Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo (Neil Gaiman, Shane Oakley)

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo Neil Gaiman Shane Oakley (1)

Titulo original: Neil Gaiman’s Forbidden Brides of the Faceless Slaves in the Secret House of the Night of Dread Desire / Guión: Neil Gaiman / Dibujo: Shane Oakley / Portada: Shane Oakley / Formato: Cartoné / Páginas: 56 Págs. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 15,95€ / ISBN: 978-84-9146-738-0


Es medianoche y en algún lugar un escritor toma su pluma con la intención de crear una terrorífica narración. Pronto se dará cuenta de que, instintiva e inconscientemente, no solo hará uso de todos los clichés de la tradición gótica, sino que sus escenas no estarán carentes de elementos cómicos que restarán verosimilitud a la narración. Si eso no fuera poco, las continuas interrupciones de un cuervo parlante, de elementos sobrenaturales escondidos tras cuadros que cuelgan de las paredes, o de su grotesco mayordomo acrecentarán su bloqueo de escritor.


La figura de Neil Gaiman no solo no es desconocida para el aficionado a las viñetas, sino que aquellos que le siguen la pista con fervor tienden al “Endiosamiento” de su trabajo. No es para menos, ya que la imaginación del guionista y escritor británico concivió uno de los mayores “Best Sellers” de todos los tiempos del mundo del cómic. Una obra que sucesivamente se reedita y maravilla a todo aquel que por vez primera se adentra en su fantástico mundo. Me refiero, por supuesto, a “Sandman” (The Sandman, Neil Gaiman, 1989-1995), buque insignia del sello “Vertigo” de Karen Berger en la “DC Comics” de las décadas de los ochenta y noventa. Las aventuras y desventuras de Morfeo dieron fama y popularidad (Y, suponemos, grandes réditos económicos) a Gaiman y, posteriormente, no solo siguió desarrollando su carrera en el “Noveno Arte”, sino que también probó fortuna, con óptimos resultados, como escritor, ya sea con novelas como su “New Gods” o “Coraline” -ambas adaptadas, una a la pequeña pantalla y la otra en una magnífica cinta realizada por el “Estudio Laika”- así como cuentos cortos. Precisamente, el cómic que trataremos hoy es la traslación al arte secuencial de uno de sus cuentos. Bajo el larguísimo título de “Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo”, la editorial estadounidense “Dark Horse” se ha encargado de publicar -tras el éxito de la previa “How to Talk to Girls at Parties”– esta adaptación al cómic del relato de Gaiman titulado “Forbidden Brides of the Faceless Slaves in the Nameless House of the Night of Dread Desire” -que se encuentra en su heterogénea recopilación “Fragile Things” (Traducida en nuestro país como “Objetos Frágiles”)- que, además, se hizo con el galardón al “Mejor relato corto” en los prestigiosos “Premios Locus” en 2005.

“Esposas prohibidas” (Reduciremos de ahora en adelante así el título) es una historia donde el británico nos demuestra que no solo es un gran escritor, sino también un ávido lector y conocedor de la tradición literaria, concretamente la gótica -entre otras-. Ésta misma es a la que el creador de Tim Hunter -protagonista de “Los Libros de Magia” (Books of Magic, Neil Gaiman, 1990)- intenta (Y logra) satirizar contándonos cómo un escritor poco avezado en la ficción, bajo la luz de las velas en una oscura y lóbrega noche, batalla contra su bloqueo a la hora de crear una obra de terror. Su natural tendencia a insertar ciertos elementos no faltos de “Comicidad” en su relato frustra sus ambiciones. Desafortunadamente, la presencia de cuervos parlantes, una espeluznante música de fondo, gritos en la noche o duelos a muerte -es decir, toda una plétora de convencionalismos del folletín gótico decimonónico- entorpecen la narración de la damisela en apuros que se supone protagonista de su novela. Amelia es una belleza de cabellos negros que corre como alma que lleva el Diablo a través de un bosque oscuro hacia un castillo gótico. En su huida, topará con fantasmas, secretos y antiguas maldiciones. Sin embargo, allí donde debería reinar la pesadumbre y la tristeza, tiene resultados tan patéticos como ridículos. Es por ello que esta historia dentro de otra historia nos mostrará cómo el autor -interpelado en varias ocasiones por su desagradable mayordomo, así como por un ave de carroña parlante- intentará hacer algo totalmente diferente: Escribir una historia de fantasía. Sin embargo, lo que se entiende por fantasía en este ficticio mundo gótico no es lo que nosotros, como lectores, entendemos como tal.

No nos encontramos con la mejor cara de Neil Gaiman. Aunque, por otro lado, todo lo que este hombre escribe -incluido lo irregular- se encuentra en un nivel muy superior a la media. La calidad de su trabajo es indiscutible. El padre literario de Morfeo, Muerte y el resto de su peculiar familia es capaz aquí de construir un relato muy entretenido repleto de todo tipo de referencias a la literatura gótica -e incluso a todos aquellos convencionalismos de los que hemos podido ser testigos en adaptaciones a la gran y pequeña pantalla-. Gaiman nos intenta adentrar en un mundo donde lo sobrenatural forma parte de la cotidianidad, a la vez que ésta -lo mundano- forma parte del misterio. Es en esta tesitura donde el ficcional escritor es incapaz de vencer su bloqueo de escritor que se ve perjudicado por las incesantes interrupciones de elementos que -en nuestro mundo, el real- se considerarían extraordinarias y que aquí son meras molestias para el protagonista. Y es que mientras él quiere escribir algo serio, un pedazo de vida, su tía encerrada en el ático aúlla como una loca, o en el retrato colgado de una pared son recitados ciertos encantamientos por parte de criaturas sobrenaturales. Distracciones que, todo aquel que se haya sentado frente a la “Famosa” hoja en blanco, habrá tenido que sortear -aunque, en mi caso por ejemplo, carecen de tanto glamour- con tal de poder concentrarse y ponerse en faena. Es más que probable, que esta forma de “Girar la tortilla” tan típica de Gaiman pueda provocar que el lector esboce una sonrisa. Sin dejar de mencionar que este contraste entre lo oscuro y el terror conjugado con diálogos ingeniosos y divertidos supone que la lectura del cómic sea entretenida. Como he mencionado con anterioridad, no es lo mejor que podemos leer del escritor inglés pero, sin duda, está muy por encima de la media.

Pero si hay algo que destacar de este “Esposas prohibidas” es su apartado gráfico. Encargado de ello es el dibujante Shane Oakley, autor con más de 20 años de trayectoria en el medio, pero que podríamos considerar como prácticamente desconocido. Revisando su trabajo, gracias a la red de redes, podemos destacar su participación en la miniserie “Albion”, publicada por “Wildstorm Studios” en 2006 bajo una idea de Alan Moore que tanto su hija, Leah Moore, como su marido, John Reppion, desarrollarían después. El arte de Oakley no solo es interesante y casa perfectamente con el mundo oscuro, gótico, que Neil Gaiman nos plantea, sino que es totalmente capaz de crear la atmósfera terrorífica a la que se presta el relato.

Detallista hasta el extremo, en sus viñetas podemos encontrar la totalidad de las descripciones que Gaiman ofrece con sus textos. Incluso se pueden ver detalles aparentemente insignificantes como, por ejemplo, la luz blanca del fuego reflejándose en la cara de la doncella. Su adaptación al blanco y negro -con su plasmación de una realidad envuelta en negras siluetas- proporcionan una intensa experiencia visual. El uso de ciertos toques de color en ciertos momentos de la narración, realza el interés en ellos. Asistido por el color de Nick Filardi, su muy sutil paleta de colores está intrínsecamente relacionada con las escenas más dramáticas de la ficción siendo poseedoras de gran impacto en la historia. Si tuviera que resumir, en una palabra, el trabajo de sus responsables, ésta sería sin ninguna duda excelente.

En definitiva, “Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo” -publicada en nuestro país por Planeta Cómic en un bonito tomo cartoné- es una de esas historias entretenidas resultantes de la faceta más traviesa de Neil Gaiman. Una broma ingeniosa, caprichosa e inteligente de uno de los escritores más interesantes que ha dado el cómic -y la ficción en general- que se encuentra magistralmente acompañada por el arte de un dibujante, Shane Oakley, al que no deberíamos perder la pista -incluso si se prodiga poco-. No puedo más que recomendar al lector que se haga con un ejemplar y lo juzgue él mismo. Tan solo la hermosura de su aspecto visual justifica el acercamiento a este cómic. Se lo aseguro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s