Aullidos (1981) de Joe Dante

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[Atención a navegantes: este artículo contiene spoilers]

De todo el panteón de monstruos clásicos, el hombre-lobo, bajo la humilde opinión de aquel que suscribe estas palabras, ha sido siempre el patito feo del cine de terror. Salvo excepciones, como la que hoy nos ocupa, no hay grandes películas, en lo que a calidad se refiere, sobre licántropos. Es más, hay que remontarse al año 1981 con el estreno de Aullidos de Joe Dante y su coetánea y excelente Un hombre lobo americano en Londres de John Landis para encontrarnos con los máximos exponentes modernos de este sub-género. Ya sea por su tratamiento o por necesidades técnicas, la licantropía en el cine ha dejado a su paso mayoritariamente (con excepciones claro) una serie de productos de escasa o nula calidad.

Después de habernos metido mal rollo en el cuerpo con Piraña (1978), un exploit poco más que descarado del Tiburón (1975) de Spielberg, Joe Dante se embarcó junto con su colega John Sayles en esta libre adaptación de la novela con el mismo título de Gary Brandner y distanciándose así de la factoría Corman con objeto de dedicarse a sus propios proyectos. Roger Corman, como anécdota, hace un cameo en la peli. Sin embargo, es evidente que su paso por la New World le enseñó a exprimir y sacar el máximo provecho a los pocos medios con los que contaba. Aullidos tenía un presupuesto de un millón de dólares (recaudó unos 17), nueve millones menos que la coetánea cinta de John Landis.

No vamos a (ni siquiera intentar) decir nada nuevo o que no se haya escrito ya de este clásico indiscutible del cine de terror contemporáneo. Sin embargo, sí que me gustaría resaltar aspectos bajo la mirada de Joe Dante que hasta el momento eran inéditos en el tratamiento de la figura del licántropo. Hay una cosa común en la creencia popular acerca del hombre-lobo y es el hecho de que su condición es una maldición. Un castigo que pesa sobre un pobre pringado que todas las noches de luna llena se convierte en una feroz y salvaje bestia que más vale no te la encuentres de camino a casa después del curro. La historia siempre es parecida, un tipo es mordido por una de estas criaturas y acaba convirtiéndose en un alma en pena que, como aquel que amanece con resaca después de una velada de excesos, tiene vagos recuerdos de lo que hizo la noche anterior. En el caso de Aullidos, Joe Dante se queda con parte de la parafernalia clásica del personaje como las balas de plata, la transformación o su poder regenerativo ya que el resto, en palabras del carismático Dick Miller, son cosas de las películas de Hollywood. En la peli de Dante, esta criatura es un ser antropomórfico de gran estatura, fiero aspecto terrorífico y que controla a voluntad su condición siendo consciente todo el tiempo de ello. El licántropo de Dante puede convertirse de humano a lobo o de lobo a humano cuando él desea y sin desdoblar su personalidad. Aquí no hay humano por un lado y bestia por el otro. Éste licántropo es la misma persona tanto con su máscara humana como con realidad lobuna. Es más, y mucho se ha escrito sobre ello, aquí la licantropía se la ve como a una forma de liberarse de la represión de la convención social del ser humano. Aceptar el lado más salvaje de cada uno es sinónimo de liberación. La primera transformación además de física es psicológica. No se reprime el deseo, no se reprime la violencia, no se reprime todo aquello socialmente mal visto o tabú por la sociedad (o, mejor dicho en este caso, raza humana). Todos llevamos un lobo en nuestro interior y ésta es la oportunidad perfecta para liberarlo. “No se puede domar a lo salvaje”, dirá el actor John Carradine en un momento de la cinta.

Otro concepto interesante de la peculiar modernización por parte del director del mito de los licántropos, que se aleja bastante del popular, es el hecho de que el hombre-lobo de Dante no es un solo hombre-lobo sino toda una manada. Un grupo de licántropos que vive apartado de la sociedad y que, además de ser consciente de su condición, se autoproclama como raza superior a la humana. Una mejora en la escala evolutiva y el ser humano destinado a ser su ganado.

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Pero de qué va la peli? Para aquellos que se piensen que los reality-shows son cosas de estos tiempos en los que vivimos, la película comienza con uno orquestado por un canal local con la colaboración de la policía de Los Ángeles. En estos primeros quince minutos de metraje, que hacen de perfecto prólogo, conocemos a Karen White, una atractiva presentadora de informativos de la KDHB-TV canal 6 interpretada por Dee Wallace-Stone (la futura mamá de Elliot en E.T.). Además de para meternos en situación, éste prólogo sirve a Dante para desarrollar al personaje protagonista y dar sentido y credibilidad a sus acciones futuras, sobretodo (a mi entender) su decisión final. Quizá éste es el personaje en el que más se trabaja ya que el resto de personajes (desde la humilde opinión del que escribe esto) rozan lo plano o se estampan en ello. Descubrimos que Karen es una mujer de carácter fuerte y decidida a la que no le tiembla el pulso cuando un proxeneta le corta el paso para proponerle un poco de Rock and Roll. Sin miedo alguno se adentra en uno de los barrios más sórdidos de la ciudad para citarse con un misterioso asesino en serie que la ronda. Paralelamente, su canal y la policía la monitorizan con la tecnología disponible a principios de la década de los ochenta, es decir, con un micro. Luego sabremos que la señal se pierde y que desde el puesto de control no tienen ni pajolera idea de lo que ocurre. Menos mal que una pareja de agentes le sigue la pista de cerca.

Karen entra en una cabina telefónica donde el asesino la ha citado. Un tipo hace cola. Ese tipo no es otro que Roger Corman haciendo el cameo antes mencionado. El teléfono suena tras un rato de espera y el asesino, un tipo llamado Eddie que se dedica a filetear mozas, insta a Karen a que vaya a un sex shop de lo más cochambroso. Allí la chica se mete en una de esas cabinas donde antaño, a base de meter monedas, uno podía tocarse viendo peliculillas subidas de todo. Cómo podía vivir la gente sin internet os preguntaréis. Karen le mete pasta a la máquina y una peli con una pseduo-violación snuff aparece en pantalla. Detrás de ella, Eddie hace su aparición. Le habla de su lado salvaje y de lo falso de las imágenes que están viendo. Le dice que él es libre y la obliga a que se gire para que pueda ver como se transforma en algo. La irrupción de la pareja de agentes y el gatillo fácil del más joven de los policías interrumpen al asesino que es dado por muerto. Karen entra en shock y, decidida a olvidar lo que ha presenciado, no recuerda nada de su encuentro con Eddie. Sin embargo, por las noches las pesadillas hacen aparición trastocando su vida cotidiana y la relación con su marido.

Este malestar la lleva a la consultar del Dr. Waggner, personaje ya presentado en los primeros minutos del metraje en una entrevista que le hacen en el canal de Karen con motivo de dar a conocer al público la personalidad de Eddie Quist. Waggner dirige un colonia de reposo que recomienda a Karen visitar y allí conocerá al resto del extravagante elenco de personajes, licántropos todos, a los que el buen doctor trata de humanizar sin éxito. Entre los habitantes de la colonia destaca sobre el resto la figura de Marsha Quist, la seductora (y ninfómana según las malas lenguas) licántropa líder de la facción más salvaje de este peculiar grupo.

Y sin entrar en más detalles pasan más cosas. El marido de Karen, vegetariano y reprimido, caerá en las seductoras garras de Marsha para acabar siendo un hombre-lobo. Paralelamente dos reporteros, amigos de Karen y compañeros del canal, irán descubriendo todo el pastel con fatídico resultado para uno de ellos. En su investigación acudirán al que será un habitual del cine de Joe Dante, el entrañable Dick Miller al que muchos recordarán como el Sr. Futterman, un americano de pro, en Gremlins. Miller regenta una librería de ocultismo y todo ese tipo de rarezas y pone a los reporteros sobre aviso de la criatura con la que están tratando.

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Otra de las escenas más memorables de la película es la de la transformación completa de humano a lobo de Eddie Quist que presencia Karen en la colonia. Los efectos especiales de Aullidos corrieron a cargo de uno de los grandes nombres del sector, Rick Baker. Sin embargo, Baker se marchó al rodaje de Un hombre-lobo americano en Londres y dejó al cargo a su alumno más aventajado, Rob Bottin. Siguiendo la estela del sueño de su maestro, es decir, poder rodar una transformación completa sin cortes ni stop-motion, Bottin, con sólo 21 añitos y menos recursos que su maestro en Un hombre-lobo americano en Londres, nos presenta una espectacular transformación (de más de dos minutos que hubiera dado tiempo a la prota a huir pero quién no se hubiera quedado a ver un espectáculo como ese) y un buen hacer que explotará después en otro film de culto, La Cosa. Puede que algunos digan que exagero al definirla como espectacular o que considere que los efectos están desfasados, sin embargo, si hay alguien que pueda compararla o mejorarla con cualquier transformación (o la de Baker en el film de Landis) hecha con cgi en películas más modernas, que levante la mano.

Y ya para acabar, encontraremos a secundarios fetiche de las pelis de Dante como Robert Picardo o Dick Miller así como también, a lo largo de la película, aquello que caracterizará su posterior cinematografía, es decir, el humor negro, las referencias y los guiños al espectador de toda película de serie B o Z o de la factoría Corman, de la Hammer o de la Universal (o la que sea) que tenga alguna relación temática con la cinta. Ver una peli de Joe Dante es, de forma más o menos sutil, ver un sinfín de elementos relacionados con otras películas que el director admira. Si en Piraña la prota jugaba a un videojuego de tiburones, aquí los personajes tienen nombre o apellidos de directores o actores de pelis de licántropos. Así como montajes paralelos con dibujos animados donde aparece el lobo feroz o retratos de famosos hombres lobo que pasan desapercibidos en despachos.

En definitiva, Aullidos es un peli totalmente disfrutable treinta años después. Puede pecar de un ritmo lento y de un desarrollo plano de algunos personajes. Un cuento macabro en una película serie B, consciente además de serlo, que si fuera un cómic podríamos encontrar en aquellos Creepy que editaba la Warren hace medio siglo. Si no la habéis visto, dadle una oportunidad.

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