WeirdShots 3a Edición

 

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El Certamen

Si nos ceñimos a la definición de la palabra “cortometraje” contenida en el diccionario de la Real Academia Española, un “cortometraje” es una “Película de corta e imprecisa duración”. Sin embargo, tal afirmación puede antojarse insuficiente ya que el universo de este tipo de cine contenido, de estas historias comprimidas, en pequeño formato abarca mucho más. Las nuevas tecnologías han facilitado que todos aquellos creadores, poseedores de grandes e imaginativas ideas, puedan acercarse a una forma de ver el Séptimo Arte tan especial. Un “cortometraje” es la tarjeta de presentación de muchos de nuestros futuros cineastas. Un “cortometraje” posibilita que el espectador pueda asomarse a universos personales e intransferibles de forma concisa, de forma breve, pero tanto o más enriquecedora que como pueda hacerlo con su considerado hermano mayor, el “largometraje”.

Actualmente vivimos un ciclo de plenitud del formato. La oferta es completísima y considerable. La calidad de muchos de los trabajos es inconmensurable. Sin embargo, el “cortometraje” se desenvuelve en unas condiciones muy complicadas. Su vida comercial es exigua. Sus creadores se ven enfrentados, ya no sólo a las mismas adversidades (económicas, de producción y/o distribución) que aquellos realizan largometrajes, sino que normalmente sus historias, resueltas con brevedad, se ven destinadas a nichos de público mucho más reducidos. Algo que aumenta exponencialmente si hablamos de cortometrajes del denominado como “Género Fantástico”, un género que aglutina en su haber el terror, la ciencia ficción y la fantasía, tanto de forma separada como conjunta. Un género que vive en estos momentos una época de bonanza gracias a las populares superproducciones de las majors de Hollywood, pese a considerarse por parte de gran parte de la crítica y público como un divertimento y un ejercicio de evasión. Sin embargo, el “Fantástico” es el vehículo ideal para hacer crítica socio-política o económica con objeto de poner en evidencia los defectos (raramente las bondades) de nuestra sociedad extrapolándolos en futuras historias distópicas, maravillosos mundos extraterrestres o angustiosos relatos donde el lado oscuro del ser humano muestra su peor cara. Las limitaciones del cortometraje del “Fantástico” obligan, a su vez, a sus creadores a agudizar su inventiva. Pese a que las herramientas digitales y el abaratamiento de los equipos de grabación han permitido que se multipliquen los cortos con buena imagen y buenos efectos especiales, la imaginación y el ingenio suelen suplir todo aquello que las limitaciones presupuestarias no permiten. Si en una película convencional dichos limites se notan, en un cortometraje se hacen mucho más patentes. La posible agudeza, el genio de sus responsables, es un valor al alza cuando se resuelven de forma brillante. En un cortometraje, llevados a buen puerto, se convierten en una pieza clave. Es un elemento fundamental que puede marcar la diferencia. Es por ello que, en la humilde opinión de aquel que suscribe estas palabras, se debe apoyar incondicionalmente a estas nuevas promesas del medio con tal de que en un futuro puedan maravillarnos con sus trabajos y, de paso, llenar salas de cine.

Contenido 

WeirdShots se celebrará el próximo 18 y 19 de diciembre de 2019 en el Teatre Municipal Catalina Valls (Passeig Mallorca, 9) de Palma y se compondrá de:

  • Selección Oficial de cortometrajes finalistas del certamen
  • Charla: “Palma también fue Grindhouse” (un recorrido por los programas dobles de las antiguas salas de cine de Ciutat)
  • Proyección de la película ¿Quién puede matar a un niño?* (1976) de Narciso Ibáñez Serrador
  • Proyección de la película Aliens, el regreso* (1986) de James Cameron

* Proyecciones en versión original subtitulada

Los cortometrajes

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  • Capitán Kinesis de Carles Jofre
  • Cariño de Ángel Gómez Hernández
  • Evströnger de Silvia Conesa
  • Selfie de Rodrigo Zarza
  • Mi hermano Juan de Cristina y María José Martín Barcelona
  • Celda Dual de Ignacio Malagón Del Río
  • Turno de noche de Juanjo Avi
  • Lázaro de Oscar Gagliardi
  • Escalada de Nacho Solana
  • Tierra trágame de Rubén Tadeo
  • Sin ti de Allan J. Arcal
  • Sonrisas de Javier Chavanel
  • Bailaora de Rubin Stein
  • The Skinner (La Peladora) de Sergio Hidalgo
  • Room for rent de Fernando Simarro
  • El nuevo Freddy de Ignacio Rodó
  • La increíble historia del hombre que podía volar y no sabía cómo de Manuel Rubio
  • El llibre de Francesca Català
  • Grillface de Gus González
  • Lo siento mi amor de Eduardo Casanova

El Jurado

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Gemma Marchena Delgado (Mallorca, 1976). La carrera de Gemma Marchena comenzó cuando se hizo con el premio Coca Cola de Baleares con su redacción “Los bomberos y las inundaciones”. Desde entonces se dedicó a teclear furiosamente su Olivetti Lettera 32 con el objeto de convertirse en escritora. Licenciada en Periodismo, ha trabajado para diversos medios como Mallorcadiario.com, ADN Mallorca y otras empresas de comunicación de Mallorca. Actualmente se encuentra en la plan- tilla del departamento de Cultura de la redacción del periódico Última Hora. En 2016 publica su pri mera novela (y esperemos que no sea la última) “El pozo. La ola de ira que arrasó Andratx”, una perfecta combinación entre el terror patrio y el Stephen King de la década de los ochenta.

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Javier Pueyo Madroñero (Mallorca, 1985). Cortometrajista y crítico de cine, desde 2009 realiza crítica cinematográfica colaborando con diferentes medios (El buque maldito, Fancine, Amazing Monsters, Diari de Balears, IB3 Radio…). Autor de “Lucio Fulci. Autopsia de un cineasta” (Tyrannosaurus Books, 2015) así como integrante del libro colectivo “Zombie Films. Vol.1, Europa” (Dolmen, 2011) ha dirigido también varios cortometrajes, entre ellos Rates (Primer Premio Art Jove’12, Primer Premio en la II La Nit + curta, Mejor guión en el Suspiria Fest’13), 89% o los documentales Diario íntimo de una actriz (Mención especial del jurado en el Mèdit ‘15) y Víctor Uris: els camins del blues.

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José Luis Salvador Estébenez (Madrid, 1979). Crítico de cine. Fundador del popular blog “La Abadía de Berzano”, José Luis Salvador colabora asiduamente en diversidad de medios como la prestigiosa revista especializada Dirigido por, así como El buque maldito o Amazing Monsters. Como escritor ha participado en libros de cine colectivos como “Las pesadillas de Wes Craven” (Arkadin Ediciones, 2016), “Ópera Prima: de la independencia al blockbuster” (AppleHead, 2018), “Paul Naschy – Jacinto Molina. La dualidad de un mito” (Vial of Delicatessens, 2017) y “La casa de los horrores de Tobe Hooper” (Vial of Delicatessens, 2019). Los dos últimos coordinados por él mismo en calidad de editor.

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Jaume Albertí Blázquez (Mallorca, 1973). Propietario y gerente del establecimiento especializado en cómic mejor considerado de Ciutat, Gotham Còmics, Jaume desarrolla paralelamente una actividad como promotor cultural tanto colaborando con el Clúster de Còmic i Nous Mèdia de Mallorca, organizadores de CòmicNostrum. Festival Internacional de còmic de Mallorca como con la promoción de promesas locales con las publicaciones de su propia editorial, Llibres Lem, con publicaciones como “Ecos de Otras Dimensiones. De Arkham a Gotham” (Llibres Lem, 2018), una antología de cuentos de terror de inspiración Lovecraftiana o “La nova onada d’autors emergents” (2016), publicación colectiva de guionistas y dibujantes de cómic de las Illes Balears.

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Xavier Borrull Caballero (Mallorca, 1975). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Cardenal Herrera-CEU, Xavier es un cinéfilo empedernido que desarrolla su actividad profesional como operador de cámara para los informativos de nuestra televisión autonómica IB3. Su pasión por la informática y los videojuegos le llevaron a ser co-fundador y consultor visual de Mansion Games, una startup dedicada al desarrollo de videojuegos con plena vocación transmedia. Un nuevo concepto de entretenimiento con una narrativa y arte muy cuidados.

Palma también fue Grindhouse

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Palma también fue Grindhouse” es el proyecto de Juan Villafafila y Pako Navarro en el que estos dos auténticos cinéfilos rememoran tiempos mejores para los cines como emplazamiento para el visionado de películas. Con una serie de charlas y un blog dedicado -teniendo como leitmotiv el rescate de los anuncios de prensa que anunciaban los antológicos programas dobles que se programaban en los cines de barrio de Palma de Mallorca hace ya algunas décadas – estos dos cinéfagos pretenden mostrar al mundo que esos años comprendidos entre 1970 y 1985 son los últimos años en los cines eran eso: cines. Templos de culto donde se proyectaban filmes para el deleite de la audiencia. Más información de este interesante proyecto aquí

Películas

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¿Quién puede matar a un niño? (Íd, Narciso Ibañez Serrador, 1976). Tom y Evelyn son una pareja de turistas ingleses que viaja a una población costera española para disfrutar al fin de una tardía luna de miel. Sin embargo, cuando llegan, se quedan decepcionados: el lugar es demasiado bullicioso para pasar las tranquilas vacaciones que ellos habían planeado. Deciden entonces alquilar una barca para visitar una pequeña isla en la que Tom había estado cuando era más joven. Su sorpresa será mayúscula cuando descubran que los únicos habitantes de la isla son niños, unos niños que, animados por una misteriosa fuerza, se rebelan contra los adultos.

Aliens

Aliens, el regreso (Aliens, James Cameron, 1986). La comandante Ripley, única superviviente del Nostromo, es encontrada flotando en el espacio por una nave de reconocimiento que la lleva hasta una base cercana a la Tierra. Una vez allí se entrevista con las autoridades, a las que alerta de la existencia de una forma de vida asesina en el planeta LV-426 el cual, durante el tiempo que Ripley ha permanecido perdida en el espacio, ha sido colonizado. Cuando se pierde la comunicación con dicha colonia, Ripley acepta volver junto a una expedición formada por un grupo de marines que viajará al planeta con la misión de descubrir lo que ha pasado.

Colabora

BNI Evolución / Frau Automóviles / Sputnik Radio / Gotham Còmics /

Ajuntament de Palma / Teatre Catalina Valls / Kaito Shop

 

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One Cut of the Dead

One Cut of the Dead es una de esas joyitas destinada a convertirse, por méritos propios, en una cinta de culto. Tras un exitoso periplo por festivales de todo el mundo, la peli ha logrado estrenarse en muchos países, incluido el nuestro. Podéis leer mi crítica de la película de Shinichiro Ueda en La Abadía de Berzano!!!

La abadía de Berzano

One Cut of the Dead-posterTítulo original:Kamera o tomeru na!

Año: 2017 (Japón)

Director: Shinichirô Ueda

Productor: Koji Ichihashi

Guionista: Shinichirô Ueda

Fotografía: Takeshi Sone

Música: Nobuhiro Suzuki

Intérpretes: Takayuki Hamatsu (Takayuki Higurashi), Yuzuki Akiyama (Aika Matsumoto), Harumi Shuhama (Harumi Higurashi), Mao (Mao Higurashi), Kazuaki Nagaya (Kazuaki Kamiya), Hiroshi Ichihara (Kasahara), Manabu Hosoi (Manabu Hosoda), Sakina Asamori [acreditada como Sakina Iwaji], Takuya Fujimura, Ayana Gôda, Manabu Hosoi, Satoshi Iwagô, Kyôko Takahashi, Yoshiko Takehara, Tomokazu Yamaguchi, Shuntarô Yamazaki, Miki Yoshida, Shin’ichirô Ôsawa…

Sinopsis: Un déspota y perfeccionista hasta el extremo director y su equipo filman una película de zombis de bajo presupuesto en una instalación militar abandonada. El rodaje se convertirá en una pesadilla cuando sean atacados por los mismos muertos vivientes que hasta el momento sólo existían en la ficción.

One Cut of the Dead-1

En el seno de un subgénero tan trillado como el zombi sería raro que, a estas alturas, se nos pueda ofrecer novedad alguna o…

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La noche de Halloween (Halloween, David Gordon Green, 2018)

La Noche de Halloween Halloween David Gordon Green 2018 (19)

Titulo original: Halloween / Año: 2018 / País: Estados Unidos / Duración: 109 min. / Director: David Gordon Green / Guión: Producción: Jason Blum, Malek Akkad, Bill Block / Fotografía: Michael Simmonds / Música: John Carpenter, Cody Carpenter, Daniel Davies / Diseño de Producción: Richard A. Wright / Montaje: Tim Alverson / Reparto: Jamie Lee Curtis (Laurie Strode), Judy Greer (Karen Strode), Andi Matichak (Allyson), James Jude Courtney (Michael Myers), Nick Castle (Michael Myers), Haluk Bilginer (Dr. Sartain), Will Patton (oficial Hawkins), Rhian Rees (Dana Haines), Jefferson Hall (Aaron Korey), Toby Huss (Ray), Virginia Gardner (Vicky), Dylan Arnold (Cameron Elam), Miles Robbins (Dave), Drew Scheid (Oscar), Jibrail Nantambu (Julian)


Cuarenta años han pasado desde aquella fatídica noche de Halloween de 1978 en la que la joven Laurie Strode sobrevivió al ataque por parte del perturbado Michael Myers, quien asesinara a sus amigos, en la pequeña localidad de Haddonfield, Illinois. Strode, ahora apartada de la sociedad, no ha logrado pasar página y ha consagrado su vida a su preparación, física y mental, con objeto de acabar con la vida de aquel que ha arruinó la suya. Por otro lado, Myers, encerrado durante esas largas cuatro décadas en un sanatorio mental, ha escapado durante un traslado. Ahora está suelto sin control en Haddonfield y Strode podrá acabar con él de una vez por todas. ¿O no?


Después de cuarenta años, los transcurridos desde que apareciera en las pantallas de las salas de cine el seminal filme “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978), la historia es bien conocida por cualquier aficionado al género. Tan conocida, tan sabida, que podría dejar de considerarse una historia -en el sentido más generalista de la palabra- para ser Historia (o Leyenda) del Séptimo Arte. Pero (Por si acaso hay algún recién llegado o, en su defecto, despistado en la sala), recapitulemos y retrocedamos hasta aquella maravillosa década de los setenta. Periodo fructífero para el género del terror -con su irrupción, gracias a títulos amparados por los grandes estudios, dentro del circuito Mainstream o considerado más serio por la crítica especializada- y en la que podíamos encontrar a más gente del mundo del cine tratando de emular la notoriedad (sobre todo económica) de las cintas más exitosas que protagonizaron las pesadillas del público de la época. Sin dejar de lado el hecho del contexto socio-económico en el que se encontraban los Estado Unidos, sumidos en una grave crisis que acabaría con el estado de bienestar precedente. Sumando a ello un ambiente de descontento generalizado por las clases medias y más humildes, así como sus jóvenes.

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Este momento, momento en el que fructificará el género denominado como “American Gothic”, fue el telón de fondo en el que muchas de las cintas circunscritas a este “Cine de horror típicamente estadounidense” (1) reflejaron la realidad de su momento. El crítico e historiador cinematográfico patrio Antonio José Navarro, en el ensayo coordinado por él mismo titulado “American Gothic. El Cine de terror USA 1968-1980”, afirma que “Localizado fundamentalmente entre 1968, año en que se produce la Ofensiva del Tet en Vietnam (21 de enero – 23 de febrero), y la llegada a la presidencia de Ronald Reegan en noviembre de 1980, el ‘American Gothic’ se ciñe principalmente a producciones de bajo presupuesto y algún que otro producto amparado por una ‘major’, y aborda lo terrorífico y lo fantástico -radicado siempre en los USA- desde una perspectiva contemporánea” (2). Según Navarro (y otros tantos estudiosos que han vertido ríos de tinta sobre el tema que nos ocupa), estos filmes “Ilustraban, de forma fehaciente, aunque muy dispar, las inquietudes que durante algo más de una década atenazaron a los ciudadanos norteamericanos” (2).

Pero volviendo a “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978) y resumiendo al máximo (no es este ni el momento ni el lugar y gente mucho mejor que un servidor ha escrito sobre el tema), nos encontramos ante la cinta que -sabiendo de sobra que no fue la primera en su especie- puso las bases del fructífero y posteriormente explotado (sub)género “Slasher”. Ese mismo tipo de películas en las que un asesino -misterioso o no- con ciertos aires sobrenaturales -o no- se dedica, arma blanca fálica de gran tamaño en mano, a asesinar a jovenzuelos -y jovenzuelas-. Viendo el resultado de la cinta -convertida en clásico indiscutible- es más que evidente que el advenedizo y futuro “Director de Culto” John Carpenter no era consciente de que estaba grabando a fuego su nombre dentro de la historia del cine. Más bien, es más probable que el director de Carthage pusiera toda la carne en el asador convirtiendo una simple historia de asesinatos en un complejo y calculado ejercicio cinematográfico. Nunca sabe el novel cuando podrá volver a sentarse tras las cámaras.

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La entonces primera entrega (en aquel momento ni siquiera entraba en los planes de sus responsables convertirla en franquicia) del implacable asesino Michael Myers -y su némesis, el doctor Samuel Loomis- tuvo, por un lado, el mérito de multiplicar los exiguos 300.000 dólares de su presupuesto en unos 55 millones de dólares de recaudación en taquilla y, por el otro, en sentar las bases antes mencionadas y los lugares comunes más típicos que multitud de subproductos, sin complejo alguno, copiaron con descaro (siempre teniendo en cuenta los aspectos más gráficos e incluso exagerándolos hasta el paroxismo). No es baladí afirmar que sin la cinta de Carpenter y la figura de Michael Myers, el “Boogieman” más icónico de la cultura popular, es poco probable (aunque no imposible) la llegada del resto de “Hombres del Saco” posteriores, es decir, de los Jason Voorhees de la saga “Viernes 13” (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980), el desfigurado Freddy Krueger de “Pesadilla en Elm Street” (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), el casi desconocido Cropsy de “La Quema” (The Burn, Tony Maylam, 1981), el amigable Chucky de “Muñeco Diabólico” (Child’s Play, Tom Holland, 1988) o el más moderno GhostFace de “Scream: Vigila quien Llama” (Scream, Wes Craven, 1996) entre otros muchos -muchísimos- anónimos matarifes enmascarados. Quizá incluso tampoco se hubiera coronado como “Reina del grito” la hija de Tony Curtis y Janet Leigh, Jamie Lee Curtis.

Curtis, al igual que Carpenter -pero por otras razones-, acabaría desvinculándose de la (ya convertida en) saga que le dio fama. Tras la segunda entrega, aquí en España extrañamente titulada como “Halloween II: ¡Sanguinario!” (Halloween 2, Rick Rosenthal, 1981), la joven actriz -curtida ya en lo que se refería a enfrentamientos con psicópatas- daba carpetazo a su bagaje como “Scream Queen” hasta que, ya metidos en la década de los noventa y con una renovada fiebre por el “Slasher” -culpable de ello fueron el director Wes Craven y el guionista Terry Williamson-, la Curtis volvió al redil. En esa ocasión se celebraba el vigésimo aniversario del estreno de la cinta original y la criatura se llamaba “Halloween H20: 20 Años Después” (Halloween H20: 20 Years Later, Steve miner, 1998). Pese a que en una reciente entrevista para Variety ha manifestado que intervino en dicho filme por dinero, se dice -se comenta- que no sólo accedió a volver a enfrentarse a su hermano en la ficción, sino que se esforzó y puso de su parte para que Carpenter también se reencontrara con los personajes que le hicieron popular. Todos sabemos que no fue así y que un artesano del fantástico como Steve Miner realizó un trabajo lo suficientemente notable -con una abultada recaudación mediante- como para volver a insuflarle vida a las andanzas de Myers tras una irregular saga. Pese a ello, la historia se acabaría repitiendo y el público dejaría de respaldar la siguiente (e infecta) entrega acabando por dejar de lado -tras las dos entregas Remake/Reboot “Halloween: El Origen” (Halloween, 2007) y “Halloween II” (íd, 2009) dirigidas por Rob Zombie- al famoso asesino de la customizada máscara del Capitán Kirk de “Star Trek” (íd, 1966-1969).

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La vida de Michael Myers, tanto en la ficción como fuera de ella, nunca ha sido fácil. Siempre ha estado llena de altibajos y decisiones arriesgadas que no han llegado a buen puerto. El listón se dejó demasiado alto desde el primer momento y, como se suele decir coloquialmente, “Nunca ha llovido a gusto de todos”. La franquicia siempre ha sido criticada -o como mínimo ha dividido a un “Fandom” misteriosamente cruel con la saga cuando ha sido mucho más benevolente con sus imitadores- tanto cuando ha seguido una línea conservadora y ceñida al encorsetado esquema inicial creado por Carpenter como cuando ha optado por darle un giro al concepto. Entre los ejemplos más claros de la primera tendencia tenemos la secuela inmediata, “Halloween II: ¡Sanguinario!”, así como “Halloween 4: El Regreso de Michael Myers” (Halloween 4: The return of Michael Myers, Dwight H. Little, 1988) o el Remake  de Rob Zombie. Y entre los de la otra vertiente, el más evidente fue la salida por la tangente de John Carpenter y Debra Hill con “Halloween III: El Día de la Bruja” (Halloween III: Season of the Witch, Tommy Lee Wallace, 1982), el ridículo “Reality Show” con Myers como protagonista de “Halloween: Resurrección” (Halloween: Resurrection, Rick Rosenthal, 2002) o el enfoque más cercano al “Arte y ensayo” de la secuela del remake de Zombie de 2009. De hecho, con esta última aventura se dio carpetazo al personaje y se le condenó al ostracismo. Tal vez porque no había nada más que contar. ¿O no? Con otra importante fecha efeméride en ciernes, la del cuarenta aniversario, los medios de comunicación se hacía eco de la noticia: John Carpenter volvía a estar involucrado en una película de la saga -aunque no como director- y la protagonista sería, nada más y nada menos que, Jamie Lee Curtis. Ambos también realizan en la cinta labores de producción ejecutiva y Carpenter ha participado en su banda sonora. Es tontería señalar que ese día las redes ardieron.

Una vez puestos en situación, vale la pena comentar un aspecto que vuelve a repetirse dentro de la historia de la franquicia, es decir, la recurrente eliminación del “canon” de aquellas entregas no del gusto de los responsables de turno. Si hasta la sexta parte  “Halloween: La Maldición de Michael Myers” (Halloween: The Curse of Michael Myers, Joe Chappelle, 1995) nos encontrábamos ante una “Novela río”, una continuidad tradicional -con la excepción de la tercera entrega que no tenía ver con nuestro asesino favorito-, al llegar a la película que conmemoraba el aniversario número veinte de la cinta de Carpenter se borraba toda existencia de la denominada “Trilogía de Jamie Lloyd” (La sobrina del famoso “Boogieman” en esa dimensión alternativa del “Halloweenverso”) que conformaban las entregas de la cuarta a la sexta y enlazaba directamente con la primera secuela dirigida por Rick Rosenthal. Tras el fiasco de “Halloween: Resurrección”, Rob Zombie firmaba su particular Reboot dividiendo aún más al “Fandom” y creando su propio universo. Por su parte, la nueva cinta dirigida por David Gordon Green, abre otra historia que transcurre cuarenta años después de “La Noche de Halloween” (Halloween, John Carpenter, 1978) original dejando totalmente de lado toda entrega de la saga que no sea la seminal. Con ello, y con las matemáticas como aliadas, podemos contar hasta cuatro líneas temporales -cinco si tuviéramos en cuenta el episodio del doctor Challis con las máscaras Shamrock-. Algo que acabaría por marear a todo un curtido en el tema como el doctor Emmet Brown de “Regreso al Futuro” (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985) o ríanse ustedes del “Multiverso súper heroico” de los “Súperhéroes” de la “DC Comics”. Como he comentado antes, la vida de Michael Myers nunca ha sido sencilla y podemos ver incluso como, de un plumazo, el responsable de turno acaba inflexiblemente con sus lazos familiares -eso da incluso más miedo-.

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Sin embargo, todo eso acaba por importar lo más mínimo al respetable puesto que cuando uno se sienta en la butaca del cine para enfrentarse a los 109 minutos de duración de la nueva “La Noche de Halloween” solamente lo hace para ver el enfrentamiento que previamente se nos ha vendido. Nada importa más que el “Cara a cara” -sean hermanos o no- de Michael Myers y Laurie Strode. Una Laurie Strode que, al igual que su homónima en “Halloween H20: 20 Años Después”, vive marcada por el pasado. Un pasado que no logra olvidar ni superar, que no sólo ha estado presente durante los largos cuarenta años que separan la acción desde los sucesos acaecidos en la noche del 31 de octubre de 1978 sino que también ha afectado a la faceta más importante -o de las más importantes- para una mujer: Su faceta como madre. Aquella fatídica noche en la que Myers decidió acabar con los amigos de la joven Laurie, no sólo traumatizó al personaje encarnado por Jamie Lee Curtis, sino que, indirectamente, su futura hija -y, por extensión, nieta- sufrirán las consecuencias. La antaño joven Strode, ahora convertida en abuela coraje, ha consagrado su vida entera a aquello que la martirizaba desde aquella funesta noche de Halloween, es decir, a prepararse para el combate definitivo contra su agresor. Y, cual Sarah Connor en “Terminator 2: El Juicio Final” (Terminator 2: Judgment Day, James Cameron, 1991), su hija Karen -interpretada aquí por la actriz Judy Greer- se vería inmersa, en contra de su voluntad, en tal despliegue preventivo. Esta incapacidad por llevar una vida normal, e incluso por “echarse a la bebida”, no es nueva. Hace dos décadas, Curtis ya puso cara a una madura Laurie incapaz de superar sus miedos y llevar una vida feliz. Sin embargo, aquí David Gordon Green va un paso más allá convirtiéndola en una huraña y arisca guerrera en un intento de convertir esta vez al depredador en presa. Es por ello que nada de lo que ocurra durante el desarrollo del metraje no deba eclipsar o pueda interesar más al espectador que aquello a lo que ha acudido al cine: el ya mencionado “Tête à tête” entre Jamie Lee y Michael Myers -interpretado (compartiendo el personaje con el actor James Jude Courtney) por aquel que, fruto de la casualidad o de las restricciones presupuestarias, diera vida y un particular lenguaje corporal a nuestro “Hombre del saco” favorito en el 78, Nick Castle-. En esta ocasión, serán las protagonistas femeninas las que dejarán de lado el habitual rol de víctimas para tener un papel más proactivo frente a la amenaza, una clara señal de los tiempos en los que vivimos.

En opinión de un servidor, tanto da arrancar del “Canon” todo lo anterior porque no importa. Salvo que dicha maniobra esconda las intenciones -y visto el resultado, muy evidentes- de “Rebootear” la saga con una cinta que, más que una secuela, parece un completo homenaje a toda la franquicia. Los 77 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana en EEUU son claro indicio de que no será la última vez que veamos al asesino de la máscara blanca. Cuando digo que esta nueva versión -o secuela, como prefiramos llamarla- de “La Noche de Halloween” es un homenaje a toda la saga -además de a la cinta original- es porque este producto perpetrado por Universal, Miramax y Blumhouse está repleto de situaciones y lugares comunes que todo Fan de las aventuras de Michael Myers ha podido ver en las cintas previas. Salvo un par de detalles y subtramas dentro la trama principal -que lamentablemente no llegan a nada inédito, pese a parecer en algún momento podían aportar elementos novedosos- todo lo que ocurre lo conocemos de sobras. Todos los tópicos y clichés vistos en cada una de las entregas de “La Noche de Halloween” están presentes. Personajes, estructuras, estampas y planos calcados incluidos. Veremos el sanatorio de Smith’s Grove, a sus pacientes deambulando como Zombies por la carretera, a un sosia del doctor Loomis (Aquí llamado doctor Sartain e interpretado por el actor de origen turco Haluk Bilginer), a un agente de la autoridad abrumado por la macabra realidad, jovenzuelos con pensamientos oscuros (Esos tan propios de la adolescencia), un barrio residencial con calles abarrotadas de niños disfrazados y otras tan desiertas y oscuras que se hace evidente no recomendar su tránsito por ellas, patios traseros por los que colarse y degollar a los habitantes de su viviendas, armarios en los que esconderse, la voz en Off del actor Donald Pleasance, una gasolinera masacrada por nuestro “Boogieman”, la incógnita de un posible relevo generacional o, por supuesto, una máquina de matar suelta sin control en una pequeña localidad del medio oeste de los “Estados Unidos”. Sin dejar de lado la banda sonora en la que el maestrom Carpenter, junto a su hijo Cody, ha participado. Sí, señoras y señores, saga “Halloween” en estado puro.

 

La Noche de Halloween Halloween David Gordon Green 2018

Es por ello por lo que me resulta difícil decidir si, tras visionar el filme, he visto una secuela más, un “Remake” encubierto o un “Reboot” de la serie. Todo ello pensando como pensaría un “Fan” veterano. Sin embargo, como es costumbre, el sino de los tiempos cambia -pese a que, en cierta medida, nos resistamos a ello- y “Hollywood” no ceja en su empeño de contar de nuevo sus viejas historias (dejemos de lado, para otro día, el sempiterno debate de la escasez de ideas de la “Meca del cine”) adaptándolas a los gustos de los nuevos espectadores. Parece como si los responsables de revivir a Michael Myers hayan tomado todo lo que funcionaba -o les gustaba- de sus andanzas previas y hayan decidido incorporarlo a la nueva película convirtiéndola en un refrito afín a las nuevas tendencias, pero siendo totalmente respetuosos con el material primigenio. Por un lado, tendremos todo lo que ha convertido al clásico de Carpenter en clásico y, por el otro, los elementos que el público actual demanda en este tipo de productos. No faltarán elementos que funcionarán como alivios cómicos -supongo que con objeto de relajar una tensión que los estómagos de los Teenagers más Mainstream de los “Dosmiles” no acaban de digerir bien-, así como ciertas dosis de “Gore” y violencia explícita inéditas -como mínimo antes de las cintas dirigidas por Rob Zombie- en la franquicia más clásica. Y ya que he mencionado el nombre del marido de la bellísima Sheri Moon Zombie, se ha optado por darle continuidad al Look del que Myers hacía gala en el film de 2007. Es decir, la máscara gastada y sucia –aquí más centrada en simular la vejez del personaje que su grado de locura- en contraposición a esa faz de blanco nuclear de las entregas precedentes. Y no sólo su imagen, el “Boogieman” de la nueva línea temporal es tan salvaje y violento como el de las películas del director de “La Casa de los 1000 Cadáveres” (House of 1.000 Corpses, Rob Zombie, 2003).

Pero que el espectador no se alarme, no se eche las manos a la cabeza y piense que nos encontramos ante un mal producto o una adaptación para “Milenials” de su clásico del terror favorito. Todo lo contrario. Al menos en opinión de quien suscribe estas palabras. “La Noche de Halloween” de David Gordon Green es un cuidado ejercicio cinematográfico que, evidente es, no alcanza las cotas del original, pero que tiene los visos de convertirse en un digno sucesor. El filme resultante es uno filmado con buen pulso, calculado milimétricamente para agradar tanto a “Rookies” como veteranos y capaz de mantener al público expectante durante su metraje, pese a cometer ciertos errores al abrir vías que se cerrarán de la forma más convencional ya que nada ni nadie puede eclipsar aquello que hemos ido a presenciar: el “Combate Final” entre dos viejos antagonistas. Y eso no es fácil, es decir, aguantar todo el viaje, sin bostezar, sabiendo de antemano su final es algo que tiene su relativo mérito. La crítica, como es de prever, está algo dividida siendo más abultadas las alabanzas que los puñales de sus detractores, pero ¿podemos decir que es la mejor secuela de la saga, como apunta la crítica especializada? Un servidor no llegaría tan lejos, pero sí afirmaría que es una muy buena oportunidad de darle un final digno -cosa que dudo- al personaje de Michael Myers haciendo “Borrón y cuenta nueva”. Sólo el tiempo lo dirá.

Apéndice:

(1) “American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980” (Antonio José Navarro, [Coordinador], “Donostia Kultura”, 2007 [Pág. 12])

(2) “American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980” (Antonio José Navarro, [Coordinador], “Donostia Kultura”, 2007 [Pág. 13])

La Noche de Halloween Halloween David Gordon Green 2018 (9)

El Rey Araña (Joss Vann, Simone D’Armini)

El Rey Araña Joss Vann Simone D’Armini (1)

Titulo original: The Spider King / Guión: Joss Vann / Dibujo: Simone D’Armini / Portada: Simone D’Armini / Formato: Rústica / Páginas: 112 pags. / Editorial: Grafito Editorial / Precio: 16 € / ISBN: 978-84-947670-2-9


Año 956 D.C. Cuando el rey del clan Laxdalo del Norte fallece, su hijo y heredero, el joven Hrolf, se ve obligado a asumir el liderazgo de su clan en una cruenta guerra contra su tío Aarek El Lobo, aspirante y usurpador del Trono, por el control del territorio. Años más tarde, cuando Aarek está cercano a la victoria, su sangriento conflicto es interrumpido por una invasión alienígena.


Si por algo se caracteriza la editorial de cómics patria “Grafito Editorial” es por su clara apuesta por el arte secuencial de calidad, teniendo como leitmotiv su prioridad por la producción nacional -en su catálogo encontramos conocidos autores de la talla de Sergio Bleda o Nacho Fernández- Pero, en ocasiones no ha escatimado a la hora de traernos propuestas de empaque del panorama internacional. Ese es el caso de la obra a tratar hoy, “El Rey Araña”, un cómic tan curioso como atrayente que nos llega desde uno de los puntos más alejados de nuestro país del globo terráqueo, es decir, Australia. Escrito por el australiano Joss Vann y dibujado por el italiano Simone D’Armini, su cómic es el resultado de un exitoso “Crowdfunding” con el que los autores intentaban dar luz su proyecto lejos de los cauces editoriales habituales. Además, el trabajo de ambos autores viene precedido por ser el finalista y ganador del “Bronze Ledger” de 2017, el premio del certamen más importante y prestigioso que se otorga en el país que vio nacer a la banda de rock ACDC.

Lo que principalmente puede llamar nuestra atención una vez tenemos en nuestras manos este bonito tomo publicado por “Grafito” es -dejando a un lado su bonita portada/homenaje al importante ilustrador ruso Ivan Yákovlevich Bilibin- el curioso “Mashup” entre la épica vikinga y la “Scifi” de invasiones alienígenas más aterradora. “El Rey Araña” cuenta la historia de dos clanes del Norte en una lucha fratricida por el control del territorio. La muerte en combate del líder del clan Laxdalo, el Rey Hallvard, deja la responsabilidad de defender el Trono a su hijo Hrolf. Éste se verá obligado a continuar la lucha y a repeler los envites de su tío Aarek El Lobo, el usurpador y aspirante al poder. Cuando éste, en el fragor de la batalla, está cercano a la victoria -y la vida de su sobrino se encuentra prácticamente en sus manos en su cruento duelo final-, la contienda se ve interrumpida por una extraña lluvia de brillantes cuerpos celestes. Realmente, y para asombro de las gentes del año 956 D.C., de entre las nubes desciende la avanzadilla de una invasión alienígena. La raza invasora, los D’givani, se caracteriza por ser una suerte de forma de vida parasitaria que necesita de un huésped anfitrión. Su líder, Slarpax, acabará poseyendo el cuerpo de Aarek para poder desatar su sed de sangre y destrucción. A menos que alguien pueda oponerse a ello.

En el plano argumental, Joss Vann nos plantea una historia tan simple como intensa. Nada de lo que leamos es nuevo, pero la manera en la cual el autor es capaz de mover a sus personajes y desarrollar la trama, con ese giro extremo hacia el terror y la ciencia ficción incluido, es tan natural, tan orgánica, que hace que el relato posea un cierto aroma a “Pulp” totalmente desinhibido. Con dos leves pinceladas, el guionista hace capaz el buen desarrollo -y “Background”- de un conjunto de personajes que se caracterizan por sus estereotipados roles. En la rotundidad de su presentación, encontraremos al héroe a su pesar que confunde imprudencia con valentía, al viejo mentor sabio, a la princesa guerrera que se opone al papel que unilateralmente ha impuesto a la mujer o al malo-malísimo. Y es que el villano de la función es una de las bazas de la historia. Un ser perverso, sin contemplaciones ni piedad, cuyas ansias por destruirlo todo sólo pueden compararse a su carisma. Junto al resto de sujetos, protagonistas de un relato que avanza de forma directa -sin prisa, pero sin pausa-, ágil y sin estancarse en elementos superfluos ni puntos muertos. Una sencillez en la que se mezclan sin pudor alguno los géneros antes mencionados, todo ello salpicado de un cierto humor negro que no sólo hace que “El Rey Araña” sea entretenido sino también divertido.

El plano artístico puede llevar a engaño, ya que detrás de ese magnífico buen hacer del romano Simone D’Armini de aire tan -podemos decir- infantil encontramos imágenes de gran impacto visual debido a su contenido explícito y violento. Detrás de ese estilo cartoon y diseño algo feísta de personajes encontramos un dibujo altamente detallista -abigarrado y barroco en ocasiones- y un muy destacado uso de la narrativa visual que nada tiene que envidiar de los grandes del sector comiquero. Sus lápices pueden recordar a los de prestigiosos patrios como nuestros David Rubín o Max o, ya en plano más internacional, a los de Mike Mignola o Duncan Fegredo. A un servidor, las páginas en las que Slarpax abduce a Aarek El Lobo han recordado a ciertos pasajes-y esto es totalmente una apreciación personal- del trabajo de Richard Case para la  “La Patrulla Condenada” (Doom Patrol) de Grant Morrison -salvando las distancias, claro está-. Todo lo comentado, al unirlo a la impactante paleta de colores de Adrian Bloch, hace que parezca sumamente fácil esa creación de atmósferas tan logradas hacen de este cómic un producto sumamente especial muy cuidado y muy recomendable.

Por el contrario -y sin que sea algo negativo-, lo cierto es que -a pesar esa primera llamada de atención antes mencionada-, y si escarbamos un poco dentro de la ficción, el mezclar la tradición o la mitología nórdica con la ciencia ficción no es algo inédito. Y el cómic no es excepción. A la cabeza me vienen obras como la imprescindible “Thorgal” de Van Hamme y Rosinki -un cómic a caballo entre la fantasía heroica y la “Scifi” en el que se nos narran la vida y aventuras de Thorgal, un hombre de otro mundo que lucha por ser aceptado por aquellos que lo consideran un extranjero- o, dentro de la producción más “Mainstream” de la “Marvel Comics”, el trabajo de Stan Lee y Jack Kirby con “El Poderoso Thor” -mitología nórdica, “Ciencia Ficción” y “Superhéroes”-, “Dios del Trueno” de Asgard. Algo que hemos podido comprobar que incluso su versión cinematográfica ha adoptado en su última entrega “Thor: Ragnarok” (íd, Taika Waititi, 2017). Sin alejarnos del “Séptimo Arte”, similar propuesta podemos encontrarla en el olvidado, pero recomendable, Film “Outlander” (íd, Howard McCain, 2008) en el que se metían en la batidora películas como “Alien: El Octavo Pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979), “Depredador” (Predator, John McTiernan, 1987) o “Pathfinder, el guía del desfiladero” (Veiviseren, Nils Gaup, 1987) y se nos presentaban a dos seres venidos de otro mundo que convertían nuestro mundo, en la Noruega del año 709 D.C. y con sus atónitos vikingos convertidos en carne de cañón, en su particular campo de batalla. Una aventura de alto voltaje que pasó con más pena que gloria, pero cuyo visionado no puede ser más entretenido -a lo que añadir la presencia de los grandes John Hurt y Ron Perlman-.

En conclusión, “El Rey Araña” es una propuesta altamente recomendable para aquellos que tengan necesidad de leer algo sencillo, pero directo. Joss Vann y Simone D’Armini -sin olvidar la importancia del color de Adrian Bloch- nos ofrecen un producto muy entretenido, muy ágil y con un aspecto visual más que atractivo. Una lectura muy disfrutable la que nos trae “Grafito Editorial” en su afán por acercar al público -es decir, a nosotros- propuestas de calidad y alejadas de los estándares y tendencias más comerciales de nuestro mercado. Sin duda, un título a tener en cuenta. tener en cuenta.

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo (Neil Gaiman, Shane Oakley)

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo Neil Gaiman Shane Oakley (1)

Titulo original: Neil Gaiman’s Forbidden Brides of the Faceless Slaves in the Secret House of the Night of Dread Desire / Guión: Neil Gaiman / Dibujo: Shane Oakley / Portada: Shane Oakley / Formato: Cartoné / Páginas: 56 Págs. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 15,95€ / ISBN: 978-84-9146-738-0


Es medianoche y en algún lugar un escritor toma su pluma con la intención de crear una terrorífica narración. Pronto se dará cuenta de que, instintiva e inconscientemente, no solo hará uso de todos los clichés de la tradición gótica, sino que sus escenas no estarán carentes de elementos cómicos que restarán verosimilitud a la narración. Si eso no fuera poco, las continuas interrupciones de un cuervo parlante, de elementos sobrenaturales escondidos tras cuadros que cuelgan de las paredes, o de su grotesco mayordomo acrecentarán su bloqueo de escritor.


La figura de Neil Gaiman no solo no es desconocida para el aficionado a las viñetas, sino que aquellos que le siguen la pista con fervor tienden al “Endiosamiento” de su trabajo. No es para menos, ya que la imaginación del guionista y escritor británico concivió uno de los mayores “Best Sellers” de todos los tiempos del mundo del cómic. Una obra que sucesivamente se reedita y maravilla a todo aquel que por vez primera se adentra en su fantástico mundo. Me refiero, por supuesto, a “Sandman” (The Sandman, Neil Gaiman, 1989-1995), buque insignia del sello “Vertigo” de Karen Berger en la “DC Comics” de las décadas de los ochenta y noventa. Las aventuras y desventuras de Morfeo dieron fama y popularidad (Y, suponemos, grandes réditos económicos) a Gaiman y, posteriormente, no solo siguió desarrollando su carrera en el “Noveno Arte”, sino que también probó fortuna, con óptimos resultados, como escritor, ya sea con novelas como su “New Gods” o “Coraline” -ambas adaptadas, una a la pequeña pantalla y la otra en una magnífica cinta realizada por el “Estudio Laika”- así como cuentos cortos. Precisamente, el cómic que trataremos hoy es la traslación al arte secuencial de uno de sus cuentos. Bajo el larguísimo título de “Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo”, la editorial estadounidense “Dark Horse” se ha encargado de publicar -tras el éxito de la previa “How to Talk to Girls at Parties”– esta adaptación al cómic del relato de Gaiman titulado “Forbidden Brides of the Faceless Slaves in the Nameless House of the Night of Dread Desire” -que se encuentra en su heterogénea recopilación “Fragile Things” (Traducida en nuestro país como “Objetos Frágiles”)- que, además, se hizo con el galardón al “Mejor relato corto” en los prestigiosos “Premios Locus” en 2005.

“Esposas prohibidas” (Reduciremos de ahora en adelante así el título) es una historia donde el británico nos demuestra que no solo es un gran escritor, sino también un ávido lector y conocedor de la tradición literaria, concretamente la gótica -entre otras-. Ésta misma es a la que el creador de Tim Hunter -protagonista de “Los Libros de Magia” (Books of Magic, Neil Gaiman, 1990)- intenta (Y logra) satirizar contándonos cómo un escritor poco avezado en la ficción, bajo la luz de las velas en una oscura y lóbrega noche, batalla contra su bloqueo a la hora de crear una obra de terror. Su natural tendencia a insertar ciertos elementos no faltos de “Comicidad” en su relato frustra sus ambiciones. Desafortunadamente, la presencia de cuervos parlantes, una espeluznante música de fondo, gritos en la noche o duelos a muerte -es decir, toda una plétora de convencionalismos del folletín gótico decimonónico- entorpecen la narración de la damisela en apuros que se supone protagonista de su novela. Amelia es una belleza de cabellos negros que corre como alma que lleva el Diablo a través de un bosque oscuro hacia un castillo gótico. En su huida, topará con fantasmas, secretos y antiguas maldiciones. Sin embargo, allí donde debería reinar la pesadumbre y la tristeza, tiene resultados tan patéticos como ridículos. Es por ello que esta historia dentro de otra historia nos mostrará cómo el autor -interpelado en varias ocasiones por su desagradable mayordomo, así como por un ave de carroña parlante- intentará hacer algo totalmente diferente: Escribir una historia de fantasía. Sin embargo, lo que se entiende por fantasía en este ficticio mundo gótico no es lo que nosotros, como lectores, entendemos como tal.

No nos encontramos con la mejor cara de Neil Gaiman. Aunque, por otro lado, todo lo que este hombre escribe -incluido lo irregular- se encuentra en un nivel muy superior a la media. La calidad de su trabajo es indiscutible. El padre literario de Morfeo, Muerte y el resto de su peculiar familia es capaz aquí de construir un relato muy entretenido repleto de todo tipo de referencias a la literatura gótica -e incluso a todos aquellos convencionalismos de los que hemos podido ser testigos en adaptaciones a la gran y pequeña pantalla-. Gaiman nos intenta adentrar en un mundo donde lo sobrenatural forma parte de la cotidianidad, a la vez que ésta -lo mundano- forma parte del misterio. Es en esta tesitura donde el ficcional escritor es incapaz de vencer su bloqueo de escritor que se ve perjudicado por las incesantes interrupciones de elementos que -en nuestro mundo, el real- se considerarían extraordinarias y que aquí son meras molestias para el protagonista. Y es que mientras él quiere escribir algo serio, un pedazo de vida, su tía encerrada en el ático aúlla como una loca, o en el retrato colgado de una pared son recitados ciertos encantamientos por parte de criaturas sobrenaturales. Distracciones que, todo aquel que se haya sentado frente a la “Famosa” hoja en blanco, habrá tenido que sortear -aunque, en mi caso por ejemplo, carecen de tanto glamour- con tal de poder concentrarse y ponerse en faena. Es más que probable, que esta forma de “Girar la tortilla” tan típica de Gaiman pueda provocar que el lector esboce una sonrisa. Sin dejar de mencionar que este contraste entre lo oscuro y el terror conjugado con diálogos ingeniosos y divertidos supone que la lectura del cómic sea entretenida. Como he mencionado con anterioridad, no es lo mejor que podemos leer del escritor inglés pero, sin duda, está muy por encima de la media.

Pero si hay algo que destacar de este “Esposas prohibidas” es su apartado gráfico. Encargado de ello es el dibujante Shane Oakley, autor con más de 20 años de trayectoria en el medio, pero que podríamos considerar como prácticamente desconocido. Revisando su trabajo, gracias a la red de redes, podemos destacar su participación en la miniserie “Albion”, publicada por “Wildstorm Studios” en 2006 bajo una idea de Alan Moore que tanto su hija, Leah Moore, como su marido, John Reppion, desarrollarían después. El arte de Oakley no solo es interesante y casa perfectamente con el mundo oscuro, gótico, que Neil Gaiman nos plantea, sino que es totalmente capaz de crear la atmósfera terrorífica a la que se presta el relato.

Detallista hasta el extremo, en sus viñetas podemos encontrar la totalidad de las descripciones que Gaiman ofrece con sus textos. Incluso se pueden ver detalles aparentemente insignificantes como, por ejemplo, la luz blanca del fuego reflejándose en la cara de la doncella. Su adaptación al blanco y negro -con su plasmación de una realidad envuelta en negras siluetas- proporcionan una intensa experiencia visual. El uso de ciertos toques de color en ciertos momentos de la narración, realza el interés en ellos. Asistido por el color de Nick Filardi, su muy sutil paleta de colores está intrínsecamente relacionada con las escenas más dramáticas de la ficción siendo poseedoras de gran impacto en la historia. Si tuviera que resumir, en una palabra, el trabajo de sus responsables, ésta sería sin ninguna duda excelente.

En definitiva, “Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo” -publicada en nuestro país por Planeta Cómic en un bonito tomo cartoné- es una de esas historias entretenidas resultantes de la faceta más traviesa de Neil Gaiman. Una broma ingeniosa, caprichosa e inteligente de uno de los escritores más interesantes que ha dado el cómic -y la ficción en general- que se encuentra magistralmente acompañada por el arte de un dibujante, Shane Oakley, al que no deberíamos perder la pista -incluso si se prodiga poco-. No puedo más que recomendar al lector que se haga con un ejemplar y lo juzgue él mismo. Tan solo la hermosura de su aspecto visual justifica el acercamiento a este cómic. Se lo aseguro.

Oblivion Song nº 1 (Robert Kirkman, Lorenzo de Felici)

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Titulo original: Oblivion Song / Guión: Robert Kirkman / Dibujo: Lorenzo De Felici / Portada: Lorenzo De Felici / Formato: Rústica / Páginas: 144 pags. / Editorial: Planeta Cómic / Precio: 15’95€ / ISBN: 978-84-9173-081-1


Una misteriosa brecha abrió un portal dimensional en la ciudad de Filadelfia. 300.000 de sus ciudadanos desaparecieron siendo sustituidos por feroces criaturas monstruosas que sembraron el caos y la muerte a su alrededor. 10 años después de tal fatídico acontecimiento, la sociedad americana trata de pasar página. Sin embargo, Nathan Cole no se ha rendido. Gracias a su tecnología es capaz de atravesar la brecha que lleva a Oblivion con el objetivo de encontrar supervivientes en tal peligroso e inhóspito paraje.


Robert Kirkman es, quizá, una de las figuras mejor establecidas dentro del panorama del cómic mainstream americano junto con colegas de profesión como Brian K. Vaughan, Jason Aaron o Rick Remender, por nombrar algunos nombres de sobrada calidad. Proveniente del mundillo indie, su buen hacer contribuyó en buena medida en su escalada por el sector editorial convirtiéndolo en uno de los más reconocidos guionistas del otro lado del Atlántico. Pese a que su faceta más emprendedora y empresarial (ya sea como responsable o como productor ejecutivo en las series de televisión que adaptan sus obras) impida que se prodigue demasiado, esporádicamente el autor es capaz de ofrecernos novedades “comiqueras” para nuestro deleite. Y es que el que fuera el creador de dos de las más mediáticas series en el seno de Image Comics, por supuesto me refiero a Invencible y Los Muertos Vivientes, ha estandarizado de tal manera su forma de hacer las cosas que, a priori, sabemos perfectamente a qué exponemos nuestras expectativas ante el anuncio de nuevos trabajos por su parte. Es por ello que su Oblivion Song no suponga una sorpresa para los lectores más avezados, pero sí una nueva visión vigorizante de Robert Kirkman de un relato de ciencia ficción con el que encandilarnos de nuevo.
Oblivion Song sitúa su acción diez años después de un trágico acontecimiento que trastocó a la sociedad de los Estados Unidos. La premisa es bastante simple, pero al tratarse del creador de The Outcast, sabemos que (sin prisa, pero sin pausa) irá adquiriendo multitud de capas que conformarán un relato más complejo. Una gran porción de la ciudad estadounidense de Filadelfia ha sido sellada tras la invasión de cientos de monstruos provenientes de otra dimensión. Sólo una década antes, 300.000 de sus ciudadanos desaparecieron de la faz de la Tierra en aquello que los supervivientes conocen como Oblivion (que se podría traducir a nuestra lengua como el Olvido), una dimensión paralela poblada por extrañas, salvajes y violentas criaturas. Un misterioso fenómeno abrió una brecha interdimensional por la cual la ciudad fue invadida por tales monstruos brutales sumergiendo a sus ciudadanos en un mundo de pesadilla.
A semejanza de su creación más exitosa, Los Muertos Vivientes, Kirkman comienza (o más bien desgrana su relato) mucho tiempo después del trágico evento al que se conoce como “La Transferencia”. Otro autor tal vez nos hubiera puesto en situación durante el atractivo escenario de la invasión monstruosa. Pero su creador tiene la clara intención de que la historia vaya por otros derroteros. De esta manera se nos presenta a su protagonista, Nathan Cole. Tras el abandono, por parte de la Administración de los USA, de las tareas de rescate, Cole dedica su vida a “visitar” diariamente Oblivion, gracias a su tecnología de fabricación propia capaz de traspasar las distintas realidades, con el objetivo de traer de nuevo a nuestra dimensión a todo aquel pobre desdichado que quedase atrapado allí. El hallazgo de dos nuevos supervivientes, un matrimonio que llevaba diez años subsistiendo en tan hostil paraje, proporcionará a Kirkman la forma de narrarnos, con pequeñas y sutiles pinceladas, los acontecimientos del trágico momento vivido por la humanidad como si de un fatídico 11S se tratase. Algo de lo que el resto ha decidido pasar página, pero que Cole ha convertido en su obsesión personal debido a que su hermano Ed acabó perdido en Oblivion. Su reticencia a abandonar su búsqueda, pese a no contar con el apoyo gubernamental, le granjeará como mayor enemigo al propio Ejército de los Estados Unidos que no verá con buenos ojos su clandestina actividad. Y es que la aparición, con cuenta gotas, de nuevos supervivientes podría abrir un delicado debate en el seno de la sociedad. ¿Quedarán más personas atrapadas en Oblivion? Si es así, ¿por qué el Gobierno ha decidido dejarlos atrás?
La brutal realidad alternativa proporciona a Kirkman parte del enfoque de su Oblivion Song convirtiéndolo en uno de los hilos conductores del drama y de la acción. Un mundo inhóspito donde el silencio destaca sobre todo lo demás. Un silencio que denota peligro sin parangón. Sin embargo, los lectores más curtidos ya sabemos a que atenernos ante un nuevo trabajo del creador de Invencible. Kirkman construye su relato con su habitual “savoir faire”, es decir, con el desarrollo de sus protagonistas a través de sus diálogos y acciones, una exquisita planificación de su relato y una serie de giros en su guion que irán acrecentando el misterio a medida que vayamos pasando páginas. Ingredientes que hacen del trabajo del guionista de Kentucky un producto totalmente adictivo (o con altas capacidades de enganchar al lector). Con sólo un puñado de personajes, el autor consigue que nos sumerjamos en la historia. Sus interrelaciones acabarán por transmitirnos sus emociones, inquietudes y secretos además de plantearnos dudas e incluso ciertas cuestiones morales acerca de su comportamiento e idiosincrasia. Definitivamente, Kirkman sabe cómo escribir a sus individuos y hacerlos totalmente creíbles y reales. Y es que el corazón del drama de esta nueva historia del responsable del sello Skybound proviene de la tensión existente entre Nathan Cole y Washington motivada por su discordancia. Mientras los gobernantes apuestan por dejar atrás el pasado, Nathan se niega a ver el fracaso de su sociedad tallado en la piedra del monumento conmemorativo de turno dejando en el aire posibles conexiones con las discusiones (reales esta vez) sobre el control de armas o implicación en foráneos conflictos armados de su país. Un debate que no se limita (o se reduce) a la simple confrontación entre lo correcto y lo incorrecto, sino que se plantea como dos enfoques basados en la naturaleza humana del individuo proporcionando una base comprensiva a los enfoques de ambos extremos.
El apartado gráfico corre a cargo del debutante (si no tenemos en cuenta portadas variadas, dos números de The Amazing Spiderman donde asistía a Stefano Caselli y otros trabajos menores para Image Comics) Lorenzo de Felici. El italiano otorga un extremado barroquismo al fantástico mundo de Oblivion donde destacan un increíble colorido (responsable de ello es gran medida la magnífica paleta de Annalisa Leoni) y un detallismo preciosista en la conformación de un mundo post-apocalíptico muy alejado de los habituales estándares donde la naturaleza ha transformado completamente la piedra y el acero de la anterior metrópoli. Un estilo que acerca el resultado final al grafismo del mejor cómic europeo. La narrativa del autor y su disposición y diseño de páginas así lo demuestran. Sin duda, todo un lujo para Kirkman contar con un talento semejante para plasmar sus ideas. Lo mismo podríamos decir de su capacidad de crear imposibles criaturas monstruosas, pese a que pequen de ser demasiado abigarradas y crear cierta confusión en el lector. Un bestiario tan digno como el que podamos encontrar en productor semejantes como el AIDP del Universo creado por Mike Mignola para sus historias de Hellboy.
Planeta Cómics, en un inédito ejercicio de sincronización editorial con el resto de mercado europeo y americano, nos ofrece un primer TPB de Oblivion Song en el cual se recopila el primer arco argumental de la serie compuesto por sus seis primeros números. Un tomo que nos sirve de presentación y que parece sentar las bases de una historia que, a priori, tiene papeletas de convertirse en otro éxito para Robert Kirkman. El guionista sabe escribir historias, sabe crear personajes y sabe cómo engancharnos con sus radicales giros argumentales y sus ficciones cocinadas a fuego lento. Oblivion Song, por supuesto, no es ajena a todo ello. No es que la nueva serie de Image sea algo nuevo u original. Todo lo contrario. Su premisa puede incluso recordarnos a historias como La Niebla de Stephen King o la serie de televisión Los 4400. Sin embargo, el buen hacer de Kirkman convierten su producto en algo altamente recomendable si somos fans de su trabajo. En caso afirmativo, sabemos a lo que nos atenemos. No sabemos que deparará el futuro a Nathan Cole, ni si sus aventuras acabarán trasladadas a la pequeña pantalla. Sin embargo, sí sabemos que estaremos ahí para comprobarlo.