Paper Girls Tomo 1 (Brian K. Vaughan, Cliff Chiang)

Titulo original: Paper Girls / Guión: Brian K. Vaughan / Dibujo: Cliff Chiang / Portada: Cliff Chiang / Formato: Cartoné / Páginas: 160 pags. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 16’95€ / ISBN: 978-84-16767-48-9


Erin, Mac, Tiffany y KJ son cuatro adolescentes que viven en una pequeña urbanización de Cleveland. Para ganar un dinero extra, reparten de madrugada periódicos del “Cleveland Preserver”, un diario local. La noche de Halloween deciden ir juntas debido a la peligrosidad de los gamberros de la zona. Sin embargo, sin darse cuenta de ello acaban metidas en lo que parece una invasión extraterrestre y el conflicto de dos especies rivales. .


Este mismo mes Planeta Cómic ha finalizado su recopilación en cartoné de una de las series más interesantes del actual panorama comiquero, me refiero a Paper Girls, obra del famoso guionista Brian K. Vaughan asistido con los dibujos y color, respectivamente de Cliff Chiang y Matt Wilson. Una historia con esos aires ochenteros que tan de moda están actualmente y donde el autor de Cleveland aplica su peculiar fórmula de contar historias ofreciéndonos una combinación de elementos y géneros que harán las delicias tanto del lector casual como del aficionado veterano.

Hablar de Brian K. Vaughan es hacerlo de uno de los creadores de ficción en mejor forma de las últimas décadas desde la humilde opinión de quien suscribe estas palabras. Suyas son series de recomendada lectura (por no decir de obligada), nominadas y ganadoras de varios premios Harvey y Eisner, como Runaways, Exmachina, Y, el último hombre o la reciente (y aún en curso) Saga, su obra más ambiciosa hasta el momento que constituye toda una epopeya espacial épica inspirada en su reciente paternidad. Su estilo se fundamenta en la construcción de personajes sólidos, diálogos rápidos, superposición de tramas, muchas tramas, y el entretenimiento como bandera, además de no temblarle el pulso cuando surge la necesidad de introducir temas polémicos de actualidad. Todo ello siempre bajo el cobijo del género de la ciencia ficción y la fantasía. Tras ganarse una merecida reputación y prestigio en el mundillo mainstream del noveno arte, Vaughan decidió aparcar su labor en el mundo editorial para acercarse a otro medio que le apasiona: el de la televisión. Fue durante su periplo televisivo en el que nuestro protagonista pudo colaborar con el equipo de guionistas de las temporadas tercera a la quinta de la serie Lost o convertirse en el Showrunner de la serie Under the Dome (basada en la historia de Stephen King), donde pudo trabajar codo con codo y bajo las órdenes de figuras de primer nivel como Steven Spielberg o, el mencionado Maestro del Terror, Stephen King. Tras dicha experiencia (que compaginó con breves coqueteos con la autoedición digital con cómics como The Private Eye y Frontier junto al dibujante patrio Marcos Martín), anunció su vuelta al mundo de las viñetas impresas y fichó por la editorial Image Comics, una de las más interesantes del panorama actual y con un más que interesante catálogo de obras de gran calidad, donde se están publicando desde entonces sus obras Saga y Paper Girls, además de la miniserie We Stand on Guard con el artista Steve Skroce a los lápices donde Vaughan imagina una futura invasión de Canadá por parte de los Estados Unidos llena de robots gigantes.

Centrándonos en Paper Girls, podemos decir que se anticipó al otro producto al que siempre se hace referencia cuando se habla de ella. Me refiero, por supuesto, a la serie de Netflix Stranger Things (Matt Duffer, Ross Duffer, 2016). A diferencia del relato creado por los hermanos Duffer, Paper Girls no se sustenta solamente en las referencias cinéfilas y culturales de la década de los Ochenta. Eso sí, tiene puntos de conexión con la historia ocurrida en Hawkins no sólo por su ambientación temporal sino también por el tono de la misma. En Paper Girls la trama transcurre en ese tipo de pequeña localidad americana, esos barrios de extrarradio, en los que directores como el anteriormente mencionado Steven Spielberg plasmaron su América de clase media idealizada y donde lo fantástico irrumpía en la cotidiana monotonía de sus vecinos. Ello no quiere decir que, a semejanza de Stranger Things, no se nos presenten atrezzo y referencias a productos de la época. Desde las incombustibles bicis, todo un icono de la Década que vio nacer el Thriller de Michael Jackson, hasta alusiones a películas como Terminator (The Terminator, James Cameron, 1984), Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), Cuenta Conmigo (Stand by me, Rob Reiner, 1986) o Peggy Sue se casó (Peggy Sue Got Married, Francis Ford Coppola, 1986). Cabe señalar, ya que aquel que suscribe estas palabras es un ferviente admirador de dicho film, que encontramos en el cuarto de una de las protagonistas un póster de la película Una Pandilla Alucinante (Monster Squad, Fred Dekker, 1987), una cinta más acorde y parecida a este Paper Girls que la omnipresente y siempre mencionada Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985) cuando se habla de este tipo de productos que son una llamada a la nostalgia y a los años 80 con una aventura protagonizada por chavales que se desplazan en bicicleta.

Este primer tomo de Paper Girls cuenta la historia de cuatro chicas que se ganan un dinero extra repartiendo periódicos en su urbanización. Si, una urbanización de los suburbios de Cleveland presuntamente aburrida donde algo extraordinario cambiará la cotidianidad de sus habitantes. Nuestras protagonistas se disponen a despachar su faena, en parejas de a dos y con esos Walkie talkies tan característicos de la época para poder comunicase entre ellas, en la noche de Halloween de 1988. Extraordinariamente se verán arrastradas de lleno en lo que parece ser una invasión alienígena donde la mayor parte de sus vecinos desaparecerán sin dejar rastro. El encuentro con dos bandos enemigos, presumiblemente de otro mundo, las meterá de lleno en una aventura espacio temporal que escapará a toda comprensión. Vaughan sacará la coctelera y la típica historia de cine aventuras adolescente la salteará con elementos de ciencia ficción y terror ofreciéndonos una historia ágil, entretenida y con el pie pisando el acelerador para definir su ritmo. Además, y a pesar de esa endiablada velocidad de la trama, el guionista de Cleveland es capaz de plasmar las personalidades de sus personajes con tan solo unos pocos diálogos mostrándonos los tópicos clichés del género (Tenemos a la jefa dura, a la Geek, a la intrépida y a la graciosa), pero de una forma muy conseguida. Cuando se le ha preguntado a Vaughan el porqué de la ambientación ochentera de esta historia y el hecho de que sus protagonistas sean chicas, el autor ha respondido siempre que, por un lado, es un ejercicio para recordar la época ya que él tenía la misma edad que sus protas y que, por el otro, hacía tiempo que quería contar una historia protagonizada por el género femenino, más si tenemos en cuenta que este tipo de aventuras y en este medio (O la ficción americana en general) suele abundar lo masculino. Señalar que, aunque hayamos repetido la palabra nostalgia y el término ochentero más de una vez, Vaughan no ofrece un retrato edulcorado de la Década de Oro de la Amblin Entertainment ya que muchos de los diálogos pronunciados por las chicas no entran dentro de esa corrección política en la que nos encontramos actualmente inmersos (Casi como los personajes de la Monster Squad antes mencionada).

Otra de las características de la obra de Brian K. Vaughan se repite aquí. Y es el que el escritor de Cleveland siempre se codea con artistas de primer nivel. Antes de embarcarse en Paper Girls, el dibujante Cliff Chiang tenía ya una dilatada carrera en el mundillo de los súper héroes desde principios de los dos mil, habiendo incluso colaborado con Vaughan en un “Especial Vertigo Secret Files & Origins” de La Cosa del Pantano allá por el año 2.000. Más recientemente Chiang firmó una gloriosa etapa, junto al guionista creador de la serie 100 Balas de Brian Azzarello, de la famosa Amazona de Themiscira del Universo DC, es decir, Wonder Woman. El dibujo de Chiang en Paper Girls está en esa tierra de nadie entre la línea clara y el trazo sucio sin llegar a ser ninguno de los dos. Un estilo muy estandarizado por el cómic indie que otorga un aspecto muy atractivo a la historia. El artista logra con su narrativa que la historia fluya y que pasemos páginas a un ritmo vertiginoso. Una velocidad que acompasa al guión, también frenético. Cabe señalar la sensación de dinamismo y movimiento que sus lápices crean con las largas carreras en bicicleta de sus protagonistas. Como curiosidad, Chiang ha confesado que no sabe montar en bici. Aunque cualquiera lo diría echándole un ojo a sus viñetas. El dibujo de Cliff Chiang es asistido por el colorista Matt Wilson. Un coloreado sencillo que hace uso de una paleta de colores bastante sencilla donde parece que hay más interés en la creación d atmósferas que en la de representar un realismo extremo. Todo en conjunto, ilustraciones y color, ofrecen un resultado gráfico excepcional y muy atractivo del que es bastante difícil no sentirse atraído. Para aquel lector casual o sencillamente aquel lector no consumidor de ese formato, cada vez más denostado, llamado vulgarmente como Grapa, señalar que Planeta Cómic comenzó a publicar la serie así, en grapa. Desde hace unos años, las editoriales nos han ido acostumbrando a consumir las recopilaciones, en rústica o cartoné, de todo ese material que en su país de origen se publica de manera seriada y con periodicidad quincenal, mensual o, como mínimo, regular. Paper Girls no fue una excepción. Sin embargo, y esta reflexión es más opinión/recomendación personal, la serie se disfruta más y mejor en formato grapa. Si el lector quiere experimentar la total sensación de inmersión que los autores nos ofrecen tanto en la forma como en el contenido de esta serie, la grapa es la mejor opción. Cada número que aparece se lee con velocidad pasmosa con un Cliffhanger final que provoca el deseo de más. De esta forma, la espera suele hacerse cuanto menos larga (Como antaño). Y en cada número hay una serie de Easter Eggs muy simpáticos como la inclusión de posters o el ahora desaparecido Correo de los Lectores donde se intenta interactuar con aquellos que se encuentran al otro lado de las viñetas. Realmente algo que aquellos que llevamos muchos años formando parte del Fandom de este tipo de arte podemos llegar a valorar y a revivir (bendita nostalgia, se podría añadir). En definitiva, este primer arco argumental de Paper Girls es ideal para iniciados y profanos. Un cómic escrito a modo de serie televisiva que combina ese tipo de elementos que a todos los aficionados al género gusta. Personajes bien construidos, una historia atrayente y un arte impecable. Pocas razones habría para no recomendarlo.

We Stand on Guard (Brian K. Vaughan, Steve Skroce)

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Titulo original: We Stand on Guard / Guión: Brian K. Vaughan / Dibujo: Steve Skroce / Portada: Steve Skroce / Formato: Cartoné / Páginas: 200 pags / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 17’95€ / ISBN: 978-84-16767-48-9


En un futuro no muy lejano, los Estados Unidos de América han invadido a su país vecino, Canadá, con la intención de hacerse con el control de sus recursos acuíferos debido al estado de sequía en el que se encuentra su país. En los territorios más al norte de Canadá un pequeño grupo de insurgentes pondrá las cosas difíciles al ejército americano enzarzándose en una batalla que tal vez no acabe con la ocupación, pero sí prenda la chispa necesaria para ganar la guerra.


Tras firmar varias obras, algunas de ellas nominadas y ganadoras de Premios Harvey y Eisner, tan conocidas y recomendables como “Y, el Último Hombre” para el sello Vertigo de DC Comics, “ExMachina” para Wildstorm o “Runaways” para Marvel Comics, el guionista nacido en la ciudad de Cleveland Brian K. Vaughan dejó en stand by su labor en el mundo de las viñetas para dedicarse en cuerpo y alma al medio televisivo formando parte del equipo de guionistas de la mítica “Lost” o siendo el ShowRunner de la serie de la CBS “Under the Dome” basada en el relato del “Maestro del Terror” Stephen King y bajo las órdenes del mismísimo Steven Spielberg.
Pese a que su trabajo para la pantalla pequeña no le dejaba tiempo físico para adquirir compromisos en el medio que le dio fama, sí que coqueteó con la autoedición digital con cómics como “The Private Eye” y “Frontier” junto con el dibujante español Marcos Martín. Todo ello justo antes de anunciar su vuelta al mundo del cómic desembarcando a lo grande con varios trabajos en Image Comics, baluarte del actual cómic independiente mainstream de calidad y donde los autores gozan de los derechos de sus obras. Será en la editorial dirigida por Eric Stephenson donde Vaughan de rienda suelta a su imaginación y a series que, según él mismo, llevaba desde su infancia imaginando y deseando ver materializadas. Entre ellas encontramos su épica epopeya espacial “Saga”, su obra más importante y personal del momento inspirada en su paternidad, y su “Paper Girls”, una fantasía con tintes ochenteros, viajes en el tiempo y mucho misterio. Junto a ellas la historia hoy a tratar: “We Stand on Guard”.
We Stand On Guard” es una miniserie de seis números que en nuestro país ha publicado la editorial Planeta Cómic, primero en formato popular, es decir, “grapa” y algo después recopilada en “cartoné”. Su trama nos lleva a un futuro distópico no muy lejano en el que los Estados Unidos de América deciden atacar y conquistar a su país vecino, Canadá. Tras un ataque sin previo aviso a la Casa Blanca por parte de la nación de la bandera de “la hoja de arce”, el ejército americano toma represalias rápidamente bombardeando sin piedad las principales ciudades canadienses, entre ellas Ottawa. Ahí mismo es donde Vaughan comienza su violento y explícito relato en el que dos niños, Amber y su hermano Tom, quedan huérfanos tras la muerte de sus padres a causa de las explosiones. Doce años después, Amber, cruza su camino con un pequeño grupo de insurgentes autodenominado “Pack 24” (como los de latas de cerveza), un mote que hace referencia a su estatus de civiles “metidos en el negocio de la guerra” y no soldados. Y es aquí donde encontramos dos de las características típicas de las historias de Brian K. Vaughan. Por un lado, tenemos el hecho de que nos plantee una historia sencilla, casi irreal (y desde el punto de vista de quien la lea, puede que incluso boba), que el guionista desarrolla con total naturalidad. Por el otro, sus protagonistas responden al mismo perfil, es decir, al de gente normal y corriente que se tropieza con una situación extraordinaria a la que tendrán que enfrentarse, muy a su pesar. Lo extraordinario irrumpe en lo cotidiano y ordinario. Es algo que han sufrido las protagonistas de “Paper girls” (unas chicas de suburbios que se ven en medio de lo que parece una invasión extra-terrestre), el alcalde Mitchel Hundred en “Exmachina” (un ingeniero que adquiere la capacidad de comunicarse con las máquinas tras la explosión de un extraño artefacto) o Yorick Brown, el último superviviente de una plaga que acaba con todo varón sobre la faz de la Tierra en “Y, el último hombre”. Una constante en la obra del guionista de Cleveland que aquí, en “We Stand on Guard”, será representada por un grupo de civiles, entre los cuales podemos encontrar a una ingeniera o a un cómico de color, que será la última línea de defensa de los territorios más al Norte de Canadá.

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El planteamiento bélico del relato, junto al grupo de guerrilla “amateur” que nos presenta Vaughan en “We Stand on Guard”, puede recordar al lector al film de principios de los ochenta “Amanecer Rojo” (Red Dawn, John Millius, 1984) donde los EEUU eran invadidos por un bloque soviético formado por Cuba y la URSS. La trama nos contaba como un pequeño grupo de adolescentes (con caras conocidas de la época como las de Patrick Swayze, Charlie Sheen, Lea Thompson, C. Thomas Howell y Jennifer Grey), se ven forzados a convertirse en la resistencia, aprendiendo prácticas de guerrilla atendiendo al nombre de los Wolverines. Una película que, por cierto, tuvo su remake en 2012 protagonizado por el “Hijo de Odín” Chris Hemsworth y cambiando la nacionalidad de los invasores de soviéticos a norcoreanos.
Como es habitual en el autor, encontramos aquí también cierto poso de crítica, en este caso a la política exterior de los USA. Aquí el país de las barras y las estrellas es descrito como el “malo” de la historia. Tras convertir su territorio en un árido yermo, los recursos acuíferos de la nación vecina serán codiciados y motivo de la invasión. Si cambiamos el “agua” por “petróleo” tenemos una más que creíble alegoría de la Guerra de Irak. Incluso la representante americana recuerda a la asesora de Seguridad Nacional y Secretaria de Estado de la “Administración Bush” Condoleezza Rice. Una mujer que hace uso de los más sofisticados métodos de tortura que protegen la integridad física del recluso, pero no la mental.
Aunque es cierto que Vaughan juega también con la ambigüedad y la “conspiranoia” intentando despistar al lector con teorías e hipótesis que apuntan a la posible autoría del conflicto por parte de Canadá o a un atentado perpetrado por los propios Estados Unidos con la clara intención de que éstos pudieran tener la excusa para responder violentamente y ocupar el país vecino. Ambigüedad que también encontramos en el tratamiento del “Pack 24”: ¿Defensores de la Libertad? ¿Terroristas? En cualquiera de los casos, gente capaz de traspasar dilemas morales como el hecho de ejecutar a un indefenso prisionero de guerra obviando las convenciones internacionales para ese tipo de situaciones. Aunque en realidad, el pequeño grupo es más un grupo de supervivientes que de soldados, a pesar de que intenten actuar como tales.

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We Stand on Guard” es una historia cerrada y relatada a un ritmo de infarto. La extensión de la misma no propicia el desarrollo de todos los personajes y quizá su pesimista final (aunque con un breve destello para la esperanza) pueda parecernos un tanto “atropellado”. El tono de Vaughan es de violenta crudeza y tiene algunos momentos y diálogos que puedan recordarnos a otros autores como Garth Ennis. Es muy chocante, en lo que a los personajes se refiere, la rápida “evolución” de algunos, como Amber, una chica que se nos presenta como tímida y asustadiza y que de repente se convierte en una intrépida líder experta en el uso de las armas. El hecho de que McFadden, la jefa del “Pack 24”, se desmorone tras la visión de un holograma de su fallecido padre tras sufrir torturas capaces de hacerla perder la cordura tampoco queda del todo creíble. En realidad, son pequeños “borrones” en una entretenida historia que, a ojos del que suscribe estas palabras, puede que necesitara de más páginas.
El apartado gráfico es sencillamente sensacional. El arte corre a cargo del dibujante Steve Skroce, quien, así como Vaughan, se distanció del medio del cómic para cobijarse bajo las órdenes de las Wachowski para elaborar storyboards y diseños para su “Matrix” (Íd, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 1999) y posteriores trabajos. Fue en 2015 cuando Skroce y Vaughan se conocieron en un pase de “El Destino de Júpiter” (Jupiter Ascending, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 2015) y se propusieron el trabajar juntos en su “vuelta al mundo de las viñetas”. Skroce hace gala aquí de un estilo visual que nada recuerda a sus tiempos en Marvel Comics dibujando colecciones como Amazing Spiderman o Lobezno. Realista e increíblemente detallista, más emparentado al tipo de ilustraciones de su colega Geoff Darrow con la creación de impresionantes fantasías mecánicas y armamentos tecnológicos imposibles además de hacer uso de una narrativa visual muy fluida. Si a ello le sumamos el color aplicado de forma excepcional por Matt Hollingsworth, tenemos un aspecto visual que es prácticamente el fuerte de este “We Stand on Guard”.
En conclusión, nos encontramos ante un cómic que va de más a menos, pero sin dejar de ser una buena historia. Quizá no sea el mejor trabajo de Brian K. Vaughan aunque no por ello dejamos de recomendar su lectura. Una historia que parte de una premisa sencilla que destila crudeza por los cuatro costados. Todo ello acompañado de un arte de increíble factura. Esta recopilación en “cartoné” por parte de Planeta Cómic es la oportunidad ideal para hacerse con ella.

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