Crítica de “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986) [1]

 

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Título original: Critters / Año: 1986 / País: Estados Unidos / Duración: 82 minutos / Director: Stephen Herek / Producción: Barry Opper, Robert Shaye, Sara Risser, Rupert Harvey / Productora: New Line Cinema / Distribución: New Line Cinema / Guion: Stephen Herek, Don Opper, Dominic Muir  / Música: David Newman / Fotografía: Tim Suhrstedt / Montaje: Larry Bock / Diseño de producción: Gregg Fonseca / Reparto: Scott Grimes, Dee Wallace, M. Emmet Walsh, Billy Green Bush, Nadine Van Der Velde, Terrence Mann, Don Keith Opper, Billy Zane / Presupuesto: 2.000.000$


Los Critters, mortíferas criaturas con afilados dientes, conocidos por su mortal apetito, se han fugado de una prisión de alta seguridad de una galaxia cercana. Dos cazadores de recompensas han sido contratados para capturarlos mientras que los Critters han llegado a la Tierra, concretamente a una pequeña localidad rural de Kansas donde vive la familia Brown.


En 1984, Steven Spielberg presentaba al mundo una de esas producciones míticas de su “Amblin Entertainment” que tanto le gustaba auspiciar: “Gremlins” (Íd) de Joe Dante. Una suerte de cuento macabro de Navidad y a la vez homenaje al cine de serie B de antaño y a las historias de invasiones alienígenas de la sci-fi más añeja. Siempre bajo el filtro de ese “entertaintment” que le hace característico y con la intención y el tono adecuado para que el público de masas llenara las salas de cine. Convertida la cinta del director de “Piraña” (Pirahna, 1978) y “Aullidos” (The Howling, 1981) en fenómeno social, poco a poco, aparecerían otros productos siguiendo su estela y que convertirían en protagonistas a otros “bichos” de procedencias dispares. Dejando, sobre todo, de lado la referencialidad cinéfila, las alusiones “caprianas” y el puro objetivo mainstream de esos diablillos que asolaron la pequeña localidad de “Kingston Falls” (también conocida como “Hill Valley” en otro universo “ambliriano“) estos “primos lejanos” intentaron, como mínimo, arañar las migajas de su éxito y ganar unos dólares independientemente de la calidad del producto. Primero aparecieron los “Ghoulies” (Íd, Luca Bercovici, 1985) y dos años después, en 1986, llegaban a la gran pantalla unas voraces y carnívoras criaturas procedentes, esta vez sí, del espacio exterior con el film “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986).

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Dirigida por el debutante Stephen Herek, director también de la curiosa, recomendable y divertida “Las alucinantes aventuras de Bill y Ted” (Bill & Ted’s Excellent Adventure, 1989), “Critters” (Íd, 1986) comienza con la fuga de estas peligrosas bestiecillas de un asteroide prisión de máxima seguridad en el que se encuentran presos para acabar aterrizando en nuestro planeta, más concretamente en una pequeña localidad rural de Estados Unidos. Estos pequeños monstruitos de dientes afilados, amplia sonrisa diabólica, voraz apetito y con una fisonomía que los emparentaría con los puercoespines acabarán asediando la típica granja de la América profunda donde vive la familia Brown. Sorprendidos y aterrorizados, desconocerán que tras la pista de sus mortales acosadores hay dos cazarrecompensas intergalácticos. Sus responsables siempre afirmaron, juraron y perjuraron que su proyecto, que sus Critters, comenzaron a gestarse antes que la historia de los Mogwais y que pospusieron su desarrollo tras el estreno de “Gremlins” (Íd). Un guion escrito a tres manos por el propio Stephen Hereck, Domonic Muir y Don Opper que, según ellos mismos, tuvieron que modificar para que no se les acusase de plagio. Siempre podríamos concederles el beneficio de la duda (¿lo hacemos?). Sin embargo, existe una historia, un mito, que da pie a una hipótesis (de la persona que suscribe estas palabras, eso sí) que justifica la existencia no sólo de esta película sino incluso de la original de la “Amblin“. Cuenta la leyenda que a principios de los 80 el anteriormente citado Steven Spielberg tenía varios proyectos simultáneos y de entre todos ellos se encontraba la dirección (o producción dependiendo del momento en el que se encontrase) de un film de serie B cuyo origen está en la presión que ejercía la “Columbia” para que hiciera la secuela de otro de sus grandes éxitos: “Encuentros en la Tercera Fase” (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977). Para ello, Spielberg encargó un guion a John Sayles, ahora reputado cineasta independiente que por aquel entonces se había granjeado cierto éxito tras la escritura de los libretos de otros filmes de bajo presupuesto como “Piraña” (Pirahna, Joe Dante, 1978) y “La Bestia bajo el asfalto” (Alligator, Lewis Teague, 1980). Aquello que escribió para el Rey Midas de Hollywood llevaba el título de “Night Skies” y, basándose en presuntos hechos reales y tomando “Perros de Paja” (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971) como referencia, narraba la historia de cómo unas criaturas llegadas del espacio exterior asolaban una granja del medio oeste americano acosando a la familia que la habitaba. Este clan, desestructurado como fuera habitual en el cine “spielberiano”, sería rescatado por otra raza de alienígenas que llegaría a nuestro mundo. De ser cierto, sería evidente que ese guion nunca rodado de “Night Skies” [2] debió pasar por muchas otras manos, que sí debió interesar a otros individuos y que pudo ser la base y referencia para los filmes que estamos aquí mencionando entre ellos la trágica noche que los Brown conocieron a los crites, que es así como se denomina a dicha raza.

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Esta familia Brown reúne todos los arquetipos de este tipo de unidades familiares del medio oeste de los Estados Unidos y de este tipo productos, ya sean cinematográficos o televisivos. Como cabeza de familia tenemos a Jay Brown, interpretado por el veterano Billy Green Bush. Hombre de campo, rudo, trabajador y, como no podría ser en otro lugar del mundo, aficionado a los bolos. De mentalidad conservadora, es presumible su afiliación republicana. No duda en empuñar su escopeta, incluso herido, para defender a los suyos. Interpretando a su fiel y afable esposa, Helen Brown, tenemos a toda una musa del cine fantástico: Dee Wallace-Stone. Sobran las presentaciones para esta gran actriz, pero por si alguien no logra ponerle cara podemos decir que protagonizó una de las, para un servidor, mejores películas de licántropos titulada “Aullidos” (The Howling, Joe Dante, 1981), sufrió los ataques de ese San Bernardo psicótico llamado “Cujo” (Íd, Lewis Teague, 1983) y sin duda pasará a la posteridad por interpretar a la madre de Michael, Gertie y Elliot en “E.T. el Extraterrestre” (E.T.: The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982). La señora Brown es la típica ama de casa, encantadora con sus vecinos, fiel a las decisiones de su cónyuge y mediadora entre las discrepancias generacionales de éste con su joven descendencia sin dejar de olvidad su lado histérico y gritón cuando el peligro hace acto de presencia. El bien avenido matrimonio Brown acoge en su seno a sus dos hijos. Por una parte, está April, la hija adolescente, que para perfeccionar el cliché estará en pleno despertar sexual y se nos presenta como un pelín fresca y “demasiado moderna para la gente de este pueblo”. Interpretada por una joven Nadine Van Der Velde podemos añadir que “Critters” (Íd) no sería la única cinta de bichos que protagonizaría ya que sólo un año después aparecería en la producción de Roger Corman “Munchies” (Íd, Tina Hirsch, 1987).  Como curiosidad, la directora de “Munchies” (Íd), Tina Hirsch, fue la montadora de “Gremlins” (Íd). Y rizando el rizo de las curiosidades, el novio de April y víctima del voraz apetito de los Critters está interpretado por un joven Billy Zane. El joven Brad Brown es el benjamín de la casa. Es el típico “chaval raro” de la clase, un pre-púber de espíritu aventurero, valiente, obstinado y aficionado, entre otras cosas, a la pirotecnia. Su cara es la del televisivo Scott Grimes. A Grimes lo podemos ver ahora en la reciente “The Orville” (Íd, 2017-2019) de Seth McFarlane, pero en los 80 venía a ser un émulo de Michael J. Fox interpretando diversos papeles de “hijo gracioso” en sit-coms como “Together We Stand” (Íd, Sherwood Schwartz, Michael Jacobs, 1986-1987), donde compartía cast con Dee Wallace e incluso con Jonathan Ke Quan (el Data de “Los Goonies” [The Goonies, Richard Donner, 1985]).

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Junto a Brad encontramos a su fiel amigo Charlie interpretado por Don Opper que, a la postre, participa en el guion de la película y es el hermano de Barry Opper, productor de las cuatro cintas que generaron los Krites. El amigable Charlie trabaja para los Browm, no tiene a priori muchas luces y es el borrachín del pueblo. Además, es el único que ha visto llegar la nave de los Critters. Como viene siendo habitual, y para redondear la previsibilidad de su personaje, no le creen cuando acude a la autoridad local, es decir, un sheriff interpretado por M. Emmett Walsh, otra cara conocidísima del género (participando en títulos tan dispares como “Huida del Planeta de los Simios” [Escape from the Planet of the Apes, Don Taylor, 1971], “Blade Runner” [Íd, Ridley Scott, 1982] o “Arizona Baby” [Raising Arizona, Ethan Jesse Coen, Joel David Coen, 1987] entre otros muchos filmes de su dilatada carrera). Y para acabar con las presentaciones, cabe mencionar a los no menos importantes caza recompensas del espacio, los Caza-Critters. Dos tipos aguerridos, armados hasta los dientes con el armamento más sofisticado, mortífero y devastador de la galaxia que responden al nombre de Ug y Lee (apelativos que si los juntamos acaban formando fonéticamente la palabra “Ugly“, feo en inglés). A ambos les caracteriza la ausencia de rostro ya que su cabeza es como la de una especie de bombilla fluorescente, pero tienen la capacidad de adquirir las facciones que ellos necesiten o consideren de su agrado. Es así como Lee adquirirá la faz del popular y ficticio rockero Johnny Steel interpretado por el actor Terrence Mann, al que ese mismo año pudimos ver en otro clásico de vídeo club titulado “Los Guerreros del Sol” (Solarbabies, Alan Johnson, 1986). Steele interpreta la pegadiza canción “Power of the night“, compuesta a propósito de la película y con un sonido ochentero a más no poder. Como el resto del soundtrack, cabría añadir.

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Con todos los participantes sobre el tablero de juego, “Critters” (Íd) es una gamberrada disfrazada de horror movie, pero que se queda en esa tierra de nadie entre el terror light y la comedia familiar como ya hiciera “Gremlins” (Íd) en su momento, aunque arriesgando un poco más ya que tampoco había mucho que perder. Pese a que en el imaginario colectivo la recordamos como más sangrienta, el uso de la mercromina barata y algún prop con ínfulas gore desmitifican esa idea. El body count de la cinta se reduce a dos humanos, una vaca y muchas, muchas gallinas. Sus responsables juegan con sus criaturas, los hacen participar en chistes o bromas con poca gracia y nos presentan guiños o burlas que no aportan nada a la trama, pero que tampoco la entorpecen. Me refiero a cosas como que el gato de la familia se llame Chewie, que un Critter se coma un peluche de E.T. o que Brad tenga un póster de “Forbidden World” (Íd, Allan Holzman, 1982) en su cuarto. Pequeños detalles que harían que más de un aficionado al género esbozase una sonrisa. Si a los grandes les funciona… El diseño de los Krites, de la mano de los hermanos Chiodo (responsables de “Los payasos asesinos del espacio exterior” [Killer Klowns from Outer Space, Stephen Chiodo, 1988]), es magnífico. Muy atractivo y deja volar la imaginación. Sin duda, no es poseedor del carisma de los monstruitos creados por Chris Walas para “Gremlins“,(Íd) pero le van a la zaga.

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Es evidente que nos encontramos ante un claro ejemplo de cine de explotación más que de un ejercicio cinematográfico de calidad. La cinta peca de la dirección de un debutante, de un abuso continuado de la elipsis y de personajes tan tópicos que no podemos identificarnos con ninguno. La presencia de las criaturas, los verdaderos protagonistas, es muy reducida. Algo que podemos achacar a los poco más de dos millones de dólares con los que contaba la producción. Al igual que con el film de Joe Dante, aquí se toma el terror, la ciencia ficción y la serie B con plena intencionalidad de ofrecer un divertimento y, de paso, hacer un buen dinero ya fuera en la gran pantalla o en el cada vez más importante, popular y rentable formato doméstico. No sorprendería a nadie si digo que este título fue todo un clásico de las estanterías de los videoclubes. Y es que esa carátula ilustrada por Soyka con ese simpático y a la vez amenazador Critter nos atrajo a más de uno. Esta apuesta por el “cine de monstruitos” de la “New Line Cinema” de Robert Shaye dio sus frutos. Frente a la mencionada inversión de dos millones, generó en salas de cine americanas una recaudación de algo más de 12 millones de dólares sin contar los alquileres en videoclubes. Un éxito que conviritó a los hambrientos Krites en los mejores “primos lejanos” de los Gremlins generando tres entregas más -una reciente serie de televisión y un proyecto de nueva película del canal “SyFy“- de las cuales sólo podría (un servidor) recomendar el visionado de su secuela más inmediata dirigida por el Master of Horror Mick Garris [3].

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Un momento: el cazarrecompensas Lee escogiendo un aspecto terrestre hasta que se topa con el el videoclip de “Power of the night“, ochenterismo en estado puro.

Una curiosidad: Existen dos finales alternativos, el más conocido es el que termina con los huevos escondidos en el granero. Pero hay otro menos abierto y más comercial en el que se eliminaba esa escena y terminaba con la reconstrucción de la casa.

 

[1] Con este artículo debuté en el blog Colección Ultramundo. Debido a que en esta página se acabarán reseñando todas las entregas de los Critters, me he tomado la libertad de reciclar el escrito original (previo a la teórica corrección del aparecido en dicha web), añadiendo algunas líneas más.

[2] “Night Skies” fue el germen de “E.T. el Extraterrestre” (E.T.: The Extra-Terrestrial, Steven Spielberg, 1982). En la película, basada en supuestos hechos reales, una banda de extraterrestres hostiles -todos con nombres y apariencias características- asediaría a una familia en su granja. El menos peligroso de los aliens entablaría una relación de amistad con el miembro más joven, autista-  del rural clan. El diseño de las criaturas correría a cargo del grandísimo Rick Baker. Sin embargo, en el rodaje de “En busca del Arca Perdida” (Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981), Spielberg enseñaría el guion a Melissa Mathison, pareja en aquel entonces de Harrison Ford, quedando ella prendada de la historia del extraterrestre y el niño. De esta forma, Mathison escribió un tratamiento sobre ello que encandiló al Rey Midas de Hollywood y el resto ya es historia del cine.

[3] Podéis encontrar aquí su respectivo artículo.

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Creepshow (Stephen King, Bernie Wrightson)

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Titulo original: Creepshow / Guión: Stephen King / Dibujo: Bernie Wrightson / Portada: Jack Kamen / Formato: Cartoné Páginas: 88 pags. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 20€. / ISBN: 978-84-9173-727-8


Sed bienvenidos al primer número de Creepshow, la adaptación al cómic de la famosa película de George A. Romero y Stephen King. Cinco espeluznantes historias con muertos que se levantan de sus tumbas, misteriosos meteoritos provenientes del espacio exterior, monstruos antropófagos, fantasmas vengativos e invasiones mortales de cucarachas. Así que abrochaos vuestros cinturones y acompañad al amigo Creepy, vuestro macabro guía, en este viaje de podredumbre y terror.


Es indudable la importancia del tristemente desaparecido George A. Romero en lo que al género de terror y fantástico se refiere. El neoyorquino -de ascendencia española [1]- siempre será recordado por ser, junto a su -por aquel entonces- compañero de fatigas John Russo, el “Padre” del “zombie moderno”, del muerto viviente antropófago que originó uno de los fenómenos más impactantes de la cultura “pop” moderna. Sin embargo, pese a que fraguó toda una saga [2] consagrada a estos lentos y hambrientos caminantes ávidos de la carne fresca de los vivos -sentando las reglas para todo el maremágnum de producciones y explotaciones posteriores-, Romero tiene en su haber cinematográfico otras tantas películas que quizás no alcanzaron las cotas de popularidad de “La noche de los muertos vivientes” (Night of the living dead, 1968) o “Zombi” (Dawn of the dead, 1978), pero que son totalmente reivindicables (o al menos eso piensa aquel que suscribe estas palabras). Entre sus otros trabajos nos encontramos con aquella cinta que lo asoció con uno de los indiscutibles, uno de los grandes “Maestros del Terror” de todos los tiempos, es decir, con el superlativo Stephen King. Su amistad con el de Maine venía ya de lejos puesto que ambos se admiraban mutuamente y no dejaban pasar oportunidad alguna para elogiar sus respectivas creaciones en público. Es por ello que, tras un primer intento frustrado de Romero para dirigir la miniserie televisiva “El misterio de Salem’s Lot” (Salem’s Lot, Tobe Hooper, 1979) y la posterior imposibilidad de llevar a cabo la faraónica adaptación de la novela “Apocalipsis” [3], ambos pudieron, con la inestimable ayuda del productor Richard P. Rubinstein, levantar un proyecto conjunto titulado “Creepshow” (Íd, George Romero, 1982) con el que quisieron rendir un sentido homenaje a aquellas publicaciones de terror de la mítica editorial americana “EC Comics” de las que ambos eran fans incondicionales.

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Hablar de la “EC Comics” es hablar de uno de los periodos más prolíficos y fructíferos de la historia del Noveno Arte. Un momento en el que el cómic alcanzó sus mayores cotas de popularidad consolidándose como una rentable industria. Entre la ingente cantidad de publicaciones de los súper héroes de “La Edad de Oro” y las aventuras de los más famosos personajes creados por la factoría de Walt Disney, la antaño editorial “Educational Comics” [4] pasaría a convertirse en la popular “Entertaining Comics” por obra y gracia del hijo de su fallecido fundador, William Gaines -junto a su inseparable y altamente productivo guionista/dibujante Al Feldstein-, ofreciendo a la chiquillería de la época toda una serie de sugerentes colecciones de cómics con temas tan recurrentes como el género policíaco, la ciencia ficción y, sobre todo, el terror con uno de sus títulos, “Tales from the Crypt”, como buque insignia de la compañía. Las publicaciones dedicadas al horror serían las mejor recibidas por los lectores y junto a la mencionada “Tales from the Crypt” aparecerían las no menos destacables “The Vault of Horror” y “The Haunt of Fear”. Cortadas por el mismo patrón, en todas ellas un repulsivo personaje [5] haría las veces de anfitrión -rompiendo siempre la cuarta pared entre el lector y él mismo- presentando con sorna los distintos relatos contenidos en su interior. Cada número recopilaba un indeterminado número de historias cortas, de entre seis y ocho páginas, autoconclusivas todas ellas manteniendo un similar esquema donde sus protagonistas, despreciables representantes del peor lado de la naturaleza humana, serán víctimas, siempre de la forma más macabra y truculenta posible, de una especie de justicia poética tras haber perpetrado algún crimen o fechoría. La gran aceptación de estos cómics, por parte de un público adolescente o preadolescente, fue una de las causas por las que un oportunista diese la voz de alarma en el seno de una sociedad americana donde la delincuencia juvenil era un grave problema. Para el doctor en psiquiatría Frederic Wertham, la responsabilidad de dicho auge de la criminalidad residía en los cómics [6]. La publicación de su libro “La seducción de los inocentes” propició la creación de un organismo regulador, el infame “Comics Code”, con el que se avisaba a los respectivos padres y tutores que el material contenido en las distintas publicaciones era “apto” para los estándares morales de la época (en otras palabras, llegó la censura al mundo de las viñetas). Esta especie de “Caza de Brujas” instigada por Wertham acabó, prácticamente de un plumazo, con casi todas las referencias de “EC Comics” cuyas ventas cayeron en picado. Los responsables de la editorial no tuvieron más remedio que refugiarse en otro título de la casa, la revista de humor satírico “MAD”, pero eso es otra historia. Sería injusto decir que sólo sufrieron Gaines, Feldstein y compañía, ya que toda la industria se vio afectada por los desvaríos de un psiquiatra venido a más que afirmaba que los cómics estaban repletos de alusiones sexuales, que se escondían desnudos femeninos en sus viñetas o que los famosos Batman y Robin eran homosexuales. Como en los tiempos del Tercer Reich, Wertham alentaba a destruir cuantos más ejemplares se pudiera organizando incluso quemas de tebeos. Totalmente demencial, ¿no? Pero, en la historia de la humanidad, siempre se ha tendido a buscar una razón, una cabeza de turco, para responsabilizarla de todos los males. En esta época (como ha pasado posteriormente también con la televisión, los videojuegos, los juegos de rol o el anime) le tocó al cómic pagar los platos rotos.

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Afortunadamente, el legado del Guardián de la Cripta y su repugnante familia de ghouls ha pervivido desde entonces, ya sea en la mente de muchos creadores que crecieron y formaron su criterio con dichos cómics, con proyectos cinematográficos -o series de televisión- como el de George A. Romero y Stephen King o en publicaciones posteriores que tomaron definitivamente el relevo haciendo suyo el espíritu de la “EC“, eludiendo por completo la censura del “Comics Code” con el formato magazine en blanco y negro. Estoy hablando de las revistas de terror que “Warren Publishing” comenzó a editar en la década de los sesenta con la seminal “Creepy” como cabecera y a la que seguirían las posteriores “Eerie” y “Vampirella“. Revistas que, en el momento de gestación de “Creepshow” (Íd, George A. Romero, 1982) -aunque no por mucho tiempo- seguían en los kioskos y en las cuales, además de grandes autores como Richard Corben, Neal Adams o Frank Frazetta, también encontramos al encargado de la adaptación al cómic del filme de Romero, el también recientemente fallecido Bernie Wrightson. Así como en la película homónima, en su traslación a las viñetas tendremos cinco historias, cinco pequeños episodios totalmente independientes, con el horror como hilo conductor. Presentados todos ellos por el terrorífico Creepy, un ser a imagen y semejanza de los GhouLunatics de la editorial de William Gaines. A diferencia del filme, aquí no tendremos la historia del niño (un jovencito Joe Hill, hijo de King) que es castigado por su padre (el genial Tom Atkins) por leer tebeos de terror. Intercaladas dentro de este mini-relato estarían los cuentos macabros que componen el film. En lugar de adaptar historias provenientes de “Tales from the Crypt“, King decidió adaptar dos de sus relatos cortos (“The Crate” y “Weeds” -titulada posteriormente como “The Lonesome Death of Jordy Verrill“-) y escribir el resto (con lo que se estrenaría tanto como guionista de cine como también actor, ya que protagonizaría uno de los segmentos). Junto al King actor, encontraremos también a conocidas caras como las de Ed Harris, Ted Danson, Adrienne Barbeau o Leslie Nielse.. “Creepshow” (Íd, 1982) obtuvo un éxito lo suficientemente satisfactorio para sus responsables que generó dos secuelas más y la creación de la serie “Tales from the Darkside”, producida por Romero y donde pudo colaborar, además de con el autor de “Carrie”, con escritores como Clive Barker o Robert Bloch.

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Como he comentado, el filme tuvo una adaptación al cómic (como no podría ser de otra forma en una película que rinde tributo a los tebeos de terror más famosos y homenajeados de todos los tiempos) que contó con el arte del impresionante Bernie Wrightson. Hablar de Wrightson es hablar de uno de los grandes del medio. Colaborador habitual en las revistas de cómics de la “Warren” o en “Heavy Metal“, es uno de los dibujantes por antonomasia del cómic de horror estadounidense con increíbles adaptaciones e ilustraciones del “Frankenstein” de Mary Shelley o relatos de H. P Lovecraft o Edgard Allan Poe. Creó junto a Len Wein a uno de los iconos del terror del Noveno Arte, “The Swamp Thing” (o “La Cosa del Pantano“), para “DC Comics” así como dibujó una de las historias más crudas de Batman, “The Cult” además de trabajar también para “Marvel Comics“, con la publicación de novelas gráficas de Spiderman o Punisher. Sin duda, uno de los mejores artistas que nos ha brindado el medio. En el cómic que nos corresponde, ofrece como de costumbre su buen hacer pese a no haber podido disponer de mucho tiempo para realizar el encargo debido a que la publicación debía coincidir con la fecha del estreno de la película. En su interior, a diferencia del filme de Romero -donde el director de “El día de los muertos” (Day of the Dead“, 1985) hace uso de un lenguaje y de un tono de cómic para hacer más evidente su aproximación a las publicaciones que intenta homenajear-, Wrightson hace uso de un estilo más formal, más acorde a su peculiar estilo en lo que se refiere a narrativa y diseño de las páginas (con sus habituales composiciones de viñetas verticales alargadas y el uso de splash-pages para resaltar momentos álgidos del relato), sobrio y, en ocasiones, tenebroso. Sorprende que los personajes, que sus rostros, no se parezcan a los de los actores que los interpretaron, así como que, como curiosidad a resaltar, el orden de las historias no se corresponda con el de la película. Personalmente, hubiera preferido que el cómic fuera en blanco y negro ya que Wrightson demostró sobradamente su valía y dominio del entintado -a la mencionada adaptación de “Frankenstein” me remito-. “Planeta Cómic” nos brinda la oportunidad de reencontrarnos con esta pequeña joya con su reciente publicación aprovechando la reciente reedición del año pasado por parte de la americana editorial “Gallery 13“. Un auténtico clásico que llevaba mucho tiempo descatalogado en nuestro país [7]. Así que no hay excusa ninguna para no hacerse con esta joya del cómic.

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[1] Su abuelo paterno nació en el municipio gallego de Mourela de Enmedio en la ría de Ferrol. Emigró a Cuba, pero siempre regresaba a España cuando su mujer estaba embarazada porque quería que sus hijos nacieran en su país. Es por ello que, aunque fuera circunstancialmente, también el padre de George A. Romero, Jorge Marino Romero, nació en nuestro país.

[2] “La noche de los muertos vivientes” (Night of the living dead, 1968), “Zombi” (Dawn of the dead, 1978), “El día de los muertos” (Day of the dead, 1985), “La tierra de los muertos vivientes” (Land of the dead, 2005), “El diario de los muertos” (Diary of the dead, 2007) y “La resistencia de los muertos” (Survival of the dead, 2009).

[3] Finalmente “Apocalipsis” (The Stand, Mick Garris, 1994) se estrenó en formato miniserie para televisión y fue dirigida por Mick Garris.

[4] Fundada por Max Gaines, “Educational Comics” publicaba historietas pedagógicas y moralistas basadas en la Biblia o protagonizadas por los animales parlantes.

[5] A los tres narradores se les conocía como los GhouLunatics. Al Guardián de la Cripta le siguen el Guardián de la Cámara y la Vieja Bruja.

[6] Coetáneamente el senador McCarthy, ya había confeccionado su famosa lista negra de Hollywood y dirigido la famosa “caza de brujas“.

[7] La extinta “Toutain Editorial” publicó “Creepshow” en formato rústica en 1983.

Crítica de “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988)

 

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Título original: Critters 2: the main course / Año: 1988 / País: Estados Unidos / Duración: 93 minutos /Director: Mick Garris / Producción: Barry Opper, Robert Shaye, Daryl Kass / Productora: New Line Cinema / Distribución: New Line Cinema / Guion: Mick Garris, David Twohy  / Música: Nicholas Pike / Fotografía: Russell Carpenter / Montaje: Charles Bornstein / Diseño de producción: Philip Dean Foreman / Reparto: Terrence Mann,  Don Keith Opper,  Cynthia Garris,  Scott Grimes,  Al Stevenson, Tom Hodges,  Douglas Rowe,  Liane Alexandra Curtis,  Lindsay Parker,  Herta Ware, Sam Anderson,  Lin Shaye,  Barry Corbin,  Eddie Deezen,  Frank Birney / Presupuesto: 4.500.000$


Ya hace dos años desde la fatídica noche en la granja de los Brown. El pueblo de Grover’s Bend parece querer ignorar dicho suceso, el aparente asedio a sus vecinos por parte de una mortífera especie alienígena, y seguir con la rutina. Brad, el hijo pequeño de los Brown, vuelve a la pequeña localidad para pasar las vacaciones de Pascua con su abuela. Sin embargo, las criaturas que en el pasado atormentaron a su familia han vuelto y tienen más hambre que nunca.


Irremediablemente, para hablar de los Critters, esos alienígenas carnívoros que atemorizaron a una familia en un entorno rural del medio oeste de los Estados Unidos a mediados de la década de los ochenta, hay que mencionar a sus primos lejanos, más pudientes y solventes, que también hicieron de las suyas dos años antes en una pequeña localidad americana llamada Kingston Falls en festivas fechas navideñas, aparecidos en el film “Gremlins” (Íd, 1984) dirigido por Joe Dante. La primera colaboración entre el director de la divertida “Piraña” (Pirahna, 1978) y la aterradora “Aullidos” (The Howling, 1981) [1] y el “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg, tuvo tanto éxito que no sólo ha acabado en el imaginario colectivo, sino que se convirtió en la cuarta película más taquillera de aquel año 1984, con sus cerca de ciento cincuenta millones de recaudación. Además, fue imitada y explotada posteriormente por una serie de filmes de calidad más o menos discutible que, intentando seguir su estela de éxito económico, hicieron su particular agosto en las estanterías de los videoclubes de la época. Esta suerte de sub-género de “monstruitos hostiles“, conjugando siempre el homenaje de aquellas invasiones extraterrestres de la serie B de los cincuenta, un humor negro caminando por el filo de la navaja, la violencia explícita y el gore justos para disfrutar de una calificación por edades para mayores de 13 años, lo inauguraron los “Ghoulies” (Íd, Luca Bercovici,1985) de la “Empire Pictures” de Charles Band. A estas criaturas (cutres, pero con encanto) del averno, cuyo protagonismo era meramente testimonial en el desarrollo de su metraje, le siguieron los protagonistas de este artículo. Pero la cosa no quedó ahí, ya que más tarde aparecieron más versiones de saldo de las malvados alter-ego de los Mogwais puesto que, bajo la producción del mítico Roger Corman, conoceríamos a los “Munchies” (Íd, Tina Hirsh, 1987) y a los aún más patéticos bichos de la involuntaria comedia titulada “Hobgoblins” (Íd, Rick Sloane, 1988). Sin embargo, cabe destacar que solamente los Ghoulies y los Critters gozaron de las mieles del (relativo) éxito, la popularidad y el cariño de los aficionados además de unos resultados económicos lo suficientemente interesantes para sus respectivos responsables [2]. Ello dio pie a que incluso se adelantaran a los Gremlins de Joe Dante en aquello que la cinta de la “Amblin Entertainment”  no lograba llevar a buen puerto desde su estreno, es decir, la producción de una secuela [3].

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Así que, con unos resultados económicos francamente de notable alto o sobresaliente, no es de extrañar que tanto el polémico Charles Band quisiera exprimir al máximo el rédito conseguido con sus Ghoulies, como que el no menos controvertido fundador de la “New Line Cinema”, el productor Robert Shaye, diera luz verde a un nuevo proyecto de Critters intentando repetir una fórmula de éxito a imagen y semejanza de la saga de terror que comenzara con la seminal “Pesadilla en Elm Street” (A nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984) con la que, entrega a entrega, fuera enriqueciendo su modesta factoría de películas que tantos buenos ratos ha ofrecido a todo aficionado al género fantástico [4]. Solamente dos años después del estreno de la primera película [5], los krites volvían a la carga, no sólo más hambrientos que nunca, sino con más medios a su alcance. Tampoco es que contaran con un presupuesto de súper producción de Hollywood, pero los antaño exiguos dos millones de dólares de la primera entrega aumentaron hasta poco más del doble en el presupuesto destinado al nuevo filme. Ello daba la oportunidad a los míticos hermanos Chiodo (Stephen, Charles y Edward), padres conceptuales y artísticos de estas carismáticas criaturas devoradoras de carne (así como de los payasos asesinos del espacio exterior más famosos del cine de bajo presupuesto [6]), a poder construir más “puppets” y a perfeccionar sus “animatronics” con objeto de dar aquello que la gradería demandaba, es decir, a mostrar el máximo de Critters posible en pantalla y que quedaran lo suficientemente verosímiles (recordemos que la movilidad es estos bichejos en la cinta del ochenta y seis era prácticamente estática dando la sensación de ser simples marionetas de mano) y atractivos en pantalla. De hecho, a un servidor le parecen tan adorables que se llevaría uno a casa (reconociendo que en mi despacho tengo algunas réplicas y props de los mismos). Por otro lado, la historia demandaba un asedio a mayor escala que el precedente a la granja de los Brown. En esta ocasión, sería el pequeño pueblo de Grover’s Bend el que sería sitiado por dichas criaturas. Para ello, se construyó, desde cero, un set de rodaje, al más puro estilo de los decorados de un poblado del oeste (con su establecimiento de ultramarinos, su hamburguesería local, su escuela o su típica iglesia), reproduciendo a escala real esta ficticia localidad rural cercana a Kansas. Eso en lo que se refiere al diseño de producción. Para las labores de dirección, se contaría con los servicios de un director novel que provenía del mundo de la televisión y que venía de trabajar a las órdenes del mismísimo Steven Spielberg para su popular y mítica serie “Cuentos Asombrosos” (Amazing Stories, Steven Spielberg, Joshua Brand, John Falsey, 1985-1987), el californiano Mick Garris. Con lo que, si se buscaba el toque “Amblin“, ahí lo tenían. Destacar también que Garris, famoso también por sus posteriores adaptaciones de novelas de Stephen King (aquí mismo uno de sus personajes menciona a ese inolvidable San Bernardo llamado Cujo) o por la gran proeza de juntar a los “Grandes Maestros” del género en su serie “Masters of Horror“, se encargó también del guion de esta nueva entrega de Critters y que lo escribió al alimón con otro debutante, David Twohy. Futuro guionista de “Waterworld” (Íd, Kevin Reynolds, 1995), cinta de culto para muchos de nosotros, y principal responsable de la saga del popular Richard B. Riddick, que protagonizara el no menos famosos Vin Diesel, escribiendo y dirigiendo sus tres entregas (“Pitch Black” [Íd, 2000], “Las Crónicas de Riddick” [The Chronicles of Riddick, 2004] y “Riddick” [Íd, 2013]).

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En esta ocasión, la acción transcurrirá dos años después de la trágica y fatídica noche en la granja de los Brown. Ahora abandonada, nadie parece haberse percatado de la existencia de varias docenas de huevos de Critters (en realidad, eran chirimoyas decoradas) en su destartalado granero. Nadie, salvo Wesley, el típico outsider paleto y macarra de extrarradio, que decide ofrecérselos al dueño de una cutre tienda de antigüedades y objetos usados a cambio de unas latas de cerveza y unas revistas Playboy. A su vez, a este tipo huraño y sin escrúpulos no se le ocurre otra cosa que vendérselos a la parroquia local como “Huevos de Pascua“, ya que se encuentra próxima la festividad. Y ya para rizar el rizo, la encantadora ancianita que adquiere esos embriones de Krites no es otra que la dulce (y vegetariana) abuelita del joven Brad Brown, el menor de los hijos de la familia que sufriera el ataque de los Critters, que regresa a Grover’s Bend para pasar las vacaciones en el pueblo. Menuda casualidad, ¿no? A su vez, los cazarrecompensas espaciales Ug y Lee, acompañados por el antaño único amigo de Brad, Charlie, son avisados de que se dejaron el trabajo a medias la última vez que visitaron la Tierra y de que allí todavía hay constancia presencia Critter. De no exterminarlos, se quedarían sin sus preciados (como diría Ian Holme en “Alien, el octavo pasajero” [Alien, Ridley Scott, 1979]) emolumentos. Sentadas ya las bases del juego, Garris y compañía nos ofrecerán casi hora y media de aquello que funcionó en la primera película, pero que también -por cuestiones económicas- se quedó corto, es decir, más bichos, más cuota de pantalla para ellos, más bromas pesadas, algo más (pero poco) de gore, más acción y más tetas (concretamente aquellas, con una grapa como chascarrillo, de la fallecida ex-conejita Playboy, Roxanne Kernohan) convirtiendo “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988) en una comedia de horror adolescente tan del gusto de la época. Da incluso la sensación de que aquí se intenta seguir más el tono y la senda de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984) que en la cinta precedente.  Allí solamente encontrábamos una escena donde estos malvados bichos se desmadraban haciendo unas cuantas travesuras en el cuarto del joven Brad (con el famoso momento de un Krite despedazando un peluche de E.T.), mientras que aquí hay variedad de secuencias en las que los peligrosos monstruitos atentan contra la propiedad privada, muerden ruedas de coche para hincharse como un globo, se electrocutan o siembran el pánico en un burger (una idea, por cierto, que para la cinta de Joe Dante se acabó descartando [7]). Todo ello para deleite y disfrute de la chavalada y para que los hermanos Chiodo pudieran dar rienda suelta a su creatividad, cuyo momento álgido es aquel en el que hace aparición una gigantesca y mortífera bola compuesta por decenas y decenas de Critters sembrando el pánico en las (cuatro) calles de Grover’s Bend.

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En lo referente al reparto, como podrá imaginar el lector tras nombrar a sus respectivos personajes, repiten algunos de los actores de la primera parte como el intérprete del verdadero protagonista de la historia, Scott Grimes, volviendo a poner cara a Brad Brown. El chaval ha dejado su pasado pirotécnico para convertirse en un adolescente modernete (su piercing en la oreja le daba ese toque de distinción en una época en la que no estábamos acostumbrados a tales accesorios) combinando blazer con vaqueros. Grimes, al que siempre he considerado una especie de copia de segunda de Michael J. Fox, fue también una cara televisiva infantil prodigándose en alguna sit-com y, el hecho de que en el doblaje en castellano de la película le ponga voz Jordin Pons (habitual voz del prota de “Regreso al Futuro” [Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985]) refuerza incluso mucho más mi personal impresión. Amigo de Seth McFarlane, aparece junto a él en esa serie del creador de “Padre de Familia” (Family Guy, 2000-2017) que toma el testigo y recoge el espíritu de la franquicia Star Trek -más si cabe que su última encarnación, “Star Trek: Discovery” (Íd, Bryan Fuller, Alex Kurtzman, 2017-2019)- titulada “The Orville” (Íd, 2017-2019). Junto al rostro de Grimes, podremos volver a ver los de Terrence Mann (volviendo al rol de Lee, el cazarrecompensas espacial que tomó prestado el aspecto del ficticio cantante de rock Johnny Steele) y Don Opper, hermano del productor de la cinta Barry Opper, en el papel de Charlie, el antiguo borracho del pueblo reconvertido ahora en “Caza-Critters“, pero con las mismas dudas y problemas de autoconfianza de antaño. Ambos actores tienen el honor de aparecer en las cuatro entregas de las que se compone esta saga. Del resto del elenco podemos destacar también la presencia del televisivo Sam Anderson, de la hermana del productor Robert Shaye, Lynn Shaye, que participa de nuevo en la serie, o a la esposa de Mick Garris, Cynthia, acreditada como Zanti, el alcaide del asteroide prisión del que escaparon los Krites en “Critters” (Íd, Stephen Herek, 1986). Mención especial a la participación del cómico Eddie Deezen, famoso por sus papeles de nerd (siempre dio el físico, la verdad sea dicha) en comedias de los setenta y los ochenta apareciendo el títulos tan del conocimiento del gran público como “Grease” (Íd, Randal Kleiser, 1978) y su secuela, “1941” (Íd, Steven Spielberg, 1979), “Juegos de Guerra” (WarGames, John Badham, 1983) o el clásico de culto “El rayo destructor del planeta desconocido” (Laserblast, Michael Rae, 1978). En cuanto a los bichos, así como en su primera entrega, el actor Corey Burton, volvió a poner sus peculiares voces.

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En definitiva, la segunda entrega de la saga Critters es una auténtica gamberrada que ofrece al espectador más de lo que pudo experimentar en la cinta precedente. Como he anotado antes, hay más de todo. Y todo ello encaminado al “entretenimiento por el entretenimiento”. No nos equivoquemos, no es un film que podamos ensalzar por sus valores cinematográficos, pero sí que es un trabajo rodado a pulso y con un ritmo tan trepidante que la película se nos pasará en un suspiro. Es tremendamente entretenida y divertida, pese a perder (quizás a favor de poder ser exhibida a un público adolescente) el elemento de terror de su predecesora. Aunque, tampoco vamos a engañarnos, la primera película de los Krites tampoco era un título de terror propiamente dicho. Aquí parece que sus responsables se lo han pasado en grande confeccionando su relato. Garris y Twohy juegan con todo tipo de géneros y referentes en el que hay cabida para aquellas invasiones alienígenas combinadas con el cine de catástrofes de la sci-fi, la hiperviolencia y la superioridad armamentística (¿a nadie más le parecen fálicas las armas de los cazarrecompensas?) al más puro estilo “Aliens, el Regreso” (Aliens, James Cameron, 1986), al western o a los musicales de corte country con el incesante tema  -interpretado por la esposa de Garris- “Hungry Heifer“, repetitivo y pegadizo jingle de la cadena de hamburgueserías del mismo nombre (que desconozco si tiene algo que ver con la cadena de burgers Hungry Heifer a la cual era aficionado Norm, uno de los personajes más populares de la serie “Cheers” [Íd, 1982-1993]). Por otro lado, también se ironiza -de forma muy light para no herir demasiado sensibilidades- con temas como la identidad sexual (la indecisión de Ug respecto a ello) o el veganismo (la abuela de Brad es activista y odia a los carnívoros). Incluso hay tiempo para hacer auto-bombo y el personaje emblema de la compañía, Freddy Krueger, hace una breve aparición. “Critters 2” (Critters 2: the main course, Mick Garris, 1988) supone un magnífico debut para su director y la cota más alta de una saga que, con las dos entregas posteriores, decayó en demasía condenándose ella misma a un largo ostracismo del que muchos fans, incluido aquel que suscribe estas palabras, esperamos que salga. Por lo pronto, ya hemos podido ver el primer avance de la nueva serie, “Critters: A New Binge“, de inminente estreno y el canal “SyFy” hace tiempo que confirmó proyecto para una nueva película. Ganas tremendas de ver ambos proyectos tengo. En cuanto a la cinta que nos ocupa, junto con la anterior, forman un sensacional díptico con el que montarse una doble sesión “Grindhouse” para una tarde de sábado. Ojalá así lo viera alguno de los cines de mi ciudad porque yo pagaría por ello.

Un momento: La muerte del sheriff disfrazado Conejo de Pascua. Una forma genial de combinar horror y humor destruyendo un elemento totalmente infantil. Si los Gremlins se ensañaron con Papá Noel, los Critters no iban a ser menos y tienen también su propio icono popular que mancillar.

Un deseo: nuevas entregas donde los Krites sigan siendo marionetas y “animatronics

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[1] Pese a que no es tan espectacular como la transformación en tiempo real que Rick Baker confeccionó para “Un hombre lobo americano en Londres” (An American Werewolf in London, John Landis, 1981), la que Rob Bottin realizó para “Aullidos” (The Howling, Joe Dante, 1981) sigue siendo, a día de hoy, una de las cotas más altas al respecto.

[2] La primera entrega de los Critters consiguió convertir sus dos millones de dólares de presupuesto en 13 millones. Los Ghoulies de Charles Band fueron incluso más lejos, su escaso millón acabó cosechando unos beneficios de 35 millones de dólares.

[3] Tras el éxito de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984), la “Warner Bros” demandaba una inmediata secuela. Sin embargo, Dante no aceptó alegando que el rodaje del film lo dejó exhausto. La major buscó en vano otros directores y entre las ideas para la segunda película se tanteó la posibilidad de llevar a los Gremlins a Las Vegas o incluso al espacio.

[4] La saga “Pesadilla en Elm Street” confirió grandes alegrías y éxitos a la “New Line Cinema” y gracias a Freddy Krueger otros proyectos como la Trilogía de “El Señor de los Anillos” de Peter Jackson pudieron llevarse a cabo.

[5] Estreno en USA: 29/04/1988.  Estreno en España: 17/03/1989.

[6] “Payasos asesinos” o “Los payasos asesinos del espacio exterior” (Killer Klowns from Outer Space, Stephen Chiodo, 1988).

[7] Chris Columbus, guionista de “Gremlins” (Íd, Joe Dante, 1984), aseguró que sus primeras versiones del guion eran más oscuras y terroríficas que lo que finalmente pudimos ver en el cine. Las reescrituras del libreto eliminaron escenas en las que los traviesos bichejos mataban al perro de la familia Peltzer, decapitaban a la madre o sembraban el caos en un McDonalds.

Maldita casa encantada (Artur Laperla)

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Titulo original: Maldita casa encantada / Guión: Artur Laperla / Dibujo: Artur Laperla / Portada: Artur Laperla / Formato: Rústica Páginas: 152 pags. / Editorial: Sapristi / Precio: 17,90€. / ISBN: 978-84-94785-28-3


Angélica acaba de mudarse al barrio. dando un paseo con su perro llamado Peluche acaba plantándose delante de la tétrica Mansión Bogardus de la cual se dice que está encantada. En un descuido, Peluche se escabulle y acaba en su interior. La joven Angélica tendrá que internarse en la casa para poder encontrarlo y nosotros, con nuestras decisiones, tendremos que ayudarla a que su misión acabe llegue a buen puerto.


Pondría la mano en el fuego al asegurar que cualquier jovenzuelo de pro de hoy día no tendría ni pajolera idea de lo que era un “libro-juego” hasta el momento en el que visionara el episodio/largometraje (si lo hizo) de la serie Black Mirror “Bandersnatch” (Black Mirror: Bandersnatch, David Slade, 2018). Para aquellos lectores que ya peinamos algunas (o muchas) canas, esos “libro-juegos”, con ese precioso slogan de “Elige tu propia aventura”, son parte intrínseca de nuestras infancias. Como muchos sabemos, esos libros nos implicaban en la trama, nos hacían parte fundamental de ella invitándonos a interaccionar, y no se leían de principio a fin, sino que nosotros, como auténticos protagonistas, elegíamos (o más bien decidíamos) nuestro destino o el de los personajes a nuestro cargo. Ello daba la oportunidad de leer y releer hasta la saciedad este tipo de libros con tal de saciar nuestra curiosidad y comprobar de primera mano todos los posibles desenlaces. Posiblemente muchos aficionados al “Rol” comenzasen por aquí. Su dinámica era muy sencilla: uno comenzaba a leer hasta que, en una página, se nos permitía tomar una decisión sencilla (sin tiradas de dados ni nada por el estilo, pese a que posteriormente habría algunos de ellos que dejaban paso al azar con su uso), y avanzar a la página indicada dependiendo de nuestra decisión. Normalmente eran tramas muy lineales. Un divertimento tan interactivo como pudieran permitirlo las letras y lo suficientemente entretenido para asegurar horas y días de diversión. Un ejercicio lúdico previo a las videoconsolas, un precedente a los videojuegos, con lo que los niños de los ochenta (el target de los mencionados productos, todo sea dicho) se las apañaban para pasar el rato.

Particularmente recuerdo haber tenido muchos de ellos. Los había muy variopintos, como los de la colección “La máquina del tiempo” (donde te convertías en un viajero espacio-temporal y recorrías momentos importantes de la historia), los libros de la franquicia Indiana Jones (en los que asumías el papel de su side-kick al más puro estilo Tapón, el niño oriental que encarnó Jonathan Ke Quan en “Indiana Jones y el Templo Maldito” [Indiana Jones and the Temple of Doom, Steven Spielberg, 1984]) o los que el sello “Forum” de Planeta DeAgostini (encargado de la publicación de los superhéroes de Marvel Comics) publicó con las aventuras interactivas de los personajes más icónicos de la Casa de las Ideas. Sin embargo, mis favoritos siempre fueron aquellos que rezaban “Aventura sin fin” en su portada y estaban enmarcadas dentro de la serie del famoso juego de “Rol” creado por Gary Gygax y Dave Arneson “Dungeons & Dragons”. Inmerso en un mundo de espada y brujería, entre sus páginas tenías la posibilidad de enfrentarte a sanguinarios vampiros, feroces licántropos o temibles dragones. Muchas veces, si tus decisiones no eran afortunadas, acababas muriendo de las formas más variopintas. Y siempre había diferentes finales, con lo cual era evidente que acababas repitiendo la experiencia para intentar descubrirlos todos. Como he anotado, un juego con muchas posibilidades y tiempo de juego no ilimitado, pero casi.

No es de extrañar que en los actuales tiempos en los que tenemos a nuestro alcance una gran cantidad de productos de diversa índole que apelan a la nostalgia (nostalgia, divino negocio), la editorial patria “Roca Editorial”, bajo su colección “Sapristi”, acabe de publicar un cómic con ese marcado espíritu ochentero de los libros de “Elige tu propia aventura”, pero adaptado al más atractivo (al menos para un servidor) mundo de las viñetas [1]. Su responsable, Artur Laperla, es uno de los autores nacionales a los que hace tiempo que le sigo la pista. Sus trabajos previos siempre han sido de mi agrado desde aquella, lejana ya, época en la “Línea Laberinto” de Planeta DeAgostini (en la cual se apostaba por nuevos valores del panorama comiquero del momento) con cómics como “Oropel” y “Cool Tokio”, junto a su inseparable colaborador Marcos Prior, que firmaba bajo el pseudónimo de Konsinski, dentro del colectivo autoral autodenominado como “Producciones Peligrosas”. Juntos, Prior y Laperla, firmaron varias historietas para la editorial “La Cúpula” como, los también muy recomendados, “Rosario y los inagotables” o “Raymond Camille”, tebeos poco convencionales, muy originales, garantes de un surrealismo inusual y con una forma de narrar tan original como personal. Ya en solitario, Artur Laperla publicó, no hace demasiado, con “Bang Ediciones”, un cómic de corte erótico divertidísimo titulado “Melvin. Super Sexy Roller” y recientemente el título que hoy nos toca: “Maldita casa encantada”.

El autor catalán nos ofrece aquí una aventura en la cual nosotros tendremos en nuestras manos el destino de Angélica, la joven protagonista del relato, que, con la intención de rescatar a su pequeño perro llamado Peluche, se internará en una tétrica mansión embrujada. No faltarán todos los tópicos del género que ya habremos visto en muchos títulos míticos del género de terror. Su relato se desarrollará en una trama simple y lineal que podrá desembocar en trece finales diferentes, dándonos pie a una adictiva rejugabilidad, En nuestras manos estará el descubrirlos todos. Angélica se tropezará con la típica pandilla de adolescentes de extrarradio, con zombies antropófagos, vampiros en un desván, sectas diabólicas, posesiones infernales o demonios primigenios lovecranianos. Atención también a ese chorrazo de sangre que puede recordar a uno de los grandes títulos de terror moderno, que también combinaba a la perfección el humor negro más cafre, dirigido por Sam Raimi y protagonizado por el grandísimo Bruce Campbell. Y es que los referentes son totalmente reconocibles. Y todo ello con el característico estilo de dibujo de su autor, muy vistoso y particular, resultado un tebeo muy simpático y entretenido. Pese al aparentemente aspecto infantil del cómic, no nos dejemos engañar por ello. “Maldita casa encantada” es un tebeo para adultos. Así que mantenedlo lejos del alcance de los más pequeños puesto que tras esa falsa apariencia naif, culpa de ello lo tiene en gran medida el simpático estilo de su autor, encontraremos auténtico terror siempre salpicado con pequeños toques de humor negro. Como es costumbre en su trabajo, Laperla demuestra un acertado uso del color y de la narrativa, que gran narrador me parece este hombre, en un cómic ligero, fácil de leer y con el entretenimiento como bandera. Si no lo tenéis, yo de vosotros le daría una oportunidad.  Por cierto, en su prólogo, su autor promete más entregas, concretamente dos más, que conformarán lo que denomina como La Trilogía Maldita y en la que se volverá a los mismos personajes presentados aquí en nuevos escenarios típicos del género. Ganas tengo de verlo, la verdad.

[1] El autor recupera el título “The Haunted House” escrito por R. A. Montgomery y publicado en nuestro país en 1984 por la editorial Timun Mas en su colección “Elige tu propia aventura“.

Alien. La historia ilustrada (Archie Goodwin, Walter Simonson)

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Titulo original: Alien / Guión: Archie Goodwin / Dibujo: Walter Simonson / Portada: Walter Simonson / Formato: Cartoné / Páginas: 66 pags. / Editorial: Diábolo Ediciones / Precio: 15,95€. / ISBN: 978-84-15153-69-6


De regreso a la Tierra, la nave comercial Nostromo interrumpe su viaje: el ordenador central, MADRE, detecta una misteriosa transmisión de una forma de vida desconocida procedente de un planeta cercano. Interpretada como un SOS, la tripulación se ve obligada a investigar su origen. Sin embargo, un incidente con una forma alienígena provocará el apresurado regreso de la expedición de rescate trayendo consigo a un mortífero ser que convertirá su viaje de vuelta en una pesadilla.


Sin duda alguna, “Alien, el Octavo Pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979) es uno de los indiscutibles clásicos del terror y de la ciencia ficción. Una genial reinterpretación de un cuento clásico de horror con un telón sci-fi de lo más evocador. La génesis del proyecto es (casi) por todos sabida: a principios de la década de los setenta, en la facultad de cine de la USC, la “University of Southern California”, unos jovenzuelos llamados Dan O’Bannon y John Carpenter se conocerían y comenzarían su colaboración en un cortometraje (al que luego convertirían en largo para poder estrenarlo en salas de cine) llamado “Dark Star” (Íd, John Carpenter, 1974). Los tibios resultados de la cinta (un simpático ejercicio de ciencia ficción de bajo presupuesto) más las discrepancias con quien años más tarde se convirtiera en uno de los realizadores de cine de “Serie B” más importante de todos los tiempos, llevó a que Dan O’Bannon intentara llevar a cabo en solitario esa historia como a él le hubiera gustado. Tras su periplo por Europa, donde fue reclutado como supervisor de efectos especiales por Alejandro Jodorowsky para su lisérgica y fallida adaptación del “Dune” de Frank Herbert, nuestro protagonista volvió a California totalmente arruinado y profundamente deprimido. Un amigo, Ronald Shushett, acabó por acogerle en su casa ofreciéndole un techo y un sofá en el que poder dormir. Shussett, guionista y productor de humilde categoría, tenía un sueño: acababa de adquirir los derechos del relato de Philip K. Dick “We Can Remember It for You Wholesale” (lo que luego conoceríamos como “Total Recall” o “Desafío Total”) para poder adaptarlo a una película. Era de esperar que tal empresa necesitara de un considerable dispendio económico con el que en aquel momento no contaba. Es por ello que hizo un trato con O’Bannon, primero intentarían llevar a cabo su proyecto (titulado en primera instancia como “Memory”, luego “Star Beast” y finalmente “Alien”), harían un buen dinero y lo invertirían en el proyecto de “Desafío Total” (sabemos, por la perspectiva que nos ofrece el tiempo, que esto ocurriría mucho tiempo después). El resto es historia del cine: O’Bannon y Shussett renunciarían a una oferta del mítico Roger Corman para aceptar la de la productora de Walter Hill, David Giler y Gordon Carroll (la Brandywine Productions), el guion se reescribió en varias ocasiones (siempre dejando la escena que impactó a los productores, es decir, aquella en la que el alienígena revienta el pecho de un pobre desgraciado para emerger de su interior), hubo grandes peleas y discrepancias por la autoría del mismo, se relegó a su creador (frustrando sus intenciones de dirigir el film) a un mero puesto de asesor, se elegiría a un por aquel entonces desconocido Ridley Scott como director de la cinta, O’Bannon consiguió traerse consigo a gran parte de la “troupe” que participó en el proyecto de “Dune” (entre ellos a un controvertido H. R. Giger, el definitivamente creador del aspecto del alien) o que la Fox, capitaneada por Alan Ladd Jr, finalmente dio luz verde al proyecto con intención de repetir el éxito de una cinta de ciencia ficción pulp que cambió la industria cinematográfica, es decir, “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977).

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La película cuenta la historia de la tripulación de la nave Nostromo, un carguero espacial que se encuentra en pleno viaje de regreso a la Tierra. El viaje se verá interrumpido cuando se topan con una aterradora y peligrosa especie extraterrestre tras acudir en respuesta a una, en apariencia, llamada de socorro realizada desde un planeta desconocido. Uno tras otro, los tripulantes irán siendo víctimas de la terrible máquina de matar que han subido a bordo. “Alien, el Octavo Pasajero” recibió una gran acogida por la crítica y un gran éxito de taquilla, recibiendo un premio Óscar a los Mejores Efectos Especiales como recompensa. Su éxito no sólo encumbró a su director, Ridley Scott, sino que acabaría convirtiéndose en una popular saga cinematográfica (sobre todo tras el paso del genial James Cameron en su secuela, “Aliens, el Regreso” [Aliens, James Cameron, 1986]) Todo ello generó una franquicia de novelas, cómics, videojuegos y juguetes. Uno de esos productos es el cómic que nos ocupa, es decir, la adaptación al cómic de la película a cargo de dos pesos pesados del medio: Archie Goodwin y Walter Simonson. Goodwin es probablemente el mejor editor de cómics de la era moderna y uno de los grandes guionistas de cómics que la historia ha dado. Fue editor “Marvel Comics” en los setenta (salvándola de la ruina gracias a su adaptación de Star Wars) y artífice de los cómics de la Warren (Creepy, Eerie) entre otras muchas cosas que darían para mucho escribir y maravillarse. Walter Simonson tampoco necesita presentación. Gran guionista y dibujante de cómics reconocido principalmente por su trabajo en la serie Mighty Thor. Dibujante de trazo vigoroso y original, su estilo es diferente e inconfundible. Y, además, es un narrador colosal. Sus trabajos más reconocidos se sitúan en la Marvel de los 80 en series tales como, la ya mencionada, Mighty Thor, Los Cuatro Fantásticos o Factor X.

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El estreno de “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012) fue el detonante de una magnífica reedición de lujo total, de un mayor tamaño, tapa dura, papel excelente y con las páginas recoloreadas para la ocasión mejorando considerablemente la anterior edición, con más de 30 años de antigüedad. En nuestro país, fue Diábolo Ediciones la responsable de maravillarnos con esta joya. Para tal empresa, el texto del cómic está extraído directamente del doblaje castellano de la película, del que se rescataron diálogos completos de sus personajes. En lo que se refiere a su contenido, nos encontramos ante una adaptación muy fiel al original (salvo pequeños, pequeñísimos, detalles insignificantes), dibujada y narrada de forma magistral, espectacular, y que hará las delicias del aficionado. “Impactante” es la primera palabra que me viene a la cabeza para poder describirlo. El nivel de detalle es impresionante, así como la recreación de la atmósfera que ya nos ofreciera Ridley Scott en la gran pantalla. En definitiva, “Alien. La historia ilustrada” es una compra obligada para todos aquellos fans de los xenomorfos más famosos del Séptimo Arte, así como de aquellos que disfrutan del buen cómic en general y del arte de Walter Simonson en particular. Esta cuidada edición de Diábolo Ediciones es de una calidad extrema como pocas que podamos haber visto en nuestro panorama editorial. Recomendado queda.

Billy Bat vol. 1 (Naoki Usasawa)

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Titulo original: Birii Batto vol 1/ Guión: Naoki Urasawa, Takashi Nagasaki / Dibujo: Naoki Urasawa / Portada: Naoki Urasawa / Formato: Rústica / Páginas: 200 pags. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 1,95€. / ISBN: 978-84-16767-63-2


Kevin Yamagata es un dibujante de cómics de nacionalidad japonesa que trabaja en los Estados Unidos dibujando las aventuras de Billy Bat, un antropomórfico murciélago detective de gran popularidad, para la editorial Marble Comics en los años 40. Un día, un policía que estuvo destinado en Japón cuando formó parte del ejército, le comenta que su personaje se parece mucho, quizá demasiado, al protagonista de un manga que vio en el país nipón durante su estancia. Angustiado por haber podido plagiarlo, disfrutando del éxito en los EEUU, Kevin decide volver a su país natal para encontrar al autor del Billy Bat japonés y pedirle permiso para publicar su propia versión.


Mi primer contacto con Naoki Urasawa fue con el manga Monster, uno de los trabajos con el que su autor se convirtió en uno de los creadores de referencia con su publicación a principios de los dos mil. Monster es una historia ambientada en la década de los ochenta donde un neurocirujano, el doctor Kenzo Tenma, se ve envuelto en la investigación de un misterio que, poco a poco, se irá abigarrando a medida que se sucedan las más de 4.000 páginas que lo componen. Una obra, no sólo recomendable, sino que presentará muchos de los elementos que caracterizan el trabajo de este “mangaka” y que, por ello, es considerado por muchos aficionados como uno de los más interesantes creadores -si no un genio- dentro del panorama nipón “comiquero”. Y es que Urasawa no sólo es un maestro del misterio. Su habilidad a la hora de hilvanar una ingente sucesión de tramas trufadas de saltos en el tiempo y flashbacks, su perfecta construcción de personajes -personajes por lo que podemos llegar a sufrir por todas las vicisitudes que el autor pone en sus caminos-, sus magníficas ambientaciones en sus historias o su dominio de la narración gráfica y expresiones faciales convierten al autor nacido en Fuchu, Tokyo, en todo un maestro del thriller moderno. Si hubiera que ponerle un “pero”, éste sería su gusto por extenderse y crear series de una más que considerable “larga duración”.

Junto al guionista Takashi Nagasaki -quien ya colaborara con él en los, también muy recomendables, Pluto y Master Keaton-, Urasawa comenzó a serializar el cómic a tratar hoy, Billy Bat, en la revista Morning dedicada al Seinen de la editorial Kodansha a partir de octubre de 2008. En nuestro país, así como con otras obras del autor, la encargada de ofrecernos su trabajo traducido a nuestra lengua ha recaído en Planeta Cómic. En esta ocasión, Urasawa y Nagasaki nos ofrecen un relato de metaficción en el que, entre otras cosas, nos mostrarán algunos de los entresijos de la creación comiquera. Kevin Yamagata es un dibujante de cómics de nacionalidad japonesa que trabaja en los Estados Unidos dibujando las aventuras de Billy Bat, un antropomórfico murciélago detective de gran popularidad, para la editorial Marble Comics en los años 40. Tras aceptar un caso en el que tiene que investigar la infidelidad de la esposa de un viejo adinerado, el asesinato de éste lo meterá de lleno en el embrollo de una conspiración. En plena Edad de Oro de los Cómics, compitiendo directamente con los grandes del medio -se menciona que a la altura de la serie de Wonder Woman-, la publicación de Kevin disfruta de un gran éxito. Sin embargo, y por casualidad, el joven ilustrador será informado de que en Japón existe un personaje muy parecido. Angustiado por la vergüenza de haber plagiado, aunque involuntariamente, la idea de otro, Kevin decide volver a su país de origen con la intención de encontrarse con el autor con tal de pedirle permiso para dibujar su propia versión de Billy Bat. Él piensa que es probable que ya conociera ese cómic durante su infancia y que, al crearlo mucho tiempo después en otro lugar distinto, se viera influenciado por el mismo. Pero este no será el principal problema para Kevin, ya que una vez en Japón se verá inmiscuido en un turbio asunto mucho más grande de lo jamás hubiera imaginado que guardará semejanzas con las aventuras de su personaje de ficción.

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Con esta premisa podremos adivinar en primera instancia que uno de los puntos fuertes de Billy Bat, además de la acostumbrada y típica trama de misterio que su responsable irá intrincando con objeto de engancharnos sin ningún tipo de miramiento si no somos neófitos ante su trabajo, será su ambientación. Si con Monster el autor nos ubicaba en la Alemania de la década de los ochenta o con Pluto en una versión futurista del país germano, al transcurrir su Billy Bat en los años 40, Urasawa será capaz de retratarnos, con el detallismo -vital atención a los fondos y paisajes- al que nos tiene acostumbrados, la ciudad de Nueva York de esa época o la atmósfera de posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial, en el País del Sol Naciente bajo la ocupación estadounidense tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki y su posterior rendición. Si el lector se enfrenta por vez primera a una de las creaciones de Urasawa y es consumidor habitual del manga más estándar, tal vez sufra un inicial rechazo ante su dibujo, tal vez un tanto diferente si lo comparamos con otras series que podamos encontrar en el mercado. Su estilo se aleja del que, de buenas a primeras, podamos identificar como representativo. Su confección de figuras e incluso su narrativa visual es muy distinta a la que podamos ver en otros “bestsellers” venidos de Japón. Pero sin duda alguna, el dibujo es uno de los grandes atractivos de la obra -o al menos, un servidor lo considera así-.

Si el lector es fan del trabajo de Urasawa, en este primer tomo de la serie Billy Bat notaremos algo inédito hasta el momento ya que la historia, como se ha comentado con anterioridad, se desarrolla a caballo entre los Estados Unidos y el Japón de mediados del siglo pasado. Ello permite al autor poder jugar con elementos de la cultura pop como el nombre de esa editorial que se asemeja (al menos fonéticamente) a la Marvel Comics, la Mujer Maravilla de la Distinguida Competencia, la cita directa de una de las obras (“La nueva isla del tesoro”) su idolatrado Ozamu Tezuka (mostrando incluso a un personaje muy parecido físicamente) o la recreación de la situación de su país. El hecho de contar una historia con un dibujante de cómics como protagonista, propiciará que Urasawa nos ofrezca “historietas” dentro de la historieta ofreciéndonos un completo ejercicio de metaficción, como antes he señalado, que parece -por el momento- convertirse en la columna vertebral de la historia. Y, por otro lado, y ya no nos parecerá tan raro si hemos leído más del creador de 20th Century Boys, en este tomo que abre la serie ya comenzaremos a vislumbrar lo que podemos considerar como “marca de la casa”, es decir, una trama que se irá volviendo más compleja y que no carecerá de sus tan característicos giros de guión.

En conclusión, y habiendo leído solamente el primer tomo de esta serie (ya finalizada y que consta de veinte entregas), Billy Bat es el ejemplo más claro de la aplicación, reiteración e intensidad de todos sus recursos. Vemos como aquí Naoki Urasawa tiene y hace uso de todos los ingredientes ya utilizados en obras anteriores en la construcción de un relato de misterio que promete tener en vilo al lector hasta la finalización del mismo. Los detractores del genial -para un servidor- “mangaka” suelen acusarlo de intrincar y alargar demasiado sus series con interminables giros en sus argumentos para acabar desembocando en un desangelado final. Ahora mismo, y con diecinueve tomos a falta de leer su conclusión, las expectativas están altas. Billy Bat promete y no sólo eso, sino que también engancha. ¿Acaso puede sorprendernos que lo haga?

Hit-Girl en Colombia (Mark Millar, Ricardo López Ortiz)

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Titulo original: Hit-Girl #1-4 USA/ Guión: Mark Millar / Dibujo: Ricardo López Ortiz / Portada: Amy Reeder / Formato: Cartoné / Páginas: 140 pags. / Editorial: Panini Cómics / Precio: 15€. / ISBN: 978-84-9167-842-7


Hace tiempo que Dave Lizewski colgó el traje de Kick-Ass y que Hit-Girl tomara bajo su tutela a un joven aspirante a seguir con el legado. Sin embargo, una discusión con su aprendiz a superhéroe lleva a la joven Mindy a la determinación de seguir en solitario sus andanzas como justiciera. La petición de auxilio en una carta de una madre que perdió a su hijo a manos de los cárteles de la droga, llevará a Hit-Girl a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir su particular justicia y venganza. 


Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Miro la fecha de publicación del primer número de la miniserie “Kick-Ass” para Icon, el sello adulto de Marvel Comics, y resulta que hace ya algo más de diez años que el popular Mark Millar junto al no menos famoso John Romita Jr crearan el divertido universo del joven Dave Lizewski y todo su plantel de secundarios. Siendo ya todo un referente en ese tipo de historias de superhéroes de corte realista, en “Kick-Ass” Mark Millar dio rienda suelta a su vertiente más canalla en una suerte de “deconstrucción” del género superheroico donde profundizaba en una particular visión del “Viaje del héroe”. Todo ello aderezado con violencia explícita, palabras mal sonantes y situaciones políticamente incorrectísimas. La historia nos contaba como un pobre “Geek” adolescente -con todo lo que ello conlleva-, un auténtico paria social, decidía convertirse en alguien parecido a aquello que idolatraba, es decir, quería convertirse en un superhéroe. Tan descabellada idea no sólo lo llevó a confeccionarse su propio uniforme de la manera más banal, sino a ofrecer sus servicios a la comunidad realizando tanto tareas sencillas como enfrentándose a pandilleros, rateros y gánsteres de toda ralea. En su peculiar periplo, una de esas historias de origen de manual, no sólo creaba tendencia en la ciudad de Nueva York al inspirar a otros como él, sino que cruzaría su camino con dos figuras importantísimas para la trama: el vigilante Big Daddy y su sidekick Hit-Girl. Ambos, padre e hija, eran una versión ultraviolenta “made in Mark Millar” de los famosos Batman y Robin. A partir de su primer encuentro, esta fábula comienza a tornarse más oscura debido a que tanto Big Daddy como Hit-Girl no se anda con tonterías a la hora de combatir el crimen. Armados hasta los dientes, todas sus intervenciones acababan en una brutal carnicería. Como con ocurre con el compinche del Caballero Oscuro, Hit-Girl es prácticamente una niña. Pero para nada es una niñita indefensa. Entrenada por su progenitor, es tan letal como deslenguada. Un personaje que rebosaba carisma por los cuatro costados y que se hizo, por méritos propios, con el cariño de los lectores. En definitiva, el cómic caló hondo en el “Fandom” llegando a tener varias secuelas más en las viñetas y dos filmes (“Kick-Ass: Listo para machacar” [Kick-Ass, Matthew Vaughn, 2010] y “Kick-Ass 2: Con un par” [Kick-Ass 2, Jeff Wadlow, 2013]) que adaptaban, de forma bastante libre (1), las dos primeras miniseries del personaje. Si en los cómics el personaje de Hit-Girl se ganó nuestros corazones, su versión fílmica interpretada por una estupendísima Chloë Grace Moretz acabó por rematar la faena.

La popularidad de la joven Mindy, el alter ego de Hit-Girl, llevaría a sus creadores a publicar una serie con su nombre en la cabecera. Un relato que conectaba las dos primeras aventuras de Dave Lizewski que funcionaba como una suerte de precuela tanto para la versión “comiquera” como fílmica de la segunda parte de Kick-Ass. Estamos hablando de hace algo más de un lustro. Sin embargo, para alegría de muchos, acaba de desembarcar en nuestras librerías especializadas en cómics un nuevo título con nuestra pequeña psicópata enmascarada como protagonista con el sugerente título de “Hit-Girl en Colombia”. Un bonito tomo publicado por Panini Cómics y que recopila en su interior los primeros cuatro números de su nueva andadura editorial. Su título es un perfecto presagio de lo que podemos encontrar en su interior, ¿no? Sin ojearlo siquiera, podemos imaginar que estará plagado de escenas de acción ultraviolentas de nuestra Mindy enfrentada a cárteles colombianos de la droga salteadas con una buena guarnición de palabrotas con la que ampliar nuestro vocabulario. Y en realidad, por ahí mismo van los tiros (nunca mejor dicho) porque el cómic es un auténtico festival de sangre, violencia y miembros cercenados. Publicadas sus aventuras ahora por Image Comics, Mark Millar volvió a los personajes de Kick-Ass y Hit-Girl el pasado 2018 tras cinco años alejado de ellos. Mientras que, por un lado, el escocés comenzaba una nueva andadura para un nuevo Kick-Ass, con el personaje de Mindy se ocupaba de los primeros cuatro números de su nueva colección. Una serie que iría alternando equipos creativos y que llevaría las andanzas de la joven psicópata a lo largo y ancho del mundo. Al final de “Kick-Ass 3”, Dave Lizewski colgaba el traje de neopreno con el que combatía a los malhechores y la joven Mindy tomaba bajo su tutela a Paul McQue, un chaval que podía recordarnos al Dave de los inicios y más que probable candidato a seguir su legado. Y así es como prácticamente comienza esta nueva historia. Sin embargo, las discrepancias entre alumno y mentora acabarán con una Hit-Girl decidida a seguir su carrera en solitario y a extender internacionalmente su cruzada. Será de esta forma que, tras recibir una petición por parte de una madre que perdió a su hijo tras un fortuito y desafortunado encuentro con unos sicarios de un cartel, Mindy viaja a la colombiana localidad de Palmira con objeto de impartir justicia (o más bien venganza).

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Una vez establecida en tierras colombianas, Mindy decidirá aprovecharse del sicario Fabio Mendoza, más conocido como “Mano”, para llevar a cabo un enrevesado plan que la llevará a enfrentarse con todos los cárteles de la droga desatando, a su vez, toda una ola de violencia tan desenfrenada y sangrienta como divertida. Porque si algo diferencia esta nueva etapa de Hit-Girl de su miniserie del 2012 es el humor negro. Tenemos aquí al Mark Millar que seguramente más se echaba de menos en este tipo de (sub)productos donde su habitual Leitmotiv del espectáculo por el espectáculo, de su apuesta por la hipérbole visual, del entretenimiento palomitero y de esa ácida actitud de “cómo me mola molar” con el que ha sabido ganarse a sus legiones de fans. Tal vez el arco argumental podría haberse contado en menos entregas, pero el marketing manda y siempre hay que pensar en las recopilaciones en TPB. El arte esta vez no corre a cargo de John Romita Jr, sino del dibujante de origen portorriqueño Ricardo López Ortiz (al que hemos podido ver en la serie Zero de Alex Kot para el sello Vertigo de DC Comics o dibujando algunos números en series para Marvel Comics como Arma X o El Increíble Hulk). En esta ocasión se deja de lado el tono más oscuro de antaño y se apuesta por un look más parecido al de un videojuego con onomatopeyas haciendo las veces de divertidos efectos de sonido de 8 bits. Parece que estemos viendo un anime de Hit-Girl que hace que toda la violencia y el gore de la historia podamos tomarlo en un sentido más cómico, más como una comedia negra (al más puro estilo del enfrentamiento entre Beatrix Kiddo y los 88 Maníacos en “Kill Bill: Volumen 1” [Kill Bill: Volume 1, Quentin Tarantino, 2003]) que no se toma en serio a sí misma en ningún momento. El dibujo de López Ortiz tiene además un estilo salvajemente cinético con mucha fuerza y dinamismo. Personalmente me recuerda al estilo de Florent Maudoux y toda la troupe del colectivo “Doggy Bags” (publicada en nuestro país por la editorial Dib-buks y que recomiendo encarecidamente a todo aquel amante del terror y de las historias Pulp) y realmente le queda como anillo al dedo a un personaje como Hit-Girl.

Millar combina acción a raudales y humor negro en una historia que no trata de otra cosa que de entretener a la gradería sin dejar de lado los, un tanto desvirtuados, valores del personaje. Pese a que Mindy está ciertamente trastornada y es una psicópata en potencia, el heroísmo es una de sus metas. Seguramente ella no es consciente de que realmente está mal de la cabeza, de que es básicamente una niña en puertas de la pubertad que se dedica a matar y a mutilar a criminales y que eso, en el mundo real, no está bien. Ha sido entrenada para ello. Esa es su realidad y punto. Si a ello le añadimos el hecho de que no tiene problemas de solvencia económica para combatir el mal a escala mundial, tenemos la excusa ideal para una serie que la lleve a distintos lugares donde impartir justicia. En definitiva, un arranque prometedor para un ejercicio de evasión. A modo de Blockbuster, tenemos una historia entretenida ideal para aquellos amantes del Millar más salvaje y para los aficionados a este tipo de cómics de acción, de violencia explícita y palabras malsonantes. Debemos suponer que Panini Comics dará continuidad a las andanzas de nuestra joven justiciera y que podremos ver en un futuro los arcos argumentales con nombres tan sugerentes como Jeff Lemire, Rafael Albuquerque o Kevin Smith. Agárrense porque la vuelta al mundo de Hit-Girl no ha hecho más que comenzar.

 

(1) Tanto el guion de la primera película como el de la primera miniserie en cómic se desarrollaron el paralelo en primeras instancias y es por ello que ambos tratamientos son prácticamente iguales tanto en la pantalla como en las viñetas.  Sin embargo, al final ambas versiones tomarán caminos dispares en su desenlace.

Crítica de “Nosotros” (Us, Jordan Peele, 2019)

Us Movie 2019


Título original: Us / Año: 2019 / País: Estados Unidos / Duración: 116 minutos /Director: Jordan Peele / Producción: Jason Blum, Ian Cooper, Sean McKittrick, Jordan Peele / Productora: Blumhouse Productions, Monkeypaw Productions, QC Entertainment / Distribución: Universal Studios / Guion: Jordan Peele / Música: Michael Abels / Fotografía: Mike Gioulakis / Montaje: Nicholas Monsour / Diseño de producción: Ruth De Jong / Reparto: Lupita Nyong’o, Winston Duke, Elisabeth Moss, Tim Heidecker, Shahadi Wright Joseph, Evan Alex, Cali Sheldon, Noelle Sheldon, Alan Frazier / Presupuesto: 20.000.000$


Como cada año en época estival, la familia Wilson se instala en su residencia de veraneo en la soleada localidad californiana de Santa Cruz. Tras una tensa jornada en la playa junto a unos amigos, la familia descubre esa misma noche la silueta de cuatro figuras cogidas de la mano y en pie frente a la entrada de su casa. Para su sorpresa, descubrirán que sus visitantes no sólo tienen hostiles intenciones, sino que son una versión malvada de ellos mismos. 


ATENCIÓN A USUARIOS:

Esta crítica contiene “spoilers”. Si no has visto la película, te recomiendo que no la leas hasta haberlo hecho. El texto escrito a continuación responde a una opinión personal del autor sin ánimo de sentar cátedra.


“Existe una quinta dimensión más allá de las conocidas por el hombre. Una dimensión tan vasta como el espacio y tan eterna como el infinito. Es la zona intermedia entre la luz y la penumbra. Se encuentra entre el abismo de los temores del hombre y la cima de su conocimiento. Se trata de la dimensión de la imaginación. Un espacio que llamamos ‘La dimensión desconocida’” (Rod Serling)

Creada por el genial e inimitable Rod Serling, “The Twilight Zone” (traducida en nuestro país como “La Dimensión desconocida”) es uno de los principales referentes del género fantástico por antonomasia por el cual pasaron grandes de las letras como Richard Matheson o Charles Beaumont y directores de la talla de Richard Donner, Don Siegel o Christian Nyby entre muchísimos más profesionales. Su influencia es tan importante que muchos de los grandes realizadores del género han manifestado en multitud de ocasiones su gratitud a la misma (el grandísimo y mismísimo Steven Spielberg incluido) y que todavía se deja notar hoy día en muchísimos productos de corte fantástico y en el bagaje de sus creadores. Es por ello que me es fácil imaginar a un joven Jordan Peele pegado a la catódica pantalla de su televisor maravillado por la criatura televisiva de Serling. Quien dice Jordan Peele podría decir que a cualquier hijo de vecino debido a que la calidad de la serie es francamente indiscutible vista a día de hoy (cincuenta años después de su estreno). Sin embargo, la razón por la que nombro a Peele viene dada por su implicación en la producción ejecutiva del nuevo revival de la serie (donde hará también las veces de anfitrión narrador) de inminente aparición en la plataforma streamingCBS All Access” (1) y porque el antaño cómico y ganador de un Oscar de la Academia al “Mejor guion original” por “Déjame salir” (Get Out, 2017) ha creado su particular “micro universo” de clara inspiración en dicha serie con la película mencionada y con su último trabajo, “Nosotros” (Us, 2019). Convirtiéndose por ello en uno de los referentes del terror/thriller fantástico/psicológico a tener en cuenta del panorama cinematográfico actual. Muchas voces ya lo han clamado como el “Nuevo Kubrick” o el “Nuevo Hitchcock”. Etiquetas que sean tal vez exageradas o prematuras, pero que podrían llegar a confirmarse en cuanto que el joven realizador afroamericano, con solamente dos filmes en su haber, nos ofrezca más historias y mantenga el listón, en lo que a calidad se refiere, probado hasta el momento.

Proveniente del mundo de la comedia (junto a Keegan-Michael Key en el canal Comedy Central), Peele sorprendió a propios y a extraños con su “Ópera Prima”. Una historia que bien podría haber sido un capítulo de la mencionada serie de Rod Serling. Asociado para la ocasión con el popular productor Jason Blum, “Déjame salir” (Get Out, 2017) nos ponía en la piel de un joven afroamericano que acudía a conocer a sus suegros -blancos y de clase acomodada- durante un fin de semana. Lo que en apariencia parecía lo que muchos de nosotros hemos tenido que “padecer” alguna vez, es decir, conocer a los progenitores de nuestra pareja, aquí acababa inmerso en un total ambiente de pesadilla donde unos “Mad Doctors” realizaban una suerte trasplantes de conciencia, mediante una operación cerebral, a todo aquel o aquella que pudiera permitirse comprar un cuerpo joven y lozano como el del joven protagonista. Un giro en su argumento totalmente inesperado en una cinta que apuntaba más a la comedia con toques de terror o de thriller psicológico en un relato con cierto poso de crítica social y racial. Una cinta que partía de una premisa del tipo de “Adivina quién viene a cenar esta noche” (Guess Who’s Coming to Dinner, Stanley Kramer, 1967) y que acababa asimilando la subyacente “conspiranoia” de la ciencia ficción de los cincuenta, con una cinta tan importante para el género como “La invasión de los ladrones de cuerpos” (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956) -o de la novela de Robert Heinlein, Amos de títeres– en el punto de mira, por ejemplo. Todo ello con una espectacular puesta en escena, tomando elementos de aquí y de allí de otros importantes referentes tales como “El Resplandor” (The Shinning, Stanley Kubrick, 1980) o recursos técnicos como “widescreen” y el barrido lateral ya utilizados por John Carpenter en “La noche de Halloween” (Halloween, 1978) para generar desasosiego y terror. Muchos vieron también una crítica a la sociedad americana del “Trumpismo” y del racismo vigente en el seno de la sociedad del país de las Barras y Estrellas, algo que tampoco nunca ha desmentido su responsable, mientras que el resto que también apreciamos dicho mensaje descubrimos uno de los mejores títulos de terror de dicha temporada (al menos en la humilde opinión de aquel que suscribe estas palabras). Aupado por la prensa especializada, Jordan Peele se convertía en una de esas figuras a las que no había que perder de vista y es principalmente por ello que su nuevo trabajo, “Nosotros” (Us, 2019) se esperaba con gran expectación por parte de crítica y público.

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Toc, toc… Hemos llegado para quedarnos!

Si juntamos, por un lado, la lista de películas que el director puso como deberes a sus actores (2) -entre las que encontramos títulos tan estimulantes como “Los Pájaros” (Alfred Hitchcock’s The Birds, Alfred Hitchcock, 1963), “El Resplandor” (The Shinning, Stanley Kubrick, 1980), “Morir todavía” (Dead again, Kenneth Branagh, 1991), “El Sexto Sentido” (The Sixth Sense, M. Night Shyamalan, 1999), “Funny Games” (Íd, Michael Haneke, 1997), “Dos hermanas” (Janghwa, Hongryeon. A Tale of Two Sisters, Kim Jee-woon, 2003), “Martyrs” (Íd, Pascal Laugier, 2008), “Déjame entrar” (Let the Right One In, Tomas Alfredson, 2008), “Babadook” (Íd, Jennifer Kent, 2014) e “It Follows” (Íd, David Robert Mitchell, 2014)- y, por el otro, su sugerente premisa -una familia de clase media afroamericana que es asediada una noche en su casa de veraneo por una versión malvada de ellos mismos- es fácil dejar volar nuestra imaginación y que nuestras expectativas como espectadores esperen, como mínimo, un ejercicio de tensión implacable donde el suspense y los giros en su guion sean capaces de tenernos pegados a la butaca de la sala comercial de turno en la cual visionemos la película. Ante tales referencias, uno puede esperar que el nuevo trabajo del director de “Déjame salir” (Get Out, 2017) sea una cinta capaz de crear una atmósfera terrorífica enrareciendo incluso el más cotidiano de los entornos. Ya en los sesenta el Maestro Hitchcock, con esa obra maestra del Séptimo arte titulada “Psicosis” (Psycho, 1960), fue capaz de abandonar el antaño imperante “goticismo” sobrenatural de aquellos castillos encantados habitados por fantasmas y vampiros del cine de terror de la época para mostrarnos que el horror podía encontrarse a pie de calle, allí donde menos lo podíamos esperar, es decir, en el interior de nuestros propios vecinos de modales afables. Cualquiera podía albergar el mal y en este caso concreto se manifestaba en la perturbada mente del jovencísimo Norman Bates. Jordan Peele va un paso más allá estableciendo la propia amenaza en nosotros mismos (incluso uno de los protagonistas llega a pronunciarlo) apelando a esa dualidad benigna/malvada inherente en todo ser humano. Un peligro del que no podremos escapar y a lo que bien alude el profetizador versículo “Jeremías 11:11” (3) que aparece en reiteradas ocasiones a lo largo del metraje. Aunque también es cierto que esta es una cinta cargada de simbolismos y ese “Us” del título (que nosotros al traducirlo al castellano perdemos) también puede interpretarse como acrónimo de “United States” a tenor de la respuesta de la líder de los asaltantes con un “We´re americans” cuando se le pregunta quiénes son (¿podría interpretarse como una denuncia a aquellos que votaron a Donald Trump sin manifestarlo abiertamente y que conviven con aquellos que no lo hicieron y sienten total repulsa por su presidente y por lo que representa?). De hecho, a sabiendas de que el director que nos ocupa no esconde sus intenciones de dejar cierto poso crítico en sus obras, su película posee distintas capas y/o lecturas en las que se intenta deliberadamente concienciarnos de la brecha social y de la lucha de clases mostrando sutilmente las diferencias entre aquellos que están arriba disfrutando de ciertos privilegios y los menos favorecidos que están abajo, como sombras, viviendo de los restos, de las migajas, de los anteriores.

La verdad es que el máximo responsable de la cinta no inventa nada nuevo y nos muestra su reinterpretación, a su peculiar manera, de elementos del terror de los setenta y los ochenta con una magnífica puesta en escena e intentando jugar todo el rato al despiste. Trampeando en todo momento para ello al más puro estilo del coetáneo M. Night Shyamalan. Cierto es que muchos de sus giros argumentales, incluido el final, se ven venir de lejos y se puede poner un “gran pero” a ese exceso de información al tratar de explicar al Gran público, de explicarnos con pelos y señales, como encajan todas las piezas de su intrincado rompecabezas. Sin embargo, gracias al ritmo de un montaje totalmente trepidante y en el cual se hila y se balancea perfectamente el horror y la comedia (para aliviar tensiones), Peele consigue mantenernos expectantes a la pantalla. Incluso el diegético uso de un soundtrack, elegido a conciencia, ayuda a que el envoltorio de su película sea un envoltorio cuidado con mucho cariño. El score de Michael Abels, sencillamente espectacular, con piezas totalmente inquietantes incluidas. Por supuesto no todo es bueno ni funciona al 100%, pero tiene mérito que no logre sacarnos de la trama ya que está tan bien hilado en una cinta que comienza como una “home invasión” de manual, que luego sigue por los derroteros de un “modo slasher” de violencia exacerbada sazonada con toques de humor negro y que para finalizar acaba decantándose por una historia de invasiones a mayor escala (al más puro estilo de “La invasión de los ultracuerpos” [The Body Snatchers, Philip Kaufman, 1978] o “The Crazies” [Íd, George A. Romero, 1973]) donde una raza de “dobles intraterrestres” tienen como meta acabar con sus contrapartes de la superficie -entendemos que americana- y revelarse al mundo cogidos de la mano formando una gran cadena de costa a costa de los Estados Unidos para acabar de una vez por todas con nuestro modo de vida que, contradictoriamente, ellos mismos ansían.

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Abandonados a su suerte en unas vastas instalaciones subterráneas bajo un parque de atracciones (el mismo que, según propias palabras del director, aparecía en el clásico ochentero “Jóvenes Ocultos” [The Lost boys, Joel Schumacher, 1987]), estos doppelgängers (termino de origen alemán que se utilizar para definir el doble fantasmagórico o sosias malvado de una persona viva) parecen ser el resultado de un fallido experimento realizado quizás por el gobierno estadounidense, siempre en permanente conspiración. En un primer momento nos muestran multitud de conejos blancos en jaulas, preliminares sujetos de dicha experimentación con la clonación, para después mostrarnos a los autodenominados “Ligados”, esos dobles que sólo conocen la maldad inherente en ese ser humano del que ellos son sólo copias vacías, cascarones sin espíritu, y que podríamos ver como una perfecta alegoría de las diferencias entre las clases más ricas y poderosas (los de arriba) y aquellos mucho menos pudientes (los de abajo). Poco se sabe de las razones por las cuales sus responsables lo consideraron un fracaso y los condenaron a vivir como una sombra, como un espejismo de la realidad de la gente de arriba. Pero en un momento dado, la aparentemente doble malvada de Adelaide, la madre de nuestra familia protagonista, menciona la imposibilidad de replicar el alma. Lo cual me lleva a pensar, teniendo en cuenta las declaraciones de Peele al afirmar que sus dos filmes están conectados en su peculiar universo (dimensión desconocida) particular, que puede que estos clones fueran una fase temprana de la experimentación con el trasvase de conciencia que vimos en “Déjame salir” (Get Out, 2017) por parte de la familia Armitage.

Por otra parte, es de agradecer la intención del director afroamericano de crear un nuevo tipo de monstruo en un mundo, tanto el real como el de la ficción, en el que todos los monstruos parecen estar inventados. En una primera instancia podríamos decir que los monstruos son ellos, pero al final (tras la última -y, por qué no decirlo, previsible revelación) no nos queda más remedio que admitir que los monstruos, como reza el título del filme, somos nosotros. Peele quiere hacernos trampa al respecto y provocar que nuestras cabecitas reflexionen sobre ello cuando salgamos de la sala de cine. Ese magistral prólogo en el que se nos relata el primer encuentro de la joven Adelaide con su doble malvado que engañosamente nos intentan colar como una experiencia traumática para la niña, acaba desvelándose como la usurpación de la identidad de la niña por parte de su doppelgänger. Éste, envidioso de la amable existencia de los de arriba, logra mantener a raya su vil naturaleza encontrando el amor en la superficie, mientras que la auténtica Adelaide se ve forzada a coexistir en un mundo de pesadilla con una especie incapaz de apreciar la vida. Solamente cuando su contrapartida logra superar su condición de “ligado” -a través del arte, en este caso el ballet-, la joven cautiva en el mundo subterráneo logra alzar la voz y erigirse en líder de tan peculiar colectivo dando razón de ser al popular dicho que dice que “el tuerto es el rey en el país de los ciegos”. Para la elaboración de su plan toma aquello que conocía de su antiguo hogar y que formaba parte de su usurpada realidad, es decir, la campaña solidaria “Hands across America” -cuya intención era la de crear una macrocadena humana de gente dándose la mano para mostrar la unión de todo el país de costa a costa- que vio de pequeña en la televisión, las tijeras con las que recortó aquellos muñequitos de papel unidos por las extremidades y las peculiares vestimentas rojas y los guantes que…¿Podríamos decir, al ver que la niña era fan de Michael Jackson, intentaban emular a su ídolo que vestía de forma similar color en el videoclip del tema Thriller? En el momento de la confrontación final, además de las ansias de venganza de mueven a la Adelaide de abajo, ambas mujeres ansían lo mismo: la vida en la superficie. Aquella que convivió con los “ligados” desea fervientemente volver a la realidad de la que se le privó y aquella que usurpó su identidad no tiene intención de abandonarla ya que allí pudo disfrutar del libre albedrío y formar una familia. Sin embargo, ¿quién es el monstruo?  ¿Ellos? ¿Nosotros? Difícil respuesta, ¿no?

 

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Sin duda, esta dualidad entre las gentes de la superficie y los “ligados” no sería creíble de no ser por el gran trabajo de la mayor parte del reparto, encabezado por una soberbia Lupita Nyong’o que, como el resto de sus compañeros, ha de realizar la doble labor actoral de encarnar a sus antagonistas versiones.  La joven actriz, a la que pudimos ver en títulos como “Black Panther” (Íd, Ryan Coogler, 2018) y fuera oscarizada por su papel en “12 años de esclavitud” (12 Years a Slave, Steve McQueen, 2013), realiza una formidable labor poniendo piel a una protectora madre que lucha por la supervivencia de su familia, por un lado, a la vez que logra que las ansias de venganza de su otro papel consigan estremecernos. Merecedora sin duda alguna de cualquier distinción que premie/recompense su actuación y de todos los elogios puesto que ella sobresale de entre el resto de sus compañeros. Estos le van a la zaga realizando un trabajo igualmente notable tanto como familia Wilson “de la superficie” como su contrapartida subterránea. Wiston Duke, como Gabe Winston, es probable el más cargante de sus componentes ya que se le usa como alivio cómico en la mayor parte de sus intervenciones (incluso su pelea con su doble malvado sigue los tropos de la comedia). Bobalicón, simple y ansioso por mejorar su estatus social, Gabe se pondrá como meta el poder igualarse a su amigo/conocido/compañero de trabajo Josh Tyler (interpretado por el actor Tim Heidecker). Personaje que representa, junto a su familia (retratada con total patetismo), a la “white trash” americana más acomodada. Muchos han querido ver en la familia Tyler un componente de denuncia, pero, en mi humilde opinión, están tan llevados al extremo, tan satirizados, que se me hace difícil tomarlos en serio. Sin embargo, sus contrapartidas malvadas son totalmente escalofriantes. El asalto a su domicilio llegó a recordarme al cómic creado por el escritor irlandés Garth Ennis, para la Editorial Avatar, “Crossed” (una historia donde la humanidad cae a merced de una plaga que convierte a las gentes normales en sanguinarias y depravadas criaturas que dan rienda suelta sus más bajos instintos).

Pero, como he comentado antes, no todo es bueno en la nueva cinta de Jordan Peele. “Nosotros” (Us, 2019) ensalza a su responsable como un gran director y creador de suspense, pero, por otro lado, su faceta como narrador se ve entorpecida por esa insistencia -no sabría decir si voluntaria o no- de querer explicarlo todo para que nosotros como espectadores lo podamos entender. Particularmente, preferiría rellenar los huecos por mí mismo, pero es probable que al “gran público” no. De hecho, y aunque las comparaciones son odiosas, la crítica está dividida entre aquellos que ensalzan este trabajo y aquellos que señalar que no le ha quedado tan redondo como su predecesor. De todas formas, Peele es un gran técnico que cuida hasta el último detalle, pese a demostrar ciertas carencias en las escenas de acción, por ejemplo, donde no sobresale demasiado. Pero es capaz de disimularlo jugando con el fuera de plano o cortando abruptamente muchas de sus secuencias. Yo me posiciono entre aquellos que le consideran un prodigio del suspense y espero con ansia su remake de la popular serie de Rod Serling así como nuevos proyectos y trabajos cinematográficos. Demostrado queda su bagaje y no esconde sus referentes. El metraje está lleno de guiños y/u homenajes (una de mis escenas favoritas es la de la playa, sólo falta ahí del dolly zoom utilizado por Spielberg para hacer aún más evidente el homenaje a “Tiburón” [Jaws, 1975]) que harán las delicias del aficionado al género. Si este es el nivel, si este es el grado de satisfacción, larga vida a Jordan Peele.

Un momento: durante el asalto a la residencia de los Tyler, el chascarrillo con el tema “Fuck the police” de NWA es, a mi juicio, una gran ocurrencia. Sin duda levantó multitudinarias risas en la sala. Al ver la película en versión original, me asaltó la curiosidad. ¿Cómo resolverían el chiste en la versión doblada? Sin duda, un “Hodor” en toda regla.

Una pregunta: Cómo interpretáis la mirada cómplice de madre e hijo del final? Si te apetece compartir tu teoría, puede dejarla en los comentarios.

 

  1. Fecha de estreno anunciada para el 11 de abril de 2019.
  2. La actriz protagonista, Lupita Nyong’o, confirmó la nutrida (y recomendable) lista  a “Entertainment Weekley”. Más detalles aquí.
  3. “Por tanto, así dijo el SEÑOR: He aquí, yo traigo sobre ellos mal del cual no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré”. (Jeremías 11:11)

No hay dos sin tres. Weird Shots Tercera Edición

POSTER

Weird Shots, el certamen de cortometrajes de Weird Sci-Fi Show, vuelve!

Este año 2019 queremos celebrar la Tercera Edición de nuestro certamen y por ello os invitamos a participar. Os dejamos las bases aquí mismo para ello. ¿Tienes un corto? Anímate!

Esperamos vuestras obras!

BASES

1. Pueden participar personas de cualquier nacionalidad y de cualquier parte del mundo que sean mayores de 18 años.

2. Cada autor puede presentar el número de cortos que desee.

3. La temática del festival es concisa: ciencia ficción, TERROR Y FANTÁSTICO… si el corto tiene aspecto de blockbuster o de película de serie B, eso lo decides tú, pudiendo ser de imagen real o animación. Lo único que pedimos es que se pueda clasificar dentro de uno de los géneros antes mencionado.

4. La recepción de obras comenzará el 19 de enero de 2019 a las 00:01 horas y finalizará el 30 de julio del 2019 a las 23:59, quedando fuera de admisión los cortos entregados fuera de este plazo.

5. Los cortos pueden inscribirse a través de la plataformas Festhome (www.Festhome.com), Clic For Festivals (www.clickforfestivals.com) o enviándolo (enlace Vimeo/Youtube o WeTransfer) a la siguiente dirección de correo: weirdscifishow@gmail.com


Click for Festivals - Connecting Films and Festivals

6. En caso de ser seleccionado finalista, el formato del corto deberá ser MPEG-4 (MP4) o MOV codificado en H264 y audio en AAC con una resolución máxima de 1280 x 720 píxeles.

Los idiomas de exhibición serán tanto el castellano como el catalán. Si el corto está en otro idioma, deberá traer incrustados los subtítulos cualquiera de los dos idiomas permitidos.

7. El cortometraje deberá tener una duración mínima de 1 (un) minutos y un máximo de 15 (quince) minutos, títulos de crédito incluidos. Fuera de estas duraciones no podrán ser aceptadas dentro del festival.

8. Los cortos admitidos a concurso serán seleccionados por un jurado especial, y los finalistas exhibidos en la ciudad de Palma de Mallorca en noviembre de 2019

9. Las categoría a competir es: Mejor Cortometraje. Los premios no constan de dotación económica sino de mención con galardón acreditativo. El jurado se reserva la posibilidad de conceder tantas menciones especiales como vea conveniente sin dotación económica ni trofeo físico.

ASUNTOS LEGALES

10. Cada concursante garantiza a la organización del festival que posee TODOS los derechos sobre la obra presentada (De todo o de la música, imágenes y sonidos de otros autores). De no ser así, deberá poseer POR ESCRITO la autorización expresa del autor de los derechos preexistentes; el festival no se hace responsable de las reclamaciones que pudieran surgir a partir de la infracción de este artículo, siendo el que presenta el corto el ÚNICO responsable de ofrecer las explicaciones oportunas a quien así lo requiera.

11. Los responsables de las obras enviadas ceden a la organización del festival (weird sci fi show) ciertos derechos mientras dure éste (fechas de recepción incluidos):

a- Los datos de carácter personal facilitados a efectos de participar en el festival (con la garantía ABSOLUTA de que no serán divulgados bajo ningún concepto)

b- Los derechos de cesión, exhibición y emisión gratuitamente de las obras a concurso, con el fin de poder no sólo emitirlos el día del festival en caso de resultar finalistas, sino con el objetivo de poder promocionar tanto el festival como las obras presentadas en los medios de comunicación que la organización del festival considere necesarios (radio, tv, redes sociales…) dando nuestra GARANTÍA absoluta de que en NINGÚN CASO se hará con fines de lucro y SOLO utilizándose un fragmento como parte de la publicidad, no exhibiéndose en NINGÚN CASO ningún cortometraje de forma íntegra fuera del ámbito del festival, y mucho menos fuera del día de exhibición de las obras finalistas, ni siendo una de estas ni no siéndolo.

c- Cualquier uso comercial o explotación de alguna de las obras presentadas a concurso antes, durante o posterior al festival deberá tratarse con el autor de los derechos de la obra.

d- Todos los derechos quedan cesados una vez el festival queda concluido.

12. La organización decidirá sobre cualquier
caso imprevisto que no se recojan en estas bases, siendo su veredicto inapelable.

13. Participar en el festival implica la aceptación de estas bases.


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Cortometraje Ganador de WeirdShots 2018

Anunciamos al ganador de la Segunda Edición de #WeirdShots. “Miedos” de Germán Sancho.
Nuestro jurado así lo ha decidido prácticamente por unanimidad.
ENHORABUENA!!!
Por otro lado, también queremos dar las gracias al resto de participantes por participar en nuestro humilde certamen y darles la enhorabuena por sus magníficos trabajos. Mil gracias a todos.