Están Vivos (1988)

Estan_vivos_01

[Atención a navegantes: este artículo contiene spoilers]

Dinero, poder, religión, marketing, consumo, crisis financiera… Puede que ahora pensemos que estos elementos son de candente actualidad e inherentes a los tiempos en los que vivimos. Nada más lejos de la realidad. En 1988 llegaba a nuestras pantallas, de forma desapercibida, una de esas cintas injustamente denostadas de ese maestro del Séptimo Arte llamado John Carpenter. Un cuento de ciencia ficción macabro disfrazado de conspiranoia alienígena basado en un relato llamado Eight O’Clock in the Morning de un tal Ray Nelson, con moraleja y un final que alentaba a la esperanza sin esconder su brutal crítica hacia la sociedad de consumo en la que se encontraba (y se encuentra todavía) inmersa la mayor parte de lo que podemos llamar Civilización Occidental. Sí, de eso hace algo más de treinta años y a pesar de ser una sociedad sin redes sociales, sin sus tuits y sus retuits ni sus teléfonos móviles con una manzana serigrafiada no está ausente de las grandes diferencias entre las clases más pudientes y las más desfavorecidas y donde el ser humano muestra poco más que indiferencia ante la gran injusticia que supone el reparto de la riqueza y el poder. El común de los humanos se encuentra alienado e indiferente a lo que le rodea, es decir, sometido. Un ser humano sometido al Capitalismo, esa bestia alimentada de la pasividad y del conformismo. Ello nos hace pensar que hace treinta años estábamos igual: más preocupados por lo que poseemos que por lo que somos.

592fa7bb

La historia comienza con un tipo recién llegado a Los Ángeles. Un individuo sin rumbo fijo, sin pasado ni futuro, vagabundeando por la América en crisis de Ronald Reegan en busca de fortuna pero fiel creyente del Sueño Americano. América es el lugar idóneo para aquellos que se hacen a sí mismos, para aquellos que de la nada (precisamente John Nada es su nombre) forjan un Imperio. Nada, interpretado por el ex luchador de la WWF y recientemente fallecido Roddy Piper, encuentra un mal pagado trabajo como obrero de la construcción donde su capataz le trata poco menos que como a carroña humana. Allí conoce a su compañero en la aventura que se avecina, Keith David (a quien pudimos ver también en La Cosa). Éste le consigue comida y alojamiento en una pseudo-comuna social para desahuciados donde varios voluntarios se ocupan de los más desfavorecidos. Son tiempos duros, hay poco trabajo y las clases más bajas rozan o superan el umbral de la pobreza. ¿Os suena?

Mientras tanto algo raro pasa en el ambiente. En la tele, intercalados entre los anuncios de la Teletienda y la Ruleta de la Fortuna, aparecen una serie de mensajes plagados de interferencias que nos advierten de nuestra ceguera. Algo nos domina y nosotros lo consentimos. Llevan mucho tiempo entre nosotros y son dueños de nuestras vidas. En definitiva, somos borregos subyugados al capricho de una raza dominante que juega con nosotros. ¿Y cuál es la respuesta del hombre de a pie? “¡¡¡Maldita sea, la tele no funciona!!!”

estan-vivos-1

A partir de ahí, Piper con la mosca detrás de la oreja desde el primer momento por tanto movimiento clandestino, irá descubriendo poco a poco el camino que le llevará a conocer a los causantes de esas interferencias, es decir, a la resistencia. Un pequeño pero organizado grupo de personas que tienen su sede en una pequeña parroquia donde se reúnen y transmiten su señal mientras retumba a toda mierda una cinta de góspel. A pesar de todo, sus recursos son limitados y parecen muy preocupados por la fabricación de uno de los accesorios más de moda en aquella época, unas gafas de sol. Todo parece indicar que se dedican al trapicheo con gafas falsas, no?

Una redada policial lleva a Piper a hacerse con una caja llena de estas Rayban de chichinabo y a ponérselas de la forma más fortuita. Una vez sobre su nariz, el blanco y negro inunda nuestras pantallas. Lo que antes era un mundo en colorines repleto de impactos publicitarios es ahora una austera realidad salpicada de subliminales palabras imperativas destinadas a nuestro sometimiento. Consume, obedece, sométete, compra… A pesar de que Roddy Piper no tiene ni el carisma ni el talento interpretativo del amigo Kurt Russel (aunque sí sus pintas), su desconcierto y sorpresa dan totalmente el pego. El tipo no se puede creer lo que está viendo. En definitiva, lo está flipando. Pero todo ello no es nada comparado con el plato fuerte, con el premio gordo. Unos seres cadavéricos están mezclados entre nosotros y sólo él puede verlos cuando se calza las gafas. Un yuppie trajeado, una señora pija con sirvienta tras sus pasos, la policía,… Todos ellos son gente normal, seres humanos, a ojos del resto pero extraños alienígenas al otro lado de los cristales de esas misteriosas gafas.

tl12

Y qué haríais vosotros si fuerais un varón caucásico estadounidense medio y os han jodido vuestra fe hacia el Sueño Americano? El amigo Roddy lo tiene claro, hacerse con un arma (o con varias) y liarla parda. Viéndose descubierto por esos misteriosos alienígenas y perseguido por las fuerzas del orden, el amigo acaba en una sucursal bancaria y se lía a tiros con todo aquel que no tenga la piel sonrosada. Es a partir de aquí cuando la ciencia ficción queda relegada a un lado y la película cobra el tono de una cinta de acción. Nada que reprochar al Sr. Carpenter. Con una economía de medios que salta a la vista, nos planta en la jeta uno de sus mejores trabajos. Más de uno de los actuales mercenarios del mainstream de Hollywood tiene mucho que aprender de este film.

Una escena memorable es la pelea a mamporro limpio que Roddy Piper y Keith David mantienen. Éste último, escéptico ante el poco creíble, a su entender, relato acerca de extraterrestres y subyugación del primero, se niega a ponerse las famosas gafas. Una lucha de más de cinco minutos rodada a la antigua usanza, es decir, nada de cambios de plano cada medio segundo con ángulos imposibles ni efectos de ralentización y aceleración de la acción que te convierte en víctima potencial de un ataque de epilepsia. Simplemente dos tipos dándose de hóstias, pura y llanamente. Una secuencia realmente soberbia.

Estan-vivos

Y sí, pasan más cosas en estos escasos noventa y pico de minutos que dura el metraje. Roddy conoce a una tipa de aire misterioso interpretada por una inexpresiva Meg Foster que da más yuyu que otra cosa. En un principio parecerá un borrego más para después estar de lado de la resistencia y descubrir finalmente su traición y su sometimiento consentido. Porque esa es otra, estos seres están entre nosotros con el consentimiento de unos pocos. De quienes? De toda esa escoria adinerada que a golpe de talón piensa que está por encima de los demás. De esa clase rica que se cree inmune a todo. De esa bazofia que pasa de todo y de todos mientras sus vidas sean de ensueño. De ese estrato social que a veces nosotros (ilusos) intentamos o queremos imitar.

Descubriremos también el origen de nuestra ceguera. Una transmisión que estos aliens utilizan para que no podamos verlos y que Roddy llegará a desconectar pagando un alto precio, su vida. Sin embargo, su sacrificio permitirá que el resto de mortales despertemos y podamos ver nítidamente el peligro. Presentadores de informativos, un tipo a nuestro lado tomándose una copa en la barra de un bar o el cliente de una prostituta disfrutando de un polvo a cambio de unos billetes arrugados pueden ser uno de ellos. Podrá la humanidad acabar con su amenaza o seguiremos ignorando nuestra falta de libre albedrío a cambio de una vida cómoda rodeados de objetos que no necesitamos? Quién sabe, pero recordad que ellos están vivos!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s