“Planet Terror” (GrindHouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007)

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Titulo original: Grindhouse Planet Terror / Año: 2007 / País: Estados Unidos / Duración: 80 min (versión cines), 106 min (versión extendida) / Director: Robert Rodríguez / Guión: Robert Rodríguez / Producción: Robert Rodríguez, Quentin Tarantino, Elizabeth Avellán / Productora: Dimension Films / Distribución: Dimension Films / Fotografía: Robert Rodríguez / Música: Robert Rodríguez / Diseño de Producción: Steve Joyner / Montaje: Robert Rodríguez, Ethan Maniquis / Reparto: Rose McGowan, Freddy Rodríguez, Josh Brolin, Marley Shelton, Jeff Fahey, Michael Biehn, Bruce Willis, Fergie, Naveen Andrews, Tom Savini


Cherry es una bailarina exótica que trabaja en tugurio de mala muerte en una pequeña localidad de Texas. Harta de su triste vida, decide dejarlo todo para comenzar una nueva carrera como comediante. En su camino, se cruzará con su expareja, El Wray, un chico de pasado misterioso y un imán para los problemas. Mientras tanto, un pequeño grupo del Ejército de los Estados Unidos realiza una infructuosa transacción con un arma experimental robada. Ésta es un gas que convierte a todo aquel que lo inhala en un agresivo zombie antropófago. Poco a poco, el pueblo comienza a infectarse saturando las instalaciones del hospital local. Un lugar donde el Doctor William Block, ante la infidelidad de su esposa, se debate entre sus tendencias homicidas y la frustración de no poder dar cura al númeroso grupo de vecinos que acuden al hospital víctimas de una misteriosa infección.


Sin duda, aquellos lectores más veteranos, algunos ya peinamos canas, seguro que recuerdan con nostalgia (o más bien, echan de menos) aquellos pases dobles en sesión continua en los cines de sus barrios. Esos lugares, que la morriña nos ha hecho mitificar en demasía, donde muchos de nosotros acudíamos acompañados de primos o abuelos con una sonrisa de oreja a oreja, un bocata de tortilla envuelto en papel de aluminio y unas ganas de locas de vivir en primera persona las aventuras del héroe de turno, ya fuera un cowboy solitario interpretado por un desconocido actor de genérico apellido anglosajón o un soldado de fortuna abriéndose a tiros entre una marabunta de señores haciendo de muertos vivientes con careta de cartón. Todo ello justo en ese tipo de salas a las que el “Gran Público” ha ido dando la espalda con la llegada del nuevo “sino de los tiempos” y la imposición de un importado modelo de multicines, con formato en grada y últimos avances tecnológicos en 3D o 4K, que por contra suelen apestar al artificial queso de los nachos que podemos adquirir, a precio de oro, en el bar de sus instalaciones junto con una variada oferta de “comida basura” y refrescos al más puro estilo americano. Es en ese tipo de cines de antaño, vetustos Templos del Culto levantados para el Séptimo Arte, donde el compulsivo cinéfago consumía con deleite grandes cantidades de metros y metros de celuloide mientras se formaban su gusto y criterio cinematográficos antes de que desembarcaran el formato doméstico y los videoclubes. Sesiones en formato doble que, dependiendo de quien las programase, podían ser totalmente insólitas, o como mínimo curiosas, combinaciones de películas de explotación, muchas de ellas italianas, de la “serie B” a la “serie Z”, donde el factor determinante era que la duración de ambas, tijera y cinta adhesiva mediante, no excediese de un tiempo establecido para poder ofrecer un máximo de pases diarios. A veces la oferta consistía en títulos potentes como plato fuerte y principal reclamo junto con complementos de menos calidad. Por ejemplo, recuerdo haber visto anunciados, en su momento, en el desaparecido cine Nuevo Moderno de Palma de Mallorca (ciudad natal de aquel que suscribe estas palabras), programas peculiares compuestos por títulos imprescindibles como la impresionante “Grupo Salvaje” (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1974) acompañados con ese tipo de subproductos italianos, con Alvaro Vitali de protagonista, como “La estudiante en la clase de los suspensos” (La liceale nella classe dei ripetenti, Mariano Lautenti, 1978). Incluso el superviviente Cine Rívoli de la capital mallorquina fue uno de los representantes de esta tendencia llegando a proyectar combinaciones tales como las compuestas por las desventuras en la Gran Manzana de Snake Plisken en “1997 Rescate en Nueva York” (Escape from New York, John Carpenter, 1981) con la película de Julio Iglesias “Me olvidé de vivir” (Íd, Orlando Jiménez-Leal, 1980) como complemento. Totalmente impagable.

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Muchos de nosotros bebimos de esas tardes de cine, absortos en las butacas de salas de mala muerte, sucias y cutres a rabiar, pero de gran encanto, cuyos proyectores hacían lo imposible con las copias gastadas y recortadas por las tijeras de los proyeccionistas. Éstos más interesados en la venta de entradas y su propia supervivencia que en la comprensión de la trama de unos filmes deliberadamente amputados. De esta manera, no es de extrañar que dos famosas figuras del cine de entretenimiento, del mainstream (pseudo)independiente americano, decidieran homenajear en un proyecto conjunto no sólo a este tipo de salas de exhibición y formatos, sino a toda una “forma de vida” y de disfrutar de las películas. Quentin Tarantino y su buen amigo Robert Rodríguez, Robert Rodríguez y su buen amigo Quentin Tarantino, son el más popular (o populista) y representativo ejemplo, dentro del panorama hollywoodiense, de esa figura del “fanboy” (o del mall llamado “friki” como se diría en tierras patrias), del cinéfilo más extravagante capaz de emocionarse visionando la filmografía de Federico Fellini como de disfrutar y defender a ultranza la labor de su paisano Umberto Lenzi, por ejemplo. Un tipo de aficionado al Séptimo Arte, un cinéfilo de ansia bulímica, capaz de “engullir”, y sin hacer distinción alguna, joyas de Grandes Maestros del cine clásico junto con la peor caspa del inframundo que haría sonrojar a figuras la crítica cinematográfica de su país como Leonard Maltin. Auténticos adictos, no sólo de la exhibición en salas, sino también de su formato doméstico, ya sean gastadas cintas de VHS o rayados discos en DVD, así como fanáticos de los cómics y otros sub-productos, ya sean de terror, ciencia ficción más pulp o súper hombres en pijama que luchan contra las Fuerzas del Mal. Auténticos “fans” de la cultura pop que han convertido sus obsesivas aficiones en una forma de ganarse (bastante bien) la vida y en un modo de entretener a miles (¿millones?) de individuos con afinidades, gustos y sensibilidades parecidas a las suyas. Todo eso y más es lo que encontramos en la mayor parte de sus filmografías y la película a tratar aquí hoy, es decir, el primer segmento (de dos) de ese Proyecto Grindhouse de estos dos “niños mimados” de los antaño poderosos Hermanos Weinstein, “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007), no es ninguna excepción.

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Salvo alguna excepción en su carrera, acercarse a la obra de Robert Rodríguez es acercarse a un cine donde suele hacerse alarde de la referencialidad, en el que predomina un uso hiperbólico de la violencia, sus estereotipados personajes están más cerca de ser caricaturas que sujetos de carne y hueso, de fondo hace acto de presencia una banda sonora con marcado carácter macarra para amenizar la velada y el humor negro se consolida como la marca indiscutible de la casa. “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) ofrece lo que promete: sangre, vísceras, zombies, una consciente actitud “BadAss” y “tías buenas”. La receta está más que clara y en bien sencilla. Mete en una coctelera a aquellos actioners ochenteros típicos de la Cannon Films, mézclalo con las Explotations italianas de los zombies de Romero tipo “La Invasión de los Zombies Atómicos” (Incubo sulla città contaminata, Umberto Lenzi, 1980), añádele conspiraciones imposibles del Ejército de los Estados Unidos, indispensable una pequeña localidad fronteriza (para darle ese característico sabor TexMex) de la América más profunda y no puede faltar la presencia de bellas mujeres de largas piernas torneadas. Agítalo, sin que con ello reviente la frágil anatomía del no-muerto más repulsivo al más puro estilo de Lucio Fulci, y añade grandes dosis de gracietas chabacanas y chistes malos, muy malos. Si a todo ello sumamos un ritmo vertiginoso, una confección de escenas y acción más propia del slapstick, planos de cómic, espectaculares estampas y un firme pulso narrativo, podría decirse, bajo la humilde opinión de aquel que suscribe estas palabras, que podemos encontrarnos ante el trabajo más logrado del director de “Desperado” (Íd, Robert Rodríguez, 1995). Válido todo ello si entramos y acatamos las reglas de su juego, es decir, si nos tomamos esta “conspiranoica” historia de zombies como lo que realmente es: una auténtica gamberrada.

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Un film disfrazado de homenaje que es el auténtico delirio, la película que seguro siempre quiso ver, de todo un fan del cine de “serie Z” más bizarro. El director mexicano toma aquello que más le gusta (como cuando un niño juega con sus juguetes y desata su imaginación) y lo introduce en una cinta donde la historia es lo de menos, donde los personajes son meras excusas y donde lo más importante es la diversión, la acción a raudales, las poses sexys, el postureo barato y los litros de sangre y sesos derramados sobre el asfalto. Lo que realmente se persigue es que el espectador, es decir, tú, lo pases en grande sentado en la butaca del cine mientras ríes a carcajadas, tiras palomitas a la pantalla y conviertes su visionado en una fiesta. En definitiva, vuelvas a sentirte como antaño en aquel cine de mala muerte de tu barrio donde importaba más el disfrute de la experiencia que el de la película en sí. Hacer “arte” (o como mínimo intentarlo) del mero hecho de entretener.
Pero no nos dejemos llevar por el “engaño”, por el deliberado y buscado “artificio”. A pesar de su aspecto y de sus formas de producción paupérrima, “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) es un producto calculado al milímetro. Lo que en apariencia es una cinta barata y sin ningún atisbo de calidad fruto de la “Serie Z” más infecta es en realidad el divertimento de un director, con alma de fan del cine de explotación, en el que ha contado con un presupuesto más que holgado. Ya ahondaremos algo más adelante, pero, en definitiva, el film que nos ocupa es un encargo de “Serie A” con un envoltorio, buscado con toda la intención de serlo, de “Serie B”. La sensación de “cutrez” es máxima, pero también intencionada. Rodríguez utiliza de abrumadora forma toda una serie de recursos para ofrecernos esa percepción de infra-producto con elementos como la suciedad de esa fotografía ultra quemada por el desgaste o la incoherencia argumental en su montaje (saltándose lo que pudiera llegar a ser un “punto muerto” con un rotulo en el que nos indica que falta un rollo de proyección -¿lo sustraería el proyeccionista para uso privado? – lanzándonos directos a la acción). Un tipo de producto que aúna todos aquellos elementos de géneros denostados para convertirlos en “Marca”, en elemento diferencial, de su director. Resumiendo, un (caro) ejercicio de estilo donde predomina la referencialidad a otros Maestros del género como George Romero o John Carpenter, sin duda idolatrados por el responsable de “Abierto hasta el amanecer” (From Dusk Till Dawn, Robert Rodriguez, 1996), principal germen del filme que nos ocupa, y sin dejar de lado a aquellos directores “todoterreno” de origen italiano cuyos trabajos en el género de terror los han aupado a los altares de todo fan, me refiero a los ya citados Lucio Fulci y Umberto Lenzi así como a otras figuras como Marino Girolami, Bruno Mattei, Claudio Fragasso o Joe D’Amato entre otros.

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Hemos comentado que el zombie que presenta (con todos sus clichés) Robert Rodríguez en “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007), en lo que a su tipología se refiere, bebe principalmente, como en toda película de este sub-género que se precie, del muerto viviente “romeriano”, por supuesto. Pero por también podemos apreciar, tanto por su desagradable presentación como por su origen (vinculado a macabros experimentos armamentísticos del departamento de defensa del país de las Barras y Estrellas), dieta a base de cerebros y acelerada velocidad a otras producciones míticas de este tipo de productos. Aquí se nos presenta a un “infectado” más que a un ser de ultratumba. El hecho de que sea un gas el que produzca la transformación nos remite a la citada ya “La Invasión de los Zombies Atómicos” (Incubo sulla città contaminata, Umberto Lenzi, 1980) así como a la letal Trioxina 2-4-5 de la magistral “El Regreso de los Muertos Vivientes” (Return of the Living Dead, Dan O’Bannon, 1985) cuyos Muertos comían cerebros (vivos) y se desplazaban con la rapidez de la hacen gala los zombies de Rodríguez. El aspecto más desagradable de la carne, ya sea fresca o putrefacta, es una evidente influencia de la aportación del italiano Lucio Fulci. Si a ello añadimos una escena en la que Josh Brolin (no zombificado, eso sí) amenaza a su esposa con clavarle la aguja de una jeringuilla en el ojo, es difícil que no recuerde al aficionado a la famosa escena del ojo atravesado por una astilla protagonizada por la actriz Olga Karlatos en “Nueva York bajo el Terror de los Zombies” (Zombi 2, Lucio Fulci, 1979).

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En este primer segmento del Proyecto Grindhouse, Robert Rodríguez nos ofrece una descabellada historia “pulp” donde una bailarina exótica con ínfulas de monologuista y su expareja, un exmarine de misterioso pasado, cruzan sus caminos con una extraña infección, provocada por el Ejército de los USA, que convierte a los habitantes de una pequeña localidad texana en monstruosos y agresivos zombies antropófagos. Ambos encabezaran a un grupo variopinto de supervivientes guiándolos, pólvora y balas mediante, hacia una posible salvación en este maremágnum de sangre, casquería y homenajes. Un reparto en el que las actuaciones se mueven entre el histrionismo y la parodia. Rose McGowan, pareja sentimental del director en aquella época y de más reciente actualidad por el escándalo del “Caso Harvey Weinstein”, destaca como el principal icono de la película. Su personaje, Cherry, de profesión go-go, sufre la amputación de una pierna. Su posterior reemplazo por una gran ametralladora a modo de “pata de palo” es, a partes iguales, una idea tan descabellada como magnífica. Una estampa de tal empaque y potencia visual que resume a la perfección el Espíritu de la obra. Junto a ella encontramos al portorriqueño Freddy Rodríguez (famoso por la televisiva serie de HBO “A dos metros bajo tierra“) como El Wray, un hombre de acción de misterioso pasado, el típico actioner unidimensional que siempre está ahí para “salvar a la dama”. Pero también tenemos a figuras de primer nivel como Josh Brolin o Bruce Willis haciendo de “malos, muy malos”, a una interesante (y atractiva) Marley Shelton como la anestesista que acaba con sus manos inutilizadas o a un recuperado Michael Biehn (eterno Kyle Reese) en un pequeño papel en el que muestra su vis cómica. Así como los cameos del propio Quentin Tarantino (de un histrionismo exacerbado) o el de toda una Leyenda, un verdadero artesano, de los Efectos Especiales como Tom Savini, gran amigo de ambos directores. Todos ellos personajes extremos, verdaderos clichés, sin apenas desarrollo y totalmente funcionales, pero acordes con la idiosincrasia de la producción en la que participan.
En definitiva, este primer segmento del Proyecto Grindhouse de Tarantino y Rodríguez no pasa de ser puro “entertainment”, un ejercicio para el divertimento de su responsable y posiblemente uno de sus mejores trabajos. Vemos al director de “El Mariachi” (Íd, Robert Rodríguez, 1992) desatado, pasándolo en grande, auto parodiándose, en un producto que no se toma en serio a sí mismo. Homenajes, referencias y toda su cinefilia resumidas en un metraje de poco más de hora y media de pura diversión, de deliberada incoherencia y de acción a raudales no apta para cardiacos ni para el público más serio. Una gamberrada que no muchos entendieron y que los números en taquilla no acompañaron. Una cinta de evasión para todo fan del género que, por méritos propios, se ha convertido en un título de culto y que, desde aquí, un humilde servidor, reivindica. Bienvenidos a Planet Terror.


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Grindhouse” es un término de procedencia estadounidense con el que se denomina principalmente a aquellas salas de cine, normalmente situadas en los centros de las ciudades o barrios más degradados, que exhibían de manea continua “películas de explotación”. Es una palabra con la que también se suele acuñar al género de este tipo de películas que se exhibían en dichas salas o teatros. Sus programas consistían en la proyección ininterrumpida de películas de serie B -o serie Z-, que por lo general consistían en una función doble -y, a veces, triple- para deleite del personal. El fenómeno comenzó a finales de la década de los sesenta, pero tuvo su máximo apogeo durante la posterior década de los setenta. El tema principal de las cintas que se proyectaban estaba dominado por el sexo explícito, la violencia y otros contenidos tabúes en la época. La posterior llegada del formato doméstico acabó degradándolos y apocándolos a la extinción. Sin embargo, siempre han perdurado en la memoria de los aficionados al género que los suelen exaltar como a auténticos templos de culto. A mediados de la primera década de los dos miles, dos de los directores más de moda del nuevo cine independiente norteamericano -básicamente los niños mimados de los antaño poderosos Hermanos Weinstein- promovieron un proyecto conjunto con el objetivo de emular la experiencia de visionar esas “películas de explotación” en una doble sesión. Con ello querían evocar esas tardes/noches metidos en un cochambroso cine de reestreno donde se solían ofrecer este tipo de productos. Para tal menester, cada uno de ellos perpetraría un filme. “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) sería el tributo al género zombie por parte del director Robert Rodríguez siendo estrenada en cines de Estados Unidos junto a “Death Proof” (Grindhouse Death Proof, Quentin Tarantino, 2007), título de la aportación del director Quentin Tarantino al denominado Proyecto Grindhouse. Además, junto con Elizabeth Avellán -exesposa y productora habitual en la filmografía del mexicano-, Tarantino y Rodríguez produjeron ambas cintas contando con la distribución de Dimension Films, TroubleMakers Studios y Rodríguez International Pictures.

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Afirma Robert Rodríguez que la primera vez que pensó en “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) -o al menos en el germen que le dio la idea- fue durante la producción de “The Faculty” (Ìd, Robert Rodríguez, 1998). “Recuerdo haberle dicho a Elijah Wood y a Josh Hartnett, jóvenes actores para los que las películas de zombies estaban muertas, que no había salido ninguna desde hacía un tiempo, pero que yo pensaba que volverían a lo grande tarde o temprano y nosotros teníamos que conseguir estar ahí primero”. Rodríguez ya tenía un guion, que había estado esbozando, de alrededor de unas treinta páginas. Su intención era la de hacer una película de zombies cuyo motor de la misma se basaría en los personajes y su ritmo fuera trepidante y exagerado. Continuó desarrollando sus ideas hasta que la implicación en otros proyectos y un bloqueo de escritor – “Nunca pasé de las primeras treinta páginas y, además, empezaron a estrenarse películas de zombis una tras otra”- lo obligaron a arrinconarlo paulatinamente. Sin embargo, al plantearse junto a su buen amigo -y socio- Quentin Tarantino la posibilidad de llevar a cabo el denominado Proyecto Grindhouse, retomó su idea con el compromiso de acabar ese libreto adornándolo con todo tipo de situaciones salidas de madre y variopintos protagonistas. La población de la pequeña y anónima localidad texana ideada por Rodríguez alberga a unos vecinos de lo más peculiares. Allí encontraremos individuos tales como un empresario obsesionado por las barbacoas, un sheriff celoso de la herencia familiar recibida por su hermano, una bailarina exótica que perderá una pierna y a cuyo muñón acabará acoplando un arma de gran calibre, una anestesista que jeringa en mano huye de su marido psicópata, un héroe misterioso en motocicleta y un par de gemelas cuidadoras de niños con aspecto psicótico. Todos ellos acabarán inmersos de forma involuntaria en mitad de un “Apocalipsis Zombie” provocado por un grupo de desaprensivos militares. En “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) las subtramas se entremezclan y las circunstancias alcanzan niveles absurdos e imposibles.

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El filme es eminentemente una historia coral donde hay gran cantidad de personajes, pero los más destacables -o destacados- son los femeninos. Su elenco de féminas tanta importancia tiene en la cinta que sus responsables decidieron que protagonizaran prácticamente todo el material promocional del mismo. Para interpretar a la protagonista de la cinta, Rodríguez pensó en la que era su pareja en aquellos tiempos, la actriz Rose McGowan, famosa en estos momentos por ser la primera actriz en denunciar al productor Harvey Weinstein por abusos sexuales y una de las más enérgicas activistas del “hollywoodiense” movimiento autodenominado “#MeToo”. Cherry Darling, su personaje, es una mujer de armas tomar, a la vez que sexy y romántica. “Mi personaje, Cherry, es una chica con una vida complicada. Y de pronto, tiene que salvar el Universo”. Su compañera de reparto Marly Shelton afirma con rotundidad que ella “nació para ser una heroína del cine de acción. Nació para hacer este papel, perfectamente. Tiene un físico espectacular y un sentido del ritmo y de la expresión corporal perfectos para su papel”. Rodríguez comenta que fue el primer personaje que desarrolló y prácticamente el único, ya que la forma de ser del resto venía totalmente subordinada a esta valiente stripper. El mexicano dejó total libertad para que McGowan incorporara todo lo que ella quisiera al personaje como, por ejemplo, ese “background” que supone su voluntad de escapar de su trágica y miserable existencia para convertirse en humorista, su deseo de ser médico o su incontable lista de talentos inútiles. Muchas improvisaciones con las que McGowan impregnaba con su personalidad a Cherry, en palabras de quien fuera su novia. La idea de que fuera bailarina exótica fue del director, de esta forma “cuando perdiera la pierna, el público lo valoraría más”, según sus propias palabras. La metodología de escritura de Rodríguez no aparenta ser muy compleja. Según él mismo, dedica el desarrollo de sus personajes a una veintena de páginas máximo en las que intenta crear un par de frases buenas para que los actores del casting puedan leerlas dándoles varias pinceladas con las que estos trabajar sus roles. El director de “Abierto hasta el amanecer” (From dusk till dawn, Roberto Rodríguez, 1996) comenta que hasta que no encuentra la cara idónea, no sigue escribiendo. El único personaje que sí tenía claro es precisamente el que iba a interpretar su “chica”.

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El otro personaje femenino valedor de gran entereza es la Doctora Dakota Block interpretada por una atractiva Marley Shelton que ya apareciera en “Sin City” (Íd, Robert Rodríguez, 2005). Según Rodríguez es “una mujer muy sexy y con un par de ovarios”. Shelton interpreta a una anestesista que sufre una tormentosa relación matrimonial con un marido que roza la psicopatía y al que pone cara Josh Brolin. Una enfermiza relación regada por los celos. Resquemor tal vez generado por sus sospechas de infidelidad por parte de su mujer. Según Shelton, “lo más curioso de mi personaje es el hecho de interpretar a un personaje que no puede utilizar sus manos. (…) Interpretar su frustración. Es una médica que trabaja de una forma un tanto extraña. Es muy eficiente, tiene mucha personalidad, y aunque siempre controla la situación, pierde fácilmente el control”. Será en esa situación, la de no poder utilizar sus manos debido a que se las fractura en su huida de los muertos vivientes ávidos de carne humana, que Rodríguez provoque su drama y suspense ya que, además, deberá proteger a su hijo en tal tesitura. Al igual que el personaje de McGowan, su aparente delicadeza esconde una gran fortaleza.
La respuesta a la incertidumbre del “buen” doctor al que Brolin pone su rostro tiene nombre: Tammy. La actriz y cantante rapera -vocalista de The Black Eyed Peas– Fergie Duhamel es la encargada de ponerse en su piel. Una piel que ella misma asegura que el propio Quentin Tarantino mordió cuando, metido de lleno en su papel de muerto viviente, rodaron la escena en la que un grupo de zombies le daban muerte. Afortunadamente la cosa no pasó de ahí.
Junto a su buen amigo, Quentin Tarantino, Robert Rodríguez bromea: “recuerdo que estaba escribiendo el guion y pensé que sólo hay tres chicas en la película. No sé si es suficiente, quizá debería añadir dos más“. De esta forma, el director de “Machete” (Íd, Robert Rodríguez, Ethan Maniquis, 2010) incorporó a sus sobrinas, las gemelas Electra Amelia y Electra Isabel Avellán. “Hace años que pensaba contratar a mis sobrinas”, dice Rodríguez. “Se acababan de instalar en Estados Unidos (…) Eran una locura. Salvajes, llenas de vida (…) Eran totales. Pensé que las gemelas quedarían perfectas en la película”. En los créditos finales se las acredita como “las locas gemelas canguro”.
Entre el reparto masculino, el protagonista indiscutible y partenaire de Rose McGowan para la ocasión tiene la cara y la voz de Freddy Rodríguez, actor estadounidense de origen puertorriqueño, popularmente conocido por su papel de Federico “Rico” Díaz en “A dos metros bajo tierra” (Six Feet Undery, 2001-2005) y a quien pudimos ver en “La joven del agua” (Lady in the water, M. Night Shyamalan, 2006) o “Poseidón” (Poseidon, Wolfgang Petersen, 2006), por ejemplo. Aquí interpreta a El Wray y según Rodríguez su personaje era muy distinto al que el joven actor leyó en el guion de su prueba de casting. Él es el tipo que convierte a McGowan es una especie de súper heroína al acoplarle la ametralladora a su muñón. En sus propias palabras es “una especie de Antonio Banderas en Desperado”. El joven actor nunca había trabajado ni en un film de terror ni interpretado a un hombre de acción. Además, se presentó al rodaje con la cazadora con la que le vemos en el transcurso de la película y gustó tanto al director que ahí está el resultado. Lo malo es que sólo tenían una y Rodríguez ríe cuando lo cuenta.

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Robert Rodríguez fue uno de los varios directores de segunda unidad de “Mimic” (Íd, Guillermo del Toro, 1997). Allí coincidió brevemente con el veterano Josh Brolin y, desde aquel momento, afirma que siempre quiso volver a trabajar con él. Brolin, por su parte, al recibir la oferta por parte del director de “El mexicano” (Once upon a time in Mexico, Robert Rodríguez, 2003) pensó “que porqué no iba a formar parte de algo tan divertido”. El resto de sus compañeros no sólo alaban su profesionalidad sino también su personalidad. Parece ser que el carácter afable y bromista del hijo de James Brolin contrastaba con su trabajo actoral. Su relación de amor/odio con la que interpretara a su esposa en la ficción, Marley Shelton, no fue un buen trago para el actor. En sus propias palabras: “no fue nada divertido. No, no lo fue porque me cae muy bien (Shelton) y tengo que ser tan malvado, siniestro y horrible. Y ella no paraba de llorar. No, no fue divertido”.
Quentin Tarantino, amigo y socio en esta aventura “Grindhouse”, interpreta al “Violador nº 1”, un personaje sin nombre tan perturbador y perturbado a partes iguales que en propias palabras del director de Knoxville es “tan peligroso o más (que los zombies) para los héroes de la película”. Rodríguez sólo tiene buenas palabras para su amigo. Tarantino es definido como un auténtico entusiasta capaz de meterse totalmente en su papel. Pero esa no fue su única aportación en la película, ya que el director de “Pulp Fiction” (Íd, Quentin Tarantino, 1994) participó como extra en diversas escenas. Y no sólo se limitó al plano actoral ya que, según la actriz Marley Shelton, “(Rodríguez y Tarantino) realmente co-dirigieron Planet Terror. Quentin pasó mucho tiempo en el plató. Hacía anotaciones y ajustes a nuestras actuaciones”.
Los integrantes del cuerpo de policía local que se ven abrumados por la invasión de zombies en “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) está formada por un trío de lujo: Carlos Gayardo (el Mariachi primigenio de la Ópera Prima de Rodríguez), el maestro de los efectos especiales Tom Savini (quien ya había aparecido en “Abierto hasta el amanecer” [From dusk till dawn, Robert Rodríguez, 1996]) y, el sempiterno Cabo Hicks de “Aliens el regreso” (Aliens, James Cameron, 1986), Michael Biehn como el sheriff Hague de la pequeña localidad tejana. Éste acabaría disputándose el papel de jefe de la policía con el actor Jeff Fahey, a quien Rodríguez creía igual de capaz (o más) para desempeñar dicho rol. Finalmente, Biehn acabaría siendo el jefe de policía y Fahey su hermano J.T., depositario de la receta familiar de salsa barbacoa. Ambos creando un equilibrio perfecto entre drama y comedia.

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Nunca había interpretado a un tipo que va cortando testículos” afirma Naveen Andrews, popularmente conocido por su papel como Sayid en la famosa serie “Perdidos” (Lost, 2004-2010). “Trabajar con Robert fue como trabajar con un niño. Tiene la sensibilidad de un niño”, comenta el actor británico. Mención especial a la participación de Michael Parks, actor fetiche de Quentin Tarantino, al cual el de Knoxville escribió el personaje. Este personaje es compartido por ambos directores ya que aparece tanto en “Abierto hasta el amanecer” (From dusk till dawn, Robert Rodríguez, 1996) -donde le daría un triste final a manos de su particular “groupie”- como en “Kill Bill vol.1” (Íd, Quentin Tarantino, 2003) y “Kill Bill vol. 2” (Íd, Quentin Tarantino, 2004). A diferencia del uso que Tarantino le ha dado a este viejo Ranger de Texas, Rodríguez lo dota de un “background” de cierta humanidad. El director mexicano afirma que “es tan agudo, aporta cosas que valen su peso en oro. Alguien así es el mejor aliado que puede tener un guionista”.
Para acabar con el reparto masculino, Rodríguez tenía pensado a otro actor para que desempeñara el rol de malvado principal. Este actor ya le había manifestado su intención de trabajar con él, pero, según el director, el hecho de conseguir un protagónico en una serie de televisión impidió que se incorporara al rodaje de la película. Fue de esta forma que acabó por tomarle la palabra a Bruce Willis, con quien ya había trabajado en “Sin City” (Sin City, Robert Rodríguez, 2005). Se dice que el antaño protagonista de “La Jungla de Cristal” (Die Hard, John McTiernan, 1988) quedó tan contento y satisfecho con su colaboración en la adaptación del cómic de Frank Miller que le dijo a Rodríguez que no importaba ni donde ni cuando, que, si estaba en su mano y no entraba en conflicto con su agenda, volvería a ponerse a sus órdenes cuando lo necesitara. “Lo que quieras y cuando quieras”, recuerda que le dijo al director del mejor segmento de “Four rooms” (Íd, Allison Anders, Alexandre Rockwell, Robert Rodríguez, Quentin Tarantino, 1995).

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Aunque la película evoque a clásicos del género zombie procedentes de nuestro vecino país de la bota -es decir, Italia-, que no lleve a equívoco el resultado aparentemente cutre del film de Robert Rodríguez. Éste ha sido buscado y ayudado en gran medida por los modernos efectos realizados por ordenador inexistentes antaño en los filmes del género realizados por directores como Umberto Lenzi o Lucio Fulci. De hecho, “Planet Terror” (Íd, Robert Rodríguez, 2007) compartía presupuesto con “Death Proof” (Íd, Quentin Tarantino, 2007) y para su realización, su máximo responsable afirma que tuvieron “que ser ingeniosos porque tenía que ahorrar mucho dinero en esta película. Hacer muchos recortes y que así quedara suficiente dinero para que Quentin pudiese rodar su mitad de la película”. Esta película contiene unos 450 efectos especiales, en palabras del mexicano. Muchos no se aprecian a primera vista, pero otros son verdaderamente espectaculares en el resultado final del filme.
Uno de los elementos más icónicos de la película es la “pierna-ametralladora” que luce Rose McGowan después de que su personaje sufra la amputación de dicha extremidad. Una idea tan bizarra como brillante que su responsable cuenta que se le ocurrió durante un atasco de tráfico. Sin duda, una de las imágenes de más empaque de la película y más “cool”, no sólo de esta cinta de Robert Rodríguez sino de toda su filmografía. Por supuesto, es un efecto digital creado por el departamento de efectos especiales informáticos de la producción. Al respecto, es decir, en la creación de tal genialidad, el director de “El mariachi” (Íd, Robert Rodríguez, 1992) comenta al respecto: “Hice una prueba. Me corté una pernera del pantalón. Me vendé la pierna, me puse un calcetín verde y salí al aparcamiento. Hicimos una prueba con la ametralladora. Quedaba muy friki. Pensé que parecía sacado de una película de serie B. No es una pierna de tecnología sofisticada, sólo es un vendaje y un arma pegada a él. Así que me inmovilicé la pierna y fui caminando. Pero necesitábamos algo más firme para que no doblara la rodilla y el arma no se moviese. Le escayolamos la pierna (a Rose McGowan) y fuimos cambiando de método. A veces sería una escayola gris, otras verde y otras un calcetín gris. Eso limitaba sus movimientos porque el arma no podía doblarse ni por la rodilla ni por el tobillo. Para ello creamos algo que mantuviera su rodilla y su tobillo rígidos. Así logramos que el arma coincidiera con el lugar donde estaba escayola. Lo que hicimos fue rodarla con la escayola y luego” la magia digital haría el resto.

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Una de las escenas más espectaculares de McGowan es en la que esquiva un camión al que acaba de hacer explotar. Para ello se rodaron a la chica rodando por el suelo y al camión explotando por separado para luego unirlos en posproducción. “Rodamos la explosión del camión. Dejamos las cámaras en la misma posición, introdujimos a Rose utilizando luces para simular el fuego y lo pegamos todo junto. La chica que vemos rodando para alejarse del camión en llamas es ella de verdad. Se rodó con sólo minutos de diferencia”.
Las escenas más espectaculares y complicadas como aquella en la que un helicóptero a modo de cortadora de césped sega ingentes cantidades de zombies o las protagonizadas, a horcajadas sobre una moto, por Rose McGowan y Freddy Rodríguez se planificaban mediante una serie de animaciones que el equipo de los estudios “TroubleMakers” confeccionaba bajo las directrices de Rodríguez. Éste, siempre atendiendo a sugerencias por parte de los animadores. “A veces, para rodar una secuencia difícil, hacíamos una simulación con animación. Y les pedía a los chicos de los estudios “TroubleMakers” que pensasen qué necesitaríamos para rodar esa secuencia”. Rodríguez tenía bien claro lo que quería y cómo lo quería en lo referente a la ametralladora en plena acción. Todo estaba calculado. La actriz principal no sólo debía simular apuntar al “enemigo” con su inofensiva pierna real, sino que, ayudada por un especialista ducho en la materia, se calculaban las trayectorias de tiro con un arma real lo suficientemente pegada a su extremidad para que el posterior efecto digital pareciera lo más real posible. “Quería que los actores saliesen en las motos y girasen mientras ella disparaba. Era importante que se les viera a ellos y no a unos especialistas. Construimos los raíles, que luego eliminamos (digitalmente) e hicimos que los actores saliesen a toda velocidad y girasen. Luego le pedí que apuntara con su pierna para tener una referencia de cómo sería un arma de verdad disparando. Así, cuando, creásemos el arma en el ordenador, parecería que estuviera disparando con un arma de verdad”. Este método de superponer diferentes capas de imágenes rodadas en diferentes momentos llega a su máxima cota en la escena en la que el personaje de Marley Shelton escapa del hospital atravesando una de sus ventanas. Rodríguez describe el procedimiento: “en esta secuencia quería que el actor saltase rompiendo el cristal y cayese en unos contenedores de basura. Pero había demasiada altura para que saltara desde ahí, así que situé la cámara en cierto ángulo y le hice salta primero sobre una colchoneta. Arrojamos después una lluvia de cristales rotos sobre los contenedores y luego fundimos ambas imágenes. Y, para disimularlo más, decidí que pasara un coche en ese momento”.

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Otro efecto que llama la atención de esta mitad del Proyecto Grindhouse es el de celuloide envejecido. En realidad, según las propias palabras de su director “no son más que una serie de capas de desperfectos en la cinta, artefactos, capas de polvo, arañazos y diferentes niveles de brillo”. Este aspecto envejecido también sirve, además de para disimular la reiteración y repetición de muchos de los efectos, para enfatizar la acción o el dramatismo en diversas escenas. Como si de una especie de aviso se tratara, “cada vez que se avecina una secuencia de terror o de acción, la calidad de la cinta se deteriora. Y, en cuanto desaparece la amenaza, misteriosamente también lo hacen los arañazos”. Mucho más sutil es el uso de añadir pequeños sonidos cuando alguno de los personajes hace un gesto de cortar o de dar un golpe (como en la escena en la que los doctores avisan al paciente que han de amputar su pene, por ejemplo).
Por supuesto, pese a tener una calificación para mayores de 18, la cinta de Rodríguez no se libró de pasar el filtro de la MPAA, la organización popularmente conocida por realizar la famosa y más aplicada clasificación por edades de películas de acuerdo al contenido de las mismas. Una de las secuencias con las que el director de “Desperado” (Íd, Robert Rodríguez, 1995) tuvo problemas fue una en la que un grupo de zombies están comiéndose los sesos de un pobre desdichado. En palabras del mexicano, le quisieron obligar a cortarla porque “según ellos, los masticaban durante demasiado tiempo”. Tocando lo mínimo para contentarlos y añadiendo los mencionados efectos de celuloide envejecido, Rodríguez afirma que incluso consiguió dotar a la escena de un aspecto mucho más violento de lo que era en origen. Gracias a estos efectos, donde todo parece más apresurado gracias a los saltos y desgarros del supuesto material deteriorado, la película “parece el doble de rápida, el doble de violenta. La hace mucho más dura” en palabras de su máximo responsable.
Para la escena en la que su amigo Quentin Tarantino acaba convertido en un muerto viviente, el sutil uso de este tipo de filtros está presente. Rodríguez afirma que “las copias viejas van virando al color magenta. Me pareció que quedaría bien en la escena en la que el personaje de Quentin se va volviendo más amenazador, que le atravesase esa capa de color rojo como si la copia se hubiera descolorido”. Otro de los personajes que no escapa de este recurso es el interpretado por Bruce Willis, “a medida que va deteriorándose (físicamente), la calidad de la cinta también”.

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Pero no todo son efectos generados por ordenador, en “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) hay cabida para algunos efectos prácticos ya que siempre es mejor que haya objetos reales -aunque algunos acabasen siendo usados como meras referencias-. Algunos de estos trucajes aparecen en los maquillajes de los personajes. En un momento determinado, una de las mejillas del personaje interpretado por Bruce Willis se llena de llagas palpitantes. Algunas de ellas son reales, hechas con prostéticos, para luego en posproducción ser exageradas digitalmente. De esta forma, con una referencia totalmente real, los encargados de los efectos se encargaban de aportar más profundidad y movimiento además de una luz con más contraste con la que darle una total verosimilitud. Lo mismo ocurre con los maquillajes de heridas donde éstas no quedaban, a gusto del director mexicano, lo suficientemente profundas. “Añadimos un efecto de profundidad y de oscuridad para que el agujero pareciese más hondo”. Da la sensación de que el director de “The Faculty” (Ìd, Robert Rodríguez, 1998) se lo pasó en grande imaginando el resultado estético final del filme. “A veces son sólo efectos estéticos”, dice. Hay escenas en la que la sangre salpica un lado de la lente y va resbalando sobre ella. La verlo en el montaje, Rodríguez afirma que le pareció divertido que “cada vez que disparaban a uno, la lente se llenase de sangre hasta casi cubrirla del todo”.
Como buen admirador de John Carpenter, Robert Rodríguez no quería dejar la oportunidad de rodar una secuencia en la que se tuviera que manipular un “puppet” manualmente. En la escena en la que el personaje de Tarantino vomita su aparato digestivo, dos especialistas cubiertos completamente por ropajes verdes se sitúan tras un muñeco, uno de ellos viste las piernas de la marioneta mientras que el otro empuja un tubo hacia fuera de la boca simulando que el presumible monstruo vomita sus vísceras. Para lograr que el espectador crea que todo el aparato intestinal se desparrama por el suelo, se recurre al clásico truco invertido. Todo el látex se esparce en una superficie plana para grabar como se recoge dentro de una desagradable masa visceral. En posproducción toman dicho material y lo presentan de forma rebobinada. Un truco parecido se utilizó por el equipo de Stan Winston en “La Cosa” (The Thing, John Carpenter, 1982) de John Carpenter en la escena de la perrera. Sin duda, un claro homenaje al maestro del terror.

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Pese a que hay cosas que no se pueden simular, Rodríguez supo apañárselas de maravilla y cuenta: “escribí en el guion: Taloom, México. Porque quería ir a rodar esos tempos que hay justo al lado de las playas. Son fantásticos. Siempre quise roda allí. Al reparto y al equipo les hizo mucha ilusión poder ir a una localización real. Ir a una playa bonita y pasarlo bien. Hasta que vieron que había puesto un montón de arena en mi aparcamiento frente a una pantalla verde. Fui el único que viajó a México a rodar esas tomas”. Decididamente, tenía bien presente el “ahorro por bandera” en su producción.
Quizá muchos no lo sepan, pero uno de los hijos de Rodríguez aparece en la película y además muere de forma macabra. El mexicano no tenía muy claro desde el principio si matarlo o no. “Quería que hubiese un elemento de terror real porque todo lo demás era inventado”. Sin embargo, no estaba convencido de si la idea encajaría con el tono de la película. De esta forma, acabó rodando dos versiones. La decisión de incluir a su hijo en el reparto se remonta al rodaje de “Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl” (The Adventures of Sharkboy and Lavagirl in 3D, Robert Rodríguez, 2005), donde Rebel Rodríguez -hijo de Robert- participó. La experiencia fue totalmente fructífera en palabras del director mexicano y, en la escritura del guion de “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) incorporó a un personaje infantil “que tuviese el pelo cortado a lo tazón” a imagen y semejanza de el joven Danny Torrance de “El Resplandor” (The Shinning, Stanley Kubrick, 1980). Un look que, según él, lo predestina a acabar muertos durante el metraje. Con la intención de no traumatizar al infante, el director de “Spy Kids” (Íd, Robert Rodríguez, 2001) rodó las dos versiones mencionadas. En una de ellas, que el pequeño de debía ver montada, moría disparándose accidentalmente -con un revolver de attrezzo que modificarían digitalmente para que pareciera real- y en la otra, la que según su padre recordaría siempre, sobrevive, sube al helicóptero y escapa e incluso aparece en las imágenes finales en la playa.

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El diseño de producción estuvo a cargo de Steve Joyner y Caylah Eddleblute, dos habituales de la filmografía de los “enfants terribles” promotores del Proyecto Grindhouse. Durante el fin de semana de Acción de Gracias -festividad americana donde las haya- ambos profesionales comenzaron a peinar los alrededores de los estudios Troublemaker. Su búsqueda de localizaciones dio sus frutos ya que encontraron el escenario perfecto en un antiguo aeródromo de la zona. De esta forma todos los elementos existen: viejos hangares para los aviones, las torres de guardia, … E incluso, las carreteras secundarias que daba acceso al aeropuerto proporcionaron un entorno perfecto para la sensación de una base militar abandonada. En palabras de Eddleblute: “toda la pintura de los caminos estaba desconchada, las vallas sobre la que había crecido maleza, las hileras de farolas a lo largo del parking, la gran cantidad de contenedores de carga abandonados por todas partes” ofrecían la estampa ideal que se andaba buscando. En cuanto mostraron fotografías del lugar a Rodríguez, éste quedó impresionado. Algo que sobre todas las cosas quería el departamento de diseño era el de ofrecer una apariencia atemporal. En palabras de Eddleblute: “Thelma y Louise, es una película que podría suceder en cualquier momento. No se estructura en un tiempo concreto. ¿Se ambienta en los 50? ¿En los años 60? ¿En los 90? Tiene una cualidad etérea. Cuando veo La Cosa o Los Viajeros de la noche, son películas que no me parece que ocurran en un determinado momento. Ese es realmente el tono que quería para “Grindhouse” y en el que me esforcé por crear”.
Hay varios objetos, no sólo curiosos sino también icónicos de “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007). El personaje que Naveen Andrews interpreta tiene una extravagante peculiaridad: colecciona los testículos de sus enemigos abatidos. Los chicos de diseño -Eddleblute y Joyner- idearon tanto el receptáculo para las “nobles partes” de los caídos, como las herramientas para poder extraerlos, pensando siempre en la practicidad para poder transportarlos. Algo parecido ocurre con la “pistola de jeringuillas” del personaje de Marley Shelton. “Estábamos pensando en viejas herramientas quirúrgicas (…) con líneas curvas muy específicas. Al principio, los chicos de diseño realizaban renderings en el que su diseño era muy similar al de una pistola. Pero creo recordar que Robert dijo algo como que debería haber menos armas. De esta forma, mi diseño ganó (…) pasó por bastantes revisiones hasta que terminamos acortando hasta eliminar casi por completo el mango. Finalmente la hicimos así y funcionó”, comenta Eddleblute en una entrevista para “quantumshop.com”.

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Aparte de la dirección del film, Robert Rodríguez -a imagen y semejanza de su idolatrado John Carpenter- se encarga de otras tareas importantes dentro de la producción. Además de la fotografía y el montaje de la cinta, Rodríguez trabajó también en su banda sonora. Un “tracklist” de fuerte inspiración carpenteriana donde su tema principal “Grindhouse (Main Titles)” es el que nos introduce en el film mientras una sexy McGowan baila sobre una tarima. Muchos de sus movimientos los veremos después mientras lucha por sobrevivir o esquiva misiles. La mayoría de la partitura está compuesta por Robert Rodríguez con varias aportaciones del neozelandés Graeme Revell (“El Cuervo” [The Crow, Alex Proyas, 1994] o “Sin City” [Íd, Robert Rodríguez, 2005]), Chingon y Nouvelle Vague.
En los Estados Unidos tanto “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007) como “Death Proof” (Grindhouse Death Proof, Quentin Tarantino, 2007) se estrenaron conjuntamente el 6 de abril de 2007 bajo el genérico título de “Grindhouse”. Acompañando a las películas se incluyeron los famosos “fake trailers” que hacían que todo el conjunto durase la mastodóntica cantidad de 192 minutos. Estos avances de películas ficticias fueron realizados por colegas y amigos de ambos directores como Eli Roth o Rob Zombie. Uno de ellos también fue dirigido por Rodríguez e introducía al personaje de Machete, interpretado por el asido a sus producciones, Danny Trejo. El personaje de Machete surgió muchos años antes, en los noventa, durante el rodaje de “Desperado” (Íd, Robert Rodríguez, 1995). “Le había elegido (a Danny Trejo) en Desperado y recuerdo que pensaba que este tipo debería tener sus propias sagas de películas mexicanas exploitation como Charles Bronson o Jean-Claude Van Damme”. Sin embargo, pasaría más de una década hasta que el realizador mexicano se decidiera hacer algo con esa idea.

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Lamentablemente tanto para Tarantino y Rodríguez como para el (micro)Universo “Grindhouse”, la recaudación en taquilla estuvo muy por debajo de las expectativas. La cinta del director de la adaptación de “Alita: Ángel de Combate” (Alita: Battle Angel, Robert Rodríguez, 2018) sólo recaudó 11,6 millones de dólares de un presupuesto de 25 millones. Tampoco la cinta de Tarantino corrió mejor suerte. Harvey Weinstein -principal responsable de tener muy mimados a Tarantino, sobre todo, y, en menor grado, a Rodríguez- llegó a admitir su decepción. Tras la debacle en los Estados Unidos, el Proyecto Grindhouse llegaría a Europa con ciertos cambios en su formato que acababan con ese espíritu de las sesiones dobles bajo el que se había concebido. Ambas películas se estrenarían por separado -en versiones más largas que las estrenadas en su país de origen-, lo cual garantizaba un mayor rendimiento económico. En nuestro país, así fue como se distribuyó la dupla de cintas “Grindhouse“, suprimiendo además todos los “trailers” exceptuando el de Machete, que fue exhibido tanto en cines como añadido al formato doméstico justo antes de “Planet Terror” (Grindhouse Planet Terror, Robert Rodríguez, 2007).
La crítica no fue tan dura como el público y, pese a que podemos encontrar disparidad de opiniones, la cinta de Rodríguez no salió mal parada. Peter Travers de Rolling Stone evaluaba “Grindhouse” de la siguiente manera: “No me siento culpable por decir que Grindhouse es un placer. Siendo modesta y sin venderse, este tour de force de chicas y balas consigue engancharte al cine de nuevo”. Por su parte, el popular Roger Ebert no la ponía demasiado mal y afirmaba que “Planet Terror recicla la perdurable fórmula de ‘Living Dead’ (…) Lo que la distingue es la extraordinaria habilidad del maquillaje”. A su vez, Henry Cabot escribía para The Guardian que “Tiene todos los elementos apropiados (…) La película es demasiado grande y demasiado buena para ser confundida con una reliquia maltrecha de los 70“. Mucho más entusiastas son las declaraciones de Todd Gilchrist para IGN –“Planet Terror es lo mejor que ha hecho Rodríguez hasta la fecha y es una obra maestra inequívoca que homenajea al cine cutre” o Claudia Puig en USA Today –“Sangrienta y buena diversión. (…) El desfasado terror de Rodríguez es más divertido en plan absurdo (…) una gamberra sacudida de escapismo cuasi-nostálgico”.
En nuestro país encontramos también críticas bastante positivas como la de Jordi Costa para el Diario El País: “Rodríguez ha logrado uno de los mejores trabajos de su carrera, un honesto, sentido e intensísimo homenaje (…) ‘Planet Terror’ ocurre en el excesivo mundo del imperativo de goce (z)inéfilo“. Alberto Bermejo en El Mundo afirma que es “Virtuosismo resultón a la hora de construir artilugios de mero entretenimiento. (…) Lo mejor: la libertad del director para articular sus delirantes excesos (…) Lo peor: la simpleza que se esconde bajo el virtuosismo habilidoso de unas imágenes ruidosas, violentas y pretendidamente irónicas“. David Broc en Fotogramas escribe que “Alcanza momentos de absoluto genio y delirio colectivo. (…) un festín de guiños, tributos y, sobre todo, escenas memorables que merecen aplauso. (…) “. Quizá la más negativa se la llevó en la revista Cinemanía, por parte de Nando Salvá, que comenta que es un “entretenimiento hilarante y carente por completo de coherencia, envuelto en explosiones orgásmicas de violencia gratuita. (…) “.
Pese a lo catastrófico del invento, Robert Rodríguez consiguió llamar la atención del gran público y de sus fans con su “fake tráiler” del personaje de Danny Trejo, Machete. Personaje del cual ya ha rodado dos filmes: “Machete” (Íd, Robert Rodríguez, Ethan Maniquis, 2010) y “Machete Kills” (Íd, Robert Rodríguez, 2013). Y a la espera estamos de su tercera entrega (Machete kills in space).

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