Crítica de “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986) [1]

 

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Título original: Critters / Año: 1986 / País: Estados Unidos / Duración: 82 minutos / Director: Stephen Herek / Producción: Barry Opper, Robert Shaye, Sara Risser, Rupert Harvey / Productora: New Line Cinema / Distribución: New Line Cinema / Guion: Stephen Herek, Don Opper, Dominic Muir  / Música: David Newman / Fotografía: Tim Suhrstedt / Montaje: Larry Bock / Diseño de producción: Gregg Fonseca / Reparto: Scott Grimes, Dee Wallace, M. Emmet Walsh, Billy Green Bush, Nadine Van Der Velde, Terrence Mann, Don Keith Opper, Billy Zane / Presupuesto: 2.000.000$


Los Critters, mortíferas criaturas con afilados dientes, conocidos por su mortal apetito, se han fugado de una prisión de alta seguridad de una galaxia cercana. Dos cazadores de recompensas han sido contratados para capturarlos mientras que los Critters han llegado a la Tierra, concretamente a una pequeña localidad rural de Kansas donde vive la familia Brown.


En 1984, Steven Spielberg presentaba al mundo una de esas producciones míticas de su “Amblin Entertainment” que tanto le gustaba auspiciar: “Gremlins” (Íd) de Joe Dante. Una suerte de cuento macabro de Navidad y a la vez homenaje al cine de serie B de antaño y a las historias de invasiones alienígenas de la sci-fi más añeja. Siempre bajo el filtro de ese “entertaintment” que le hace característico y con la intención y el tono adecuado para que el público de masas llenara las salas de cine. Convertida la cinta del director de “Piraña” (Pirahna, 1978) y “Aullidos” (The Howling, 1981) en fenómeno social, poco a poco, aparecerían otros productos siguiendo su estela y que convertirían en protagonistas a otros “bichos” de procedencias dispares. Dejando, sobre todo, de lado la referencialidad cinéfila, las alusiones “caprianas” y el puro objetivo mainstream de esos diablillos que asolaron la pequeña localidad de “Kingston Falls” (también conocida como “Hill Valley” en otro universo “ambliriano“) estos “primos lejanos” intentaron, como mínimo, arañar las migajas de su éxito y ganar unos dólares independientemente de la calidad del producto. Primero aparecieron los “Ghoulies” (Íd, Luca Bercovici, 1985) y dos años después, en 1986, llegaban a la gran pantalla unas voraces y carnívoras criaturas procedentes, esta vez sí, del espacio exterior con el film “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986).

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Dirigida por el debutante Stephen Herek, director también de la curiosa, recomendable y divertida “Las alucinantes aventuras de Bill y Ted” (Bill & Ted’s Excellent Adventure, 1989), “Critters” (Íd, 1986) comienza con la fuga de estas peligrosas bestiecillas de un asteroide prisión de máxima seguridad en el que se encuentran presos para acabar aterrizando en nuestro planeta, más concretamente en una pequeña localidad rural de Estados Unidos. Estos pequeños monstruitos de dientes afilados, amplia sonrisa diabólica, voraz apetito y con una fisonomía que los emparentaría con los puercoespines acabarán asediando la típica granja de la América profunda donde vive la familia Brown. Sorprendidos y aterrorizados, desconocerán que tras la pista de sus mortales acosadores hay dos cazarrecompensas intergalácticos. Sus responsables siempre afirmaron, juraron y perjuraron que su proyecto, que sus Critters, comenzaron a gestarse antes que la historia de los Mogwais y que pospusieron su desarrollo tras el estreno de “Gremlins” (Íd). Un guion escrito a tres manos por el propio Stephen Hereck, Domonic Muir y Don Opper que, según ellos mismos, tuvieron que modificar para que no se les acusase de plagio. Siempre podríamos concederles el beneficio de la duda (¿lo hacemos?). Sin embargo, existe una historia, un mito, que da pie a una hipótesis (de la persona que suscribe estas palabras, eso sí) que justifica la existencia no sólo de esta película sino incluso de la original de la “Amblin“. Cuenta la leyenda que a principios de los 80 el anteriormente citado Steven Spielberg tenía varios proyectos simultáneos y de entre todos ellos se encontraba la dirección (o producción dependiendo del momento en el que se encontrase) de un film de serie B cuyo origen está en la presión que ejercía la “Columbia” para que hiciera la secuela de otro de sus grandes éxitos: “Encuentros en la Tercera Fase” (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977). Para ello, Spielberg encargó un guion a John Sayles, ahora reputado cineasta independiente que por aquel entonces se había granjeado cierto éxito tras la escritura de los libretos de otros filmes de bajo presupuesto como “Piraña” (Pirahna, Joe Dante, 1978) y “La Bestia bajo el asfalto” (Alligator, Lewis Teague, 1980). Aquello que escribió para el Rey Midas de Hollywood llevaba el título de “Night Skies” y, basándose en presuntos hechos reales y tomando “Perros de Paja” (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971) como referencia, narraba la historia de cómo unas criaturas llegadas del espacio exterior asolaban una granja del medio oeste americano acosando a la familia que la habitaba. Este clan, desestructurado como fuera habitual en el cine “spielberiano”, sería rescatado por otra raza de alienígenas que llegaría a nuestro mundo. De ser cierto, sería evidente que ese guion nunca rodado de “Night Skies” [2] debió pasar por muchas otras manos, que sí debió interesar a otros individuos y que pudo ser la base y referencia para los filmes que estamos aquí mencionando entre ellos la trágica noche que los Brown conocieron a los crites, que es así como se denomina a dicha raza.

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Esta familia Brown reúne todos los arquetipos de este tipo de unidades familiares del medio oeste de los Estados Unidos y de este tipo productos, ya sean cinematográficos o televisivos. Como cabeza de familia tenemos a Jay Brown, interpretado por el veterano Billy Green Bush. Hombre de campo, rudo, trabajador y, como no podría ser en otro lugar del mundo, aficionado a los bolos. De mentalidad conservadora, es presumible su afiliación republicana. No duda en empuñar su escopeta, incluso herido, para defender a los suyos. Interpretando a su fiel y afable esposa, Helen Brown, tenemos a toda una musa del cine fantástico: Dee Wallace-Stone. Sobran las presentaciones para esta gran actriz, pero por si alguien no logra ponerle cara podemos decir que protagonizó una de las, para un servidor, mejores películas de licántropos titulada “Aullidos” (The Howling, Joe Dante, 1981), sufrió los ataques de ese San Bernardo psicótico llamado “Cujo” (Íd, Lewis Teague, 1983) y sin duda pasará a la posteridad por interpretar a la madre de Michael, Gertie y Elliot en “E.T. el Extraterrestre” (E.T.: The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982). La señora Brown es la típica ama de casa, encantadora con sus vecinos, fiel a las decisiones de su cónyuge y mediadora entre las discrepancias generacionales de éste con su joven descendencia sin dejar de olvidad su lado histérico y gritón cuando el peligro hace acto de presencia. El bien avenido matrimonio Brown acoge en su seno a sus dos hijos. Por una parte, está April, la hija adolescente, que para perfeccionar el cliché estará en pleno despertar sexual y se nos presenta como un pelín fresca y “demasiado moderna para la gente de este pueblo”. Interpretada por una joven Nadine Van Der Velde podemos añadir que “Critters” (Íd) no sería la única cinta de bichos que protagonizaría ya que sólo un año después aparecería en la producción de Roger Corman “Munchies” (Íd, Tina Hirsch, 1987).  Como curiosidad, la directora de “Munchies” (Íd), Tina Hirsch, fue la montadora de “Gremlins” (Íd). Y rizando el rizo de las curiosidades, el novio de April y víctima del voraz apetito de los Critters está interpretado por un joven Billy Zane. El joven Brad Brown es el benjamín de la casa. Es el típico “chaval raro” de la clase, un pre-púber de espíritu aventurero, valiente, obstinado y aficionado, entre otras cosas, a la pirotecnia. Su cara es la del televisivo Scott Grimes. A Grimes lo podemos ver ahora en la reciente “The Orville” (Íd, 2017-2019) de Seth McFarlane, pero en los 80 venía a ser un émulo de Michael J. Fox interpretando diversos papeles de “hijo gracioso” en sit-coms como “Together We Stand” (Íd, Sherwood Schwartz, Michael Jacobs, 1986-1987), donde compartía cast con Dee Wallace e incluso con Jonathan Ke Quan (el Data de “Los Goonies” [The Goonies, Richard Donner, 1985]).

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Junto a Brad encontramos a su fiel amigo Charlie interpretado por Don Opper que, a la postre, participa en el guion de la película y es el hermano de Barry Opper, productor de las cuatro cintas que generaron los Krites. El amigable Charlie trabaja para los Browm, no tiene a priori muchas luces y es el borrachín del pueblo. Además, es el único que ha visto llegar la nave de los Critters. Como viene siendo habitual, y para redondear la previsibilidad de su personaje, no le creen cuando acude a la autoridad local, es decir, un sheriff interpretado por M. Emmett Walsh, otra cara conocidísima del género (participando en títulos tan dispares como “Huida del Planeta de los Simios” [Escape from the Planet of the Apes, Don Taylor, 1971], “Blade Runner” [Íd, Ridley Scott, 1982] o “Arizona Baby” [Raising Arizona, Ethan Jesse Coen, Joel David Coen, 1987] entre otros muchos filmes de su dilatada carrera). Y para acabar con las presentaciones, cabe mencionar a los no menos importantes caza recompensas del espacio, los Caza-Critters. Dos tipos aguerridos, armados hasta los dientes con el armamento más sofisticado, mortífero y devastador de la galaxia que responden al nombre de Ug y Lee (apelativos que si los juntamos acaban formando fonéticamente la palabra “Ugly“, feo en inglés). A ambos les caracteriza la ausencia de rostro ya que su cabeza es como la de una especie de bombilla fluorescente, pero tienen la capacidad de adquirir las facciones que ellos necesiten o consideren de su agrado. Es así como Lee adquirirá la faz del popular y ficticio rockero Johnny Steel interpretado por el actor Terrence Mann, al que ese mismo año pudimos ver en otro clásico de vídeo club titulado “Los Guerreros del Sol” (Solarbabies, Alan Johnson, 1986). Steele interpreta la pegadiza canción “Power of the night“, compuesta a propósito de la película y con un sonido ochentero a más no poder. Como el resto del soundtrack, cabría añadir.

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Con todos los participantes sobre el tablero de juego, “Critters” (Íd) es una gamberrada disfrazada de horror movie, pero que se queda en esa tierra de nadie entre el terror light y la comedia familiar como ya hiciera “Gremlins” (Íd) en su momento, aunque arriesgando un poco más ya que tampoco había mucho que perder. Pese a que en el imaginario colectivo la recordamos como más sangrienta, el uso de la mercromina barata y algún prop con ínfulas gore desmitifican esa idea. El body count de la cinta se reduce a dos humanos, una vaca y muchas, muchas gallinas. Sus responsables juegan con sus criaturas, los hacen participar en chistes o bromas con poca gracia y nos presentan guiños o burlas que no aportan nada a la trama, pero que tampoco la entorpecen. Me refiero a cosas como que el gato de la familia se llame Chewie, que un Critter se coma un peluche de E.T. o que Brad tenga un póster de “Forbidden World” (Íd, Allan Holzman, 1982) en su cuarto. Pequeños detalles que harían que más de un aficionado al género esbozase una sonrisa. Si a los grandes les funciona… El diseño de los Krites, de la mano de los hermanos Chiodo (responsables de “Los payasos asesinos del espacio exterior” [Killer Klowns from Outer Space, Stephen Chiodo, 1988]), es magnífico. Muy atractivo y deja volar la imaginación. Sin duda, no es poseedor del carisma de los monstruitos creados por Chris Walas para “Gremlins“,(Íd) pero le van a la zaga.

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Es evidente que nos encontramos ante un claro ejemplo de cine de explotación más que de un ejercicio cinematográfico de calidad. La cinta peca de la dirección de un debutante, de un abuso continuado de la elipsis y de personajes tan tópicos que no podemos identificarnos con ninguno. La presencia de las criaturas, los verdaderos protagonistas, es muy reducida. Algo que podemos achacar a los poco más de dos millones de dólares con los que contaba la producción. Al igual que con el film de Joe Dante, aquí se toma el terror, la ciencia ficción y la serie B con plena intencionalidad de ofrecer un divertimento y, de paso, hacer un buen dinero ya fuera en la gran pantalla o en el cada vez más importante, popular y rentable formato doméstico. No sorprendería a nadie si digo que este título fue todo un clásico de las estanterías de los videoclubes. Y es que esa carátula ilustrada por Soyka con ese simpático y a la vez amenazador Critter nos atrajo a más de uno. Esta apuesta por el “cine de monstruitos” de la “New Line Cinema” de Robert Shaye dio sus frutos. Frente a la mencionada inversión de dos millones, generó en salas de cine americanas una recaudación de algo más de 12 millones de dólares sin contar los alquileres en videoclubes. Un éxito que conviritó a los hambrientos Krites en los mejores “primos lejanos” de los Gremlins generando tres entregas más -una reciente serie de televisión y un proyecto de nueva película del canal “SyFy“- de las cuales sólo podría (un servidor) recomendar el visionado de su secuela más inmediata dirigida por el Master of Horror Mick Garris [3].

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Un momento: el cazarrecompensas Lee escogiendo un aspecto terrestre hasta que se topa con el el videoclip de “Power of the night“, ochenterismo en estado puro.

Una curiosidad: Existen dos finales alternativos, el más conocido es el que termina con los huevos escondidos en el granero. Pero hay otro menos abierto y más comercial en el que se eliminaba esa escena y terminaba con la reconstrucción de la casa.

 

[1] Con este artículo debuté en el blog Colección Ultramundo. Debido a que en esta página se acabarán reseñando todas las entregas de los Critters, me he tomado la libertad de reciclar el escrito original (previo a la teórica corrección del aparecido en dicha web), añadiendo algunas líneas más.

[2] “Night Skies” fue el germen de “E.T. el Extraterrestre” (E.T.: The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982). En la película, basada en supuestos hechos reales, una banda de extraterrestres hostiles -todos con nombres y apariencias características- asediaría a una familia en su granja. El menos peligroso de los aliens entablaría una relación de amistad con el miembro más joven, autista-  del rural clan. El diseño de las criaturas correría a cargo del grandísimo Rick Baker. Sin embargo, en el rodaje de “En busca del Arca Perdida” (Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981), Spielberg enseñaría el guion a Melissa Mathison, pareja en aquel entonces de Harrison Ford, quedando ella prendada de la historia del extraterrestre y el niño. De esta forma, Mathison escribió un tratamiento sobre ello que encandiló al Rey Midas de Hollywood y el resto ya es historia del cine.

[3] Podéis encontrar aquí su respectivo artículo.

Crítica de “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988)

 

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Título original: Critters 2: the main course / Año: 1988 / País: Estados Unidos / Duración: 93 minutos /Director: Mick Garris / Producción: Barry Opper, Robert Shaye, Daryl Kass / Productora: New Line Cinema / Distribución: New Line Cinema / Guion: Mick Garris, David Twohy  / Música: Nicholas Pike / Fotografía: Russell Carpenter / Montaje: Charles Bornstein / Diseño de producción: Philip Dean Foreman / Reparto: Terrence Mann,  Don Keith Opper,  Cynthia Garris,  Scott Grimes,  Al Stevenson, Tom Hodges,  Douglas Rowe,  Liane Alexandra Curtis,  Lindsay Parker,  Herta Ware, Sam Anderson,  Lin Shaye,  Barry Corbin,  Eddie Deezen,  Frank Birney / Presupuesto: 4.500.000$


Ya hace dos años desde la fatídica noche en la granja de los Brown. El pueblo de Grover’s Bend parece querer ignorar dicho suceso, el aparente asedio a sus vecinos por parte de una mortífera especie alienígena, y seguir con la rutina. Brad, el hijo pequeño de los Brown, vuelve a la pequeña localidad para pasar las vacaciones de Pascua con su abuela. Sin embargo, las criaturas que en el pasado atormentaron a su familia han vuelto y tienen más hambre que nunca.


Irremediablemente, para hablar de los Critters, esos alienígenas carnívoros que atemorizaron a una familia en un entorno rural del medio oeste de los Estados Unidos a mediados de la década de los ochenta, hay que mencionar a sus primos lejanos, más pudientes y solventes, que también hicieron de las suyas dos años antes en una pequeña localidad americana llamada Kingston Falls en festivas fechas navideñas, aparecidos en el film “Gremlins” (Íd, 1984) dirigido por Joe Dante. La primera colaboración entre el director de la divertida “Piraña” (Pirahna, 1978) y la aterradora “Aullidos” (The Howling, 1981) [1] y el “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg, tuvo tanto éxito que no sólo ha acabado en el imaginario colectivo, sino que se convirtió en la cuarta película más taquillera de aquel año 1984, con sus cerca de ciento cincuenta millones de recaudación. Además, fue imitada y explotada posteriormente por una serie de filmes de calidad más o menos discutible que, intentando seguir su estela de éxito económico, hicieron su particular agosto en las estanterías de los videoclubes de la época. Esta suerte de sub-género de “monstruitos hostiles“, conjugando siempre el homenaje de aquellas invasiones extraterrestres de la serie B de los cincuenta, un humor negro caminando por el filo de la navaja, la violencia explícita y el gore justos para disfrutar de una calificación por edades para mayores de 13 años, lo inauguraron los “Ghoulies” (Íd, Luca Bercovici,1985) de la “Empire Pictures” de Charles Band. A estas criaturas (cutres, pero con encanto) del averno, cuyo protagonismo era meramente testimonial en el desarrollo de su metraje, le siguieron los protagonistas de este artículo. Pero la cosa no quedó ahí, ya que más tarde aparecieron más versiones de saldo de las malvados alter-ego de los Mogwais puesto que, bajo la producción del mítico Roger Corman, conoceríamos a los “Munchies” (Íd, Tina Hirsh, 1987) y a los aún más patéticos bichos de la involuntaria comedia titulada “Hobgoblins” (Íd, Rick Sloane, 1988). Sin embargo, cabe destacar que solamente los Ghoulies y los Critters gozaron de las mieles del (relativo) éxito, la popularidad y el cariño de los aficionados además de unos resultados económicos lo suficientemente interesantes para sus respectivos responsables [2]. Ello dio pie a que incluso se adelantaran a los Gremlins de Joe Dante en aquello que la cinta de la “Amblin Entertainment”  no lograba llevar a buen puerto desde su estreno, es decir, la producción de una secuela [3].

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Así que, con unos resultados económicos francamente de notable alto o sobresaliente, no es de extrañar que tanto el polémico Charles Band quisiera exprimir al máximo el rédito conseguido con sus Ghoulies, como que el no menos controvertido fundador de la “New Line Cinema”, el productor Robert Shaye, diera luz verde a un nuevo proyecto de Critters intentando repetir una fórmula de éxito a imagen y semejanza de la saga de terror que comenzara con la seminal “Pesadilla en Elm Street” (A nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984) con la que, entrega a entrega, fuera enriqueciendo su modesta factoría de películas que tantos buenos ratos ha ofrecido a todo aficionado al género fantástico [4]. Solamente dos años después del estreno de la primera película [5], los krites volvían a la carga, no sólo más hambrientos que nunca, sino con más medios a su alcance. Tampoco es que contaran con un presupuesto de súper producción de Hollywood, pero los antaño exiguos dos millones de dólares de la primera entrega aumentaron hasta poco más del doble en el presupuesto destinado al nuevo filme. Ello daba la oportunidad a los míticos hermanos Chiodo (Stephen, Charles y Edward), padres conceptuales y artísticos de estas carismáticas criaturas devoradoras de carne (así como de los payasos asesinos del espacio exterior más famosos del cine de bajo presupuesto [6]), a poder construir más “puppets” y a perfeccionar sus “animatronics” con objeto de dar aquello que la gradería demandaba, es decir, a mostrar el máximo de Critters posible en pantalla y que quedaran lo suficientemente verosímiles (recordemos que la movilidad es estos bichejos en la cinta del ochenta y seis era prácticamente estática dando la sensación de ser simples marionetas de mano) y atractivos en pantalla. De hecho, a un servidor le parecen tan adorables que se llevaría uno a casa (reconociendo que en mi despacho tengo algunas réplicas y props de los mismos). Por otro lado, la historia demandaba un asedio a mayor escala que el precedente a la granja de los Brown. En esta ocasión, sería el pequeño pueblo de Grover’s Bend el que sería sitiado por dichas criaturas. Para ello, se construyó, desde cero, un set de rodaje, al más puro estilo de los decorados de un poblado del oeste (con su establecimiento de ultramarinos, su hamburguesería local, su escuela o su típica iglesia), reproduciendo a escala real esta ficticia localidad rural cercana a Kansas. Eso en lo que se refiere al diseño de producción. Para las labores de dirección, se contaría con los servicios de un director novel que provenía del mundo de la televisión y que venía de trabajar a las órdenes del mismísimo Steven Spielberg para su popular y mítica serie “Cuentos Asombrosos” (Amazing Stories, Steven Spielberg, Joshua Brand, John Falsey, 1985-1987), el californiano Mick Garris. Con lo que, si se buscaba el toque “Amblin“, ahí lo tenían. Destacar también que Garris, famoso también por sus posteriores adaptaciones de novelas de Stephen King (aquí mismo uno de sus personajes menciona a ese inolvidable San Bernardo llamado Cujo) o por la gran proeza de juntar a los “Grandes Maestros” del género en su serie “Masters of Horror“, se encargó también del guion de esta nueva entrega de Critters y que lo escribió al alimón con otro debutante, David Twohy. Futuro guionista de “Waterworld” (Íd, Kevin Reynolds, 1995), cinta de culto para muchos de nosotros, y principal responsable de la saga del popular Richard B. Riddick, que protagonizara el no menos famosos Vin Diesel, escribiendo y dirigiendo sus tres entregas (“Pitch Black” [Íd, 2000], “Las Crónicas de Riddick” [The Chronicles of Riddick, 2004] y “Riddick” [Íd, 2013]).

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En esta ocasión, la acción transcurrirá dos años después de la trágica y fatídica noche en la granja de los Brown. Ahora abandonada, nadie parece haberse percatado de la existencia de varias docenas de huevos de Critters (en realidad, eran chirimoyas decoradas) en su destartalado granero. Nadie, salvo Wesley, el típico outsider paleto y macarra de extrarradio, que decide ofrecérselos al dueño de una cutre tienda de antigüedades y objetos usados a cambio de unas latas de cerveza y unas revistas Playboy. A su vez, a este tipo huraño y sin escrúpulos no se le ocurre otra cosa que vendérselos a la parroquia local como “Huevos de Pascua“, ya que se encuentra próxima la festividad. Y ya para rizar el rizo, la encantadora ancianita que adquiere esos embriones de Krites no es otra que la dulce (y vegetariana) abuelita del joven Brad Brown, el menor de los hijos de la familia que sufriera el ataque de los Critters, que regresa a Grover’s Bend para pasar las vacaciones en el pueblo. Menuda casualidad, ¿no? A su vez, los cazarrecompensas espaciales Ug y Lee, acompañados por el antaño único amigo de Brad, Charlie, son avisados de que se dejaron el trabajo a medias la última vez que visitaron la Tierra y de que allí todavía hay constancia presencia Critter. De no exterminarlos, se quedarían sin sus preciados (como diría Ian Holme en “Alien, el octavo pasajero” [Alien, Ridley Scott, 1979]) emolumentos. Sentadas ya las bases del juego, Garris y compañía nos ofrecerán casi hora y media de aquello que funcionó en la primera película, pero que también -por cuestiones económicas- se quedó corto, es decir, más bichos, más cuota de pantalla para ellos, más bromas pesadas, algo más (pero poco) de gore, más acción y más tetas (concretamente aquellas, con una grapa como chascarrillo, de la fallecida ex-conejita Playboy, Roxanne Kernohan) convirtiendo “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988) en una comedia de horror adolescente tan del gusto de la época. Da incluso la sensación de que aquí se intenta seguir más el tono y la senda de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984) que en la cinta precedente.  Allí solamente encontrábamos una escena donde estos malvados bichos se desmadraban haciendo unas cuantas travesuras en el cuarto del joven Brad (con el famoso momento de un Krite despedazando un peluche de E.T.), mientras que aquí hay variedad de secuencias en las que los peligrosos monstruitos atentan contra la propiedad privada, muerden ruedas de coche para hincharse como un globo, se electrocutan o siembran el pánico en un burger (una idea, por cierto, que para la cinta de Joe Dante se acabó descartando [7]). Todo ello para deleite y disfrute de la chavalada y para que los hermanos Chiodo pudieran dar rienda suelta a su creatividad, cuyo momento álgido es aquel en el que hace aparición una gigantesca y mortífera bola compuesta por decenas y decenas de Critters sembrando el pánico en las (cuatro) calles de Grover’s Bend.

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En lo referente al reparto, como podrá imaginar el lector tras nombrar a sus respectivos personajes, repiten algunos de los actores de la primera parte como el intérprete del verdadero protagonista de la historia, Scott Grimes, volviendo a poner cara a Brad Brown. El chaval ha dejado su pasado pirotécnico para convertirse en un adolescente modernete (su piercing en la oreja le daba ese toque de distinción en una época en la que no estábamos acostumbrados a tales accesorios) combinando blazer con vaqueros. Grimes, al que siempre he considerado una especie de copia de segunda de Michael J. Fox, fue también una cara televisiva infantil prodigándose en alguna sit-com y, el hecho de que en el doblaje en castellano de la película le ponga voz Jordin Pons (habitual voz del prota de “Regreso al Futuro” [Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985]) refuerza incluso mucho más mi personal impresión. Amigo de Seth McFarlane, aparece junto a él en esa serie del creador de “Padre de Familia” (Family Guy, 2000-2017) que toma el testigo y recoge el espíritu de la franquicia Star Trek -más si cabe que su última encarnación, “Star Trek: Discovery” (Íd, Bryan Fuller, Alex Kurtzman, 2017-2019)- titulada “The Orville” (Íd, 2017-2019). Junto al rostro de Grimes, podremos volver a ver los de Terrence Mann (volviendo al rol de Lee, el cazarrecompensas espacial que tomó prestado el aspecto del ficticio cantante de rock Johnny Steele) y Don Opper, hermano del productor de la cinta Barry Opper, en el papel de Charlie, el antiguo borracho del pueblo reconvertido ahora en “Caza-Critters“, pero con las mismas dudas y problemas de autoconfianza de antaño. Ambos actores tienen el honor de aparecer en las cuatro entregas de las que se compone esta saga. Del resto del elenco podemos destacar también la presencia del televisivo Sam Anderson, de la hermana del productor Robert Shaye, Lynn Shaye, que participa de nuevo en la serie, o a la esposa de Mick Garris, Cynthia, acreditada como Zanti, el alcaide del asteroide prisión del que escaparon los Krites en “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986). Mención especial a la participación del cómico Eddie Deezen, famoso por sus papeles de nerd (siempre dio el físico, la verdad sea dicha) en comedias de los setenta y los ochenta apareciendo el títulos tan del conocimiento del gran público como “Grease” (Íd, Randal Kleiser, 1978) y su secuela, “1941” (Íd, Steven Spielberg, 1979), “Juegos de Guerra” (WarGames, John Badham, 1983) o el clásico de culto “El rayo destructor del planeta desconocido” (Laserblast, Michael Rae, 1978). En cuanto a los bichos, así como en su primera entrega, el actor Corey Burton, volvió a poner sus peculiares voces.

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En definitiva, la segunda entrega de la saga Critters es una auténtica gamberrada que ofrece al espectador más de lo que pudo experimentar en la cinta precedente. Como he anotado antes, hay más de todo. Y todo ello encaminado al “entretenimiento por el entretenimiento”. No nos equivoquemos, no es un film que podamos ensalzar por sus valores cinematográficos, pero sí que es un trabajo rodado a pulso y con un ritmo tan trepidante que la película se nos pasará en un suspiro. Es tremendamente entretenida y divertida, pese a perder (quizás a favor de poder ser exhibida a un público adolescente) el elemento de terror de su predecesora. Aunque, tampoco vamos a engañarnos, la primera película de los Krites tampoco era un título de terror propiamente dicho. Aquí parece que sus responsables se lo han pasado en grande confeccionando su relato. Garris y Twohy juegan con todo tipo de géneros y referentes en el que hay cabida para aquellas invasiones alienígenas combinadas con el cine de catástrofes de la sci-fi, la hiperviolencia y la superioridad armamentística (¿a nadie más le parecen fálicas las armas de los cazarrecompensas?) al más puro estilo “Aliens, el Regreso” (Aliens, James Cameron, 1986), al western o a los musicales de corte country con el incesante tema  -interpretado por la esposa de Garris- “Hungry Heifer“, repetitivo y pegadizo jingle de la cadena de hamburgueserías del mismo nombre (que desconozco si tiene algo que ver con la cadena de burgers Hungry Heifer a la cual era aficionado Norm, uno de los personajes más populares de la serie “Cheers” [Íd, 1982-1993]). Por otro lado, también se ironiza -de forma muy light para no herir demasiado sensibilidades- con temas como la identidad sexual (la indecisión de Ug respecto a ello) o el veganismo (la abuela de Brad es activista y odia a los carnívoros). Incluso hay tiempo para hacer auto-bombo y el personaje emblema de la compañía, Freddy Krueger, hace una breve aparición. “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988) supone un magnífico debut para su director y la cota más alta de una saga que, con las dos entregas posteriores, decayó en demasía condenándose ella misma a un largo ostracismo del que muchos fans, incluido aquel que suscribe estas palabras, esperamos que salga. Por lo pronto, ya hemos podido ver el primer avance de la nueva serie, “Critters: A New Binge“, de inminente estreno y el canal “SyFy” hace tiempo que confirmó proyecto para una nueva película. Ganas tremendas de ver ambos proyectos tengo. En cuanto a la cinta que nos ocupa, junto con la anterior, forman un sensacional díptico con el que montarse una doble sesión “Grindhouse” para una tarde de sábado. Ojalá así lo viera alguno de los cines de mi ciudad porque yo pagaría por ello.

Un momento: La muerte del sheriff disfrazado Conejo de Pascua. Una forma genial de combinar horror y humor destruyendo un elemento totalmente infantil. Si los Gremlins se ensañaron con Papá Noel, los Critters no iban a ser menos y tienen también su propio icono popular que mancillar.

Un deseo: nuevas entregas donde los Krites sigan siendo marionetas y “animatronics

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[1] Pese a que no es tan espectacular como la transformación en tiempo real que Rick Baker confeccionó para “Un hombre lobo americano en Londres” (An American Werewolf in London, John Landis, 1981), la que Rob Bottin realizó para “Aullidos” (The Howling, Joe Dante, 1981) sigue siendo, a día de hoy, una de las cotas más altas al respecto.

[2] La primera entrega de los Critters consiguió convertir sus dos millones de dólares de presupuesto en 13 millones. Los Ghoulies de Charles Band fueron incluso más lejos, su escaso millón acabó cosechando unos beneficios de 35 millones de dólares.

[3] Tras el éxito de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984), la “Warner Bros” demandaba una inmediata secuela. Sin embargo, Dante no aceptó alegando que el rodaje del film lo dejó exhausto. La major buscó en vano otros directores y entre las ideas para la segunda película se tanteó la posibilidad de llevar a los Gremlins a Las Vegas o incluso al espacio.

[4] La saga “Pesadilla en Elm Street” confirió grandes alegrías y éxitos a la “New Line Cinema” y gracias a Freddy Krueger otros proyectos como la Trilogía de “El Señor de los Anillos” de Peter Jackson pudieron llevarse a cabo.

[5] Estreno en USA: 29/04/1988.  Estreno en España: 17/03/1989.

[6] “Payasos asesinos” o “Los payasos asesinos del espacio exterior” (Killer Klowns from Outer Space, Stephen Chiodo, 1988).

[7] Chris Columbus, guionista de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984), aseguró que sus primeras versiones del guion eran más oscuras y terroríficas que lo que finalmente pudimos ver en el cine. Las reescrituras del libreto eliminaron escenas en las que los traviesos bichejos mataban al perro de la familia Peltzer, decapitaban a la madre o sembraban el caos en un McDonalds.

VideoClub Weird: Critters (Íd, Stephen Herek, 1986)

Hoy hemos bajado al vídeo club y nos hemos alquilado todo un clásico: Critters!

Echadle un ojo al vídeo que os hablamos un ratejo de estos bichejos tan cachondos!

Y tened cuidado porque MUERDEN!!!

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