Aliens: Fuego y Piedra (Chris Roberson, Patric Reynolds)

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Titulo original: Aliens: Fire and Stone / Guión: Chris Roberson / Dibujo: Patric Reynolds / Portada: David Palumbo / Formato: Cartoné / Páginas: 112 pags. / Editorial: Norma Editorial / Precio: 16,00€ / ISBN: 978-84-679-2668-2


A modo de prólogo: El evento “Fuego y Piedra” supuso un gran crossover editorial en el que se cruzaban los destinos de xenomorfosYautjas y humanos en una suerte de secuela no oficial de la película “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012) que publicó “Dark Horse Comics” en el transcurso de 2014 en cuatro sendas miniseries (una de “Aliens“, una de “AvP“, una de la recién inaugurada línea “Prometheus” y otra de “Predator“). Todos las tramas se integraban en una misma historia, pero desde cuatro puntos de vista distintos. En nuestro país, todas las miniseries (más especial en forma de epílogo) han sido publicadas por “Norma Editorial” durante el pasado año 2017 en cuatro tomos cartoné.

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La pequeña colonia de “Hadley’s Hope”, asentada en la luna conocida como “LV-426” está acabada. Una hostil especie alienígena ha aparecido y ha acabado con la mayoría de su población. Un pequeño grupo de supervivientes logra huir en un pequeño vehículo a una de las lunas cercanas sólo para descubrir que no han viajado solos. Los letales aliens se ha colado en su bodega de carga dejándoles sin un momento para poder recobrarse. Sin embargo, no serán los “xenomorfos” los únicos peligros que encontrarán en el vecino satélite. El mismo en el que muchos años antes aterrizó la nave llamada “Prometheus”.


La primera vez que pudimos ver la colonia minera de “Hadley’s Hope” fue en la increíble secuela de “Alien, el Octavo Pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979), “Aliens, el regreso” (Aliens, 1986) de James Cameron. El asentamiento se estableció en una de las tres lunas que orbitaban el planeta “Calpamos” denominada “LV-426” o, también conocida como, “Acheron”. En el film del director de “The Terminator” (Íd, James Cameron, 1984) se nos contaba que allí se trasladó, bajo las órdenes y financiación de la Compañía “Weyland-Yutani”, un grupo de trabajadores de la empresa, junto a sus familias, con objeto de terraformar el satélite e investigar dicho confín de la galaxia. Curiosamente (o no), dicha luna fue también el lugar donde la nave comercial “Nostromo” se vio obligada a hacer una parada con la finalidad de responder a una posible llamada de socorro. Lo que la tripulación del carguero espacial no sabía es que allí encontrarían el detonante de la posterior pesadilla que sufrirían en sus propias carnes en forma de hostil alienígena y provocando que, nosotros como espectadores, pudiéramos disfrutar de una de las más míticas cintas de ciencia ficción y terror de todos los tiempos. La única superviviente de la “Nostromo”, Ripley, lograba escapar en una lanzadera de salvamento y encontrada posteriormente por un equipo de rescate mientras vagaba a la deriva por el espacio.
El resto forma parte de la historia de una de las sagas más populares de la “Sci-Fi” moderna. El salvamento de Ripley brindó la oportunidad a sus “jefes”, la pérfida “Compañía”, de conocer las coordenadas aproximadas de la ubicación de esa peculiar y misteriosa nave con forma de herradura que albergaba a una de las especies más peligrosas del Universo. Acto seguido harían que un grupo de trabajadores y científicos se encaminaran hacia allí con el pretexto de asentar una nueva colonia minera y, a su vez, poder hacerse con algún espécimen “xenomorfo” destinado a su línea de producto armamentístico. La incapacidad de comunicarse con “Hadley’s Hope” llevaría a que se formara una expedición de rudos marines, con Ripley como principal asesora, que llegarán a “Acheron” sólo para descubrir que el pequeño asentamiento compuesto por 158 colonos ha sido arrasado. El descubrimiento de los “aliens”, con la consiguiente infestación de la colonia, abrumó al equipo de rescate teóricamente formado por bravos soldados curtidos en mil batallas. Todos los habitantes de la pequeña “ciudad” estaban o bien muertos o habían sido utilizados como anfitriones para gestar más mortíferos extraterrestres. ¿Todos? No, todos no. Hasta el momento, gracias al film de Cameron, sabemos que una pequeña niña -llamada Newt- logró escabullirse y sobrevivir mientras que su familia y vecinos perecían a manos de los “xenomorfos”. Sin embargo, lo que no se nos contó es que un pequeño grupo de colonos logró huir in extremis de “LV-426” en un vehículo de extracción mineral capaz de poder llegar a una de los satélites cercanos. Exactamente en ese momento es en el cual comienza el relato de la miniserie de “Aliens”, perteneciente a la saga “Fuego y Piedra” publicada por “Dark Horse Comics” escrita por Chris Roberson y dibujada por Patric Reynolds.

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En “Aliens: Fuego y Piedra” seguiremos las andanzas de un pequeño grupo de habitantes de “Hadley’s Hope” que logran escapar de “Acheron” para acabar en la cercana luna denominada “LV-223” y, donde curiosamente también, se desarrollaron los acontecimientos narrados en el film “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012). De esta forma, sus responsables se encargan, por un lado, de que veamos lo que en el film de James Cameron sólo pudimos imaginar, es decir, el asedio por parte de los “xenomorfos” -al más puro estilo de un “Apocalipsis Zombie”- a la pequeña colonia minera, y, por el otro, conectar la segunda entrega cinematográfica de los “aliens” con el film de Ridley Scott de 2012. Esta sería la primera vez -puesto que la publicación de la miniserie es anterior al estreno de la película “Alien Covenant” (Íd, Ridley Scott, 2017)- que una historia de los “xenomorfos” (al menos, de las provenientes de su Universo Expandido al margen del cinematográfico) nacidos -al menos gráficamente- de la macabra mente de H.R.Giger abarca aspectos provenientes de la mitología de “Prometheus”, algo que acabaría extendiéndose a lo largo de todo este evento denominado “Fuego y Piedra”. Destacar que, a pesar de ser la segunda miniserie de este macro-crossover del universo expandido creado en el seno de “Dark Horse Comics” (el cual aglutina “Prometheus”, “Alien” y “Predator”), cronológicamente se sitúa antes de los acontecimientos narrados en “Prometheus: Fuego y Piedra” dando explicación al porqué la tripulación de la “Helios” se cruzará en sus páginas con nuestros “xenomorfos” favoritos.
Los supervivientes de “Hadley’s Hope” acabarán, como se suele decir, “saliendo de la sartén para acabar cayendo a las brasas”. Llegarán a “LV-223”, de la forma más precaria con un vehículo nada adecuado para dicho trayecto, solamente para descubrir de forma inmediata que, junto a ellos, en la bodega de carga, viajaba un pequeño, pero letal, grupo de “xenomorfos”. Sin momento para recobrar el aliento o atender a los heridos, se verán forzados a huir sin poder reparar detenidamente en su entorno. Puesto que lo que debería ser un paraje desolador, es sorprendentemente es un verdadero ecosistema con una atmósfera totalmente respirable. Este será uno de los motores de la acción de este relato ya que, a partir de aquí, la trama se dividirá -o desviará su atención- y seremos testigos, por una parte, de cómo los colonos intentan sobrevivir a cualquier precio -incluyendo bravatas y discusiones provocadas por la disparidad de opiniones al tener dos posturas enfrentadas, una más pro-activa que la otra- y, por la otra, de la investigación de las misterios que encierra el hostil entorno y el peligroso “Limo negro” por parte del personaje que aglutina más protagonismo que ninguno dentro del elenco coral, el ingeniero jefe Derrick Russell. Éste acabará descubriendo -y capturando- una de las sondas, presumiblemente lanzada por el geólogo Sean Fifield, de la antigua nave “Prometheus”. Sorprendido por encontrar equipo obsoleto de la compañía para la que trabajaba, nuestro ingeniero protagonista dedicará todo momento que le sea posible a intentar dar con las razones de la rápida terraformación de su salvaje entorno y a investigar las posibles consecuencias genéticas del contacto con ese misterioso líquido negro con el que no deja de tropezar.

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Básicamente, el guionista Chris Roberson -a quien hemos podido leer en trabajos puntuales para “DC Comics” y su sello “Vertigo” como “House of Mistery”, “Jack de Fábulas” o “iZombie”, también se ha encargado de alguna de las miniseries del “Universo Hellboy” para “Dark Horse Comics” entre otras obras- centra sus esfuerzos, una vez tenemos a todos los participantes de la historia huidos de la masacre de “Acheron”, en las pesquisas de Russell. Paralelamente, al resto de personajes, de entre los cuales destacan solamente dos a los que les otorga el lujo de darles líneas de diálogo -Genevieve Dione y Nolan Cale, una antigua maestra y uno de los perforadores de “LV-426”, respectivamente-, el autor los utiliza como auténtica carne de cañón durante los repetitivos envites de los “aliens”. Roberson coge a un pequeño grupo de personas (del cual desconocemos su número, pero que a veces aparentar ser más y otras menos) y los coloca en un paraje natural al más puro estilo de la serie “Perdidos” (Lost, 2004-2010) sólo para ir matándolos, en el mejor de los casos, o mostrarnos los efectos del “Limo negro” al entrar en contacto con ellos. De esta forma, nos ofrece la miniserie más cerrada de todas las que forman parte de “Fuego y Piedra”, ya que no es una historia determinante en el desarrollo global del evento.
La parte artística corre a cargo de Patric Reynolds, ilustrador y portadista cuyo arte secuencial hemos podido ver también en otros trabajos para “Dark Horse Comics” pertenecientes al universo creado por Mike Mignola para su “Hellboy” como la miniserie “Hellboy y la AIDP: 1954” o “Joe Golem. Detective de lo oculto”. El estilo de Reynolds está en plena sintonía con el tono de los cómics de la franquicia. Es oscuro, es sucio, es violento. Sin embargo, en la humilde opinión de quien suscribe estas palabras, peca tal vez de muy estático, carente de dinamismo. Muchas de sus viñetas parecen auténticos posados y la narrativa no es un punto a destacar. A simple vista es muy atractivo, pero a medida que uno va pasando páginas ve cómo se repiten formas, figuras y composiciones. No quiero decir que sea un aspecto totalmente negativo, pero el resultado está un pelín por debajo del resto de miniseries que componen el “crossover”. Por otro lado, y a semejanza del resto de títulos de “Fuego y Piedra”, las portadas, obra del ilustrador David Palumbo -incluidas también en el tomo-, son simplemente increíbles.
En definitiva, es el episodio que menos importancia tiene dentro de la trama general del evento, pero que no deja de ser un entretenimiento de lo más distendido. Aunque al acabar la historia, uno puede pensar que realmente no haya ocurrido gran cosa en relación con el conjunto global del evento. Sin embargo, la historia, en su afán de conectar los filmes “Aliens, el regreso” (Aliens, James Cameron, 1986) y “Prometheus” (Íd, Ridley Scott, 2012), es una buena oportunidad para visitar lugares comunes vistos en el seno del universo cinematográfico de “aliens” y poder ser testigos de primera mano de sucesos que, hasta el momento, sólo podíamos recrear a través de nuestra imaginación como el asedio a la pequeña colonia de “Hadley’s Hope”. Para los más completistas, señalar que dicho acontecimiento también se encuentra narrado en la novela “Alien: River of Pain”, escrita por Christopher Golden (autor también de la novelización de la última entrega dirigida por Shane Black de Depredador [The Predator, Shane Black, 2018]). Como extra y refuerzo de esa idea de conexión con el filme de Cameron encontramos una pequeña historia de ocho páginas con el Cabo Hicks como protagonista, también escrita por Chris Roberson y titulada “Aliens: informe de campo”, donde se recrea la huida de los marines tras el primer enfrentamiento con los “aliens” en “LV-426”. Tampoco aporta demasiado a la trama, pero sí a las intenciones de cohesión de dicho universo de ficción.

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