Depredador: Fuego y Piedra (Joshua Williamson, Christopher Mooneyham)

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Titulo original: Predator: Fire and Stone / Prometheus Omega / Guión: Joshua Williamson / Dibujo: Christopher Mooneyham / Portada: Lucas Graciano / Formato: Cartoné / Páginas: 152 pags / Editorial: Norma Editorial / Precio: 19,00€ / ISBN: 978-84-679-2795-5


A modo de prólogo: El evento “Fuego y Piedra” supuso un gran crossover editorial en el que se cruzaban los destinos de xenomorfosYautjas y humanos en una suerte de secuela no oficial de la película “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012) que publicó “Dark Horse Comics” en el transcurso de 2014 en cuatro sendas miniseries (una de “Aliens“, una de “AvP“, una de la recién inaugurada línea “Prometheus” y otra de “Predator“). Todos las tramas se integraban en una misma historia, pero desde cuatro puntos de vista distintos. En nuestro país, todas las miniseries (más especial en forma de epílogo) han sido publicadas por “Norma Editorial” durante el pasado año 2017 en cuatro tomos cartoné.

fire and stone


Galgo Helder ha logrado de nuevo huir de la muerte. Durante la lucha en la “Gerion” del sintético Elden contra “aliens”, “depredadores” y su propio creador, Francis, tras inocularse el mortífero “Black Goo” en su organismo y convertirse en una bestia mutada, el primer oficial de seguridad de la nave huye en la nave de patrulla “Perses” junto a dos de sus compañeros y un polizón. Éste pronto se revela como uno de los “yautjas” de la partida de caza que asaltó la “Gerion”. Galgo no lo sabe, pero acabará volviendo a “LV-223” -donde dejó abandonados a su suerte a sus compañeros de tripulación- y uniendo sus fuerzas con el “predator” en su misión de acabar con el “Ingeniero” que campa a sus anchas por el satélite.


El final de la tercera de las miniseries del evento “Fuego y Piedra” -publicado por “Dark Horse Comics” en EEUU (y por “Norma Editorial” en nuestro país) con objeto de interconectar en un mismo Universo de ficción a “aliens”, “depredadores” y los “Ingenieros” de “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012)- nos dejaba con un solitario “Elden”, ser sintético víctima de los avatares genéticos producidos al inocularle una pequeña cantidad del misterioso (peligroso y letal) “Limo negro” en su organismo. Libre de una vez por todas tras el brutal enfrentamiento con “xenomorfos”, “yautjas” mutados y su propio creador convertido en una monstruosa aberración evolutiva en el anterior capítulo de la saga. “Alien vs. Depredador: Fuego y Piedra” supone un relato en el que somos testigos de una orgía de violencia al más puro estilo de una “Monster movie” repleta de acción, gore y desmembramientos varios. En el desarrollo de su trama pudimos ver tanto como la “Gerion” como su escasa y maltrecha tripulación se veían en medio de un choque de titanes. El responsable de que la pesadilla se instaurase en la astronave no era otro que uno de los miembros de su tripulación, el primer oficial encargado de su seguridad Galgo Helder. Éste, por un lado, se había hecho con un devastador fusil perteneciente a los “Engineers” -con objeto de poder contentar a la compañía “Weyland-Yutani” al volver a la Tierra, en compensación por “perder” las naves de su propiedad lo guardaba como “oro en paño”- y, por el otro, había huido de “LV-223” en una pequeña patrullera sin saber que tanto “Elden” como un pequeño grupo de letales “xenomorfos” le acompañaban. Además de atraer a una partida de caza de “depredadores” que se encontraba en un sistema solar de las proximidades. Una situación de “fuego cruzado” de la que nada hay que envidiar. Durante el fragor de la cruenta batalla de monstruos a bordo de la “Gerion”, Galgo lograba escapar de nuevo de la muerte. A bordo de la “Perses”, el oficial de seguridad cree sentirse a salvo. Sin embargo, pronto descubrirá que tiene un polizón en la nave. Uno de los “predators” se ha colado y nuestro protagonista decidirá intentar darle caza.
Pasando las páginas de “Depredador: Fuego y Piedra” uno no para de encontrar lugares comunes y situaciones que hemos podido ver antes, ya sea en otros cómics o en las películas pertenecientes a estos grandes iconos de la cultura pop. Dentro del “Universo Predator” siempre hay incrédulos humanos que creen poder dejar de ser las potenciales presas para convertirse en cazadores, en esta miniserie habrá un momento que no será excepción. El intento de acorralar al peligroso “yautja” en el interior de la “Perses” es, no sólo el punto de arranque de la historia, sino uno de los tantos momentos a destacar de la historia. El reducido grupo de “soldados” comandado por Galgo intentará rastrear al “depredador” haciendo uso de armas no demasiado letales (una especie de lanzas eléctricas) intentando rastrear sus movimientos con una especie de aparato que capta su señal que puede recordarnos al que utilizaban los marines en el film “Aliens, el regreso” (Aliens, James Cameron, 1986) en una búsqueda del alienígena que, a un servidor, recuerda al mismo tipo de situación visto en “Alien, el octavo pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979). Incluso el hecho de querer expulsarlo al espacio abriendo la exclusa de emergencia puede retrotraernos a las mencionadas dos primeras entregas cinematográficas del “xenomorfo”. Pero no será esa la única estampa que pueda recordarnos a momentos del celuloide. Una impresionante explosión en mitad de la vegetación podrá grabarse en nuestras mentes como la similar que pudimos ver en el desenlace del primer film de “Depredador” (Predator, John McTiernan, 1987).

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El hecho de que Galgo acabe de nuevo en “LV-223” arrastro por “Ahab”, nombre con el que se bautiza al “predator” protagonista, acaba convirtiendo este “Depredador: Fuego y Piedra” en una especie de “Buddy Movie”. Dos personajes antagónicos que se ven forzados a trabajar juntos. Condenados a entenderse si quieren salir airosos de un entuerto de proporciones bíblicas: la amenaza del “Engineer” que campa a sus anchas por el satélite. No sé si será por la (relativa) importancia que tiene la figura de Shane Black dentro de la mitología fílmica de los “yautjas”, pero el primer ejemplo de este tipo de “cine de colegas” que viene a mi cabeza es la seminal “Arma Letal” (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987). Cinta cuyo guion es de Black y máximo exponente de este (sub)género que tuvo sus días de gloria a finales de la década de los ochenta y primera mitad de los noventa que se convirtió en el mantra a seguir y principal seña de identidad del estilo del director de la reciente “The Predator” (Íd, Shane Black, 2018). Ambos individuos, forzados a intentar destruir al “Ingeniero”, no pueden ser más diferentes. La definición del término héroe no va con Galgo Helder. Él es un tipo sin escrúpulos que sólo mira por su bienestar. Sólo hay alguien importante para él: él mismo. Sus responsables afirman que basaron su personalidad en el personaje interpretado por Eli Wallach en “El Bueno, el Feo y el Malo” (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone, 1966), “Tuco”. Al igual que el “Feo” de la cinta de Leone, Galgo es un tipo que tras su carácter bufonesco esconde un lado violento y peligroso. Capaz de abandonar a su suerte a los suyos, en el mejor de los casos -en esta historia llega a sacrificar las vidas de dos de ellos-, este hombre tiene demasiado desarrollado su instinto de supervivencia. Por otro lado, el “predator” llamado “Ahab” responde a esa idea del cazador obcecado mostrando su obsesión más allá de la razón. En determinados momentos podremos ser testigos de ciertos “flashbacks” que intentarán justificar la férrea voluntad del “yautja” por hacerse con esa “presa digna” personificada en la figura del “Ingeniero”. “Ahab” no sólo forzará a su compañero humano a acompañarle en su persecución del poderoso ser mencionado, sino que acabará siendo su “compañero” e, incluso, su “protector”.
Los responsables de este capítulo del “crossover”, Joshua Williamson al guion y Christopher Mooneyham al dibujo, imprimen un ritmo frenético a la historia. No dejan de pasar cosas, para total goce del lector. Nuestros protagonistas no paran quietos en ningún momento y la acción -la física, la de golpes y disparos- es predominante en el transcurso de la trama. A diferencia de las anteriores miniseries, ésta se presenta como mucho más ágil y con menor número de personajes, lo cual ayuda aún más si cabe a empatizar con estos dos “colegas a la fuerza”. Sin duda, es mi favorita de todo el evento “Fuego y Piedra”. Y el apartado artístico va a la zaga. Mooneyham se decanta por un dibujo sucio -mucho más enfatizado por su propio entintado en la primera mitad, ya que de las tintas del resto se ocupa John Lucas- y un estilo muy clásico, tanto en sus figuras como en su disposición y diseño de páginas, con el que responde perfectamente a los primeros productos “comiqueros” de “Predator” de principios de los noventa. Me refiero a las primeras historias que “Dark Horse Comics” publicó en cuanto se hizo con los derechos del personaje como “Concrete Jungle” o “Big Game” dibujadas por Chris Warner o Evan Dorkin respectivamente. Sencillamente, no sólo es un cómic de la línea “Predator” sino que parece un cómic de “Predator”. Cosa que se agradece. Si el contenido del interior deslumbra y entretiene a partes iguales, el apartado de las portadas originales no se queda atrás. Tres de ellas corren a cargo del artista Lucas Graciano y la restante la realiza E. M. Gist. Están al mismo nivel que todas las portadas de todas las miniseries del evento. Simplemente espectaculares.

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El tomo publicado por “Norma Editorial” se remata con la inclusión del especial “Prometheus Omega”. Historia realizada por una de las guionistas más interesantes del actual panorama de las viñetas, tanto con sus trabajos más mainstream como con los más “indies”, Kelly Sue DeConnick. Sin embargo, aquí la creadora de “Pretty Deadly” o “Bitch Planet”, acompañada por el impresionante arte hiper realista de Agustín Alessio, pone punto y final al evento con un mini relato un tanto decepcionante. En principio este cómic debería cerrar “Fuego y Piedra”, pero casi deja más preguntas que respuestas -además de a los protagonistas supervivientes totalmente desamparados en “LV-223”-. No es que haya necesidad de un “Happy end”, pero tampoco de un “Fake end” -¿es esto en realidad un final?-. Al acabar de leer las escasas 40 páginas que lo componen, da la sensación de que no hay final y que recuperar al personaje de “Elden” de nuevo se convierte en un ejercicio de futilidad. ¿Qué necesidad tiene el sintético de volver al satélite donde comenzó su “pesadilla” cuando se le abría un abanico con muchísimas más posibilidades? Sinceramente, es más que probable que un servidor no haya entendido las intenciones de la guionista. Este “Prometehus Omega” supone un continuará que podremos leer en el evento “Vida y Muerte” en el que se repite el mismo esquema con las cuatro series y que “Norma Editorial” también ha publicado en nuestro país. En lo referente a “Fuego y Piedra“, señalar que es un “crossover” que, con ciertas diferencias de calidad entre sus diversas series, supone una lectura más que recomendable y una vuelta a la grandeza de los cómics de “aliens” y “predators”, a los que “Prometheus” parece que acompañará a partir de ahora.

 

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