Charlas Palma 80’s Café: Gremlins (1984) de Joe Dante

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Cuando un servidor se para a pensar en Gremlins de Joe Dante la primera palabra que le viene a la cabeza es (¿cómo no?) nostalgia. Nostalgia por la fiesta que suponía ir al cine un sábado por la tarde acompañados mi hermano y yo por mi padre. La magia que nos envolvía en la sala sentados frente a una gran pantalla (posiblemente existían televisores de más 50 pulgadas, pero no los teníamos en el salón de casa) con una película de la que, con suerte, sabíamos poco.

Decir que Gremlins es un referente del cine comercial de los ochenta es quedarse corto a mi parecer. Gremlins es un icono, es cultura pop. Está tan enraizada en nuestra memoria colectiva que incluso actualmente se siguen haciendo promos o anuncios con estos bichejos (o su contrapartida benigna) como protagonistas.

14264802_1851499025071024_3136530773916413181_nAdemás de blockbuster de cabecera, la película del director de Piraña o Aullidos (tan buenas como recomendables, como siempre desde el punto de vista de aquel que suscribe estas palabras) es una de las cintas más representativas de la productora Amblin o, lo que es lo mismo, de la faceta como productor del Rey Midas del cine comercial: Steven Spielberg. Éste siempre acompañado por otras dos grandes figuras del showbiz como son Frank Marshall y Kathleen Kennedy.

Y por otro lado, Gremlins es una película inclasificable donde las haya, ¿cierto? ¿Es una comedia? ¿Es una película de aventuras? ¿Es un film de terror? ¿Es para niños? Es muy probable que el encanto que tiene la cinta se deba a ello y a su toque de atemporal fábula macabra, como aquellos cuentos tradicionales que nos llegaron con formas más suaves pero que en origen eran mucho más heavys.

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Pero como todo en este mundo, la entrañable y, a la vez, truculenta historia de cómo la pequeña localidad de Kingston Falls se ve asediada por el envite de una horda de pequeños y, por qué no decirlo, cabroncetes bichejos tiene un origen. Ahí se encuentra un tal Chris Columbus que para las fechas no era más que un aspirante muy lejos de la fama que alcanzaría posteriormente. Gremlins es un guión, un libreto de prueba cuya inspiración se encontraba en el ruidito que los roedores que cohabitaban con Columbus en su casa producían por las noches, que iba dejando de despacho en despacho hasta que éste lo encontró Spielberg buscando ideas para hacer un peli serie B con invasión extraterrestre incluida.

Aunque sus responsables lo desmentieran alguna vez, éstos Gremlins vienen de mucho más atrás. Al menos, hay otros Gremlins que aparecieron mucho antes que los de Dante y me refiero a aquellos que los pilotos de la Royal AirForce veían en las alas de sus cazas de combate durante la Guerra Mundial y a los que achacaban todos los fallos de sus aparatos. Algo así comenta el Sr. Futterman (ese inolvidable y carismático Dick Miller) en una de las escenas de la película, ¿no? El joven aviador y escritor llamado Roald Dahl (autor de, entre otras muchas y recomendables cosas, Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate) recibió por aquel entonces el encargo de escribir un libro (para su posterior adaptación cinematográfica por parte de Disney) sobre estas criaturas. Proyecto que desestimó el estudio del ratón más famoso de la historia (con el permiso del Ratoncito Pérez) y que acabó en forma de cortos de animación de la Warner. Pero eso es otra historia para otro rato.

Lo que sí podemos añadir para acabar este inciso es que esta historia de criaturas de que sabotean aviones en pleno vuelo fue fuente de inspiración para Richard Matheson a la hora de escribir uno de los mejores episodios de la serie Twilight Zone de Rod Serling titulado Pesadilla a 20.000 pies dirigido por Richard Donner y protagonizado por William Shatner. Episodio del que se rodó una nueva versión en el homenaje que (también) Spielberg y John Landis realizaron en la primera mitad de los ochenta con esa película (ahora considerada como maldita) llamada aquí En los Límites de la Realidad (The Twilight Zone, the movie). Una película que recopilaba cuatro historias, tres adaptaciones de capítulos de la serie original más el inédito de Landis, y que cerraba la nueva versión de Pesadilla a 20.000 pies dirigida por George Miller (Mad Max) y protagonizada por un excelente John Lithgow. En ese proyecto también participó el que sería director de la peli que nos ocupa, Joe Dante, con It’s a Good Life. Segmento en el que vemos muchas de las características propias de este genial y particular director.

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Joe Dante, director formado y curtido en la factoría de Roger Corman. No sólo un técnico sino un auténtico cinéfilo, forma parte de esa generación de directores criados frente a un televisor en la década de los cincuenta. La caja tonta, fuente de toda la serie b del momento, de los cortos de animación de la Warner, de historias de alienígenas, de invasiones de insectos gigantes,… De todo aquello que nos enrolla y que al pequeño Joe también y que ha sabido reflejar perfectamente en toda su filmografía.

A Dante hoy le llamaríamos amigablemente “friki” porque en sus pelis podemos ver muchísimas referencias y guiños a toda esa cultura popular con la que creció y que ya hemos comentado. Como cinéfilo que es, vemos en muchas ocasiones a sus personajes disfrutando de la experiencia del cine ya sea en una tele o en una sala (de hecho, gran parte de su Matiné transcurre en un cine). Incluso alguna vez sus personajes o la trama rompen la cuarta pared y se interpelan miradas hacia el espectador, es decir, hacia nosotros. A pesar de ser muy versátil, encuentra en el fantástico un género que le va como un guante y plasma todo ese gusto que tiene por el cartoon, el humor negro y el slapstick. Pero si hay una constante en el cine de Dante, algo que podemos ver en todas y cada una de sus películas, es la participación de Dick Miller y, en menor medida, Robert Picardo. Dos de sus actores fetiche.

Aunque se dice que la primera opción para sentarse en la silla de director fue un jovencísimo Tim Burton, Spielberg pensó que el director (hasta el momento) del interesante corto Vincent estaba todavía muy verde y se decantó por Dante. De hecho, éste pensó que se trataba de una broma cuando le llegó el guión. No sólo eso, sino que se sintió en un apuro cuando tuvo que entrevistarse con el director de E.T. porque su primera peli era un exploit descarado de Tiburón. Spielberg no sólo le dijo que era fan de su Piraña y de su Aullidos (cartas de presentación del joven Dante) sino que eran magníficas películas.

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La pre-producción de Gremlins se alargó, lo que propició a Dante poder participar junto a su amigo John Landis en el proyecto de En los límites de la Realidad. Y lo que, en un principio, era una película serie B homenaje a todas aquellas películas de invasiones alienígenas de los años cincuenta se fue disparando de presupuesto. Razón por la cual se fue suavizando hasta convertirse en lo que todos vimos en cines. Cuanta más gente entre al cine a verla, más dinero se recuperará del proyecto, debió pensar ese joven Spielberg metido en la piel de un productor. Pese a la edulcoración del guión, la cinta lo pasó mal con la calificación para espectadores sacándose de la manga el director de Tiburón una nueva, la PG13, debido a que su Indiana Jones y el Templo Maldito adolecía de los mismo síntomas, es decir, era demasiado heavy para ser amable y demasiado amable para ser heavy. Ambas cintas inauguraron dicha calificación ese verano de 1984.

Pese a que la fama y el protagonismo se lo llevaron las criatura creadas por un grande de los efectos especiales llamado Chris Wallas, existe un casting. Un reparto del que hoy casi nadie se acuerda porque tanto los Mogwais como los Gremlins se lo comieron todo. Tampoco las carreras de Zach Galligan o Phoebe Cates pudieron levantar el vuelo muy lejos de estas criaturas. Lo cierto es que desde un principio se optó por un casting desconocido. Galligan interpretaría a Billy Peltzer, un joven responsable y anónimo de una pequeña comunidad americana (el típico “pringao”) cuya existencia la trastoca la irrupción de algo fantástico. ¿Cuántas veces hemos visto algo así en películas no sólo de la Amblin sino de la década de los ochenta? Dicen que se disputó el papel con Emilio Estévez y Judd Nelson, pero que la química que desprendía con su partenair, Phoebe Cates, hizo que tanto Spielberg como el estudio se decantaran por la elección de ambos. Aunque hay que decir que la elección de Cates (que por otro lado está adorable en todo el metraje) fue más polémica por la participación de ésta en comedias subidas de tono tipo Porky’s, famosas por esos inocentes e inocuos desnudos.

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Otra cara, más conocida, que podemos ver en Gremlins es la de Corey Feldman, el futuro Bocazas de los Goonies y todo un icono de los ochenta, en un pequeño y entrañable papel. Hoyt Axton como Randall Peltzer, inventor amateur cuyos inventos rara vez funcionaban bien. Sufriendo y testeando todo el catálogo de productos Peltzer tenemos a Frances Lee McCain como Lynn Peltzer que sólo un año después la volveríamos a ver como abuela de Marty McFly en Regreso al Futuro. Pero sin duda, siempre que pienso en Gremlins me acuerdo del Sr. Wing (no nombrado en toda la peli por su nombre) interpretado por Keye Luke (el Maestro del Pequeño Saltamontes más famoso de la tele y de su templo Shao Ling) y, por supuesto, del Sr. Futterman interpretado por el carismático Dick Miller y que convierte a su personaje en uno de los más queridos y divertidos de la peli.

Hemos mencionado antes a Chris Wallas (Humanoides del Abismo, En busca del Arca Perdida o La Mosca, por los cuales ganó un Óscar de la Academia) como responsable de los efectos especiales, del diseño de los Mogwais y Gremlins y responsable de que todos esos muppets y animatronics sean capaces de transmitir una sensación de realidad que no ha envejecido nada mal y que coloca a Gremlins como una de las cimas de los efectos artesanales (al menos en la opinión del que esto suscribe). Sin embargo, la idea primigenia de Spielberg era la de utilizar monos, monos tití, maquillados. Por supuesto, la práctica de la idea se fue al traste. A servidor le hace gracia que el Steven productor cayera (supongo que llevado por la idea de ahorro en el presupuesto de un proyecto que se disparaba de precio) en el mismo error en el que cayeron Zanuck y Brown cuando quisieron que el escualo protagonista de esa Obra Maestra llamada Tiburón (Jaws) fuera un tiburón amaestrado y no un tiburón mecánico.  El hombre es el único animal capaz de tropezar dos o tres veces con la misma piedra o incluso morir en el intento.

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¿Y qué decir de la música? Lo que fue una imposición en En los límites de la Realidad acabó siendo una de las más fructíferas relaciones profesionales y es que Jerry Goldsmith ha trabajado con Dante en muchos de sus filmes posteriores. Para la ocasión tiene un tema principal muy potente, su Gremlins Rag, pero también hay cabida para melodías más entrañables y emotivas como las que Gizmo tararea o el score final, por ejemplo.

Con motivo del treinta aniversario de la película, la revista Empire reunió a parte del equipo para una entrevista y otros medios plantaron su atención ante este clásico que cumplía una respetable edad. Tengo entendido que Columbus hizo una entrevista en la que hablaba de la nueva entrega/reboot/remake de Gremlins y se quejó de cómo su guión fue transformado. El guión original (que un servidor sepa) no ha salido nunca a la luz, pero sí una séptima reescritura del mismo que posee todavía esa mala leche y características de película de terror que tanto la Warner, Dante y Spielberg suavizaron para que la cinta llegara a más público que el aficionado al horror.

Uno de los cambios más significativos que sufrió el guión fue el de separar a Gizmo y a Stripe en dos personajes diferentes puesto que, en origen, eran el mismo. La idea era que el público se encariñara con Gizmo para que luego se transformara en Stripe traumatizando a más de un espectador. Se dice que Spielberg se negó en rotundo. Como también se negó a la muerte de este Gizmo/Stripe convirtiéndose en mariposa. ¿Qué narices debía tener, con todos mis respetos, Chris Columbus en la cabeza cuando pensó algo así? Otros cambios significativos tienen que ver con el tono y con la muerte de personajes. Por ejemplo, el Profesor Hanson (interpretado por Glynn Turman, a quien pudimos ver también en Super 8 de J. J. Abrams) moría con agujas clavadas en los ojos por el Gremlin al que pinchó antes para sacarle sangre. Los Futterman, a diferencia de la versión final, morían aplastados lentamente por la excavadora (esa Kentucky Harvester que nunca falla). Un grupo de Gremlins aparecería en un McDonnalds (aunque podemos ver un Burger King en la bucólica localidad de Kingston Falls) y se comerían a los clientes. Barney, el perro de Billy, también moría (¿pero Chris, no sabes que en las pelis de Spielberg los animales no mueren?). Y lo más fuerte está por llegar, Lynn Peltzer (esa aguerrida ama de casa que se cepilla a tres bichos en la cocina de su casa) moría decapitada y su cabeza se la lanzaban a Billy nada más llegar a casa. Estoy convencido que más de uno o una pagaría por ver una versión así.

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Otros cambios en la película los podemos ver en toda esa subtrama homenaje a la figura de Frank Capra que, aunque no aporta mucho a la historia, contribuye a hacer un poco más creíble el pueblo y sus gentes. A imagen y semejanza que en Qué bello es vivir (que aparece en un pequeño televisor de la cocina de los Peltzer), en Gremlins hay una pequeña historia de especulación inmobiliaria por parte del banco local y de la Sra. Deagle (que nos podría recordar al malvado Sr. Potter que tanto le hizo la vida imposible a George Bailey de la cinta de Capra). El nombre de Kingston Falls ya nos evoca al Bedford Falls de Capra. Tomaría un poco más protagonismo el personaje de Gerald, interpretado por otra cara conocida de los 80 como es Judge Reinhold (el detective Rosewood de la también famosa SúperDetective en Hollywood), que sería la voz de ese macabro relato que finalmente protagonizó Phoebe Cates acerca de lo peor que le pasó en su vida y que ocurrió en Navidad: la muerte de su padre. Por cierto, el estudio no quería esta escena pero Dante, con la ayuda de Spielberg, logró meterla en el montaje final. Otros homenajes un poco más rebuscados a Capra que podemos encontrar son la proyección de Hemo, the magnifient (1957) en el colegio o el retrato de Edward Arnold en la mesa de la Sra. Deagle.

Y si hablamos de homenajes y guiños, hay muchos más. Nada más empezar la película vemos el logo antiguo de la Warner que Dante pidió expresamente. Y cuando vemos por primera vez Kingston Falls hay un cartel enorme publicitando al programa de radio más popular del pueblo, el de Rock’n Ricky Rialto con la tipografía y caricaturizado como Indiana Jones. Otros easter eggs relacionados con el mundo Amblin son las referencias a E.T., un peluche y un “teléfono, mi casa” aparecen por ahí. Incluso Spielberg no pudo resistirse a hacer un cameo en la convención de inventores (aparece en una especie de bicicleta). Esa convención tiene miga porque también aparecen Jerry Goldsmith, Robbie el Robot de Planeta Prohibido y la máquina del tiempo de El tiempo en sus manos que, además, desaparece para el asombro de los allí presentes. Cameos como los de Chuck Jones y Kenneth Tobey y otras referencias mucho más directas como la película Indianapolis, La invasión de los ladrones de cuerpos (con las vainas abriéndose justo antes de ver lo mismo con los capullos donde los mogwais sufren su metamorfosis en gremlins), la inclusión del primer film de animación Blancanieves o esa motosierra amarilla con la que Stripe ataca a Billy.  Además, en el cuarto de Billy vemos cómics y pósters de películas y serie como (¿otra vez?) The Twilight Zone. Como curiosidad, aunque parezca un pueblo de verdad Kingston Falls es un set de los estudios Universal llamado CourtHouse Square donde se rodó el episodio piloto de la ya mencionada Twilight Zone y Regreso al Futuro, es decir, Kingston Falls es Hill Valley. Lamentablemente se quemó en 2008 y sólo queda el edificio del ayuntamiento.

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Es evidente que, si estamos escribiendo de la película más de treinta años después de su estreno, Gremlins fue todo un éxito de taquilla. No sólo eso sino que muchos de nosotros nos quedamos estupefactos con ella. ¿Quién no quiso tener a un Mogwai como mascota? De sus once millones de dólares de presupuesto se generaron unos ciento cincuenta millones llegando a ser la cuarta película más taquillera del 84. Un año muy prolífico en lo que a grandes pelis se refiere porque fue el año de Cazafantasmas (ambas se estrenaron el mismo fin de semana de junio de 1984), Súper Detective en Hollywood, Foot Loose, Karate Kid, Indiana Jones y el Templo Maldito, Terminator, La historia interminable,… Lo dicho, una buena cosecha.

El pasado viernes 16 de septiembre y dentro de nuestro ciclo de charlas nostálgicas de pelis en la cafetería más retro de Palma de Mallorca, Palma 80’s Café, dedicamos más de hora y media para charlar de esta cinta que todavía nos fascina. Como todas las charlas que venimos haciendo desde 2014 en el Ochentas, éstas son charlas de fan a fan. Dirigida y conducida por José Manuel Sarabia (creador, director y administrador de Weird Sci-Fi Show y autor de estas palabras), se comentaron detalles, curiosidades, anécdotas y escenas de la peli además del tradicional concurso de preguntas y sorteos de premios cedidos para la ocasión por El Món d’en Kaito Videojocs y Oyachu Creations. Os dejamos un video extracto de la charla:

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Os esperamos en próximas citas!!!

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