La noche de Halloween (Halloween, David Gordon Green, 2018)

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Titulo original: Halloween / Año: 2018 / País: Estados Unidos / Duración: 109 min. / Director: David Gordon Green / Guión: Producción: Jason Blum, Malek Akkad, Bill Block / Fotografía: Michael Simmonds / Música: John Carpenter, Cody Carpenter, Daniel Davies / Diseño de Producción: Richard A. Wright / Montaje: Tim Alverson / Reparto: Jamie Lee Curtis (Laurie Strode), Judy Greer (Karen Strode), Andi Matichak (Allyson), James Jude Courtney (Michael Myers), Nick Castle (Michael Myers), Haluk Bilginer (Dr. Sartain), Will Patton (oficial Hawkins), Rhian Rees (Dana Haines), Jefferson Hall (Aaron Korey), Toby Huss (Ray), Virginia Gardner (Vicky), Dylan Arnold (Cameron Elam), Miles Robbins (Dave), Drew Scheid (Oscar), Jibrail Nantambu (Julian)


Cuarenta años han pasado desde aquella fatídica noche de Halloween de 1978 en la que la joven Laurie Strode sobrevivió al ataque por parte del perturbado Michael Myers, quien asesinara a sus amigos, en la pequeña localidad de Haddonfield, Illinois. Strode, ahora apartada de la sociedad, no ha logrado pasar página y ha consagrado su vida a su preparación, física y mental, con objeto de acabar con la vida de aquel que ha arruinó la suya. Por otro lado, Myers, encerrado durante esas largas cuatro décadas en un sanatorio mental, ha escapado durante un traslado. Ahora está suelto sin control en Haddonfield y Strode podrá acabar con él de una vez por todas. ¿O no?


Después de cuarenta años, los transcurridos desde que apareciera en las pantallas de las salas de cine el seminal filme “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978), la historia es bien conocida por cualquier aficionado al género. Tan conocida, tan sabida, que podría dejar de considerarse una historia -en el sentido más generalista de la palabra- para ser Historia (o Leyenda) del Séptimo Arte. Pero (Por si acaso hay algún recién llegado o, en su defecto, despistado en la sala), recapitulemos y retrocedamos hasta aquella maravillosa década de los setenta. Periodo fructífero para el género del terror -con su irrupción, gracias a títulos amparados por los grandes estudios, dentro del circuito Mainstream o considerado más serio por la crítica especializada- y en la que podíamos encontrar a más gente del mundo del cine tratando de emular la notoriedad (sobre todo económica) de las cintas más exitosas que protagonizaron las pesadillas del público de la época. Sin dejar de lado el hecho del contexto socio-económico en el que se encontraban los Estado Unidos, sumidos en una grave crisis que acabaría con el estado de bienestar precedente. Sumando a ello un ambiente de descontento generalizado por las clases medias y más humildes, así como sus jóvenes.

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Este momento, momento en el que fructificará el género denominado como “American Gothic”, fue el telón de fondo en el que muchas de las cintas circunscritas a este “Cine de horror típicamente estadounidense” (1) reflejaron la realidad de su momento. El crítico e historiador cinematográfico patrio Antonio José Navarro, en el ensayo coordinado por él mismo titulado “American Gothic. El Cine de terror USA 1968-1980”, afirma que “Localizado fundamentalmente entre 1968, año en que se produce la Ofensiva del Tet en Vietnam (21 de enero – 23 de febrero), y la llegada a la presidencia de Ronald Reegan en noviembre de 1980, el ‘American Gothic’ se ciñe principalmente a producciones de bajo presupuesto y algún que otro producto amparado por una ‘major’, y aborda lo terrorífico y lo fantástico -radicado siempre en los USA- desde una perspectiva contemporánea” (2). Según Navarro (y otros tantos estudiosos que han vertido ríos de tinta sobre el tema que nos ocupa), estos filmes “Ilustraban, de forma fehaciente, aunque muy dispar, las inquietudes que durante algo más de una década atenazaron a los ciudadanos norteamericanos” (2).

Pero volviendo a “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978) y resumiendo al máximo (no es este ni el momento ni el lugar y gente mucho mejor que un servidor ha escrito sobre el tema), nos encontramos ante la cinta que -sabiendo de sobra que no fue la primera en su especie- puso las bases del fructífero y posteriormente explotado (sub)género “Slasher”. Ese mismo tipo de películas en las que un asesino -misterioso o no- con ciertos aires sobrenaturales -o no- se dedica, arma blanca fálica de gran tamaño en mano, a asesinar a jovenzuelos -y jovenzuelas-. Viendo el resultado de la cinta -convertida en clásico indiscutible- es más que evidente que el advenedizo y futuro “Director de Culto” John Carpenter no era consciente de que estaba grabando a fuego su nombre dentro de la historia del cine. Más bien, es más probable que el director de Carthage pusiera toda la carne en el asador convirtiendo una simple historia de asesinatos en un complejo y calculado ejercicio cinematográfico. Nunca sabe el novel cuando podrá volver a sentarse tras las cámaras.

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La entonces primera entrega (en aquel momento ni siquiera entraba en los planes de sus responsables convertirla en franquicia) del implacable asesino Michael Myers -y su némesis, el doctor Samuel Loomis- tuvo, por un lado, el mérito de multiplicar los exiguos 300.000 dólares de su presupuesto en unos 55 millones de dólares de recaudación en taquilla y, por el otro, en sentar las bases antes mencionadas y los lugares comunes más típicos que multitud de subproductos, sin complejo alguno, copiaron con descaro (siempre teniendo en cuenta los aspectos más gráficos e incluso exagerándolos hasta el paroxismo). No es baladí afirmar que sin la cinta de Carpenter y la figura de Michael Myers, el “Boogieman” más icónico de la cultura popular, es poco probable (aunque no imposible) la llegada del resto de “Hombres del Saco” posteriores, es decir, de los Jason Voorhees de la saga “Viernes 13” (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980), el desfigurado Freddy Krueger de “Pesadilla en Elm Street” (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), el casi desconocido Cropsy de “La Quema” (The Burn, Tony Maylam, 1981), el amigable Chucky de “Muñeco Diabólico” (Child’s Play, Tom Holland, 1988) o el más moderno GhostFace de “Scream: Vigila quien Llama” (Scream, Wes Craven, 1996) entre otros muchos -muchísimos- anónimos matarifes enmascarados. Quizá incluso tampoco se hubiera coronado como “Reina del grito” la hija de Tony Curtis y Janet Leigh, Jamie Lee Curtis.

Curtis, al igual que Carpenter -pero por otras razones-, acabaría desvinculándose de la (ya convertida en) saga que le dio fama. Tras la segunda entrega, aquí en España extrañamente titulada como “Halloween II: ¡Sanguinario!” (Halloween 2, Rick Rosenthal, 1981), la joven actriz -curtida ya en lo que se refería a enfrentamientos con psicópatas- daba carpetazo a su bagaje como “Scream Queen” hasta que, ya metidos en la década de los noventa y con una renovada fiebre por el “Slasher” -culpable de ello fueron el director Wes Craven y el guionista Terry Williamson-, la Curtis volvió al redil. En esa ocasión se celebraba el vigésimo aniversario del estreno de la cinta original y la criatura se llamaba “Halloween H20: 20 Años Después” (Halloween H20: 20 Years Later, Steve miner, 1998). Pese a que en una reciente entrevista para Variety ha manifestado que intervino en dicho filme por dinero, se dice -se comenta- que no sólo accedió a volver a enfrentarse a su hermano en la ficción, sino que se esforzó y puso de su parte para que Carpenter también se reencontrara con los personajes que le hicieron popular. Todos sabemos que no fue así y que un artesano del fantástico como Steve Miner realizó un trabajo lo suficientemente notable -con una abultada recaudación mediante- como para volver a insuflarle vida a las andanzas de Myers tras una irregular saga. Pese a ello, la historia se acabaría repitiendo y el público dejaría de respaldar la siguiente (e infecta) entrega acabando por dejar de lado -tras las dos entregas Remake/Reboot “Halloween: El Origen” (Halloween, 2007) y “Halloween II” (íd, 2009) dirigidas por Rob Zombie- al famoso asesino de la customizada máscara del Capitán Kirk de “Star Trek” (íd, 1966-1969).

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La vida de Michael Myers, tanto en la ficción como fuera de ella, nunca ha sido fácil. Siempre ha estado llena de altibajos y decisiones arriesgadas que no han llegado a buen puerto. El listón se dejó demasiado alto desde el primer momento y, como se suele decir coloquialmente, “Nunca ha llovido a gusto de todos”. La franquicia siempre ha sido criticada -o como mínimo ha dividido a un “Fandom” misteriosamente cruel con la saga cuando ha sido mucho más benevolente con sus imitadores- tanto cuando ha seguido una línea conservadora y ceñida al encorsetado esquema inicial creado por Carpenter como cuando ha optado por darle un giro al concepto. Entre los ejemplos más claros de la primera tendencia tenemos la secuela inmediata, “Halloween II: ¡Sanguinario!”, así como “Halloween 4: El Regreso de Michael Myers” (Halloween 4: The return of Michael Myers, Dwight H. Little, 1988) o el Remake  de Rob Zombie. Y entre los de la otra vertiente, el más evidente fue la salida por la tangente de John Carpenter y Debra Hill con “Halloween III: El Día de la Bruja” (Halloween III: Season of the Witch, Tommy Lee Wallace, 1982), el ridículo “Reality Show” con Myers como protagonista de “Halloween: Resurrección” (Halloween: Resurrection, Rick Rosenthal, 2002) o el enfoque más cercano al “Arte y ensayo” de la secuela del remake de Zombie de 2009. De hecho, con esta última aventura se dio carpetazo al personaje y se le condenó al ostracismo. Tal vez porque no había nada más que contar. ¿O no? Con otra importante fecha efeméride en ciernes, la del cuarenta aniversario, los medios de comunicación se hacía eco de la noticia: John Carpenter volvía a estar involucrado en una película de la saga -aunque no como director- y la protagonista sería, nada más y nada menos que, Jamie Lee Curtis. Ambos también realizan en la cinta labores de producción ejecutiva y Carpenter ha participado en su banda sonora. Es tontería señalar que ese día las redes ardieron.

Una vez puestos en situación, vale la pena comentar un aspecto que vuelve a repetirse dentro de la historia de la franquicia, es decir, la recurrente eliminación del “canon” de aquellas entregas no del gusto de los responsables de turno. Si hasta la sexta parte  “Halloween: La Maldición de Michael Myers” (Halloween: The Curse of Michael Myers, Joe Chappelle, 1995) nos encontrábamos ante una “Novela río”, una continuidad tradicional -con la excepción de la tercera entrega que no tenía ver con nuestro asesino favorito-, al llegar a la película que conmemoraba el aniversario número veinte de la cinta de Carpenter se borraba toda existencia de la denominada “Trilogía de Jamie Lloyd” (La sobrina del famoso “Boogieman” en esa dimensión alternativa del “Halloweenverso”) que conformaban las entregas de la cuarta a la sexta y enlazaba directamente con la primera secuela dirigida por Rick Rosenthal. Tras el fiasco de “Halloween: Resurrección”, Rob Zombie firmaba su particular Reboot dividiendo aún más al “Fandom” y creando su propio universo. Por su parte, la nueva cinta dirigida por David Gordon Green, abre otra historia que transcurre cuarenta años después de “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978) original dejando totalmente de lado toda entrega de la saga que no sea la seminal. Con ello, y con las matemáticas como aliadas, podemos contar hasta cuatro líneas temporales -cinco si tuviéramos en cuenta el episodio del doctor Challis con las máscaras Shamrock-. Algo que acabaría por marear a todo un curtido en el tema como el doctor Emmet Brown de “Regreso al Futuro” (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985) o ríanse ustedes del “Multiverso súper heroico” de los “Súperhéroes” de la “DC Comics”. Como he comentado antes, la vida de Michael Myers nunca ha sido sencilla y podemos ver incluso como, de un plumazo, el responsable de turno acaba inflexiblemente con sus lazos familiares -eso da incluso más miedo-.

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Sin embargo, todo eso acaba por importar lo más mínimo al respetable puesto que cuando uno se sienta en la butaca del cine para enfrentarse a los 109 minutos de duración de la nueva “La Noche de Halloween” solamente lo hace para ver el enfrentamiento que previamente se nos ha vendido. Nada importa más que el “Cara a cara” -sean hermanos o no- de Michael Myers y Laurie Strode. Una Laurie Strode que, al igual que su homónima en “Halloween H20: 20 Años Después”, vive marcada por el pasado. Un pasado que no logra olvidar ni superar, que no sólo ha estado presente durante los largos cuarenta años que separan la acción desde los sucesos acaecidos en la noche del 31 de octubre de 1978 sino que también ha afectado a la faceta más importante -o de las más importantes- para una mujer: Su faceta como madre. Aquella fatídica noche en la que Myers decidió acabar con los amigos de la joven Laurie, no sólo traumatizó al personaje encarnado por Jamie Lee Curtis, sino que, indirectamente, su futura hija -y, por extensión, nieta- sufrirán las consecuencias. La antaño joven Strode, ahora convertida en abuela coraje, ha consagrado su vida entera a aquello que la martirizaba desde aquella funesta noche de Halloween, es decir, a prepararse para el combate definitivo contra su agresor. Y, cual Sarah Connor en “Terminator 2: El Juicio Final” (Terminator 2: Judgment Day, James Cameron, 1991), su hija Karen -interpretada aquí por la actriz Judy Greer- se vería inmersa, en contra de su voluntad, en tal despliegue preventivo. Esta incapacidad por llevar una vida normal, e incluso por “echarse a la bebida”, no es nueva. Hace dos décadas, Curtis ya puso cara a una madura Laurie incapaz de superar sus miedos y llevar una vida feliz. Sin embargo, aquí David Gordon Green va un paso más allá convirtiéndola en una huraña y arisca guerrera en un intento de convertir esta vez al depredador en presa. Es por ello que nada de lo que ocurra durante el desarrollo del metraje no deba eclipsar o pueda interesar más al espectador que aquello a lo que ha acudido al cine: el ya mencionado “Tête à tête” entre Jamie Lee y Michael Myers -interpretado (compartiendo el personaje con el actor James Jude Courtney) por aquel que, fruto de la casualidad o de las restricciones presupuestarias, diera vida y un particular lenguaje corporal a nuestro “Hombre del saco” favorito en el 78, Nick Castle-. En esta ocasión, serán las protagonistas femeninas las que dejarán de lado el habitual rol de víctimas para tener un papel más proactivo frente a la amenaza, una clara señal de los tiempos en los que vivimos.

En opinión de un servidor, tanto da arrancar del “Canon” todo lo anterior porque no importa. Salvo que dicha maniobra esconda las intenciones -y visto el resultado, muy evidentes- de “Rebootear” la saga con una cinta que, más que una secuela, parece un completo homenaje a toda la franquicia. Los 77 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana en EEUU son claro indicio de que no será la última vez que veamos al asesino de la máscara blanca. Cuando digo que esta nueva versión -o secuela, como prefiramos llamarla- de “La Noche de Halloween” es un homenaje a toda la saga -además de a la cinta original- es porque este producto perpetrado por Universal, Miramax y Blumhouse está repleto de situaciones y lugares comunes que todo Fan de las aventuras de Michael Myers ha podido ver en las cintas previas. Salvo un par de detalles y subtramas dentro la trama principal -que lamentablemente no llegan a nada inédito, pese a parecer en algún momento podían aportar elementos novedosos- todo lo que ocurre lo conocemos de sobras. Todos los tópicos y clichés vistos en cada una de las entregas de “La Noche de Halloween” están presentes. Personajes, estructuras, estampas y planos calcados incluidos. Veremos el sanatorio de Smith’s Grove, a sus pacientes deambulando como Zombies por la carretera, a un sosia del doctor Loomis (Aquí llamado doctor Sartain e interpretado por el actor de origen turco Haluk Bilginer), a un agente de la autoridad abrumado por la macabra realidad, jovenzuelos con pensamientos oscuros (Esos tan propios de la adolescencia), un barrio residencial con calles abarrotadas de niños disfrazados y otras tan desiertas y oscuras que se hace evidente no recomendar su tránsito por ellas, patios traseros por los que colarse y degollar a los habitantes de su viviendas, armarios en los que esconderse, la voz en Off del actor Donald Pleasance, una gasolinera masacrada por nuestro “Boogieman”, la incógnita de un posible relevo generacional o, por supuesto, una máquina de matar suelta sin control en una pequeña localidad del medio oeste de los “Estados Unidos”. Sin dejar de lado la banda sonora en la que el maestrom Carpenter, junto a su hijo Cody, ha participado. Sí, señoras y señores, saga “Halloween” en estado puro.

 

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Es por ello por lo que me resulta difícil decidir si, tras visionar el filme, he visto una secuela más, un “Remake” encubierto o un “Reboot” de la serie. Todo ello pensando como pensaría un “Fan” veterano. Sin embargo, como es costumbre, el sino de los tiempos cambia -pese a que, en cierta medida, nos resistamos a ello- y “Hollywood” no ceja en su empeño de contar de nuevo sus viejas historias (dejemos de lado, para otro día, el sempiterno debate de la escasez de ideas de la “Meca del cine”) adaptándolas a los gustos de los nuevos espectadores. Parece como si los responsables de revivir a Michael Myers hayan tomado todo lo que funcionaba -o les gustaba- de sus andanzas previas y hayan decidido incorporarlo a la nueva película convirtiéndola en un refrito afín a las nuevas tendencias, pero siendo totalmente respetuosos con el material primigenio. Por un lado, tendremos todo lo que ha convertido al clásico de Carpenter en clásico y, por el otro, los elementos que el público actual demanda en este tipo de productos. No faltarán elementos que funcionarán como alivios cómicos -supongo que con objeto de relajar una tensión que los estómagos de los Teenagers más Mainstream de los “Dosmiles” no acaban de digerir bien-, así como ciertas dosis de “Gore” y violencia explícita inéditas -como mínimo antes de las cintas dirigidas por Rob Zombie- en la franquicia más clásica. Y ya que he mencionado el nombre del marido de la bellísima Sheri Moon Zombie, se ha optado por darle continuidad al Look del que Myers hacía gala en el film de 2007. Es decir, la máscara gastada y sucia –aquí más centrada en simular la vejez del personaje que su grado de locura- en contraposición a esa faz de blanco nuclear de las entregas precedentes. Y no sólo su imagen, el “Boogieman” de la nueva línea temporal es tan salvaje y violento como el de las películas del director de “La Casa de los 1000 Cadáveres” (House of 1.000 Corpses, Rob Zombie, 2003).

Pero que el espectador no se alarme, no se eche las manos a la cabeza y piense que nos encontramos ante un mal producto o una adaptación para “Milenials” de su clásico del terror favorito. Todo lo contrario. Al menos en opinión de quien suscribe estas palabras. “La Noche de Halloween” de David Gordon Green es un cuidado ejercicio cinematográfico que, evidente es, no alcanza las cotas del original, pero que tiene los visos de convertirse en un digno sucesor. El filme resultante es uno filmado con buen pulso, calculado milimétricamente para agradar tanto a “Rookies” como veteranos y capaz de mantener al público expectante durante su metraje, pese a cometer ciertos errores al abrir vías que se cerrarán de la forma más convencional ya que nada ni nadie puede eclipsar aquello que hemos ido a presenciar: el “Combate Final” entre dos viejos antagonistas. Y eso no es fácil, es decir, aguantar todo el viaje, sin bostezar, sabiendo de antemano su final es algo que tiene su relativo mérito. La crítica, como es de prever, está algo dividida siendo más abultadas las alabanzas que los puñales de sus detractores, pero ¿podemos decir que es la mejor secuela de la saga, como apunta la crítica especializada? Un servidor no llegaría tan lejos, pero sí afirmaría que es una muy buena oportunidad de darle un final digno -cosa que dudo- al personaje de Michael Myers haciendo “Borrón y cuenta nueva”. Sólo el tiempo lo dirá.

Apéndice:

(1) “American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980” (Antonio José Navarro, [Coordinador], “Donostia Kultura”, 2007 [Pág. 12])

(2) “American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980” (Antonio José Navarro, [Coordinador], “Donostia Kultura”, 2007 [Pág. 13])

La Noche de Halloween Halloween David Gordon Green 2018 (9)

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