“Diablo House” (Ted Adams, Santipérez)

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Titulo original: Diablo House / Guión: Ted Adams / Dibujo: Santipérez / Portada: Santipérez / Formato: Cartoné Páginas: 128 pags. / Editorial: Norma Editorial / Precio: 18€. / ISBN: 978-84-679-3420-5


¿Dinero? ¿Fama? ¿Sexo? ¿Poder? Todos tus deseos, tus más oscuros anhelos, pueden hacerse realidad, pero también hay un precio que pagar. Acompañemos a Riley, nuestro surfero anfitrión, por Diablo House, una casa hecha a imagen y semejanza de la Casa Batlló de Gaudí donde moran las almas de aquellos que fueron lo suficientemente atrevidos (o desdichados) como para intentar conseguir cumplir sus sueños a costa de todo y de todos.


En la californiana ciudad de San Diego, a orillas del Pacífico, más concretamente en su privilegiada comunidad de La Jolla, rodeada de la belleza de sus amplias playas de arena blanca y disfrutando de unas envidiables condiciones climatológicas, se yergue una siniestra construcción, de clara influencia modernista, llamada Diablo House. En alguna de sus habitaciones podrás hacer tus sueños realidad. Sin embargo, nadie da nada a cambio de nada y un alto precio tendrás que pagar por ellos. Nadie dijo que tomar un atajo no tuviera consecuencias. Dinero, poder, fama, … Todo lo que quieras, simplemente haciendo uso de tu alma como moneda de cambio. Como si de una versión moderna de “Fausto” se tratara, Ted Adams y Santipérez, responsables máximos de esta miniserie de cómics, nos ofrecen una mirada al lado más desagradable, más oscuro, de la condición humana utilizando convenciones del género de terror que nos resultarán familiares, pero sin que las sintamos como anticuadas. Un canto de amor a un género tomando prestada la tradición de publicaciones míticas como “Tales from the Crypt” de la archifamosa “EC Comics”, los magazines de terror de la “Warren Publishing” con la revista “Creepy” como principal referencia o las antologías de terror publicadas por “DC Comics” como “House of Mistery” o “House of Secrets”. Auténticos clásicos del horror en los que grandes artistas del medio aportaron su granito de arena con impresionantes muestras de su talento. “Diablo House”, publicada en una miniserie de cuatro “comic books” por IDW en 2017, se suma y nos ofrece un sentido homenaje a una forma de entender el cómic y, más concretamente, un género que a muchos de nosotros nos apasiona.

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A semejanza de los títulos mencionados, en “Diablo House” tendremos también a un anfitrión, a un maestro de ceremonias, que nos introducirá en cada uno de los cuatro relatos diferentes de los que se compone la obra. Para la ocasión, en lugar de un cadáver en pleno proceso de descomposición o una decrépita bruja, encontraremos a un californiano surfista de pelo largo y torso desnudo llamado Riley que hará las veces de narrador siempre haciendo ironía de lo macabro, sin necesidad de ocultar su desparpajo, así como su negro sentido del humor, y mostrándonos, al término de su relato, las graves consecuencias a las que se exponen los protagonistas por tomar el camino fácil, por conseguir aquello que ansiamos gracias a la sobrenatural ayuda de la siniestra casa. Una casa que combina elementos esotéricos de diversas culturas con el modernismo de la impresionante Casa Batlló de Antoni Gaudí, así como de La Sagrada Familia. No en vano, aquí se nota la influencia de Santipérez, artista patrio que ilustra con maestría dichos relatos y que ya ha manifestado en ocasiones su gusto tanto por el famoso arquitecto como por artistas modernistas como Ramón Casas o Santiago Rusiñol. De esta forma, Riley nos ilustrará, por un lado, con la historia de la casa y de cómo su jefe ha tomado elementos de la arquitectura de Gaudí y, por otro, realizará un tour en el que nos irá relatando los destinos y miserias de aquellos que han sido lo suficientemente atrevidos como para hacer un pacto maldito. Tendremos al típico individuo consumido por la codicia que ansía escalar socialmente, a un tímido nerd al que le pierde la lujuria, a un mago fracasado y a un piloto de carreras siempre a la sombra de su mejor amiga que perseguirán sus más oscuros deseos a costa de todo lo demás, incluidas las vidas de sus seres queridos.

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A Ted Adams, CEO de la editorial IDW y guionista de “Diablo House”, ya pudimos leerle en la magistral adaptación al cómic de la novela de Richard Matheson, “El hombre menguante” [1], que “Planeta Cómic” publicó en nuestro país. Adams, en el epílogo contenido en la edición que “Norma Cómics” nos ofrece ahora, se confiesa fan de los cómics clásicos de terror, concretamente de la revista “Creepy” de la “Warren” y de la “House of Mistery” de “DC Comics”, pero sobre todo del arte contenido en estas publicaciones. Impresionado desde siempre por ilustradores de la talla de Mike Kaluta y, sobre todo, Bernie Wrightson, no esconde que su intención era recuperar el espíritu de esos cómics y que ha hecho de “Diablo House” el vehículo idóneo para poder llevarlo a cabo. Paralelamente, los hados del destino le confirieron la oportunidad de conocer a Santipérez, de poder encandilarse con su talentoso trabajo, y el resto es historia. Pérez es una figura poco prolífica dentro del panorama “comiquero”. Comenzó en la década de los noventa publicando historias para la extinta versión española de “Creepy” publicada por la añorada “Toutain Editorial” pasando casi dos décadas sin publicar nada profesionalmente hasta que la nacional revista “Cthulthu” (editada por “Diábolo Ediciones”) lo recuperó para goce y deleite de todos los aficionados [2]. El estilo de Santipérez no sólo recuerda poderosamente al de Bernie Wrightson, sino que podemos apreciar otras influencias de artistas de gran calibre como Richard Corben, Mark Schultz o Frank Frazetta. Y no sólo eso, sino que podemos percibir una sensibilidad narrativa fuertemente arraigada en los clásicos del terror de las décadas de los sesenta y setenta. Su arte tiene poder, tiene brío, haciendo gala de un detallismo extremo que permite al lector ensimismarse con cada pequeño detalle. Sus viñetas, sus composiciones de página, nos atrapan denotando un dominio de la narrativa secuencial -prueba de ello la vibrante carrera automovilística de la última historia-. Todo ello, combinado con los colores de Jay Fotos, nos hace partícipes de una excepcional e impresionante experiencia. En definitiva, el dibujante patrio es la verdadera estrella de la función. Prueba de ello son los numerosos extras que contiene la edición de “Norma Editorial” en forma de bocetos, dibujos preparatorios y páginas a lápiz. Una auténtica delicia. No podemos decir lo mismo del trabajo de Adams que, sin ser decepcionante, se queda un tanto a medio gas. Las historias cuentan con premisas interesantes y sorprendentes desenlaces con moralina final al más puro estilo de “La Dimensión Desconocida” (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959-1964), pero en los que quizás no se profundiza demasiado en los personajes, sus motivaciones o el drama de los mismos. Afortunadamente, la parte artística permite que las ilustraciones transmitan plenamente el carácter ciertamente onírico y de pesadilla de las narraciones contenidas en “Diablo House”.

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En definitiva, “Diablo House” es una opción ideal para todo aquel aficionado al terror. Una antología del horror, de la peor condición de nuestra especie, siguiendo la añorada estela de publicaciones tan míticas como “Tales from the Crypt” o “Creepy” y que muchos de nosotros echamos verdaderamente en falta. Las historias contenidas son lo suficientemente interesantes como para mantener nuestra atención, pero si verdaderamente hay un aspecto que destaca sobre todo lo demás es el arte del Santipérez, un verdadero virtuoso que no sólo nos presenta un trabajo realizado a base exquisitas ilustraciones, sino que demuestra un total control de la narración retrotrayéndonos a un tipo de cómic de los que hace tiempo no se hacen. Un auténtico genio al que no hay que perder de vista. En el epílogo, Ted Adams se da por satisfecho y no da muestra alguna de que haya continuidad. Espero que cambie su parecer y podamos visitar de nuevo Diablo House.

Te gustará si: Si disfrutaste con la revista “Creepy”, si te enrolla el terror, si flipas con los cómics tipo “Tales from the Crypt”, si te molan dibujantes como Bernie Wrightson o Richard Corben,… En definitiva, si te gusta el buen cómic de genero de horror esta es una opción ideal. Difícil que defraude.

 

[1] Cuya crítica podéis leer aquí.

[2] Todas las historias que el dibujante realizó para la revista “Cthulthu” están recopiladas en un tomo, “Various Horror Visions. Historias de terror cotidiano“, publicado por “Diábolo Ediciones“.

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Maldita casa encantada (Artur Laperla)

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Titulo original: Maldita casa encantada / Guión: Artur Laperla / Dibujo: Artur Laperla / Portada: Artur Laperla / Formato: Rústica Páginas: 152 pags. / Editorial: Sapristi / Precio: 17,90€. / ISBN: 978-84-94785-28-3


Angélica acaba de mudarse al barrio. dando un paseo con su perro llamado Peluche acaba plantándose delante de la tétrica Mansión Bogardus de la cual se dice que está encantada. En un descuido, Peluche se escabulle y acaba en su interior. La joven Angélica tendrá que internarse en la casa para poder encontrarlo y nosotros, con nuestras decisiones, tendremos que ayudarla a que su misión acabe llegue a buen puerto.


Pondría la mano en el fuego al asegurar que cualquier jovenzuelo de pro de hoy día no tendría ni pajolera idea de lo que era un “libro-juego” hasta el momento en el que visionara el episodio/largometraje (si lo hizo) de la serie Black Mirror “Bandersnatch” (Black Mirror: Bandersnatch, David Slade, 2018). Para aquellos lectores que ya peinamos algunas (o muchas) canas, esos “libro-juegos”, con ese precioso slogan de “Elige tu propia aventura”, son parte intrínseca de nuestras infancias. Como muchos sabemos, esos libros nos implicaban en la trama, nos hacían parte fundamental de ella invitándonos a interaccionar, y no se leían de principio a fin, sino que nosotros, como auténticos protagonistas, elegíamos (o más bien decidíamos) nuestro destino o el de los personajes a nuestro cargo. Ello daba la oportunidad de leer y releer hasta la saciedad este tipo de libros con tal de saciar nuestra curiosidad y comprobar de primera mano todos los posibles desenlaces. Posiblemente muchos aficionados al “Rol” comenzasen por aquí. Su dinámica era muy sencilla: uno comenzaba a leer hasta que, en una página, se nos permitía tomar una decisión sencilla (sin tiradas de dados ni nada por el estilo, pese a que posteriormente habría algunos de ellos que dejaban paso al azar con su uso), y avanzar a la página indicada dependiendo de nuestra decisión. Normalmente eran tramas muy lineales. Un divertimento tan interactivo como pudieran permitirlo las letras y lo suficientemente entretenido para asegurar horas y días de diversión. Un ejercicio lúdico previo a las videoconsolas, un precedente a los videojuegos, con lo que los niños de los ochenta (el target de los mencionados productos, todo sea dicho) se las apañaban para pasar el rato.

Particularmente recuerdo haber tenido muchos de ellos. Los había muy variopintos, como los de la colección “La máquina del tiempo” (donde te convertías en un viajero espacio-temporal y recorrías momentos importantes de la historia), los libros de la franquicia Indiana Jones (en los que asumías el papel de su side-kick al más puro estilo Tapón, el niño oriental que encarnó Jonathan Ke Quan en “Indiana Jones y el Templo Maldito” [Indiana Jones and the Temple of Doom, Steven Spielberg, 1984]) o los que el sello “Forum” de Planeta DeAgostini (encargado de la publicación de los superhéroes de Marvel Comics) publicó con las aventuras interactivas de los personajes más icónicos de la Casa de las Ideas. Sin embargo, mis favoritos siempre fueron aquellos que rezaban “Aventura sin fin” en su portada y estaban enmarcadas dentro de la serie del famoso juego de “Rol” creado por Gary Gygax y Dave Arneson “Dungeons & Dragons”. Inmerso en un mundo de espada y brujería, entre sus páginas tenías la posibilidad de enfrentarte a sanguinarios vampiros, feroces licántropos o temibles dragones. Muchas veces, si tus decisiones no eran afortunadas, acababas muriendo de las formas más variopintas. Y siempre había diferentes finales, con lo cual era evidente que acababas repitiendo la experiencia para intentar descubrirlos todos. Como he anotado, un juego con muchas posibilidades y tiempo de juego no ilimitado, pero casi.

No es de extrañar que en los actuales tiempos en los que tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de productos de diversa índole que apelan a la nostalgia (nostalgia, divino negocio), la editorial patria “Roca Editorial”, bajo su colección “Sapristi”, acabe de publicar un cómic con ese marcado espíritu ochentero de los libros de “Elige tu propia aventura”, pero adaptado al más atractivo (al menos para un servidor) mundo de las viñetas [1]. Su responsable, Artur Laperla, es uno de los autores nacionales a los que hace tiempo que le sigo la pista. Sus trabajos previos siempre han sido de mi agrado desde aquella, lejana ya, época en la “Línea Laberinto” de Planeta DeAgostini (en la cual se apostaba por nuevos valores del panorama comiquero del momento) con cómics como “Oropel” y “Cool Tokio”, junto a su inseparable colaborador Marcos Prior, que firmaba bajo el pseudónimo de Konsinski, dentro del colectivo autoral autodenominado como “Producciones Peligrosas”. Juntos, Prior y Laperla, firmaron varias historietas para la editorial “La Cúpula” como, los también muy recomendados, “Rosario y los inagotables” o “Raymond Camille”, tebeos poco convencionales, muy originales, garantes de un surrealismo inusual y con una forma de narrar tan original como personal. Ya en solitario, Artur Laperla publicó, no hace demasiado, con “Bang Ediciones”, un cómic de corte erótico divertidísimo titulado “Melvin. Super Sexy Roller” y recientemente el título que hoy nos toca: “Maldita casa encantada”.

El autor catalán nos ofrece aquí una aventura en la cual nosotros tendremos en nuestras manos el destino de Angélica, la joven protagonista del relato, que, con la intención de rescatar a su pequeño perro llamado Peluche, se internará en una tétrica mansión embrujada. No faltarán todos los tópicos del género que ya habremos visto en muchos títulos míticos del género de terror. Su relato se desarrollará en una trama simple y lineal que podrá desembocar en trece finales diferentes, dándonos pie a una adictiva rejugabilidad, En nuestras manos estará el descubrirlos todos. Angélica se tropezará con la típica pandilla de adolescentes de extrarradio, con zombies antropófagos, vampiros en un desván, sectas diabólicas, posesiones infernales o demonios primigenios lovecranianos. Atención también a ese chorrazo de sangre que puede recordar a uno de los grandes títulos de terror moderno, que también combinaba a la perfección el humor negro más cafre, dirigido por Sam Raimi y protagonizado por el grandísimo Bruce Campbell. Y es que los referentes son totalmente reconocibles. Y todo ello con el característico estilo de dibujo de su autor, muy vistoso y particular, resultado un tebeo muy simpático y entretenido. Pese al aparentemente aspecto infantil del cómic, no nos dejemos engañar por ello. “Maldita casa encantada” es un tebeo para adultos. Así que mantenedlo lejos del alcance de los más pequeños puesto que tras esa falsa apariencia naif, culpa de ello lo tiene en gran medida el simpático estilo de su autor, encontraremos auténtico terror siempre salpicado con pequeños toques de humor negro. Como es costumbre en su trabajo, Laperla demuestra un acertado uso del color y de la narrativa, que gran narrador me parece este hombre, en un cómic ligero, fácil de leer y con el entretenimiento como bandera. Si no lo tenéis, yo de vosotros le daría una oportunidad.  Por cierto, en su prólogo, su autor promete más entregas, concretamente dos más, que conformarán lo que denomina como La Trilogía Maldita y en la que se volverá a los mismos personajes presentados aquí en nuevos escenarios típicos del género. Ganas tengo de verlo, la verdad.

[1] El autor recupera el título “The Haunted House” escrito por R. A. Montgomery y publicado en nuestro país en 1984 por la editorial Timun Mas en su colección “Elige tu propia aventura“.

Alien. La historia ilustrada (Archie Goodwin, Walter Simonson)

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Titulo original: Alien / Guión: Archie Goodwin / Dibujo: Walter Simonson / Portada: Walter Simonson / Formato: Cartoné / Páginas: 66 pags. / Editorial: Diábolo Ediciones / Precio: 15,95€. / ISBN: 978-84-15153-69-6


De regreso a la Tierra, la nave comercial Nostromo interrumpe su viaje: el ordenador central, MADRE, detecta una misteriosa transmisión de una forma de vida desconocida procedente de un planeta cercano. Interpretada como un SOS, la tripulación se ve obligada a investigar su origen. Sin embargo, un incidente con una forma alienígena provocará el apresurado regreso de la expedición de rescate trayendo consigo a un mortífero ser que convertirá su viaje de vuelta en una pesadilla.


Sin duda alguna, “Alien, el Octavo Pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979) es uno de los indiscutibles clásicos del terror y de la ciencia ficción. Una genial reinterpretación de un cuento clásico de horror con un telón sci-fi de lo más evocador. La génesis del proyecto es (casi) por todos sabida: a principios de la década de los setenta, en la facultad de cine de la USC, la “University of Southern California”, unos jovenzuelos llamados Dan O’Bannon y John Carpenter se conocerían y comenzarían su colaboración en un cortometraje (al que luego convertirían en largo para poder estrenarlo en salas de cine) llamado “Dark Star” (Íd, John Carpenter, 1974). Los tibios resultados de la cinta (un simpático ejercicio de ciencia ficción de bajo presupuesto) más las discrepancias con quien años más tarde se convirtiera en uno de los realizadores de cine de “Serie B” más importante de todos los tiempos, llevó a que Dan O’Bannon intentara llevar a cabo en solitario esa historia como a él le hubiera gustado. Tras su periplo por Europa, donde fue reclutado como supervisor de efectos especiales por Alejandro Jodorowsky para su lisérgica y fallida adaptación del “Dune” de Frank Herbert, nuestro protagonista volvió a California totalmente arruinado y profundamente deprimido. Un amigo, Ronald Shushett, acabó por acogerle en su casa ofreciéndole un techo y un sofá en el que poder dormir. Shussett, guionista y productor de humilde categoría, tenía un sueño: acababa de adquirir los derechos del relato de Philip K. Dick “We Can Remember It for You Wholesale” (lo que luego conoceríamos como “Total Recall” o “Desafío Total”) para poder adaptarlo a una película. Era de esperar que tal empresa necesitara de un considerable dispendio económico con el que en aquel momento no contaba. Es por ello que hizo un trato con O’Bannon, primero intentarían llevar a cabo su proyecto (titulado en primera instancia como “Memory”, luego “Star Beast” y finalmente “Alien”), harían un buen dinero y lo invertirían en el proyecto de “Desafío Total” (sabemos, por la perspectiva que nos ofrece el tiempo, que esto ocurriría mucho tiempo después). El resto es historia del cine: O’Bannon y Shussett renunciarían a una oferta del mítico Roger Corman para aceptar la de la productora de Walter Hill, David Giler y Gordon Carroll (la Brandywine Productions), el guion se reescribió en varias ocasiones (siempre dejando la escena que impactó a los productores, es decir, aquella en la que el alienígena revienta el pecho de un pobre desgraciado para emerger de su interior), hubo grandes peleas y discrepancias por la autoría del mismo, se relegó a su creador (frustrando sus intenciones de dirigir el film) a un mero puesto de asesor, se elegiría a un por aquel entonces desconocido Ridley Scott como director de la cinta, O’Bannon consiguió traerse consigo a gran parte de la “troupe” que participó en el proyecto de “Dune” (entre ellos a un controvertido H. R. Giger, el definitivamente creador del aspecto del alien) o que la Fox, capitaneada por Alan Ladd Jr, finalmente dio luz verde al proyecto con intención de repetir el éxito de una cinta de ciencia ficción pulp que cambió la industria cinematográfica, es decir, “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977).

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La película cuenta la historia de la tripulación de la nave Nostromo, un carguero espacial que se encuentra en pleno viaje de regreso a la Tierra. El viaje se verá interrumpido cuando se topan con una aterradora y peligrosa especie extraterrestre tras acudir en respuesta a una, en apariencia, llamada de socorro realizada desde un planeta desconocido. Uno tras otro, los tripulantes irán siendo víctimas de la terrible máquina de matar que han subido a bordo. “Alien, el Octavo Pasajero” recibió una gran acogida por la crítica y un gran éxito de taquilla, recibiendo un premio Óscar a los Mejores Efectos Especiales como recompensa. Su éxito no sólo encumbró a su director, Ridley Scott, sino que acabaría convirtiéndose en una popular saga cinematográfica (sobre todo tras el paso del genial James Cameron en su secuela, “Aliens, el Regreso” [Aliens, James Cameron, 1986]) Todo ello generó una franquicia de novelas, cómics, videojuegos y juguetes. Uno de esos productos es el cómic que nos ocupa, es decir, la adaptación al cómic de la película a cargo de dos pesos pesados del medio: Archie Goodwin y Walter Simonson. Goodwin es probablemente el mejor editor de cómics de la era moderna y uno de los grandes guionistas de cómics que la historia ha dado. Fue editor “Marvel Comics” en los setenta (salvándola de la ruina gracias a su adaptación de Star Wars) y artífice de los cómics de la Warren (Creepy, Eerie) entre otras muchas cosas que darían para mucho escribir y maravillarse. Walter Simonson tampoco necesita presentación. Gran guionista y dibujante de cómics reconocido principalmente por su trabajo en la serie Mighty Thor. Dibujante de trazo vigoroso y original, su estilo es diferente e inconfundible. Y, además, es un narrador colosal. Sus trabajos más reconocidos se sitúan en la Marvel de los 80 en series tales como, la ya mencionada, Mighty Thor, Los Cuatro Fantásticos o Factor X.

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El estreno de “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012) fue el detonante de una magnífica reedición de lujo total, de un mayor tamaño, tapa dura, papel excelente y con las páginas recoloreadas para la ocasión mejorando considerablemente la anterior edición, con más de 30 años de antigüedad. En nuestro país, fue Diábolo Ediciones la responsable de maravillarnos con esta joya. Para tal empresa, el texto del cómic está extraído directamente del doblaje castellano de la película, del que se rescataron diálogos completos de sus personajes. En lo que se refiere a su contenido, nos encontramos ante una adaptación muy fiel al original (salvo pequeños, pequeñísimos, detalles insignificantes), dibujada y narrada de forma magistral, espectacular, y que hará las delicias del aficionado. “Impactante” es la primera palabra que me viene a la cabeza para poder describirlo. El nivel de detalle es impresionante, así como la recreación de la atmósfera que ya nos ofreciera Ridley Scott en la gran pantalla. En definitiva, “Alien. La historia ilustrada” es una compra obligada para todos aquellos fans de los xenomorfos más famosos del Séptimo Arte, así como de aquellos que disfrutan del buen cómic en general y del arte de Walter Simonson en particular. Esta cuidada edición de Diábolo Ediciones es de una calidad extrema como pocas que podamos haber visto en nuestro panorama editorial. Recomendado queda.

Hit-Girl en Colombia (Mark Millar, Ricardo López Ortiz)

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Titulo original: Hit-Girl #1-4 USA/ Guión: Mark Millar / Dibujo: Ricardo López Ortiz / Portada: Amy Reeder / Formato: Cartoné / Páginas: 140 pags. / Editorial: Panini Cómics / Precio: 15€. / ISBN: 978-84-9167-842-7


Hace tiempo que Dave Lizewski colgó el traje de Kick-Ass y que Hit-Girl tomara bajo su tutela a un joven aspirante a seguir con el legado. Sin embargo, una discusión con su aprendiz a superhéroe lleva a la joven Mindy a la determinación de seguir en solitario sus andanzas como justiciera. La petición de auxilio en una carta de una madre que perdió a su hijo a manos de los cárteles de la droga, llevará a Hit-Girl a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir su particular justicia y venganza. 


Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Miro la fecha de publicación del primer número de la miniserie “Kick-Ass” para Icon, el sello adulto de Marvel Comics, y resulta que hace ya algo más de diez años que el popular Mark Millar junto al no menos famoso John Romita Jr crearan el divertido universo del joven Dave Lizewski y todo su plantel de secundarios. Siendo ya todo un referente en ese tipo de historias de superhéroes de corte realista, en “Kick-Ass” Mark Millar dio rienda suelta a su vertiente más canalla en una suerte de “deconstrucción” del género superheroico donde profundizaba en una particular visión del “Viaje del héroe”. Todo ello aderezado con violencia explícita, palabras mal sonantes y situaciones políticamente incorrectísimas. La historia nos contaba como un pobre “Geek” adolescente -con todo lo que ello conlleva-, un auténtico paria social, decidía convertirse en alguien parecido a aquello que idolatraba, es decir, quería convertirse en un superhéroe. Tan descabellada idea no sólo lo llevó a confeccionarse su propio uniforme de la manera más banal, sino a ofrecer sus servicios a la comunidad realizando tanto tareas sencillas como enfrentándose a pandilleros, rateros y gánsteres de toda ralea. En su peculiar periplo, una de esas historias de origen de manual, no sólo creaba tendencia en la ciudad de Nueva York al inspirar a otros como él, sino que cruzaría su camino con dos figuras importantísimas para la trama: el vigilante Big Daddy y su sidekick Hit-Girl. Ambos, padre e hija, eran una versión ultraviolenta “made in Mark Millar” de los famosos Batman y Robin. A partir de su primer encuentro, esta fábula comienza a tornarse más oscura debido a que tanto Big Daddy como Hit-Girl no se anda con tonterías a la hora de combatir el crimen. Armados hasta los dientes, todas sus intervenciones acababan en una brutal carnicería. Como con ocurre con el compinche del Caballero Oscuro, Hit-Girl es prácticamente una niña. Pero para nada es una niñita indefensa. Entrenada por su progenitor, es tan letal como deslenguada. Un personaje que rebosaba carisma por los cuatro costados y que se hizo, por méritos propios, con el cariño de los lectores. En definitiva, el cómic caló hondo en el “Fandom” llegando a tener varias secuelas más en las viñetas y dos filmes (“Kick-Ass: Listo para machacar” [Kick-Ass, Matthew Vaughn, 2010] y “Kick-Ass 2: Con un par” [Kick-Ass 2, Jeff Wadlow, 2013]) que adaptaban, de forma bastante libre (1), las dos primeras miniseries del personaje. Si en los cómics el personaje de Hit-Girl se ganó nuestros corazones, su versión fílmica interpretada por una estupendísima Chloë Grace Moretz acabó por rematar la faena.

La popularidad de la joven Mindy, el alter ego de Hit-Girl, llevaría a sus creadores a publicar una serie con su nombre en la cabecera. Un relato que conectaba las dos primeras aventuras de Dave Lizewski que funcionaba como una suerte de precuela tanto para la versión “comiquera” como fílmica de la segunda parte de Kick-Ass. Estamos hablando de hace algo más de un lustro. Sin embargo, para alegría de muchos, acaba de desembarcar en nuestras librerías especializadas en cómics un nuevo título con nuestra pequeña psicópata enmascarada como protagonista con el sugerente título de “Hit-Girl en Colombia”. Un bonito tomo publicado por Panini Cómics y que recopila en su interior los primeros cuatro números de su nueva andadura editorial. Su título es un perfecto presagio de lo que podemos encontrar en su interior, ¿no? Sin ojearlo siquiera, podemos imaginar que estará plagado de escenas de acción ultraviolentas de nuestra Mindy enfrentada a cárteles colombianos de la droga salteadas con una buena guarnición de palabrotas con la que ampliar nuestro vocabulario. Y en realidad, por ahí mismo van los tiros (nunca mejor dicho) porque el cómic es un auténtico festival de sangre, violencia y miembros cercenados. Publicadas sus aventuras ahora por Image Comics, Mark Millar volvió a los personajes de Kick-Ass y Hit-Girl el pasado 2018 tras cinco años alejado de ellos. Mientras que, por un lado, el escocés comenzaba una nueva andadura para un nuevo Kick-Ass, con el personaje de Mindy se ocupaba de los primeros cuatro números de su nueva colección. Una serie que iría alternando equipos creativos y que llevaría las andanzas de la joven psicópata a lo largo y ancho del mundo. Al final de “Kick-Ass 3”, Dave Lizewski colgaba el traje de neopreno con el que combatía a los malhechores y la joven Mindy tomaba bajo su tutela a Paul McQue, un chaval que podía recordarnos al Dave de los inicios y más que probable candidato a seguir su legado. Y así es como prácticamente comienza esta nueva historia. Sin embargo, las discrepancias entre alumno y mentora acabarán con una Hit-Girl decidida a seguir su carrera en solitario y a extender internacionalmente su cruzada. Será de esta forma que, tras recibir una petición por parte de una madre que perdió a su hijo tras un fortuito y desafortunado encuentro con unos sicarios de un cartel, Mindy viaja a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir justicia (o más bien venganza).

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Una vez establecida en tierras colombianas, Mindy decidirá aprovecharse del sicario Fabio Mendoza, más conocido como “Mano”, para llevar a cabo un enrevesado plan que la llevará a enfrentarse con todos los cárteles de la droga desatando, a su vez, toda una ola de violencia tan desenfrenada y sangrienta como divertida. Porque si algo diferencia esta nueva etapa de Hit-Girl de su miniserie del 2012 es el humor negro. Tenemos aquí al Mark Millar que seguramente más se echaba de menos en este tipo de (sub)productos donde su habitual Leitmotiv del espectáculo por el espectáculo, de su apuesta por la hipérbole visual, del entretenimiento palomitero y de esa ácida actitud de “cómo me mola molar” con el que ha sabido ganarse a sus legiones de fans. Tal vez el arco argumental podría haberse contado en menos entregas, pero el marketing manda y siempre hay que pensar en las recopilaciones en TPB. El arte esta vez no corre a cargo de John Romita Jr, sino del dibujante de origen portorriqueño Ricardo López Ortiz (al que hemos podido ver en la serie Zero de Alex Kot para el sello Vertigo de DC Comics o dibujando algunos números en series para Marvel Comics como Arma X o El Increíble Hulk). En esta ocasión se deja de lado el tono más oscuro de antaño y se apuesta por un look más parecido al de un videojuego con onomatopeyas haciendo las veces de divertidos efectos de sonido de 8 bits. Parece que estemos viendo un anime de Hit-Girl que hace que toda la violencia y el gore de la historia podamos tomarlo en un sentido más cómico, más como una comedia negra (al más puro estilo del enfrentamiento entre Beatrix Kiddo y los 88 Maníacos en “Kill Bill: Volumen 1” [Kill Bill: Volume 1, Quentin Tarantino, 2003]) que no se toma en serio a sí misma en ningún momento. El dibujo de López Ortiz tiene además un estilo salvajemente cinético con mucha fuerza y dinamismo. Personalmente me recuerda al estilo de Florent Maudoux y toda la troupe del colectivo “Doggy Bags” (publicada en nuestro país por la editorial Dib-buks y que recomiendo encarecidamente a todo aquel amante del terror y de las historias Pulp) y realmente le queda como anillo al dedo a un personaje como Hit-Girl.

Millar combina acción a raudales y humor negro en una historia que no trata de otra cosa que de entretener a la gradería sin dejar de lado los, un tanto desvirtuados, valores del personaje. Pese a que Mindy está ciertamente trastornada y es una psicópata en potencia, el heroísmo es una de sus metas. Seguramente ella no es consciente de que realmente está mal de la cabeza, de que es básicamente una niña en puertas de la pubertad que se dedica a matar y a mutilar a criminales y que eso, en el mundo real, no está bien. Ha sido entrenada para ello. Esa es su realidad y punto. Si a ello le añadimos el hecho de que no tiene problemas de solvencia económica para combatir el mal a escala mundial, tenemos la excusa ideal para una serie que la lleve a distintos lugares donde impartir justicia. En definitiva, un arranque prometedor para un ejercicio de evasión. A modo de Blockbuster, tenemos una historia entretenida ideal para aquellos amantes del Millar más salvaje y para los aficionados a este tipo de cómics de acción, de violencia explícita y palabras malsonantes. Debemos suponer que Panini Comics dará continuidad a las andanzas de nuestra joven justiciera y que podremos ver en un futuro los arcos argumentales con nombres tan sugerentes como Jeff Lemire, Rafael Albuquerque o Kevin Smith. Agárrense porque la vuelta al mundo de Hit-Girl no ha hecho más que comenzar.

 

(1) Tanto el guion de la primera película como el de la primera miniserie en cómic se desarrollaron el paralelo en primeras instancias y es por ello que ambos tratamientos son prácticamente iguales tanto en la pantalla como en las viñetas.  Sin embargo, al final ambas versiones tomarán caminos dispares en su desenlace.