película para impedir su distribución. Afortunadamente, para entonces la película ya había llegado al extranjero y gracias a esa circunstancia ha llegado hasta nuestros días.

[3] Declaraciones de Mike Mignola: “No puedo expresar qué alivio es poder volver a editar este cómic. La gente ha estado preguntando por él durante años, más que cualquier otro cómic mío, y sinceramente pensaba que no iba a ser posible ver una nueva edición, pero aquí llega. No suelo ser fan de mis antiguos trabajos, pero creo que éste se sostiene por sí mismo” añade. “Dejando de lado que estaba adaptando una película (lo cual tiene su propio abanico de problemas), creo que hay algo de buen dibujo y narrativa en él. Es una de las pocas viejas obras de las que estoy bastante orgulloso”.